19 de enero de 2001

Santos ChaVEZ
De pastor de cabrasa eximio grabador


No quería pompas fúnebres. Pidió que sus cenizas fueran arrojadas al mar y que sus amigos lo recordaran alrededor de un asado, en el patio de su casa. Murió en la madrugada del 2 de enero. A sus funerales en Concón asistieron unas cuarenta personas y hubo los discursos de rigor. Su esposa alemana, Eva, recibió una ánfora con sus cenizas que, conforme a sus deseos, serán esparcidas en el océano. La agonía de José Santos Chávez duró semanas. Su tenaz batalla contra la muerte empezó en su pulcra y florida casa en Reñaca. Ya no podía trabajar. El cáncer había inutilizado su brazo derecho pero aún así bajaba a su taller y se empeñaba con la mano izquierda en trazar algún boceto que luego sometería al delicado proceso de sus grabados. Deja un legado de unas mil obras que tienen su sello inconfundible.

Casi todos sus temas tienen que ver con su tierra araucana, con el viento, la lluvia, galopes, rostros de niños, de muchachas, soles rojos o azules, vuelos fantásticos a lo Chagall, amantes silvestres, cabras de la pradera, pájaros, bosques encantados. Trabajaba con paciencia y rigurosas exigencias estéticas, prefería la madera para sus planchas y rompía los proyectos que a su juicio no alcanzaban la perfección y la expresión exacta de lo que se proponía.

Desde un comienzo al fin, sus temas fueron los mismos. Adquirió con el curso de los años un seguro y talentoso oficio. Sólo en su último tiempo agregó a sus grabados unas acuarelas sobre paisajes nebulosos o sobre rincones periféricos de Berlín, ciudad en la que vivió veinte años y donde realizó grandes exposiciones y fue reconocido como uno de los más grandes artistas latinoamericanos. Sus grabados fueron publicados en portadas de revistas, se convirtieron en carteles y tarjetas postales. Ninguna tentación de explorar en otros temas y estilos lo sacó de lo suyo. Quería ser, en primer lugar, un artista del pueblo mapuche, de sus esencias, de su entorno terrenal y también de sus luchas.


EL PASTOR DE CABRAS



Juego de cabritas, grabado, 1999.
Nació en Canihual, una aldea mapuche, en 1934. Su padre, José Santos Chávez, era uno de los pocos habitantes del lugar que sabía leer y escribir y se empleó como escribiente de la comisaría de carabineros, destinada más a reprimir a los mapuches que a guardar el orden público. Su madre, Flora Aliste Carinao, tenía fama como ceramista. Fabricaba bellos cántaros que servían para que sus vecinos acumularan agua potable. La familia era larga: siete hermanos cuya hambre había que satisfacer diariamente.

Santos fue puesto al servicio de un latifundista como pastor de cabras. Debía tener especial cuidado con los pumas que en el bosque asediaban a sus presas y se lanzaban sobre ellas en el momento menos pensado. Le entregaron un rifle para enfrentar a los peligros y matar a los pumas cuando estaban a su alcance. Pero nunca pudo apretar el gatillo porque sus manos eran muy pequeñas y sus fuerzas infantiles no alcanzaban para hacer detonar las balas. No obstante, aprendió a leer y escribir en la escuela primaria de Canihual a la que sólo podía concurrir cuando la lluvia era torrencial y resultaba imposible el pastoreo de cabras.

Soñaba con ser astrónomo. Los adultos mapuches hablaban del misterio de los astros y les atribuían poderes increíbles. Con el anhelo de manejar telescopios y desentrañar los misterios del sol, de la luna, de Marte o de Saturno se fue a vivir a Concepción a casa de unos parientes. Sus posibilidades de estudiar algo no daban sino para ingresar a una escuela nocturna de bellas artes. Quiso ser pianista pero se dio cuenta a poco andar que no tenía dedos para eso. Solo adquirió una gran fascinación por la música de los barrocos alemanes, ingleses e italianos -Telemán, Glük, Vivaldi- que siempre fueron la música de fondo de los trabajos en su taller. A cambio de sus desventajas como pianista sus maestros descubrieron que poseía gran talento de artista plástico. Aprendió la técnica del grabado y obtuvo reconocimientos unánimes.


