3 de noviembre de 2000

Origen de la Intifada palestina
Los honderos de la libertad


Los acontecimientos que tienen lugar en estos momentos en el Cercano Oriente, muestran a las claras de que se trata de un conflicto que va más allá de un hecho estrictamente político, integrando de manera evidente un componente de orden étnico-religioso. La guerra no declarada que existe desde hace 50 años, tiene como escenario y motivo de discordia, una tierra tres veces sagrada y profundamente cargada de símbolos para millones de fieles en el mundo, sean judíos, cristianos o musulmanes.

"La revancha de Dios", es el título de un libro escrito hace algunos años por Gilles Kepel. Profetizaba el retorno inevitable de los conflictos étnico-religiosos, toda vez que las grandes utopías movilizadoras del siglo XX habrían fracasado y el nuevo Dios, el Dios-dinero, introducido por el capitalismo a escala mundial, no pareciera ser muy atractivo en algunas regiones del mundo, sobre todo en aquellas donde la espiritualidad tiene una fuerte impronta en la población.

Todo conflicto o guerra no puede ser reducido a un mero conflicto político, menos aún el existente entre árabes e israelíes, que conlleva un fuerte componente étnico-religioso como resultado de la presencia de elementos histórico-culturales que se entroncan con el pasado remoto.

Si se remonta a través de los siglos, se puede constatar que el Cercano Oriente fue una región habitada por diferentes pueblos desde la noche de los tiempos. Los hebreos y otros pueblos semitas llegaron allí procedentes del Oriente alrededor del siglo XVIII a.C. Esta travesía, conducida por Abraham, un personaje legendario, forma parte de una serie de narraciones y leyendas que fueron recopiladas y escritas mucho más tarde y constituyen los cinco primeros libros de la Tora, el Pentateuco, que forman parte del Antiguo Testamento cristiano. Disputando a otros pueblos el control de la región, particularmente a cananeos y filisteos, (estos últimos, llamados "pueblos del mar", quienes ya se hallaban establecidos en la franja costera que va desde Gaza a Siria), los hebreos fundaron un reino con Saúl a la cabeza (siglo XI a.C.) pero fueron vencidos por los filisteos. Los israelitas tomarían luego su revancha con David, pero serían sometidos luego por diversos pueblos, entre otros, los egipcios, asirios, babilonios, persas, griegos, romanos (quienes destruyeron Jerusalén en el año 70 provocando la diáspora de los judíos por todo el Mediterráneo) y bizantinos.



DEL IMPERIO OTOMANO AL IMPERIO BRITANICO


Desde el siglo VII, con la expansión del Islam, el Cercano Oriente cayó bajo la dominación de las dinastías árabes omeyas y abasíes, y posteriormente dominaron los sultanes mamelucos. Desde comienzos del siglo XVI los turcos otomanos se enseñorearon de la región. Esta situación se mantendrá hasta el fin de la primera guerra mundial, luego que el acuerdo franco-británico Sykes-Picot atribuyó a estos países los territorios que antes pertenecían a Turquía. De esta manera, Inglaterra fue designada con mandato sobre Palestina, Jordania e Iraq. Francia recibía por su parte, el Líbano y Siria.

Hasta la primera guerra mundial, la región formaba parte del imperio otomano, que entró en guerra al lado de Alemania. Inglaterra decidó granjearse el apoyo árabe y logró que éstos se sublevaran contra Turquía. En la sublevación árabe que terminó con la entrada de los beduinos en Damas, tuvo destacada participación, el legendario agente británico Lawrence de Arabia.

En contrapartida, Inglaterra se comprometió ante los árabes a avanzar en el proceso de autonomía e independencia de los diversos pueblos de la región. Pero la "pérfida Albión" hacía al mismo tiempo la misma promesa a un prominente banquero israelita de Londres, lord Rothschild, mediante la famosa Declaración Balfour (1917), en la cual se especificaba que Gran Bretaña era favorable al establecimiento de una patria para los israelitas, "siempre que se respeten los derechos de las otras comunidades religiosas".

