19 de enero de 2001

La "quinta vía" de Tomás Moulian
SOCIALISMO DEL SIGLO XXI



El último libro del sociólogo Tomás Moulian tiene mucho de provocación. De partida, se titula "Socialismo del siglo XXI", con un agregado en broma: "la quinta vía". Cuestiona las visiones más ortodoxas del marxismo y de la revolución socialista. Obliga a reflexionar. Llama a actuar, porque el socialismo "no es una necesidad, sino una posibilidad". Ni revolución ni reformas -postula-, sino transformación gradual y a largo plazo de la sociedad capitalista por medio de pequeñas experiencias de carácter socialista. Y dice que si le demuestran que sus planteamientos son reformistas está dispuesto a ir "más allá", porque no es eso lo que busca.

Este "nuevo socialismo" que usted esboza se aleja bastante de algunos postulados clásicos marxistas. No plantea la toma del poder, la destrucción del Estado burgués, el papel hegemónico del proletariado, un partido de vanguardia ni el fin de la explotación.

"No se separa de las cuestiones centrales de Marx, pero sí de aquello que fracasó, básicamente en la experiencia de los socialismos europeos. Es obvio que no hubo destrucción del Estado, como tampoco socialización del poder. Se creó un Estado leviatánico, que se impuso sobre los ciudadanos. En ese plano, mi libro recoge la tradición anarquista que existía en el marxismo y es tan antiestatista como lo era Lenin en ?El Estado y la revolución?.

Creo que la principal renuncia es a la idea tradicional de revolución con toma del poder. El poder no es un objeto, es una relación social. Y las relaciones sociales no ?se toman?. Esa idea dio lugar a revoluciones que crearon sociedades superiores a las del capitalismo, con Estados de bienestar avanzados. Pero fracasaron en construir una emancipación que implicara término de la explotación y dominación. La toma revolucionaria del poder y la destrucción del Estado anterior no aseguran nada.

Otro de mis planteamientos que aparece como una renuncia a cuestiones fundamentales del pensamiento de Marx se relaciona con el término de la explotación: la expropiación de todos los expropiadores. Nos encontramos con la paradoja que eso ni siquiera ocurre en los países socialistas que sobreviven, incluyendo a Cuba, que es al que le tengo más respeto. Incluso allí hay un retorno a las formas capitalistas de producción en algunos sectores. El fin de la explotación no sólo requiere estatización de los medios de producción, sino que socialización. La explotación no desaparece hasta que no haya autogestión de la producción por parte de los trabajadores".

También plantea que hay que evitar la "guerra a muerte".

"Veo un problema en la toma del poder por la ?violencia militar?. Respecto del término ?guerra a muerte?, señalo que el primer problema de la guerra es perderla. Y estamos llenos de guerras perdidas. El segundo problema es ganarla. La toma del poder, que aparecía como una fórmula mágica, no asegura que podamos construir el socialismo o sociedades más justas. En Nicaragua se conquistó el poder por las armas y se perdió en las elecciones. En El Salvador, el heroísmo solamente sirvió para negociar. Y en Colombia, donde la guerrilla dura muchísimos años, las FARC están en una especie de empate ?catastrófico?, porque ninguna fuerza le puede ganar a la otra.

Si se ganan las guerras populares, el mayor problema es cómo lograr instalar una sociedad socialista desde esa violencia sin recurrir a los métodos del terror. Alguien tiene que hacer de Manuel Contreras. Yo trato de enfrentarme con la herencia que hemos recibido e intento pensar los problemas del socialismo en sociedades como las de ahora en un momento particularmente reaccionario en la historia de la humanidad. El capitalismo, en vez de avanzar, ha retrocedido. Y sin embargo, en Chile hay conformismo. Sigo pensando en el socialismo, porque creo que el capitalismo tiene que ser superado a través de formas nuevas. Quizás vamos a tener que convivir siempre con bolsones de capitalismo en la sociedad, pero tenemos que procurar que sean más chicos y que las lógicas de la economía de necesidades se impongan por sobre la lógica del lucro".

¿Por lo tanto, hay que evitar una confrontación violenta para ir produciendo cambios en forma gradual?

"Cuando no se puede ganar, es preferible no perder. Esa es una visión militar legítima. Hay que buscar fórmulas distintas para avanzar. No acepto que esto sea reformismo, en el sentido que le da la socialdemocracia, cuya única obsesión es el Estado. Sí es gradualismo. Trato de demostrar que tanto la idea de revolución como la de reforma tienen el Estado como punto ?imantado?. Mi idea del socialismo es una sociedad que nunca se termina de construir. En el momento en que se detiene el impulso recreativo de las luchas socialistas, la sociedad se convierte en burocracia y el poder se anquilosa. Hablo de transformaciones permanentes, concepto con el que intento imitar el de ?revoluciones permanentes?".

