20 de octubre de 2000

FRENTE AMPLIO DE ACCION CIUDADANA
Editorial
¿Hasta cuándo asesina Israel? - Por Mauricio Buendía

Está estructurándose el Frente Amplio de Acción Ciudadana que se propone organizar a las fuerzas sociales para que las autoridades atiendan las demandas de la población. En este Frente participan los Colegios de Profesores, Médicos y Periodistas y la CUT. Ellos patrocinan un movimiento social, político y cultural que sin duda podría alcanzar vigorosa e influyente expresión pública. Es justamente lo que se necesita: una brújula y un factor cohesionador para el desorientado y atomizado movimiento de masas.

La idea del Frente Amplio de Acción Ciudadana coincide con otras iniciativas que marchan en paralelo. Por ejemplo, con los sectores que publicaron en las ediciones 478 y 479 de PF el llamamiento "Camino a una alternativa". Este propone iniciar la construcción de un movimiento por "la democratización, la participación y el cambio del modelo neoliberal por otro basado en un proyecto de país democrático, justo, solidario y sustentable". El llamamiento -difundido sólo por PF y su página web- está recibiendo adhesiones desde varios lugares del país. Es claro que una diversidad de grupos políticos y sociales ya están cansados de un estéril aislamiento en que subsisten volcados sólo en si mismos.

El Frente Amplio de Acción Ciudadana viene exigiendo -como primera medida- revisar con sensibilidad social el Presupuesto de la Nación. Reclaman recursos fiscales para entregar a todos los ciudadanos una salud y educación públicas de buena calidad. Esta es una demanda que por su naturaleza merece un amplio respaldo y puede cruzar horizontalmente partidos políticos, sindicatos y agrupaciones sociales de todo tipo. Lo mismo puede decirse del amplio rechazo ciudadano a las amenazas privatizadoras de empresas del Estado como Correos, Enap, Enami, etc. La CUT y los sindicatos afectados han reaccionado enérgicamente y su actitud interpreta a millones de chilenos. Igual fenómeno ocurre con la exigencia de reformas laborales que fortalezcan la posición negociadora de los trabajadores y hagan real el instrumento de la huelga castrado por la dictadura. El gobierno ha desconocido sus promesas electorales con un proyecto de reformas que fue elaborado mirándole la cara a los empresarios y omitiendo los intereses de los trabajadores. La CUT ha rechazado ese proyecto y la lucha que se avecina puede arrastrar a vastos sectores populares, víctimas de la super explotación del modelo económico. El descontento y la decepción van creciendo en el país. En Concepción se han producido violentos hechos de represión policial contra pobladores que luchaban contra un vertedero de basuras y por un terreno donde levantar sus viviendas. Son ejemplos del tono que van adquiriendo las demandas del pueblo. El aparato gubernamental sigue sumido en la ineficiencia y aferrado a las prácticas antidemocráticas con que la dictadura militar modeló al poder ejecutivo.

Quienes creemos necesario y posible construir una alternativa popular, democrática y participativa, debemos empezar a caminar juntos. Hay que desechar por aberrante el onanismo político en que han caído muchos grupos que vegetan encastillados en la desconfianza, la inflexibilidad y el sectarismo. Ahuyentan así toda adhesión popular debido al grotesco extremismo de sus consignas carentes de contenido e ignorantes de su propia realidad

PF

    ¿Hasta cuándo asesina Israel?

    Una noche cualquiera, entre ardientes volutas de humo y cómplices sonrisas, un combatiente palestino me obsequió su jatta (pañuelo), símbolo de resistencia y bravura. Allí, en la profundidad de sus ojos azabache, palpamos la incondicional solidaridad de este pueblo hermano, de la misma manera que sentimos en cada centímetro de su piel la humedad de su lucha, el aroma de mil mariposas violetas revoloteando en el cielo de su dignidad. Claro, porque a pesar de masacres, destierros y exilios, los palestinos continuaban combatiendo por su tierra. Y continúan haciéndolo, porque poco ha cambiado en la sequedad del desierto y en el accionar asesino del Estado judío. Porque aquí hay que decir las cosas por su nombre: la nación palestina fue violada por la esperma israelí así, inmisericordemente, segando de manera brutal el sueño palestino de construir su país en paz y libertad. Y no comenzó ahora. La provocación realizada por el ex general israelí Ariel Sharon al visitar en Jerusalén la Explanada de las Mezquitas, lugar sagrado para los musulmanes, hace un mes atrás, es sólo una manifestación más del desprecio judío por la cultura y la nación árabes, así como por los frágiles acuerdos de paz y, asimismo, por la comunidad internacional. Sí, porque no debe olvidarse que los judíos fundaron el Estado de Israel en Palestina en 1948 luego que las Naciones Unidas acordaran, un año antes, proponer la creación de dos Estados en la región para llenar el vacío dejado por la partida de los colonialistas británicos e intentar superar el conflicto entre árabes y judíos. Los judíos, que habían intensificado la inmigración en el área posterior a la segunda guerra mundial, aceptaron tal idea. Sin embargo, los árabes se opusieron a ésta, pues consideraban injusta la partición de sus tierras ancestrales. De esta manera, a través de la violencia y la sistemática expansión israelí, se consolidó el Estado judío mientras los palestinos se transformaban en extranjeros en su propia tierra, siendo reprimidos, discriminados y violentados por la arrogancia de emigrantes judíos que llegaron de la nada para imponer su sectarismo, su dinero, su terror y su enfermizo odio patológico. Por cierto, lo hicieron con la ayuda incondicional y generosa de Estados Unidos que les convirtió en el mayor recipiente de ayuda financiera y militar en el mundo.