A fines del siglo XIX, Teodoro Herzl, nacido en Budapest, de lengua alemana, agnóstico y autor de "El Estado judío", había fundado el movimiento sionista, que proponía la creación de un Estado que pudiera acoger a los israelitas desparramados por el mundo. Herzl no estaba motivado por razones religiosas y por ello pensaba que el lugar de tal Estado, podía ser tanto Uganda como Mozambique, el Congo o Argentina. Finalmente, influenciado por sus amigos creyentes, escogerá Palestina. El deseo de fundar un Estado nacional coincidía con el apogeo del colonialismo europeo, particularmente inglés, que veía con buenos ojos la instalación de colonos judíos procedentes de Europa (oriental principalmente), como una manera de asegurar un "bastión" en un punto estratégico de la región, sobre todo después de la apertura del Canal de Suez (1869), vía marítima indispensable hacia el Golfo Pérsico.

Pero Palestina estaba lejos de ser un territorio despoblado y desértico como ha querido mostrarlo la propaganda sionista ("una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra"), la región estaba poblada mayoritariamente desde hacía casi 1500 años por diversos pueblos, principalmente de origen árabe, en su mayoría musulmanes.

Mucho antes de la llegada masiva de colonos judíos, la tierra trabajada por los árabes producía según el Informe Peel (encargado británico de los asuntos coloniales) más de treinta mil toneladas de trigo al año. En 1937, Peel estimaba en un informe dirigido al Parlamento inglés, que durante los diez años siguientes, la producción mundial de naranjas sería de quince millones de cajas en Palestina; siete millones en Estados Unidos; cinco millones en España; y tres millones en otros países (Chipre, Egipto, Argelia).

En 1880 había aproximadamente 25 mil israelitas en Palestina, que contaba con una población de 500 mil personas. Entre 1882 y 1917, el número de judíos aumentó a 50 mil debido a la llegada de nuevos colonos desde Europa, disponiendo del 2,5% de las tierras. En 1947, en la víspera de la proclamación del Estado de Israel, había alrededor de 600 mil judíos en Palestina con el 6,5% de las tierras, sobre una población total de un millón 908 mil habitantes.

Ese mismo año, el plan de repartición del territorio palestino aprobado por la ONU, entregaba a Israel un territorio de 14.200 km2 y 905 mil habitantes, dentro de los cuales hay que contar más de 300 mil árabes propietarios de dos tercios de las tierras. El plan asignaba 12.000 km2 al futuro Estado palestino, con 735 mil habitantes. Al mismo tiempo Jerusalén, que contaba en la época con 205 mil habitantes (de los cuales 100 mil eran israelitas), quedaba bajo un estatuto internacional.

El plan atribuía al Estado judío el 54% de Palestina. Los árabes rechazaron dicho plan y el retiro de las tropas británicas desembocó en 1948 en la primera guerra árabe-israelí tras la autoproclamación del Estado de Israel. Gracias a esta guerra Israel se apoderó de territorios que no figuraban en el plan de la ONU. En el norte, ocupó Galilea y Nazaret; en el centro se apoderó de Jerusalén Oeste, y en el sur de una franja del Sinaí en el desierto de Neguev. En la última década del siglo XX, cuando en Oslo (Noruega) comenzaron las conversaciones de paz entre palestinos e israelíes, estos últimos tenían en sus manos del 93% de las tierras de Palestina.



FALSA EPOPEYA ISRAELI


Los primeros "acuerdos" entre árabes e israelíes tuvieron lugar inmediatamente después de la guerra de 1948-1949 antes mencionada. No se trató de tratados firmados en debida forma, sino de una especie de tregua o armisticio entre el autoproclamado Estado sionista y los países árabes que habían tomado parte en el conflicto: Transjordania, Siria, el Líbano, Iraq y Egipto. Son los llamados "Acuerdos de Rhodes". Estos intervenían luego de esta primera guerra, que una leyenda hábilmente explotada por los servicios de propaganda sionistas, siempre ha presentado como la epopeya de un pequeño ejército contra el conjunto de los ejércitos de los países árabes.

En realidad las fuerzas estuvieron muy lejos de ser equiparables, puesto que del lado palestino no se puede hablar de fuerzas militares suficientemente organizadas.