¿Por qué permanentes?

"La democracia auténtica nunca llega mientras haya algo de propiedad privada en la sociedad y existan trabajadores explotados. Mantengo la idea de Marx de que el capitalismo no es humanizable ni humano. En ese sentido, me siento plenamente marxista. El capitalismo tiene capacidad para crear fuerzas productivas monumentales -ahora estamos en la era de internet- y seguirá creando fuerzas productivas sobre la base de la doble destrucción de la naturaleza y del ser humano. A algunos los mata y a otros los condena a algo peor, la no-vida. Las personas que están al margen de los prodigiosos avances que genera el capitalismo no tienen libertad, entendida como acceso a las posibilidades que los seres humanos crean a lo largo de su historia. El capitalismo mata, al mismo tiempo que crea".


LUCHA SOCIALISTA, AHORA


¿Qué le hace afirmar que el capitalismo no se va a acabar nunca? ¿El hecho que hoy no se vislumbra su fin?

"No creo que el capitalismo va a ser destruido por sus contradicciones. Estas, obviamente, generan espacios. Durante mucho tiempo pensamos en un derrumbe del capitalismo, que la contradiccón entre fuerzas productivas, cada vez más sociales, y relaciones de producción, cada vez más privadas, iba a desajustar el sistema. Pero el capitalismo aprende. Y quizás fue declarado ?completo? en forma prematura. Tal vez ahora haya alcanzado sus más altos grados de desarrollo, con un nivel de mundialización mucho mayor que hace dos o tres décadas. ¡Vamos a ver qué pasa ahora con las contradicciones! Pero no creo que haya que esperar un derrumbe o que esas contradicciones maduren. Tenemos que generar luchas socialistas desde ahora y tratar de destruir esa ?barrera sanitaria? que había entre reforma y revolución. Me molesta el uso de esos dos términos, porque nos enseñaron a creer que eran antitéticos¿?. Quizás el chileno sea el único caso en que las reformas se combinaron bien con la idea de revolución. Por eso, la experiencia de la Unidad Popular es muy original y significativa dentro del marxismo del siglo XX".

¿El principal error de ese período fue la presión por ?avanzar sin transar? y no ampliar las alianzas, como sostiene en su libro?

"Esa era mi opinión inicial, pero ha cambiado bastante. Si uno analiza dinámicamente la Unidad Popular, ésta fue perdiendo las oportunidades para desarrollar una estrategia u otra, por motivos diferentes. La estrategia de negociación fue posible, aunque habría significado un proceso más gradual aún de lo que fue, en el momento en que se negociaron las garantías constitucionales. Pero se intentó llevar adelante cuando ya había aparecido la crisis económica y la derecha se estaba unificando como oposición política con la Democracia Cristiana. A su vez, ?avanzar sin transar? es una estrategia que llega en forma tardía, en una situación de crisis muy grande y de división interna. Sin embargo, produjo un momento que posiblemente fue el más rico de toda la Unidad Popular desde el punto de vista de la participación, que correspondió a la creación de los cordones industriales y comandos comunales. Ambas estrategias se plantearon en tiempos equivocados".

¿Qué entiende por "luchas socialistas ahora"?

"Debemos comenzar luchas en los niveles que seamos capaces, que en Chile son muy insuficientes, pero en otros países de América Latina están mucho más avanzados. No rechazo la violencia de masas. Estoy a favor de Chiapas, que no es la guerrilla de los años 60. También estoy a favor del Movimiento de los Sin Tierra y de las corrientes más de Izquierda del Partido de los Trabajadores de Brasil. La violencia de masas es necesaria y forma parte de la lucha de clases. Pero también estaría porque los trabajadores le compraran un banco o una AFP a los patrones -si pudieran- y los dirigieran".

¿No hay que descartar nada?

"Hay múltiples formas de lucha que deben tener un norte: ir haciendo cosas mejores que las que nos ofrece el capitalismo. Lo importante es evitar quedarnos parados diciendo ?al socialismo no podemos llegar y, por lo tanto, no hacemos nada?. En esta etapa, esas luchas se dan en forma más bien autónoma, impulsadas por sectores que se sitúan en una perspectiva anticapitalista. Estamos en un momento de transición en la lucha política. Hay sectores que podrían estar en las luchas populares anticapitalistas y, sin embargo, se encuentran atrapados en la lógica gubernamental. Pienso que cuando tengan que pasar por la travesía del desierto de la pérdida del poder, van a volver a recuperar las raíces de las cuales se nutrieron durante mucho tiempo".

