7 de abril 2000

Los socialistas de antes no usaban gomina

Arturo Velásquez, un luchador centenario


ARTURO Velásquez Quiroga: el 15 de abril cumple 100 años. Una calle de San Bernardo lleva el nombre de este obrero, dirigente ferroviario y socialista de toda la vida.
Con Arturo Velásquez nació con el siglo XX. Se forjó en las primeras luchas sindicales en el entonces poderoso gremio ferroviario, fue uno de los fundadores de la antecesora de la CUT -la Confederación de Trabajadores de Chile (CTCH)-, y en el año 2000 sigue siendo fiel militante del Partido Socialista, al cual se integró desde su fundación. El próximo sábado 15 de abril celebrará su cumpleaños número 100 junto a sus hijos, sus 16 nietos, bisnietos, tataranietos, compañeros y amigos.

En su sencilla casa del balneario de Cartagena, donde vive rodeado del cuidado afectuoso de dos de sus hijos -su esposa, María Elisa Peña Contreras, falleció hace dos años, después de 74 de matrimonio-, conserva documentos y un álbum de fotografías que le ayudan a recorrer en la memoria los grandes y pequeños hitos de su vida, que forman parte de la historia sindical y política de este país.

Pero don Arturo Velásquez Quiroga no sólo vive del recuerdo. Sigue atento a lo que ocurre en torno suyo, lee, ve televisión, opina, conversa con los compañeros de partido que lo visitan y cotiza regularmente pese a que su único ingreso es una exigua pensión de jubilado. Su dificultad para caminar no le impidió hacer campaña desde su casa a favor de "Ricardo", como llama familiarmente al actual presidente de la República. Su mente se mantiene bastante lúcida, tiene buena memoria para las fechas y no ha perdido el sentido del humor. Como se desplaza por la casa con dificultad, le dicen que se apoye en el bastón, pero exclama de inmediato: "¡No, porque me parezco a Pinochet!".

Así como se ríe, también se emociona cuando habla de los seres queridos que ya no están o de tiempos mejores, aunque tiene claro que, con todo lo bueno y lo malo del siglo en que le tocó vivir, el pueblo ha ganado en condiciones de vida.


FRENTE a La Moneda los dirigentes de la CTCH, en 1940. Arturo Velásquez es el tercero de derecha a Izquierda.
Su infancia no fue fácil. Nació en Copiapó y fue uno de los seis hijos de José Benigno, trabajador ferroviario, y de Marcelina, dueña de casa. Pero como su padre murió cuando tenía sólo dos años, fue criado por su hermana mayor, Isabel, y su cuñado Ismael Valenzuela Gaitán, también ferroviario, quienes asumieron en la práctica el rol de padres. Estudió cinco años en el Liceo Alemán de Copiapó, hasta que sobrevino la crisis del salitre afectando a todas las actividades del país. "Mi padre no podía seguir pagando el colegio y me quiso cambiar, pero yo le dije que quería trabajar. Así, a los 13 años, el 28 de agosto de 1913, entré a la maestranza de Caldera, imponente construcción donde funcionaban los talleres que hacían marchar el primer tren inaugurado en Sudamérica, entre Copiapó y Caldera".

¿Que hacía ahí, siendo tan niño?

"Primero sacaba aserrín. Me decían 'el achidado', porque era muy diablo, era rápido, me mandaban a hacer cualquier cosa y ya estaba listo. Me querían mucho".

¿No volvió a estudiar?

"No. Salía a las cinco de la tarde y me iba a un club musical. Aprendí a tocar violín, pero no pude seguir por los callos que se me formaron en las manos. Yo era herrero. Entonces aprendí pistón, una especie de trompeta con la que llegué a tocar en el orfeón ferroviario. Seguí trabajando allí hasta el maremoto de 1922, porque luego de eso trasladaron las faenas a la maestranza central de San Bernardo. En Caldera conocí a Luis Emilio Recabarren, un hombre comprensivo, amable y de pensamiento socialista que nos hacía clases de sindicalismo. Yo tenía como 17 años.

En 1923 empecé a trabajar en San Bernardo, donde había dos mil trabajadores. Formamos una escuela nocturna y después creamos un sindicato. A mí me gustó mucho la lucha sindical, y ya no la dejé".

El sindicato creó una "universidad" que funcionaba de seis a ocho de la tarde. Allí estudió hasta que se casó, en 1926. El matrimonio tuvo siete hijos, pero uno de ellos murió a los dos años de edad. Sin embargo, la familia volvió a aumentar muy pronto con un pequeño sobrino que quedó sin mamá.

¿Cómo ingresó a la actividad política?