La derrota árabe no se explica solamente por la desproporción de fuerzas militares en presencia, sino que también por las disputas existentes entre sus dirigentes que tuvieron consecuencias en la conducción de la Legión Árabe. Esta estaba bajo el mando del famoso Glubb Pachá (Sir John Bagot), fiel ejecutante de la política inglesa en la región. Por otro lado, el rey Abdalah de Jordania jugó un papel más que ambiguo, manteniendo contactos secretos con Israel, con vistas a una arreglo bilateral duradero. Ello le cortaría la vida en 1951.

Esta primera guerra tuvo como resultado el establecimiento de una ocupación de hecho y desde entonces Israel ha rehusado toda negociación que lo obligue a renunciar a territorios adquiridos por la fuerza.

Pero a esta violación del derecho internacional y de la propia Carta de la ONU, se agrega un hecho aún más grave: la expulsión de cerca de 800 mil palestinos de sus tierras, es decir, una verdadera operación de "limpieza étnica" que obligó a la ONU a la creación de la U.N.R.W.A. (Oficina de Ayuda para Refugiados Palestinos del Cercano Oriente).

El estado de guerra existente entre árabes e israelíes se prolongó durante años. Entre 1948 y 1956, la ayuda norteamericana aumentó de tal manera que representaba el 71% de aquélla percibida durante el mismo período por los países árabes.

Francia, gobernada en ese entonces por la socialdemocracia, prestó una decisiva ayuda militar al Estado sionista, yendo hasta colaborar en el campo del armamento atómico. De vuelta al poder en 1958, el general De Gaulle pondrá fin a tal colaboración.



CANAL DE SUEZ


Fue justamente en esos años (1956) cuando se emprendió la aventura de Suez, luego que el líder nacionalista egipcio Gamal Abdel Nasser anunciara su nacionalización. Londres, París y Tel Aviv se concertaron entonces para lo que creyeron sería una simple parada militar: Guy Mollet, presidente socialista del gobierno francés, el ministro de RR.EE. británico, Lord Selwyn Lloyd, y Simón Péres, ministro de Defensa israelí, se reunieron secretamente para esos efectos con Ben Gurión en París. La colaboración francesa llegó hasta el préstamo de aviones sobre los cuales se pintó la estrella de David. Pero la amenaza de intervención soviética y el hecho que Estados Unidos consideraron que las dos potencias coloniales decadentes -Francia e Inglaterra- debían desde ahora cederle la plaza en los asuntos internacionales, obligaron a estas dos junto a las tropas sionistas, a una humillante retirada de los territorios invadidos.

De esta manera quedaba establecido una especie de condominio mundial entre la URSS y los EE.UU., que confirmaba el papel creciente jugado por la primera. Su actuación internacional sería considerada como un factor positivo de equilibrio por muchos países árabes y del Tercer Mundo, y el proceso de descolonización en curso Africa y Asia la situará como un aliado frente al imperialismo occidental.

Nasser se robustecía a su vez, puesto que el objetivo sionista no se había alcanzado, esto es, la firma de un tratado de paz que obligara a Egipto a reconocer las fronteras impuestas por la fuerza en 1948.

En la década de los años 60 se desarrollaron las organizaciones políticas palestinas. En 1951 Georges Habache -de origen cristiano y declaradamente marxista- ya había creado el Movimiento Nacionalista Árabe y al año siguiente fue fundada la Asociación de Estudiantes Palestinos, que dará a luz en 1959, el Al Fatha. Ese mismo año, la Cumbre Árabe de Alejandría decide organizar al pueblo palestino para permitirle jugar un papel en la liberación de su país y poder decidir sobre su destino. Se adoptó una Carta Nacional Palestina que rehusaba el plan de la ONU de 1947 declarando que "la creación del Estado de Israel es ilegal, artificial, sea cual sea el tiempo transcurrido". En 1964 un congreso de diversas organizaciones palestinas proclamaba el nacimiento de la OLP: "hoy, jueves 28 de mayo de 1964 a las 15 horas 40, hora de Al Quods" (Jerusalén).

Ese mismo año, Al Fatah (principal componente de la OLP, organización de la cual es miembro Yasser Arafat) y su rama militar proclamaban "en nombre de Dios misericordioso, confiados en el derecho que tiene nuestro pueblo para luchar por reconquistar su patria usurpada", el inicio de la lucha armada contra el invasor sionista.

