24 de marzo 2000
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La crisis de los partidos |
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Entrevista con Guido Girardi - Por Patricia Bravo |
El diputado Guido Girardi no deja de sorprender. Los sobrios tonos beige de su tenicado ser reelegido en la Cámara Baja con una de las más altas votaciones nacionales. Si se ha hecho notar como un político activo y cuestionador de la nueva generación, desde que asumió Ricardo Lagos anda con pilas de larga duración. No ha parado de hacer declaraciones para denunciar o proponer, especialmente cuando se trata de problemas enmarcados en su distrito, que corresponde a las comunas de Cerro Navia y Quinta Normal. En el camino va preparando el terreno para las elecciones del 16 de abril como candidato a la presidencia del Partido por la Democracia (PPD), para suceder al senador Sergio Bitar. En esa oportunidad se deberán llenar, además, 16 cargos de la directiva nacional. Se ha anunciado que doce corresponderán a regiones, como una forma de mostrar la intención de descentralizar y dar un nuevo rostro a la colectividad fundada hace poco más de una década por el actual presidente de la República.
En definitiva, ¿no habrá otro postulante a presidir el PPD?
"En principio, es así. Estamos todavía en un proceso, más que de negociación, de diálogo, porque a mí no me interesa ser presidente del partido para administrar un espacio de poder. Sólo me interesa serlo si hay un proyecto político y una comunidad que tenga por misión promover principios y valores. Creo que la política ya no se sustenta en la sola búsqueda del poder, que es importante, sino que tiene que tener un norte, y perseguirlo. Pienso que, en general, estos partidos están destruidos producto de nuestras propias prácticas, porque se han impuesto las lógicas de poder, las fracciones. No son comunidades".
¿Se refiere a los partidos de la Concertación?
"A todos. En unos hay visiones más autoritarias que en otros, pero en general no hay diálogo. Normalmente los partidos buscan homogeneizar y hay grupos que se imponen a otros, anulando y mutilando la diversidad. Y yo creo que el principal valor que tiene una comunidad política es la diferencia. Por lo mismo, quiero que el PPD sea una comunidad de valores y de diversidad, donde se diluyan las tendencias y fracciones -o seamos capaces de desmontarlas-, pero manteniendo la riqueza de opiniones distintas que puede contribuir a gestar un proyecto más interesante y democrático".
¿Son muchas las tendencias que están actuando dentro del PPD?
"Como todos los partidos, el PPD está sustentado en tendencias en las que, más que existir una visión valórica sobre un proyecto político común, predomina una cierta visión del poder. En nuestra colectividad se ha hecho un esfuerzo importante, con la participación de todos, para tomar conciencia de lo que eso significa y diluir esos procesos. Considero que mi labor debería ser erradicar esa práctica a través de un proceso en el cual hay que ir avanzando. Los partidos no se pueden sostener a futuro sobre grupos que anteponen sus intereses personales o corporativos a los del país, o a los del proyecto político".
¿Cuál es el método para cambiar esa situación?
"Bueno, dejar en claro que no quiero ser un presidente ni quiero una directiva central producto de los cuoteos. Sí quiero que esté la mejor gente, garantizando la diversidad y preocupándome que precisamente estén los que son distintos".
REFUNDAR EL PPD
¿Eso es parte del proyecto refundacional que usted propugna?
"Voy más allá de eso. Todos los partidos, desde el Partido Comunista hasta los partidos de derecha, son proyectos fundacionales, casi religiosos, en el sentido que se sustentan en los valores de la revolución francesa -libertad, igualdad y fraternidad-, que me parecen maravillosos. Los partidos más de Izquierda han puesto mayor énfasis en la igualdad y los más liberales en la libertad. Pero creo que esos tres valores, que han hecho dar un salto fundamental en la humanización de la sociedad, no dan cuenta del futuro. Esto se relaciona con que los partidos han monopolizado hasta ahora el quehacer de pensar el país y construir la sociedad. En mi opinión, nunca más los partidos volverán a monopolizar el debate -porque no deben y porque los ciudadanos no lo van a permitir- ni serán la vanguardia iluminada que, en cierta manera, se impone la misión de 'despertar' a la sociedad. Los partidos tienen que dejar de ser vanguardia o conductores para transformarse en representantes del interés ciudadano, porque los verdaderos titulares del derecho, de la posibilidad, de la oportunidad y capacidad de pensar el país son los ciudadanos. Por lo tanto, los partidos tienen que ser un espacio que permita a la ciudadanía tener los instrumentos para introducir las transformaciones que ella quiera. El gran desafío de la sociedad chilena es construir ciudadanía, aun cuando eso signifique tener partidos con 'menos poder'; -hay que entregar poder a los ciudadanos-, pero con más legitimidad que hoy. Las actuales instituciones partidarias decimonónicas están rancias y obsoletas. Entonces, se requiere una refundación. Y no sólo me refiero a que el partido debe ser una comunidad de valores, una comunidad en la diversidad, sin tendencias, que priorice los temas éticos por sobre los del poder, sino que además me gustaría que el PPD tuviera un consejo ciudadano".
