31 de agosto de 2001

 

Sectores de la Concertación se disponen a gobernar con Lavín

JORGE INSUNZA

 


JORGE Insunza, miembro de la comisión política del PC.

Con velocidad está cambiando el panorama político. La renuncia de Sebastián Piñera, presidente de Renovación Nacional, a la candidatura a senador mostró la inestabilidad de la Alianza por Chile, derivada de la pugna entre RN y la UDI. Se ha resuelto -hasta el momento- en favor de esta última y de su presidenciable, Joaquín Lavín. Entretanto, la postulación senatorial del almirante (r) Jorge Arancibia, impulsada por la UDI y determinante en la rendición de Piñera, provoca oleajes que pueden pasar a temporal. En la Concertación no se acallaban las réplicas del desaguisado cometido por la DC en la inscripción de sus candidatos al Parlamento, cuando se produjo la renuncia de la directiva encabezada por Ricardo Hormazábal y su reemplazo por el equipo que dirige el ex presidente de la República, Patricio Aylwin, visto como eventual salvador de la colectividad que, según se estima bajará su representación parlamentaria en las elecciones de diciembre.

A esas turbulencias se agregaron otras. El acuerdo entre socialistas y comunistas para posibilitar que la Concertación doble en algunos distritos y que los comunistas rompan la exclusión que el binominalismo impone a las fuerzas de Izquierda, fue tajantemente rechazado por la DC y el PPD. Aunque el entendimiento compromete apoyo socialista sólo a dos candidatos comunistas -la abogada Julia Urquieta en Pudahuel y el miembro de la comisión política, Jorge Insunza, en Illapel- las duras reacciones contrastaron con el alcance limitado y claro del acuerdo. Esto hace pensar que los contradictores ven inesperadas potencialidades y peligros para los consensos con la derecha en el acercamiento de comunistas y socialistas.

PF conversó con Jorge Insunza. Moderadamente optimista sobre sus posibilidades en Illapel, asigna importancia significativa al acuerdo con el PS, sostenido sin quiebres a pesar de las protestas de la DC.

La renuncia de Sebastián Piñera a su postulación senatorial marca un punto importante en la ofensiva de la UDI por controlar a la derecha. ¿Qué significado le atribuye usted?

"Creo que lo que ha ocurrido es un hecho clarificador en el sentido siguiente. Piñera, una vez más en su actividad política, ha sorprendido a medio mundo con una renuncia a funciones que había asumido. Esto pone en evidencia que la UDI se coloca en una posición hegemónica. El sector más ligado al pinochetismo, a los poderes fácticos y que se expresa fundamentalmente aunque no exclusivamente a través de la UDI, toma el control. Se ha obligado a renunciar a Piñera y se intenta así forzar la elección de Jorge Arancibia, ex comandante en jefe de la Armada, como senador. Es un hecho significativo. Lavín representa las posiciones más reaccionarias y así queda de manifiesto, a pesar de sus esfuerzos por conseguir una imagen pública amable y comprensiva. No sirven sus esfuerzos para tratar de separarse de la sombra de Pinochet. Por el contrario, sigue las lecciones de su maestro en cuanto a hacer juego de piernas cuando la situación lo demanda.

El que las disputas al interior de la derecha se resuelvan en esta forma tiene que ver, además, con la insuficiencia de los cambios que han tenido lugar en estos once años de transición truncada. Han hecho poca mella al poder de los sectores pinochetistas y retrógrados".

Sectores que -no hay que olvidarlo- están ahora en alza como lo indican las últimas encuestas y también los resultados electorales de las presidenciales.

"Claro, la derecha ha conseguido que la Concertación continúe aplicando el mismo sistema impuesto por la dictadura. El capitalismo salvaje encubierto con el rótulo de neoliberalismo. La Concertación hace el trabajo sucio y permite a la derecha asumir para sí el concepto de cambio. Y eso cala en la gente agobiada por la cesantía, los bajos salarios, la superexplotación y la burla de las leyes laborales. Es evidente cuáles son las causas de la caída del prestigio de la Concertación y de la desesperanza que reemplazó a las expectativas abiertas con la elección de Ricardo Lagos".