"En San Bernardo fundamos a fines de los años '20 la seccional del Partido Socialista Marxista con Eleodoro Domínguez -que fue parlamentario y ministro en varias oportunidades- y Eduardo Rodríguez Massel, quienes explicaban muy bien lo que era el marxismo. Participábamos como 50 jóvenes de la maestranza, éramos una seccional muy poderosa del partido. Después nos unimos con otras facciones y formamos el Partido Socialista. Para mí, el marxismo era la esperanza de mejorar la situación de los más pobres. Y hasta hoy, porque creo que mientras haya hambre, injusticia, mientras no haya trabajo para todos, la doctrina del marxismo sigue vigente. Nosotros, los sindicalistas, estudiamos muy poca teoría, pero el marxismo lo vivíamos, lo sentíamos".

¿Qué recuerda del gobierno de Salvador Allende?

"Trabajamos mucho por él, pero creo que uno de los errores de Allende fue haber dejado todo el peso de la conducción económica en el Partido Comunista. Y no es que yo tenga algo contra los comunistas -son nuestros hermanos-, pero pienso que actuaron en forma demasiado intransigente. En eso se equivocó el presidente. Allende era muy inteligente, buen orador y defendió su causa hasta la muerte. Es un orgullo para el Partido Socialista".

 

YO VI LAS INJUSTICIAS

 


ENTRE los fundadores del Partido Socialista figuran Salvador Allende (de pie, al centro, arriba), Aniceto Rodríguez y Arturo Velásquez (sentado, primero de izquierda a derecha). Al centro: Oscar Schnacke y Marmaduque Grove.
Arturo Velásquez participó en el primer congreso del Partido Socialista en representación de los trabajadores de Ferrocarriles del Estado. Fue elegido miembro del comité central y jefe de la comisión sindical. Como dirigente ferroviario, también fue un activo gestor de la Confederación de Trabajadores de Chile (CTCH), junto con Juan Díaz Martínez, Bernardo Ibáñez y Salvador Ocampo, este último militante comunista que después fue senador.

¿Por qué le interesó la actividad sindical?

"Yo vi las injusticias. En las salitreras, la gente trabajaba como chinos y no recibía plata, sólo papeles y fichas. No había Código del Trabajo ni ninguna protección para los obreros. Por eso luchamos. Menos mal que Arturo Alessandri, a pesar de ser ciento por ciento derechista, sacó el primer Código laboral".

Usted pasó por varios gobiernos...

"Sí, pero lo peor fue la dictadura que tuvimos con Pinochet, eso fue el acabóse. Arturo Alessandri tuvo un brillo momentáneo y, aunque era de derecha, abrió las puertas para que la gente pudiera organizarse. Después, en 1936, hicimos una huelga larga por sueldos y otras reivindicaciones. Nos reprimieron y a 800 trabajadores nos echaron. En ese momento, cuando los militares nos sacaban a la fuerza de la maestranza, les dije que estaban echando a las abejas y que adentro quedaban los puros zánganos, y me pegaron un culatazo. Fueron casi tres años que estuvimos cesantes. Como yo tenía siete chiquillos, me levantaba a las cinco de la mañana para ir a Santiago a trabajar en lo que fuera. Durante la huelga vivimos casi clandestinos porque nos querían tomar presos".


ARTURO Velásquez Quiroga: el 15 de abril cumple 100 años. Una calle de San Bernardo lleva el nombre de este obrero, dirigente ferroviario y socialista de toda la vida.
¿Cómo fue eso?

"Mi casa estuvo rodeada de agentes, los detectives se subían a los techos esperando que yo llegara. Igual entraba en la noche con la ayuda de compañeros, de obreros muy preparados que me esperaban en ciertos lugares y me guiaban para entrar en la casa por la parte de atrás. A veces me decían que era mejor no entrar, entonces me quedaba en la casa de algún compañero. Cuando se terminó la huelga, esos 800 ferroviarios despedidos nos desparramos por todo el país para trabajar por la candidatura de Pedro Aguirre Cerda. A mí me tocó recorrer, organizando, desde Magallanes hasta Concepción, donde había una explotación muy grande, como en todas partes. Y ganamos".

¿No volvió a trabajar en Ferrocarriles del Estado?

"Nos volvieron a incorporar a todos cuando triunfó el Frente Popular, en 1938. Poco después me nombraron consejero de la CORFO, como representante de la CTCH. En Ferrocarriles fui ascendido al departamento técnico y como también era secretario de relaciones de la CTCH, viajé a varios países. En el año '39 me mandaron como delegado a la conferencia de la OIT en Ginebra (Suiza), y de ahí me convidaron a otros países, como Bélgica, Holanda y Francia, para dar a conocer lo que era el sindicalismo en Chile. Hubo otros congresos regionales en Estados Unidos, Brasil y México, donde recibí una condecoración del gobierno de ese país".