¿En qué consiste?
"Ese consejo tendría que estar formado por respetables personeros independientes del mundo popular, indígena, científico, académico, cultural, etcétera, que puedan participar con voz y voto en las decisiones del PPD. Por ejemplo, participar en una reunión de la comisión política y votar cuando se toman resoluciones. También considero que se debe crear un gran instituto de pensamiento progresista, un espacio de reflexión..."
¿Hoy no existe?
"No. En ninguna parte hay capacidad suficiente de reflexión para pensar un futuro que es cada vez más complejo, desafiante y seductor. Al mismo tiempo, quisiera que todo esto estuviera asociado a la existencia de un defensor ciudadano que luche en Chile por garantizar los derechos de todos los ciudadanos. O sea, que a ningún niño o niña los puedan echar de alguna parte del país por usar el pelo largo o quedar embarazada. Que a nadie se le discrimine por el color de la piel o por su religión. Esta institución es una red siempre vigilante, que denuncia y recurre a acciones legales cada vez que se atenta contra las libertades y derechos civiles e individuales".
Entiendo que en Estados Unidos funciona este defensor ciudadano.
"Experiencias de este tipo existen en varias partes, pero para mí el concepto de partido ciudadano es este PPD asociado con el consejo ciudadano, con el instituto y esta institución".
¿Cuenta con suficiente respaldo en su partido para llevar adelante este proyecto?
"Son proyectos progresivos, que se sustentan en la democracia, la participación y el entendimiento. No son imposiciones. Pero creo que los partidos tienen que tomar conciencia de que están obsoletos, tanto el Partido Comunista, como la DC y el PPD. Pienso, al mismo tiempo, que los partidos son tremendamente útiles, y esa es mi preocupación esencial. Una sociedad sin un sistema de partidos políticos fuertes, dinámicos, interesantes y atractivos puede caer en el populismo y el fascismo. Podrían llegar los Fujimori y los Hitler. Por lo tanto, una sociedad que no valora, no cree ni quiere su sistema de partidos políticos es algo muy riesgoso para la democracia. Una tarea política prioritaria de los demócratas de este país, independientemente del color político que tengan, es reforzar, reafirmar, enriquecer y abrir sus instituciones partidarias. De lo contrario, la democracia, tal como la concebimos, está en riesgo".
"NO HAY IDEOLOGIAS"
¿Es este tercer gobierno de la Concertación un buen momento para iniciar ese proceso?
OTROS actores -como las organizaciones de derechos humanos- llevan hoy el peso del gran debate ciudadano que antes hacían los partidos."Es un momento necesario, más allá de los gobiernos, porque la emergencia de ciudadanos que quieren ser respetados, valorados y partícipes de los procesos de cambio es un fenómeno planetario, lo que también tiene que ver con el hecho de que las ideologías quedaron en el pasado".
¿Definitivamente? ¿No tenemos ideología hoy?
"Tenemos valores, principios, ética, pero no hay ideologías como visiones cerradas, que pretendan explicar el futuro y la vida, que nos digan cómo tenemos que pololear, cantar, leer o escuchar música. Ya no hay cosmovisiones totalizantes, se derrumbaron los proyectos fundacionales de izquierda, centro y derecha. Lo que hoy emergen son valores de libertad, igualdad y fraternidad, pero también afecto, horizontalidad y valores que tienen que ver con la inclusión, la tolerancia, y el respeto a la diversidad y a la vida. Es una sociedad más femenina, con énfasis en la cooperación, que en vez de la exclusión -que practican la derecha y los tecnócratas- enfatiza la inclusión. Estos valores son progresistas, radicales y tan importantes como la equidad. El problema de las etnias en Chile no sólo es la pobreza, es también un problema de inclusión, de dignidad de vida. Y en esto hay que avanzar sin transar, pero no desde un código de centro, izquierda o derecha, que no dice mucho. Tal vez se podría decir que queremos hacer una 'Izquierda de valores', pero más que una Izquierda, queremos hacer un proyecto libertario con valores progresistas, humanos, que le den sentido a la vida".