Al Fatah -principal organización palestina, a la cual pertenece Yasser Arafat- mantendrá cierta ambigüedad ideológica, considerando que era en esos años prematuro discutir sobre la forma que tendría el futuro Estado. Esta ambigüedad subsiste hasta hoy y ha sido la causa de rupturas, defecciones e incomprensiones entre los diversos partidos y movimientos palestinos.

Durante los años 60 continuos choques se produjeron entre fedayines y las tropas sionistas en las fronteras jordana, siria y egipcia, obligando a Israel a vivir en ascuas.

La "Guerra de los Seis Días" estalló el 5 de junio de 1966, cuando sin declaración previa, Israel desató una guerra preventiva, atacando a Egipto y ocupando Gaza, Jerusalén Este, Cisjordania, el Sinaí y el Golán sirio.

Pero el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó por unanimidad la resolución 242 donde declaraba la "inadmisibilidad de la adquisición de territorios mediante la guerra", exhortando a Israel a restituirlos. Aun cuando este documento fue considerado por las grandes potencias, comprendida la URSS, como base de un acuerdo pacífico, los palestinos no lo aceptaron, puesto que reducía el problema del Cercano Oriente a un simple asunto de refugiados. Su artículo 1b, afirmaba que todos los Estados de la región tenían el derecho a "vivir en paz al interior de fronteras seguras y reconocidas", lo que legitimaba el statu quo obtenido por la fuerza en 1948.


IRRUMPEN LOS FEDAYINES


La derrota de 1967 tuvo una gran resonancia en el mundo árabe, provocando amargura y frustración. En el seno de la OLP -el parlamento palestino- se abrió una crisis de proporciones y sectores de ésta se lanzaron a la lucha armada. Fue la época dorada de los fedayines de Al Fatah y de otros movimientos. La batalla de Karameh en la frontera jordana frente a los blindados israelíes (marzo de 1968), así como otros hechos de armas, les habían dado un indiscutible prestigio y popularidad.

Comienza entonces un intenso período de actividad guerrillera, golpeando objetivos situados fuera de Israel. El Líbano y Jordania se encuentran en primera línea, ya que albergaban bases de fedayines. En diciembre de 1968, la aviación israelí destruye en tierra a los aviones comerciales de la compañía aérea de El Líbano. El Consejo de Seguridad condena por unanimidad este acto del Estado sionista y el general De Gaulle decreta el embargo sobre las ventas de armas con destino a Israel.

Estados Unidos sabe por su parte, que Jordania es el eslabón más débil de los países árabes. Hussein de Jordania, nieto de Abdallah ajusticiado en 1951, es también sensible a las presiones norteamericanas. Bajo su instigación se propuso entonces un "plan de paz" que fue rechazado por la OLP, lo que contribuyó a envenenar aún más las relaciones entre ésta y el soberano hachemita, en cuyo territorio estaba situado su cuartel general. Esta situación hará crisis en 1970, cuando estallan los enfrentamientos entre las tropas de Hussein y los fedayines.

Es también la época de los "planes de paz". Todos tienen un denominador común: basados en la resolución 242, no concitan el entusiasmo de palestinos ni de israelíes.

La URSS propone un plan que busca la aplicación progresiva de la resolución 242. El Kremlin apoya a la OLP, pero no deja de recordarle que votó por el plan de repartición de 1947 y que ha sido uno de los primeros países en reconocer al Estado sionista.

Otra polémica tenía lugar en el seno de la OLP. Dos de sus principales componentes, el FPLP de Georges Habache y el FDLP de Nayeb Hawatmeh se dedicaban a atacar intereses israelíes en Europa. Adoptando una postura resueltamente antiimperialista, acusaban a Estados Unidos de apoyar incondicionalmente a su bastión sionista en el Cercano Oriente. Preconizando el marxismo-leninismo, Habache proclamaba: "No puede haber revolución sin doctrina... Nuestros comandos deben tener una doctrina". Arafat respondía que "La fuerza de Al Fatah viene de su rechazo a ser clasificado de izquierda o de derecha".