¿Qué impresión le dejó el contacto con otras realidades?

"Me encontré con otras culturas y aprendí mucho, sobre todo en los congresos de la OIT donde se juntaban como sesenta obreros de todos los países. También pasamos susto, porque en una ocasión con dos dirigentes sindicales argentinos tomamos un tren equivocado cuando queríamos trasladarnos de Suiza a Bélgica. Ese tren nos llevó a la Alemania de Hitler. Cuando nos dimos cuenta que íbamos a Hamburgo, los argentinos se querían morir. Entonces subió un oficial al tren y nos pidió los pasaportes. Hicimos como que recién nos dábamos cuenta de la equivocación, pero yo le dije, haciéndome el vivo: '¡Ah, yo tenía muchos deseos de conocer Alemania, porque en el sur de mi país hay una colonia alemana a la que le debemos mucho los chilenos'. Entonces me puso atención -sabía español-, me dijo que el tren a Bélgica iba a salir en media hora y que alcanzaba a dar una vueltecita, así que en la misma estación nos despachó en un taxi para que paseáramos".

En Francia, junto a otros sindicalistas chilenos, visitaron los campos de refugiados españoles que habían huido de la feroz represión desatada por la dictadura de Francisco Franco al finalizar la guerra civil. Ese fue uno de los primeros contactos que más tarde vio sus frutos en la travesía del "Winnipeg".

 

INTENDENTE OBRERO

 

Don Arturo Velásquez desarrolló una breve campaña como candidato a diputado por Aconcagua en 1941, pero le ganó por pocos votos Alfredo Rosende Verdugo, destacado dirigente radical. Siguió desarrollando sus actividades como dirigente de la CTCH y del PS hasta llegar, en 1946, a la intendencia de Antofagasta.

¿Cómo fue eso?

"Pedro Aguirre Cerda me nombró intendente de Antofagasta, porque la persona que ocupaba ese puesto no hacía nada. Era un milico. Fue por poco tiempo, porque después salió elegido Gabriel González Videla y tuve que renunciar, a pesar que él me mandó una carta para que siguiera en el cargo. Pero el congreso del partido en Concepción acordó que ninguno de nosotros siguiera en el gobierno. Muy luego González Videla dictó la 'Ley Maldita' y persiguió a los comunistas, yo ayudé a liberar a varios compañeros haciéndolos pasar por socialistas".

¿Qué significó para usted encontrarse al frente de una intendencia?

"Fue una enseñanza muy bonita. Cuando llegué a Antofagasta no me esperaba nadie. El milico que ocupaba hasta ese momento el puesto de intendente, no quería irse, estaba apernado. Así que yo me tuve que instalar en un hotel, desde donde empecé a conocer los problemas de la gente. La mayoría se tenía que levantar a las cuatro de la mañana para comprar un pedazo de pan. No había harina, azúcar, café, té... no había nada. Me habían nombrado para arreglar ese desbarajuste. Cuando por fin pude instalarme en la intendencia, informé de la situación al ministro del Interior, a la CTCH y al partido, diciendo que si no se solucionaba en 15 días me volvía a Santiago, porque qué iba a hacer ahí. Antes de 15 días comenzaron a llegar las cosas".

Aunque su gestión no duró más de un año y al comienzo los poderosos de la provincia lo miraron por encima del hombro por tratarse de un obrero, Arturo Velásquez se ganó el reconocimiento de la comunidad. Al dejar el cargo, fue despedido con todos los honores e incluso "El Mercurio" de Antofagasta señaló que había cumplido sus funciones "con discreción y acierto".

¿Qué le pareció el gobierno de Aguirre Cerda?

"Fue el primer paso a una democracia de verdad. Se creó la CORFO el año '39, después del terremoto de Chillán, y fue muy importante para hacer crecer el país, tuvo empresas eléctricas en casi todas las regiones. Fue Pinochet el que echó a perder la CORFO".

Después se formó la CUT...

"Eso fue después, luego de una huelga general a raíz de una matanza obrera. La huelga duró como cinco días desde Arica a Magallanes. No podía continuar, porque no había plata y los obreros no podían aguantar más, así que la CTCH dio orden de levantar el movimiento, pero los comunistas no aceptaron. Entonces se dividió la CTCH y crearon la CUT. Después, fui uno de los que trabajé para que nos uniéramos todos en la CUT".