Eso es parte de las definiciones y conceptos que inspiraron la creación del PPD, ¿o no?
"Bueno, todos los partidos nacen con una cierta visión valórica y el PPD nació como un partido ciudadano que tenía la más bella de las misiones: recuperar la democracia. Y tuvo magia, sentido lúdico, espiritualidad y alma".
¿Qué pasó en el camino?
"Los que condujimos al PPD después de la recuperación de la democracia, que era un espacio fresco y oxigenado, lo transformamos en un instrumento en la lucha por el poder. Esa priorización la hicimos nosotros mismos, yo mismo. Tradicionalizamos al PPD y mutilamos su belleza. Por eso hablo de refundar el partido, porque estamos en deuda con aquellos a quienes les prometimos un PPD abierto, ciudadano, progresista, radical, irreverente, comprometido con los ciudadanos por sobre cualquier otro compromiso. Eso quedó pendiente y en esta etapa tenemos que cumplir con la palabra empeñada".
¿Cómo ve las elecciones municipales de octubre?
"Súper duras y complicadas, pero es una oportunidad para que los partidos puedan poner en acción estos valores y lleven muy buenos candidatos, muchos de los cuales deberían ser independientes, mujeres y jóvenes. Soy partidario de que haya primarias, pero no de la elección separada de alcalde. Prefiero el sistema actual con segunda vuelta, porque si se separa la elección, los candidatos a alcaldes serán los mejores en desmedro de los candidatos a concejales, que son cargos muy importantes. Con el sistema actual, todos los candidatos -los mejores y los que no lo son tanto- postulan a concejales, y podría haber una segunda vuelta cuando no se obtenga el 50% más uno de los votos".
FORTALECER EL CAPITAL HUMANO
¿Espera cambios importantes con el gobierno que se inicia?
"Hay un cambio cultural. Yo me sentí muy distante del gobierno de Frei por su incapacidad de escuchar, por ser excluyente, ciego, tecnocrático. Siento que con Lagos tenemos un primer desafío: entender que hay miles de conflictos que no podemos seguir evadiendo, como lo hicieron Frei y la Concertación, que se requiere fuerza y coraje para enfrentarlos y transformarlos en oportunidades. Eso se conseguirá en la medida en que lo hagamos con respeto, afecto y humanidad. Pero al mismo tiempo pienso que el gran desafío de Ricardo Lagos es generar espacios para que la sociedad chilena resuelva sus problemas, y colaborar para que exista una ciudadanía fuerte, que sienta que no sólo tiene derechos, sino también responsabilidades. No quiero un gobierno asistencialista, paternalista, que resuelva desde el Estado. Los ciudadanos deben ser parte del proceso de construcción democrática, que es maravilloso".
Hay dudas respecto del apoyo que puedan prestar -o restar- sectores de la DC a este gobierno.
"La política es dinámica. La ciudadanía irá definiendo los apoyos y establecerá quiénes tienen la razón. En definitiva, los partidos tendrán que evaluar muy bien lo que hacen en función de cuál es la posición de los ciudadanos. En ese sentido, creo que la ciudadanía desea estas cosas que estoy planteando, que está vigilante hacia el mundo de la política y sancionará al partido que privilegie sus intereses particulares por sobre los nacionales, sea el PPD, la DC u otro".
¿Su visión de lo que quiere la ciudadanía no es contradictoria con la alta votación que obtuvo la derecha en la elección presidencial?
"Fue una manera de castigar a una Concertación que dejó de representar con firmeza ciertos valores y principios de cambio, progresismo y libertad. Tuvimos un gran castigo, pero absolutamente comprensible, y que también se ha transformado en enseñanza. El gobierno de Lagos no puede ser el tercer gobierno de la Concertación, debe tener un nuevo estilo y nuevos énfasis para que la Concertación tenga la oportunidad de volver a su proyecto inicial".
¿Hay molestia en el PPD por el hecho que, a pesar de ser el partido del presidente de la República, tenga menos cargos en el gobierno que la DC?
"Todos los partidos quisieran tener todos los cargos, pero la mayor felicidad del PPD es que Lagos esté en La Moneda y haga un buen gobierno".
¿Cómo resolver la inequidad? ¿Sólo con mayor crecimiento económico, como lo plantearon los dos gobiernos anteriores de la Concertación?