Sin embargo, la tendencia se mantiene y parece encaminarse a un desenlace anunciado por el avance constante de la derecha.

"Frente a eso hemos realizado un esfuerzo para tratar de producir hechos que permitan romper esa tendencia. Ese es el sentido de la propuesta que hicimos al conjunto de la Concertación para llegar a un acuerdo de mutuas omisiones electorales que implicaría unos 20-22 distritos. En algunos lugares con votación nuestra se podría doblar a la derecha. En otros lugares, nosotros iríamos con el apoyo de una parte de la Concertación -sólo de la línea PS-PPD y eventualmente PR- lo que permitiría la elección de parlamentarios DC con fuerza propia y nuestros con aquel apoyo. Esto habría significado un cambio sustancial en la composición del Parlamento para llevar adelante cambios democratizadores".

Planteado así parece razonable, ¿por qué entonces fue rechazada la propuesta del PC?

"Hay razones de fondo para un sector de la Concertación. La aceptación de esa propuesta terminaba con la justificación aritmética de la composición actual del Parlamento como base de la política de los consensos. Es decir, para el acuerdo con la derecha. Hay sectores de la Concertación que son convencidamente neoliberales. Pienso que el país se ha dado cuenta que hay el inicio de un proyecto político de la llamada ‘transversalidad’. Lo dijo de manera clara Edgardo Boeninger a propósito de las propuestas que habíamos hecho y que los socialistas públicamente aceptaron discutir. Boeninger escribió que ese acuerdo era inaceptable y que en el evento que los comunistas eligieran parlamentarios, él no iría al Parlamento a buscar acuerdos con los comunistas, privilegiaría los acuerdos con sectores de la actual oposición. Esa es la explicación de la virulencia con que se ha atacado un acuerdo en verdad limitado y que no abarca todos los distritos donde era posible producir resultados que cambien el cuadro político.

El entendimiento se reduce a cuatro distritos en que nos omitimos y a dos distritos donde deberíamos recibir apoyo socialista para romper la exclusión y a una circunscripción senatorial en la que resolvimos que Gladys Marín no fuera candidata para no poner en riesgo la reelección de Ricardo Núñez, como un gesto que posibilitara el acuerdo".

Si el acuerdo es tan limitado ¿cuál es su sentido e importancia?


JORGE Insunza, miembro de la comisión política del PC.

"Siendo muy acotado, tiene la virtud de ser una señal de que es posible una nueva forma de relación entre nuestras fuerzas políticas. Para muchos es un mensaje claro: que las fuerzas de Izquierda se hacen cargo de la grave situación que produce la aplicación ciega del modelo neoliberal y que despunta la posibilidad de hacer las cosas de otra manera. En cada lugar en que explico estas cosas, cuento lo que me sucedió en Illapel poco después de haberse logrado el acuerdo. Se me acercó un compañero de edad y me dijo, ‘yo creo que Allende estaría recontento con esto’. Me pareció una síntesis notable. Así se advierte en muchos lugares. Para el neoliberalismo fue un rayo que les cayó encima, de ahí la violencia con que reaccionaron. Y para otros, fue algo que venía a alterar un cuadro al que se habían acostumbrado y ponía en cuestionamiento ínfulas y pretensiones. Ha sido penoso el caso de Aylwin, a quien la vida le dio tiempo para una nueva voltereta. Todos conocemos su historia política. Patricio Aylwin vivió el período en que la Falange Nacional rompió con el Partido Conservador y se convirtió en un vector del pensamiento cristiano con sentido progresista. Y en la historia de la Falange hubo hechos valiosos, como una oposición tenaz a la Ley de Defensa de la Democracia. Pero el mismo Aylwin, entre 1970 y 1973, se convirtió en un elemento determinante para desencadenar el golpe de Estado. Y después fue expresión de la resistencia democrática a la dictadura. Nosotros, sin olvidar el 73, asumimos que había un valor más grande en el hecho de derrotar a la dictadura y no tuvimos problema para votar por él. Pero ahora se convierte una vez más en un anticomunista démodé".