    La actitud provocadora y prepotente de Sharon es tan sólo un reflejo de la política estatal judía hacia los palestinos y hacia todo el mundo árabe. Después de todo, son cincuenta años de presencia armada en la región, de despojo y terrorismo de Estado. Es que no podemos olvidar la invasión de El Líbano y las masacres de los campos de refugiados de Sabra y Chatila en 1982 donde, con la connivencia de Israel, el ejército libanés del sur asesinó a más de mil hombres, mujeres y niños. Así, sin asco, tal como ahora los soldados israelíes han asesinado a más de un centenar de palestinos y herido a casi un millar en menos de un mes de confrontaciones en Jerusalén, la Franja de Gaza, la Ribera Occidental del Río Jordán, Ramala, Hebron y otras ciudades y pueblos de Cisjordania.

    Sí, los valientes soldados israelíes han utilizado fusiles automáticos, tanques, helicópteros artillados, carros blindados y lanchas de asalto para atacar a palestinos armados con piedras. Es una guerra desigual, como la librada por las fuerzas armadas chilenas contra nuestro pueblo para derrocar al gobierno de la Unidad Popular e instaurar el terror en Chile; como la llevada a cabo por los nazis contra sus propios compatriotas y millones de europeos, como la desatada contra los judíos que redundara en la muerte de seis millones de ellos. Pero los judíos parecen haber olvidado el holocausto, el horror y sufrimiento de aquella época, pues actúan exactamente igual que los nazis, torturando, usurpando tierras, arrasando casas, bombardeando ciudades, realizando detenciones masivas, matando a niños inocentes. Además mienten, una y otra vez, responsabilizando de la violencia en los territorios ocupados, en tierra palestina, a aquellos que tan sólo intentan defender su honor, su dignidad, sus retazos de nación.

    Y se desangran por ello, cada día, cada noche, entre ramalazos de explosiones amaranto y nubes de pólvora oscura, como la sonrisa de los soldados israelíes al disparar a la cabeza de los niños palestinos. Es que los judíos no podrán comprender jamás que esos niños, y sus padres y sus abuelos no fueron ni serán amedrentados jamás por la violencia, la furia o el odio judíos, porque simplemente están luchando por su tierra, su vida, sus derechos como nación. Ellos no quieren ser meros sobrevivientes o bajovivientes de su propio holocausto, sino que protagonistas centrales de su presente y futuro; y lo han demostrado con creces, con coraje y decisión en luengos años de lucha contra el Estado opresor de Israel. Lo demostraron en la Intifada iniciada en 1987, alzamiento popular que costó muchas vidas, pero constituyó, además, un prístino y maravilloso ejemplo de dignidad humana. Sí, porque aquí se trata de derechos humanos, del respeto por parte de Israel a los derechos de más de un millón de humanos despojados de su tierra y forzados hacia una injusta diáspora.

    Por todo ello, ¡qué carajo importa el precio del petróleo, los mercados bursátiles, las acciones de unos cuantos ricos! Sí, porque para muchos hijos de puta su única preocupación son las fluctuaciones de la bolsa, los cálculos económicos y políticos, como las indignas declaraciones del gobierno chileno que tan sólo se ha limitado a expresar su deseo de que se resuelva el conflicto en el Medio Oriente. ¡Como si se pudiese ubicar en el mismo plano al Estado israelí, usurpador y armado hasta los dientes, y a palestinos que luchan por su tierra con hondas, boleadoras y piedras! Aquí no se requieren tibias e hipócritas declaraciones oficiales, sino que la inmediata e inequívoca condena de Israel por los crímenes que ha cometido en el corazón del territorio palestino. Es lo que todos deberían hacer, pues es inaceptable que sólo se reaccione ante la muerte de un par de soldados israelíes cuando ya se ha asesinado a cien palestinos. Esto no es un problema de cantidades, por cierto, pero pareciera ser que para la cúpula gobernante chilena, así como para las Naciones Unidas, las vidas judías valen más que las vidas árabes. Por eso hoy hablan, sacan la voz y realizan ingentes esfuerzos para rescatar -según afirman- el deteriorado proceso de paz. Es que la paz no llegará hasta que Israel no cese de matar palestinos, hasta que detenga su política de construir más asentamientos judíos en territorios ocupados, hasta que no reconozca los derechos inalienables de la nación palestina. Es por eso que los acuerdos de paz alcanzados en 1993 entre el gobierno de Isaac Rabin y el movimiento palestino dirigido por Yaser Arafat, están cimentados en arenas movedizas. Ni siquiera la creación de la Autoridad Nacional Palestina y la aceptación del establecimiento de una suerte de autonomía limitada en selectos territorios otrora ocupados por Israel, ha contribuido a aplacar el odio judío o la furia palestina, al continuar siendo estos últimos sistemáticamente reprimidos y humillados.

    Ofendidos, pero jamás vencidos, y en aquel desigual bregar tienen toda nuestra solidaridad, nuestras lágrimas y, por sobre todo, la esperanza de que un atardecer cualquiera, por entre frescos dátiles y tenues dunas ámbar, volarán libres un millar de pájaros multicolores para saludar el sacrificio del niño palestino baleado en la cabeza por un cobarde soldado judío, simplemente por ser diferente

    MAURICIO BUENDIA


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