19 de enero de 2001

Joyce Horman: buscando la verdad de la muerte de Charlie.
|
Fue la tercera vez que estuvo en Chile. La primera, terminó trágicamente con la muerte de su esposo, el periodista norteamericano Charles Horman, asesinado por los militares entre el 18 y el 20 de septiembre de 1973. La segunda, en marzo de 1990, fue breve y estuvo llena de ansiedad y temor. Ahora vino a presentar una querella criminal contra Pinochet por el asesinato de su marido y a pedir a la Corte Suprema que designe un ministro para conocer de un caso que altera las relaciones entre Estados Unidos y Chile.
De aspecto apacible, Joyce Horman tiene fuerte personalidad. Trabaja como consultora computacional en Manhattan y no abandona la búsqueda de la verdad en la muerte de Charlie. No se ha vuelto a casar.
El caso Horman fue, sin duda, especial. Joven periodista graduado en Harvard vivía con Joyce en Chile desde hacía unos veinte meses. Simpatizaba abiertamente con el gobierno de Salvador Allende, aunque no era militante de ningún partido. Por azar acompañó a una amiga norteamericana que visitaba Chile como turista, Terry Simon, a Viña del Mar. Era el 10 de septiembre. El golpe militar los dejó aislados en esa ciudad. Imposibilitados de volver a Santiago, Charlie y Terry alternaron en el Hotel Miramar con otros norteamericanos que hablaban con soltura y contaban detalles a pesar de ser oficiales militares. Uno de ellos era Patrick Ryan, jefe de la Misión Naval con sede en Valparaíso, otro era Arthur Crater, que le confesó a Horman con aire de satisfacción que había venido "a hacer un trabajo y que el trabajo estaba hecho". Horman y su amiga se identificaron vagamente, parecían turistas poco informados. Otro oficial, Ray Davis, jefe de la Misión Militar de la embajada, los trajo a Santiago en su automóvil el día 15. Horman quedó convencido que esos oficiales habían participado activamente en el golpe. Habían sido "operativos" y a la vez instigadores.
Sin pretenderlo, Charles Horman se convirtió en testigo de un secreto que hasta el día de hoy se mantiene sellado: el verdadero grado de participación de Estados Unidos en el golpe militar de 1973.
A su regreso a Santiago, Charles y Joyce trataron de salir del país. No tuvieron éxito ante la embajada ni el consulado de Estados Unidos. El 17 de septiembre, el periodista norteamericano fue arrestado en su casa de Vicuña Mackenna, que fue allanada y desvalijada por los militares. Allí se pierde su pista. Oficialmente se dijo después que había muerto el 18 de septiembre, víctima tal vez de disparos militares en horas de toque de queda. Recién en octubre el cuerpo de Horman fue entregado a la familia.
Entretanto, había viajado a Chile su padre, Edmund, un hombre con buenas vinculaciones que conversó con los funcionarios diplomáticos y llegó pronto a una conclusión. Había cosas extrañas. Las contradicciones y negativas eran demasiadas. Los funcionarios norteamericanos no sólo habían desprotegido a un ciudadano de su país sino probablemente habían ido más allá.
Más tarde apareció un testigo clave, Rafael González, chileno, agente de seguridad. Estaba presente en la oficina del jefe del Servicio de Inteligencia Militar, general Augusto Lutz, cuando éste y un funcionario norteamericano concordaron en que había que eliminar a Horman porque "sabía demasiado".
El crimen de Charles Horman llamó la atención de un periodista norteamericano, Thomas Hauser, que en 1978 publicó un libro de investigación titulado "La ejecución de Charles Horman", que sirvió de base a una película que se vio en todo el mundo: "Missing" -"Desaparecido" del director griego Costa Gavras. Actuaron Jack Lemon como el padre, uno de los mayores actores norteamericanos, y una joven, Sissy Spacek, que hizo el papel de Joyce, esa misma Joyce que estuvo de nuevo en Chile hace poco.