"Si no hay crecimiento económico, no hay desarrollo del país ni superación de la pobreza. Donde queremos jugarnos por entero es en la distribución y uso de los recursos que genera el crecimiento económico. A mi juicio, hay que apostar al fortalecimiento del capital humano de la ciudadanía. Entre otras cosas, eso significa que además de tener trabajo, éste sea digno. En consecuencia, es prioritario hacer una profunda reforma laboral que permita recuperar dignidad y derechos a los trabajadores, no sólo en el ámbito de la sindicalización, sino que también impida que se siga obligando a trabajar días festivos y domingos, que la jornada laboral de 48 horas -una de las más largas del planeta- se reduzca progresivamente a 40 horas en ocho años, que se terminen los abusos laborales, las violaciones a los derechos de las temporeras y los acosos sexuales. En segundo lugar, se requiere una fuerte inversión en educación e ir mucho más allá en la reforma educacional. Si bien se han hecho avances importantes, hay que discriminar positivamente a los más pobres. No puede ser que la unidad de subvención educacional sea la misma para una comuna como Cerro Navia y para Las Condes. También hay que dar un salto cualitativo y volver a establecer en Chile la educación superior gratuita para todos los jóvenes que tengan capacidad y no puedan costearse la universidad o un instituto. Tiene que haber becas para todos. No creo en el sistema de crédito fiscal, porque el concepto de fondo es que la universidad es un negocio, que hay que pagar ahora o después, pero se paga. En tercer lugar, el país tiene que hacer una reforma profunda en salud, que signifique un mejoramiento en la calidad de vida. Eso requiere fortalecer el Estado en este sector y regular a las Isapres, además de hacer más eficiente el sistema. Las Isapres no deberían entregar planes que no garanticen por lo menos un 80% de cobertura. Por último, se requiere una reforma potente en el plano cultural. Hay que terminar la censura, el Estado tiene que apoyar con plata a las organizaciones sociales territoriales, funcionales, ambientales, culturales, a los grupos de adultos mayores, mapuches, homosexuales y portadores de VIH para que se rearticule ciudadanía. Y esto, en un contexto de desarrollo sustentable, de un crecimiento económico basado en la selectividad de las inversiones extranjeras y privadas. Es necesario fomentar las inversiones que hagan aumentar la productividad y la competitividad del país. Pero que ésta resida en el cuidado del medio ambiente y la dignidad de los trabajadores. Esa es la sociedad del futuro. No veo posibilidad de que Chile se inserte en la economía mundial con un trato retardatario y medieval del mundo laboral y ambiental".
¿Sus planteamientos apuntan a humanizar el sistema neoliberal?
"No, porque no creo en el sistema neoliberal. Me parece que lo que tenemos que hacer, sobre la base de una sociedad que tiene un sistema económico que permite generar crecimiento, es preocuparnos de un desarrollo político y valórico que esté al servicio de la gente y no del poder ni de los grupos económicos, que resguarde el medio ambiente y genere mayor desarrollo material y espiritual para todos los seres humanos. Es necesario pensar el desarrollo no solamente desde la lógica económica, como una función propia de los economistas, sino que se debe incorporar la lógica de los poetas, antropólogos, asistentes sociales, filósofos, músicos... Siento que la visión neoliberal es mutiladora y tremendamente subdesarrollada; no tiene valores ni respeto por la vida. Si los neoliberales se toman el poder en el planeta, la vida desaparecerá en las próximas centurias, porque ven el desarrollo con una voracidad que no tiene ética en un tren que va cada vez más rápido, sin saber por qué, pero que se encamina a un precipicio. No sé cómo se llama este otro modelo de desarrollo, pero por lo menos puedo decir que es verdaderamente humanista y valórico"
PATRICIA BRAVO
Ralco no debe construirseLa construcción de la planta hidroeléctrica Ralco está a un paso de reanudar sus faenas luego del último pronunciamiento de la Contraloría. ¿Qué piensa de eso?
"Ralco no debería hacerse, atenta contra el estado de derecho. Para que la hidroeléctrica saliera a flote, el país se tuvo que poner 'patas' arriba. Nunca más vamos a aceptar que Chile tenga que hacer eso para que un grupo económico pueda hacer un buen negocio. Y además, porque los impactos ambientales de Ralco no sólo perjudican a las comunidades pehuenche y a la zona del Bío-Bío, sino que a todo el planeta. Pero Ralco es un tema que aún está pendiente".
¿Es tan fundamental para Chile la energía hidroeléctrica, como lo afirman empresarios y economistas de derecha y de la Concertación?
"No. Chile debería enfrentar un proceso de diversificación energética, construir más centrales hidroeléctricas, pero pequeñas, de 15 mgw, que casi no tienen impacto, en vez de una central gigantesca de 500 ó 600 mgw. El país tiene también excelentes condiciones para desarrollar energía eólica, solar y de otras fuentes alternativas"
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