EL TALLER 99



"PARECE que nace de la tierra", grabado que Santos Chávez donó al Foro por la Democracia en 1995. Se convirtió en el logotipo de ese proyecto político-social con el que simpatizó el eximio grabador.
Se trasladó a Santiago en 1960. No tuvo dificultades para ganarse la vida como vendedor de sus propias acuarelas en platos que servían para colgar en los muros de un salón o un comedor. Le protegía el pintor Pedro Millar que le abrió el camino para integrarse a su mejor escuela: el taller 99 que tenía los auspicios de la Universidad Católica y era dirigido por Nemesio Antúnez y Julio Escámez. Allí trabajaban o experimentaban figuras distinguidas de la plástica nacional: Eduardo Vilches, Rodolfo Opazo, Jaime Cruz, Lea Kleiner, Luz Donoso, Roser Bru; su mejor amiga del taller fue Delia del Carril, "La Hormiguita", que había decidido continuar su abandonada obra plástica luego de los años de dedicación exclusiva a Pablo Neruda, con el cual había terminado dolorosamente su relación matrimonial. "Ambos somos aprendices" le dijo Delia que le pedía ayuda para la realización de sus grandes caballos y muy diferentes a los de Santos.

El espíritu pedagógico y generoso de Nemesio Antúnez era recordado por Santos como el mejor estímulo en sus años de aprendizaje y formación. Antúnez le obligaba a ser crítico de sí mismo y a repetir hasta el cansancio sus grabados y a depurar su técnica. Aplaudía sus temas y figuras simples que, le decía, eran las más difíciles y exigentes para un grabador que tenía que luchar siempre contra los lugares comunes y el efectismo.


MEXICO Y LOS MURALISTAS


En 1966 ganó el Premio Andrés Bello otorgado por la Universidad de Chile a un artista plástico. La recompensa consistía en un pasaje a cualquier lugar del mundo elegido por el ganador. Santos no tuvo dudas: viajó a México deslumbrado por los muralistas y en particular por los grabados de José Clemente Orozco. Allí trabajó en el taller de Fray Servando y recibió lecciones de los mejores discípulos de Orozco. Fue invitado a exponer sus grabados en la Universidad de Stanford de California y trabajó en Nueva York y Chicago. Recibió, además, el premio Grace en Chicago y una mención honrosa en un concurso internacional de la Casa de las Américas de La Habana.

Quería regresar a Chile porque la oleada popular que postulaba a Salvador Allende a la presidencia también requería del trabajo de los artistas. Se pintaban murales en las calles y aunque esa no era su especialidad se unió a brigadas de muralistas y realizó una bella obra en el frontis del Sindicato de Suplementeros en la calle San Francisco que, desgraciadamente, desapareció al poco tiempo.

Era ya entonces un grabador celebrado. En una ocasión fue invitado por Pablo Neruda a Isla Negra. Apareció algo confundido en una de las tertulias del poeta que al verle le dijo a sus invitados: "Aquí está el más grande artista de Chile". Le habló luego de algunas ilustraciones para "Canto General" y "Odas Elementales" que nunca se concretaron del todo.


ANCLADO EN BERLIN



UNA de las últimas fotos de Santos Chávez. Con su esposa, Eva, en Reñaca, 5 de octubre del año pasado.
Después asistió consternado e impotente al golpe de Pinochet y al terror desenfrenado de la dictadura. Se sintió aislado e imposibilitado de continuar su trabajo. Existía el peligro de ser utilizado por la dictadura cuyos censores culturales hasta le ofrecieron realizar una exposición "patriótica". Huyó de ese peligro. Primero residió en Venezuela y mostró sus grabados en España y Estados Unidos. Fue invitado por una galería de Berlín Occidental para realizar una exhibición retrospectiva y aunque pensaba que allí su estadía sería breve se enredó en la vida bohemia y lo pasó mal. Existía "La Batea", un restaurante que era de propiedad de exiliados y ofrecía comida chilena.

Allí trabajó sirviendo a las mesas y aceptando los homenajes etílicos de los clientes que amenazaban con transformarlo en un alcohólico permanente, y que le hacían abandonar su trabajo. Sin taller y sin dinero se sentía en el peor momento de su vida. La salvación le llegó desde Berlín Este. Le proponían realizar allí una exposición e incluso le ofrecían pasaporte de residente.

En la RDA continuó su obra durante veinte años. Conoció a Eva, una diligente alemana que se puso a disposición de la divulgación de sus grabados y de la organización de sus exposiciones. Se casó con ella y convirtió su casa en un alero de los chilenos exiliados: sus cazuelas, pebres, asados, pasteles de choclo eran elogiados por sus muchos invitados. Celebraba sus cumpleaños y recibía con agasajos culinarios a los viajeros que pasaban por Berlín incentivando la solidaridad con Chile y la denuncia de los horrores de la dictadura.


FAMA EUROPEA


Trabajaba sistemáticamente en su taller en un viejo barrio berlinés. Su fama se extendió por toda la RDA y sobrepasó esas fronteras. Sus grabados recorrían las ciudades alemanas y fueron acontecimientos en Berlín, Leipzig, Dresden, Hannover, Frankfurt, Colonia. Lo mismo ocurrió en Estocolmo, Oslo, Copenhague. Poco o nada sabían sus admiradores del pueblo mapuche pero eran cautivados por la belleza de los grabados. A veces el artista era presentado con doctas disertaciones que provocaban debates sobre su técnica, sus influencias, sus raíces. Santos resultaba parco en las respuestas. Era un hombre escaso de palabras pero bien provisto de ideas y de experiencias que narraba en su sencillo lenguaje que adquiría resonancias en las traducciones de su esposa, que agregaba informaciones sobre lo que ocurría en Chile y sobre la cultura mapuche.