Al "plan Rogers", propuesto por Nixon en 1970 y condenado mayoritariamente por la OLP le sucederá el "plan Allon" (ministro israelí), es decir la política favorita aplicada por Israel: la de hechos consumados.

El gobierno israelí trató de atraer a algunos notables árabes de los territorios ocupados, organizando elecciones municipales las que finalmente fueron un fracaso. El FPLP había advertido: "La suerte reservada a los posibles candidatos que se presenten a esta impostura, será aquella que se reserva a los colaboradores".

Hussein de Jordania intentó nuevamente hacer aceptar otro plan, siendo una vez más rechazado por la OLP, que decidió en 1973, la creación de un Frente Nacional Palestino en los territorios ocupados.

En octubre de ese año estalló la guerra. Siria y Egipto atacaron simultáneamente a Israel, pero las dos superpotencias impusieron el alto al fuego el 22 de octubre y el Consejo de Seguridad adoptó la resolución 338 que instaba a la apertura de negociaciones. Sadat, el presidente egipcio que había desencadenado la guerra rompiendo el mito de la supuesta invencibilidad israelí, buscó entonces una salida, puesto que estimaba que su país había pagado con creces por la causa árabe. Comenzó el proceso que terminará en los acuerdos de Camp David, bajo la égida de Estados Unidos, estableciendo una paz separada entre Egipto e Israel, que provocó la expulsión de Egipto del seno del mundo árabe y el ajusticiamento de Sadat en 1981.


FRACASAN LOS

PLANES DE PAZ


Desde entonces sucesivos planes han visto la luz: el "Plan Fahd", el "Plan Reagan", que fue presentado en 1982, luego de la invasión del Líbano por Israel y las masacres de Sabra y Chatila, cubiertas por el ministro Sharon, y luego de la partida de los restos de fedayines de sus bases en Beirut; y finalmente el "Plan de Fez".

Ninguno prosperó y la Intifada desencadenada en 1987, mostró a los ojos del mundo que el problema palestino estaba siempre presente. Pero este alzamiento que hostilizaba de manera permanente al ocupante, interpelaba también a los sectores más vacilantes de la OLP. La Intifada fue una forma de resistencia de masas, motor de una nueva dinámica de lucha que se generalizó en Cisjordania y Gaza. No se trataba sólo de una sublevación contra el ocupante, sino que los jóvenes que se enfrentaban al ejército israelí, ponían en tela de juicio el orden social existente. Los miles de muchachos provenientes de los campos de refugiados, interpelaban a sus mayores, a los dirigentes históricos ligados a Al Fatha y en menor medida al FDLP y FPLP.

Es indiscutible que la Intifada fue la ocasión para muchos jóvenes de constatar que la lucha contra el ocupante sionista estaba también ligada al combate por la emancipación social. La Intifada marcó el inicio de la entrada en primera línea del movimiento islamista Hamas (acrónimo de Harat El Mukawama El Muslima, Movimiento de la Resistencia Islámica), que encuentra en estos momentos un gran ascendiente entre los jóvenes palestinos.

El Hamas ha desplazado en los territorios ocupados a la OLP como fuerza de resistencia, y ésta trata de recuperar en la actualidad el terreno perdido.

Una vez que la Guerra del Golfo terminó -en la cual la inmensa mayoría de los palestinos hizo causa común con Iraq-, EE.UU. y la URSS patrocinaron en Madrid una nueva conferencia por la paz, a la que los palestinos no fueron invitados oficialmente, participando en la delegación jordana. Pero ya en enero de 1992, en Moscú, Siria y El Líbano decidieron boicotear dicha conferencia, que murió de muerte natural.

Ese mismo año, fue elegido primer ministro Isaac Rabin quien dijo aceptar poner atajo a las implantaciones de colonos israelíes en los territorios palestinos, pidiendo en contrapartida, el término del boicot económico árabe. En 1993, en Washington firmaría con Yasser Arafat un acuerdo en que se daba el vamos a negociaciones entre ambas partes, luego de una serie de encuentros secretos en Oslo. (Rabin será asesinado en 1995, como resultado de un oscuro complot aún no dilucidado, en el que aparecen implicados miembros de sus propios servicios secretos).