¿A qué otros sectores ve en esas luchas?

"Los trabajadores siguen siendo la vanguardia de la lucha social, en todas sus modalidades, desde dueñas de casa hasta tecnócratas medios y trabajadores del Estado. Es la gran fuerza que mueve la historia. Sin los trabajadores no hay producción material de vida, ni reproducción de la especie, ni nada. Eso no significa que subordinemos otro tipo de luchas. Las de carácter cultural deberían estar en primerísimo lugar, partiendo por las luchas por ampliar el pluralismo en esta sociedad. No va a haber pluralismo efectivo si no tenemos medios de comunicación. La Concertación, con sus enormes recursos, no es capaz de armar un diario. ¡Y se queja de que los otros la pasan a llevar en la lucha ideológica! En ese sentido, ?Punto Final? es ejemplo de un esfuerzo como no hay otro en el país, fuera de ?El Siglo?, con ventaja en este aspecto para PF. La lucha cultural es básica, aun en pequeña escala, como el libro que he tenido que escribir y que es muy insuficiente en el diseño del socialismo. Uno puede hablar muy mal de aquello que no existe. Sólo se puede esbozar, hablar en borrador".

Lo que usted busca es producir un debate, ¿no?

"Claro, busco que el socialismo del siglo XXI esté en la mesa. Y si me demuestran que lo que planteo es reformismo -que no quiero producir-, indudablemente tengo que ir más allá. Quiero producir socialismo anticapitalista, pero no quedar cazado con que solamente a partir de la toma del poder puedo empezar a construirlo, porque no lo voy a ver".


DISTANCIA Y CERCANIA CON EL PC


En la presentación de "Socialismo del siglo XXI", Jorge Insunza, miembro de la Comisión Política del PC, planteó que las microexperiencias de transformación socialista que usted propugna corren el riesgo de ser aplastadas por la fuerza del poder burgués o quedar reducidas a un mero "transformismo". ¿Existen esos riesgos?

"Evidentemente que sí. Conozco gente que ha estado trabajando durante mucho tiempo en esa dirección y siempre está ante el dilema de si son fuerzas de integración o de resistencia. Es algo muy complejo, pero lo concreto se resuelve en lo concreto. Hay que intentarlo. Si no, nos ahogamos y permanecemos en la superficie de las cosas. También hay que ir a las elecciones y, si es posible, ganar lugares donde se puedan hacer experiencias nuevas y distintas, aun con las dificultades enormes que tenemos en Chile. Si se logra hacer vivenciar a la gente lo que puede ser una sociedad distinta, aunque sea en algunos aspectos, son avances. Puede tratarse de un grupo autogestionado de jóvenes drogadictos que dirige su propia curación. O sistemas de autodefensa material, como una cooperativa de ahorro donde la gente decide qué hacer con esa plata y no una burocracia. Ciertamente, esas experiencias reales de democracia participativa pueden ser absorbidas por el sistema. Entonces, habrá que crear otras. También son avances todo lo que se haga en relación con los problemas de género, sexualidad, pueblos originarios o por destruir el predominio ideológico de la Iglesia Católica y la tacañería de la cultura burguesa. En una sociedad que ha retrocedido a los tiempos de Matusalén hay que volver a las viejas luchas de los años 60. En lo político, tenemos que ir mucho más allá que el cambio de la Constitución del 80".

A pesar que usted ha dicho que este libro debe mucho a su participación en la campaña presidencial de Gladys Marín, sus planteamientos están bastantes distantes del PC.

"Sí y no. Mi juicio sobre la Unión Soviética y la Europa socialista siempre ha sido distinta de la del PC. Desconfié del culto excesivo a Lenin y de la construcción del sistema teórico marxista como una especie de ortodoxia. Pero en cuestiones prácticas hay bastante más acuerdo, y eso lo dice claramente Jorge Insunza en su exposición. Le he dicho a los comunistas que tendrían que hacer una autocrítica por su fanatismo hacia la Unión Soviética, para volver a ser creíbles ante la sociedad, y que lo ideal es que se cambien de nombre. O que den lugar a una refundación de la Izquierda sin que tengamos la presencia hegemónica de un PC que no se autodisuelve. Esto les gusta mucho menos, porque siguen creyendo en el partido de vanguardia. Pero no me separo de los comunistas. De hecho, continúo trabajando con ellos, pero no sólo con ellos".