¿Conoció a Clotario Blest?

"Sí, claro. Era un viejito muy católico, un hombre bueno, pero no era para dirigir un organismo sindical fuerte".

 

UNIVERSIDAD FERROVIARIA

 

¿Siguió en la actividad sindical?

"Tuve problemas de salud que me obligaron a parar. Durante muchos años cumplí mi horario en la maestranza de ferrocarriles, después salía a estudiar música, de ahí me iba a la CTCH y me acostaba como a las 12 para estar al otro día en el trabajo a las 7 de la mañana. A veces dormía apenas dos o tres horas. Todo eso terminó por afectar mi sistema nervioso y me dijeron que no podía seguir con el mismo ritmo. Después me dio reumatismo y tuve que renunciar a la CUT el '53. También debí dejar la música y despedirme de mi cachimba, porque yo fumaba. Pero nunca renuncié al sindicalismo ni a mi condición de obrero calificado. En la maestranza trabajamos para que los dos mil obreros tuvieran casa, y la tuvieron, algunos en Santiago, otros en Ovalle o San Bernardo. También formamos una cooperativa de consumo y una caja de retiro para mejorar las condiciones sociales. En la maestranza nació el diario 'El Siglo' y yo, como socialista, fundé el diario 'Herramienta', que durante la huelga larga repartíamos a la salida del trabajo. También creamos la revista educativa 'Horizonte', de la cual fui director. Muchos profesores me acompañaron en esa revista, tengo muy buenos recuerdos de Eleodoro Domínguez, Eduardo Rodríguez Massel, Luis Zúñiga. La idea era llegar al obrero para que conociera la música, el arte, la cultura".

¿Era un motivo de orgullo ser obrero en esos años?

"Claro, uno sabía lo que valía, no como ahora, porque si digo que soy obrero, me borran del mapa. Yo fui herrero, jefe del taller de herrería e inspector técnico del Departamento de Tracción y Maestranza. O sea, sin necesidad de haber sacado un título llegué a ser obrero calificado. La maestranza fue una verdadera universidad para nosotros. Ahora es diferente, faltan buenos dirigentes sindicales y se necesita mucha orientación".

 

SOCIALISTAS DE AHORA

 

¿Qué opinión tiene de la actual CUT?

"Creo que está volviendo a tomar fuerza, y eso es bueno, porque hasta hace poco los dirigentes no estuvieron a la altura. Ha habido mucha división. El Partido Comunista vive del sindicalismo, pero también es muy intransigente y eso ha afectado la unidad. Ahora, con Ricardo (Lagos) y el nuevo ministro de Trabajo (Ricardo Solari) se puede avanzar bastante para lograr una CUT fuerte, unida, que lleve adelante sus proyectos. Pero también es necesario que el Partido Socialista tome el mismo rumbo de antes y no se aparte de la clase trabajadora".

¿Encuentra que se ha apartado?

"¡Claro, si no ha tenido más que un departamento político! Y el PS, históricamente, siempre tuvo dos caminos: el político y el sindical. En los últimos congresos también cambiaron los reglamentos y, ahora, algunos hasta se horrorizan si se habla de Carlos Marx. Eso está malo. El Partido Socialista se formó para llevar a la clase trabajadora a una vida mejor y sus dirigentes, desde el comité central para abajo, deberían ir a los sindicatos y a las poblaciones para saber en qué está la gente y orientarla. Es terrible la falta de conducción que hay... ¡Pero no voy a seguir criticando a mi partido, porque quiero que mis compañeros vengan a mi funeral!"

¿Qué hacía en 1973, cuando fue derrocado el gobierno de la Unidad Popular?

"Había jubilado después de 50 años de trabajo, pero seguía trabajando fuerte en el partido en San Bernardo y en los sindicatos, así que aparecí en una lista negra de veinte dirigentes, 18 de los cuales fueron asesinados. Mi señora se desesperó y tuve que vender la casa para venirnos a Cartagena. Aquí me encontré con un teniente de Carabineros que conocí como intendente de Antofagasta, y que había ascendido a comandante. Me dijo que tenía orden de vigilarme, 'pero mientras esté yo aquí no le va a pasar nada'. Nunca me molestaron. Me metí en la junta de vecinos y conseguimos varias cosas, como el alcantarillado".

¿Qué espera del gobierno de Ricardo Lagos?

"Mucho. Aunque no es un militante socialista, me parece un hombre capaz de hacer lo que piensa. Y si el Partido Socialista no aprovecha esta ocasión para hacerse fuerte, más vale que desaparezca... Pero yo soy de los que todavía no doblo el cacho"

PATRICIA BRAVO

 

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