Oslo I (13 de septiembre de 1993), estipula en su preámbulo "que Israel y la OLP se reconocen derechos legítimos y políticos mutuos... y buscan instaurar una paz duradera y global así como su reconciliación histórica".

De esta manera quedaban plasmadas todas las esperanzas, pero también las ambigüedades. Por derechos los israelíes entienden legitimidad, legitimidad de vivir en un territorio que consideran como propio. Para los palestinos en cambio, los derechos son en primer lugar derechos políticos (retiro israelí, independencia, soberanía). Para unos paz es sinónimo de "paz global", para los otros, "paz justa". Detrás de cada palabra estampada en los acuerdos de Oslo, hay para cada parte un contenido diferente, aun si las partes están de acuerdo en que la filosofía de las negociaciones reposa sobre la idea de "la tierra a cambio de la paz".

Se pretendía avanzar en la búsqueda de la paz, evitando afrontar los problemas más difíciles estableciendo un "clima de confianza" y un "período transitorio" que no debía exceder los cinco años y que terminaría en un acuerdo final.

Pero el elemento clave de esta negociación, el asunto de los plazos, no fue respetado por la parte israelí. La retirada del ejército israelí de Gaza y Jericó sobrepasó en cinco meses la fecha prevista.

Los israelíes arguyen para justificar este retraso, que las autoridades palestinas no les daban suficientes garantías del punto de vista de la seguridad.

Se trata evidentemente de una táctica para ceder lo menos posible, esperando, dilatando, obstruyendo, tergiversando, antes de abordar los "problemas más peliagudos" entre ambas partes, Jerusalén y el asunto del retorno de los refugiados. Y al mismo tiempo, se rodea de colonias israelíes los pocos territorios en manos de los palestinos.

Cinco acuerdos han sido firmados desde Oslo I. El de El Cairo (mayo de 1994); Oslo 2 (septiembre de 1995); Hebrón (enero de 1997); Wye River (octubre de 1998); Charm el Cheik (septiembre de 1999). Pero al término de estos siete años los dirigentes palestinos controlan sólo el 70% de Gaza (360 km2) y el 13% de Cisjordania (5.673 km2) y ni un metro cuadrado de Jerusalén Este. Es decir, el 20% de los territorios ocupados por Israel en 1967 y que constituyen sólo el 22% de Palestina bajo mandato inglés.

Por otra parte, Cisjordania está dividida en una infinidad de "papel picado" y sometida a tres estatutos diferentes. La zona A, bajo control palestino; la zona B, cuya seguridad está asegurada por los israelíes; y la zona C, completamente bajo control israelí.

Ahora bien, el acuerdo de Charm (septiembre de 1999, que no ha sido aplicado) prevé que la zona A representará el 17,2% del futuro territorio, la zona B el 23,8% y la zona C, el 59%.


TRAMPAS DE ISRAEL


La mala fe israelí se constata en el proceso de instalación de colonos en los territorios, que han proseguido alegremente los gobiernos del laborista Rabin, del derechista Netanyahu, o del socialdemócrata Barak. 75 mil colonos han sido instalados después de Oslo y las autoridades israelíes han construido 11.190 habitaciones. Las colonias han pasado de 122 en 1993, a 141 en el presente año. Mientras tanto en Jerusalén Este, 895 casas palestinas han sido arrasadas y desde 1988, 13 mil palestinos se encuentran sin techo en virtud de la llamada "demolición administrativa", eufemismo mediante el cual Israel despoja "legalmente" a los palestinos de sus habitaciones. De esta manera, más de 35 mil hectáreas han sido confiscadas por el Estado judío.

Durante este "proceso de paz", el ejército israelí ha cerrado las zonas bajo control palestino, durante un total de 331 días, que tienen una gran repercusión en la cesantía endémica que padece una parte importante de la población. En siete años de "paz", el ejército israelí ha dado muerte a 385 civiles y a 23 policías palestinos.

Hoy en día, tanto Barak como Yasser Arafat se encuentran debilitados. El primero busca una salida aliándose con la extrema derecha (Sharon, responsable del Ministerio de Defensa durante las masacres de Sabra y Chatila, y contra el cual ningún demócrata o socialdemócrata ha pedido tribunal internacional), luego de la renuncia de seis de sus ministros.