Edmund Horman murió en 1993, veinte años después de la muerte de su hijo. Un tiempo que fue para él de búsqueda infructuosa. La madre de Charles, Elizabeth Horman, que acaba de cumplir 96 años, todavía espera la verdad.
Preguntamos a Joyce Horman:
¿Por qué ha vuelto a Chile y precisamente en este tiempo?
"Vine a querellarme contra Augusto Pinochet. Esperábamos más de los documentos desclasificados. Sin embargo, hubo algo muy importante. En la segunda desclasificación, en junio de 1999, encontramos la confirmación de lo que siempre pensamos. El Departamento de Estado en los años 70, en tiempos de Nixon, sabía que las agencias de inteligencia tuvieron una responsabilidad en la muerte de Charles Horman.
Surgieron esperanzas frente a los nuevos documentos que se desclasificaron después, pero no hubo nuevos avances. Hablamos con funcionarios del Departamento de Estado, que nos han atendido con deferencia y preocupación, algo muy distinto a lo que ocurrió en los primeros años después de la muerte de Charles. Estados Unidos envió una nota diplomática a Chile expresando su preocupación ante tres casos no resueltos: Charles Horman, Frank Terugi y en los años 80 Boris Weisfeiler, desaparecido cerca de Colonia Dignidad. El gobierno de Chile respondió que no podía actuar a menos que lo hicieran los tribunales. Para actuar ante las Cortes chilenas pedimos apoyo al Departamento de Estado, y creemos que se mantendrá en el gobierno de Bush. Hemos venido ahora a Chile a pedir esa investigación a través de nuestros abogados, Fabiola Letelier y Sergio Corvalán. Vamos a hacer dos cosas: una querella por el asesinato de mi esposo y, al mismo tiempo, una presentación a la Corte Suprema para que designe un ministro, dado que el caso perturba las relaciones entre Estados Unidos y Chile".
Aparte de ese reconocimiento del Departamento de Estado, ¿ha habido información significativa de la CIA o -lo que parecería más importante- de las agencias de inteligencia militares de Estados Unidos, del ejército o de la marina, por ejemplo?
"La mayoría de la información militar sigue siendo secreta. Se ha desclasificado muy poca. Pienso que la CIA tuvo clara participación en el golpe. Pero en cuanto al caso Horman lo más importante debería estar en poder de las agencias militares, que en Estados Unidos son muy cerradas.
A pesar de los esfuerzos del gobierno de Clinton hay dudas sobre cuánto se ha desclasificado. No podemos saber entonces cuántos ni cuáles son los documentos que se mantienen secretos y tampoco las cantidades de dinero gastadas en operaciones encubiertas. Los ciudadanos norteamericanos están en situación desmedrada frente a las agencias de inteligencia que en ese sentido son intocables".
En estos años ¿ha seguido la situación chilena?
"Durante la dictadura, muchos amigos que habían estado acá y otros que eran amigos de Charlie actuaron en defensa de los derechos humanos en Chile. Nos movilizamos en acciones solidarias, declaraciones, piquetes, manifestaciones. Cuando salió la película de Costa Gavras -?Missing?- viajé invitada por Amnistía International a Canadá y otros lugares. La película sirvió mucho. Y después seguí interesada en lo que aquí sucedía. Siempre preocupada por el caso de mi esposo, con la ayuda de Peter Weiss, el abogado que me ayuda desde hace 25 años sin pensar en remuneración. Pero pasaba el tiempo y pensábamos que poco ocurriría ya en materia de justicia. La detención de Pinochet en Inglaterra fue algo increíble. También fue fantástico cuando le quitaron la inmunidad en Chile, el desafuero por la Caravana de la Muerte. Las cosas comenzaron a acelerarse".
¿Piensa que influyeron en la desclasificación de documentos?