EL COMPROMISO SOCIAL


Creía en los compromisos sociales de los artistas. Decía "Todo artista tiene deberes para con la vida y la felicidad del ser humano. No diré que me he planteado un compromiso político como una filosofía o una pauta para mis grabados. Pero nunca olvido cómo en mi aldea los señores azotaban a los campesinos de las reducciones, como si fuesen esclavos. Siempre me he planteado la lucha política como un camino para conquistar la justicia y la dignidad humana. Y la única manera de que eso no sea un engaño es que el propio pueblo sea el protagonista principal".

Y agregaba: "Mi única forma de expresión es mi arte y allí sólo hay paisajes, rostros, flores. Creo que eso es más valedero que los panfletos que no me gustan. Intento dejar grabadas en todas partes la presencia del pueblo araucano para que no se olvide su cultura, su existencia, su realidad y sus esperanzas". Confesaba que el proceso de producción de sus grabados era lento. No pensaba nunca en las exposiciones o en algún concurso. Decía que le dolía exponer porque siempre pensaba que lo que mostraba podría haber sido mejor.

Su estación permanente era la capital de la RDA. Desde allí salía a encontrarse con el mundo. Vivía en una casa agreste en Bernau, en los alrededores de Berlín. Allí cultivaba un jardín y árboles frutales de difícil sostén por el clima de la ciudad. El día menos pensado se encontró con la desaparición de todo ese mundo. No cambió sus lealtades. Expresó a su regreso: "Percibí esa catástrofe con dolor. Yo conocía el mundo que empezó a invadir la RDA. La sorpresa fue para los alemanes que habían idealizado al capitalismo. Muchos se encandilaron al comienzo con el consumismo y las promesas que les hicieron. Ahora enfrentan la cesantía y la carestía de la vida y valorizan mejor lo que tenían antes. Está claro que todos querían ser parte de una sola nación alemana pero ahora sienten la humillación de ser tratados como ciudadanos de segunda. No creo en la muerte del socialismo. Aparecerá otra vez y no repetirá sus errores".

Sus veinte años alemanes llegaban a su fin. Sintió que sus fuentes de inspiración se agotaban y que era necesario renovarlas. Antes hizo una exposición de sus acuarelas que reflejaban su existencia en la capital alemana. Se llamó "Vivir en Berlín" y fueron apuntes de rincones y de paisajes.

Regresó definitivamente en 1994. Se instaló con su esposa en una vieja y amplia casa de la comuna de Recoleta próxima al Cementerio General. En los alrededores instaló su taller con la intención no sólo de continuar con los nuevos temas de sus grabados sino también para enseñar su arte a jóvenes artistas. Le inspiraba la poesía de los poetas mapuches Elicura Chihuailaf y Lionel Lienlaf y realizaba frecuentes viajes a las reducciones y a los pueblos del sur con fuerte presencia mapuche. Sus caídas alcohólicas perjudicaban sus planes de trabajo pero volvía siempre a ser el trabajador disciplinado y celoso de su taller. Su salud empeoraba y estimó necesario recluirse en una casa tranquila junto al mar. Eligió Reñaca y allí se refugió hasta su fin. Entraba y salía de clínicas y hospitales. Los médicos no pudieron impedir el avance del cáncer.


EL FORO POR

LA DEMOCRACIA


Asumía sus compromisos ciudadanos y no ocultaba sus adhesiones. A su regreso ingresó al Foro por la Democracia y le entregó uno de sus grabados como emblema. Era partidario de un gran y amplio acuerdo para construir una democracia libre de las amarras que dejó la dictadura y sostenida por la voluntad y los intereses populares. Le inquietaba la escasa voz que tenían los trabajadores en una sociedad mercantil y la transformación de algunos ex izquierdistas en neoliberales.

Una de sus últimas decisiones fue donar una buena parte de sus grabados y acuarelas a la Universidad de Playa Ancha de Valparaíso como punto de partida para una Fundación Santos Chávez que entregará una beca anual a un estudiante de Bellas Artes de origen mapuche. Recordaba que sin ayudas y sin mecenas no habría sido posible su propia formación y su proyección artística. Le disgustaba que sus amados mapuches lo confundieran a veces con un "huinca" privilegiado. Quería ser un mapuche más. Una voz en el viento de su pueblo al que dio a conocer en el mundo con ternura y belleza

LUIS ALBERTO MANSILLA



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