Yasser Arafat y la OLP por su parte, se encuentran sobrepasados por los sectores más radicales, fundamentalmente aquellos ligados al Hamas. Y después de la fracasada reunión de Camp David donde los norteamericanos creían poder sacarle un acuerdo, con la represión actual desatada por el ejército israelí, Arafat sabe que no puede ceder más a pesar de la presión combinada israelí-estadounidense. Estos últimos han jugado el papel de siempre: incondicionales de Israel.

La ONU ha condenado a Israel por el uso de la fuerza contra civiles y Estados Unidos sólo pudo encontrar cuatro islitas perdidas del Pacífico que votaron contra la decisión casi unánime de -esta vez sí se puede llamar así- la comunidad internacional. El gobierno chileno, que podría haber pasado esta vez como un gobierno independiente, se ha inclinado ante las presiones y se ha abstenido, poniendo así en evidencia que el lobby pro sionista tiene gran influencia en esferas gubernamentales de Santiago.

La masacre sistemática que se comete todos los días contra los jóvenes palestinos ha provocado indignación mundial. La mayoría de los franceses, según encuestas de opinión, acusan a Israel por el desencadenamiento de la violencia. Los incendios de sinagogas y mezquitas que han ocurrido en estos días en París, son el resultado de la exasperación a que conduce la represión israelí en el Cercano Oriente. En las barriadas populares que rodean la capital gala, los muchachos de la "segunda generación" (hijos de trabajadores árabes establecidos en Francia y que constituyen una parte considerable de la fuerza de trabajo en el país) impotentes ante tamaña iniquidad, atacan lo que se les representa como símbolos exteriores del Estado de Israel.

Tanto las autoridades religiosas judías, como católicas y musulmanas, han condenado los atentados y formulado llamados a la calma. Pero es innegable que la tensión en determinados barrios está a flor de piel.

Un grupo de intelectuales franceses de diversos horizontes, ha publicado una declaración en "Le Monde", que le ha valido amenazas de muerte y denuestos. Bajo el título "Como judíos...", explican que como ciudadanos franceses no tienen la costumbre de expresarse en tanto judíos, pero "el Estado de Israel, al pretender hablar en nombre de todos los judíos del mundo, apropiándose de la memoria comunitaria, se arroga el derecho de hablar a nuestro pesar, en nuestro nombre". Admiten más adelante que en un conflicto puede haber actos odiosos por lado y lado, "pero las responsabilidades políticas no son las mismas. Israel dispone de un territorio, de un ejército, del arma atómica... mientras los palestinos viven en campos de refugiados, bajo el tutelaje israelí, con una economía mutilada, una sociedad lacerada, un territorio en pedazos... Si la provocación calculada de Sharon -con la complicidad de Barak- ha podido derivar en lo que conocemos, es a causa de las maniobras dilatorias en la aplicación de los acuerdos de Oslo, de la prosecusión de la colonización israelí, de la negativa a aceptar un Estado palestino cuya proclamación ha sido postergada ya muchas veces. Por ello no es sorprendente que a raíz de todas estas humillaciones el pueblo palestino se subleve... Partidarios de la fraternidad judeo-árabe, pedimos retomar el proceso de paz, que pasa necesariamente por la aplicación de las resoluciones de la ONU, por el reconocimiento de un Estado palestino soberano y por el derecho al retorno de los palestinos expulsados de sus tierras".

Israel que debe combatir en su territorio a árabes israelíes (descendientes o sobrevivientes de los que se quedaron o no fueron expulsados en 1948), ha abierto un peligroso frente interno en el momento en que pocas veces el aislamiento internacional del Estado sionista había sido tan grande. Una nueva situación se ha creado, en la cual el pequeño David palestino, armado con su honda, puede obligar a ceder al Goliat israelí. Una victoria militar es imposible para este último, aunque la lógica que parece imperar en los círculos gubernamentales por el momento sea la opción militar. Israel se encuentra en la paradójica situación de aquel gigante armado hasta los dientes, que no puede utilizar su fuerza para lograr sus objetivos. Por el momento, los pequeños, valientes y entusiastas honderos palestinos le están infligiendo una derrota de proporciones

Paco Peña

En París

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