"Efectivamente. La justicia española pidió documentos reservados a Estados Unidos para utilizarlos en el juicio contra Pinochet. La administración Clinton decidió entonces una desclasificación general -con las limitaciones que hemos visto- para ponerlos al alcance de todos, incluyendo los jueces españoles. No fue algo inmediato pero también fue un vehículo para que esos documentos llegaran a Chile".
¿Usted había vuelto a Chile desde la muerte de su esposo?
"Vine a la inauguración del gobierno del presidente Patricio Aylwin. Estuve unos días y me pareció la situación muy frágil. La democracia se veía llena de debilidades. Me preguntaba ¿qué hago acá, a qué vine? con bastante ansiedad. Ahora es distinto. Todo cambió con la detención de Pinochet en Londres".
¿Cuánto tiempo vivieron con su marido en Chile?
"Cerca de veinte meses. Nos gustó mucho el país, también lo que estaba sucediendo. Habíamos hecho un viaje largo por diversos países latinoamericanos, vinculándonos con movimientos de derechos civiles.
Trabajé en computación en el Instituto Forestal y Charles hizo periodismo y filmaciones. Con otros norteamericanos editaban un boletín titulado FIN (Fuente Informativa Norteamericana) sobre prensa norteamericana. Escribía artículos y notas para prensa alternativa de Estados Unidos, junto con trabajar con medios audiovisuales. Vivimos en Las Condes con otros extranjeros, que a mediados de 1973 comenzaron a irse de Chile. Nos cambiamos a Vicuña Mackenna, una casita interior. Llegamos en agosto. Cuando el golpe no teníamos siquiera conocidos entre los vecinos. Era una zona de cordones industriales. Charlie viajó con nuestra amiga Terry Simon, recién llegada, a conocer Viña el 10 de septiembre. Creíamos que el ser norteamericanos nos daba una especie de inmunidad. Charlie conoció a varios oficiales norteamericanos que -según todo indicaba- habían participado en el golpe. Incluso vio unos barcos sospechosos, parecían norteamericanos camuflados para disimular su nacionalidad".
¿Qué se sabe del cónsul Frank Purdy y los oficiales Patrick Ryan, Arthur Crater, Ray Davis y otros involucrados, al parecer, en la muerte de Horman?
"Poco, son personas difíciles de ubicar. Hace un año el ?New York Times? intentó contactar a esas y otras personas. Entiendo que se ubicó a Ryan, pero los periodistas no dicen cómo lo lograron y tampoco dónde estaba. Es más difícil porque ellos están retirados y las instituciones no tienen obligación de entregar sus direcciones. Ahora con un juicio en Chile podrían ser citados a declarar por exhorto, como testigos. Sería muy importante".
¿Qué ha sabido de Rafael González?
"Creo que es un personaje muy interesante, escurridizo y calculador. Me gustaría hablar con él. Es muy posible que conozca el nombre del agente norteamericano que estuvo en la reunión en que se acordó eliminar a mi esposo. No lo ha dicho porque le interesa la ayuda norteamericana y ahora tal vez protección. Creo que CNN lo encontró, pero su pista se perdió poco después".
¿Hay testigos de la permanencia de Charlie Horman en el Estadio Nacional?
"Hace un par de años recibí un e-mail desde España de una persona que decía haber estado presa en el Estadio junto a mi esposo. Entonces no supe bien qué hacer con eso y después extravié la dirección. Quisiéramos encontrar a esa persona, sería importante".
¿Cómo se conserva en Estados Unidos la memoria de Charles Horman?
"La mantienen los amigos y también los compañeros de estudios de mi esposo. Con excepción de Harvard, en varias escuelas universitarias se ha hecho algo. Obviamente también queda la película de Costa Gavras -?Missing?- y, por supuesto, el notable libro de Thomas Hauser con pequeños defectos propios de haberlo escrito a fines de los años 70. Peter Weiss es también ejemplo de la fuerza de esa memoria que creo se mantenderá. Mi esposo fue un hombre bueno, sensible, comprometido con los derechos civiles. No dañó a nadie"
HERNAN SOTO
|
|
|
anterior
|
siguiente
|