¿En qué está usted ahora?

"Estamos trabajando en el Instituto de Formación Social Paulo Freire, que este año tomará vuelo con cursos presenciales y a la distancia. Allí trabajan comunistas, personas como yo, como Jacques Chonchol -que es el presidente- como Manuel Cabieses, y la gente de la Surda, organización que en muchos lugares tiene gran distancia con el PC, más todos los que quieran participar. Me interesan esos espacios donde nos podemos poner de acuerdo, sin disputas absurdas, porque por el momento no hay ningún poder que repartirse".

¿Cómo se proyecta ese instituto?

"La idea es dar formación a quienes quieren participar en la lucha social, focalizando dos ámbitos que están poco cubiertos: el territorial -para trabajar con dirigentes poblacionales, de derechos humanos, mujeres, jóvenes, estudiantes secundarios y tal vez universitarios- y sindical, centrado especialmente en dirigentes jóvenes. Este año comenzaremos con una especie de bachillerato para toda la gente que pase por nuestro instituto. Es un plan común que tiene un área de conocimientos, con cursos de educación popular, historia de Chile, teorías del socialismo y caracterización del capitalismo, entre otros, y otra área de habilidades, como manejar instrumentos para el análisis político y económico. Luego se continúa con un programa específico. Queremos formar militantes sociales. Y como en esto hay diferentes ?familias? de la Izquierda, pensamos tener tres profesores en cada curso para que los alumnos elijan".


MAS ALLA DE ?REFORMITAS? MARGINALES


¿Cómo evalúa el primer año de gobierno de Lagos?

"Absolutamente concordante con las expectativas que tenía. O sea, nada. En este sistema de amarres fuertemente institucionalizado, cualquier reforma debe comenzar por deshacerse de la Constitución del 80, lo que es imposible dentro del sistema político. El único camino es hacer movilizaciones que cambien el modus vivendi político de la sociedad chilena, que me parece es una tarea de la Izquierda no Concertación en el cortísimo plazo. Obviamente, es una batalla que se puede perder. Pero es mejor que no dar ninguna".

¿La gente estará dispuesta a movilizarse contra la Constitución?

"No le hemos demostrado el peso que ésta tiene. Caímos en el ?cosismo? de Joaquín Lavín, que lo califica como problema sin importancia, superestructural. En vez de decir que es un mentiroso, la Concertación lo sigue en el camino del cosismo. Hay que denunciar ese discurso y explicar que la lucha contra la Constitución es lo que va a permitir pasar más allá de ?reformitas? marginales".

¿Cómo ve a la Izquierda extra Concertación ante la ofensiva de la derecha?

"El Partido Comunista tomó el camino de repetir el desafío de 1997, que consistió en plantearle a la Concertación la plataforma democrática, y se encontró con la negativa de la DC para ir en un pacto común en las elecciones parlamentarias".

¿Le gustaba ese camino?

"No. Las tareas principales en este momento pasan por una reconstrucción del tejido social de la Izquierda, por fortalecer el trabajo de bases, cumplir tareas educativas. En eso se está haciendo mucho más que lo que aparece en la escena pública. Lo que falta es que la iniciativa popular se articule y tenga una expresión política ?arriba?. Creo que el PC debe presentar candidatos a las elecciones con un programa e identidad autónomos y, en lo posible, vinculado al resto de la Izquierda no Concertación. Pero creo que las tareas educativas y culturales son las principales.

Estamos topando con una enorme transformación cultural en Chile. Es impresionante que, para protestar, la gente que se cansa de la Concertación elija a Lavín y que a la Izquierda no Concertación ni siquiera la oigan. Hay problemas muy profundos que también tienen que ver con los discursos de los partidos. Existe un millón 800 mil personas que se desentienden de la política o ?están en otra?. En el terreno electoral tuvimos el 4,2% y la capacidad de movilización es bastante mala. Hay iniciativas populares, pero se desconocen. Lo más importante es educarse para ir buscando modos de cambiar esta sociedad. Eso hay que hacerlo en forma pluralista para que trabajen todos los grupos que quieran. Estamos demasiado menguados y somos demasiado chicos para andarnos comiendo unos a otros".

¿Cómo votará en las parlamentarias?

"Voy a votar por una lista de Izquierda. En ningún caso, por los humanistas... Seguramente votaré por la lista donde vayan los comunistas, ¡espero que con alguien más!"



PATRICIA BRAVO


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