La atracción derechista

Si la derecha obtiene éxito en diciembre, se crearán condiciones sicológicas para que muchos piensen que triunfará en las presidenciales del 2005. Y eso es algo que al parecer muchos dirigentes de la Concertación no entienden o no quieren entender.

"Lo entienden perfectamente y no les molesta para nada. Hay sectores de la Concertación que se disponen a gobernar con Lavín, incluso ocupando funciones de gobierno y manteniendo también en ese período la política de los consensos. Es la única que ven como posible, les conviene a ellos y a los grandes empresarios. Si se analizan las propuestas que hacen no puede sino concluirse que esos sectores de la Concertación hacen política mirando sólo a una minoría del país. Ejemplo es la llamada ‘reforma tributaria’, que no instaló la derecha sino los senadores Foxley y Boeninger (DC). Esta presunta rebaja de impuestos a las personas significa que 17 mil personas que ganan dos y medio a tres millones de pesos mensuales para arriba van a recibir 100 ó 120 millones de dólares de lo que constituiría parte del Presupuesto Nacional para sus gastos personales. ¿Y se piensa que eso va a reactivar el mercado interno? Ellos ya tienen de sobra para comprar todo lo que quieren y por lo tanto no tendrá efecto reactivador alguno. Los que se van a reactivar probablemente son los bancos de las Bahamas que recibirán mucho más dinero por la fuga de capitales".

La línea del PC

¿El acuerdo con el PS no significa un "ablandamiento" de la línea del PC frente al gobierno y al modelo?

"Es un tema importante. Hay gente que no tiene prejuicio anticomunista que ha expresado temor de que el acuerdo significara morigeración o ablandamiento de nuestra posición, ya sea frente al sistema como en el tema de derechos humanos. Las posibilidades de confusión existen y son serias. Con los socialistas esos temas ni siquiera se discutieron porque no se trata de un pacto. Es un acuerdo de carácter limitado, que constituye un paso táctico -por definirlo así- que tiene una proyección de largo plazo. Una proyección estratégica en cuanto a crear un modo distinto de relación entre fuerzas de Izquierda que han visto deterioradas sus relaciones. Esto en el bien entendido de que nosotros no le exigimos al Partido Socialista que se retire de la Concertación ni el Partido Socialista que cambiemos nuestra postura de oposición al sistema y de oposición al gobierno.

Cuando Aylwin fue elegido presidente, el Partido Comunista declaró que su posición sería de independencia. Sostuvimos esa actitud durante un año y medio. Cuando el gobierno comenzó a asumir el modelo neoliberal como propio, cuando hizo el acuerdo con Renovación Nacional sobre reforma tributaria que mostraba la permanencia de esa línea neoliberal, cuando redujo la política social a simples parches y cuando fracasó en procesos de democratización mínima, tuvimos que pasar a una oposición que se mantuvo durante el resto del gobierno de Aylwin y durante el de Frei.

Cuando Ricardo Lagos fue elegido, asumimos que se había producido un hecho: muchos sectores del pueblo, incluyendo de nuestra área de influencia, veían la elección de Lagos como un cambio y una esperanza. Tuvimos en cuenta que no debíamos hacer nada que nos separara de esos sectores. Decidimos adoptar nuevamente una posición de independencia y no de oposición. Eso no alcanzó a durar un año. A la altura de marzo-abril llegamos a la conclusión que esa postura era insostenible. No teníamos más alternativa que proclamar nuestra oposición. Y aún así hicimos la propuesta de acuerdo electoral a la Concertación en función de crear condiciones que permitieran un debilitamiento de la hegemonía neoliberal en la Concertación o al menos crear otras para que la gente juzgara que no había excusas de que el Parlamento no permita legislar por falta de una mayoría favorable a determinados cambios. Hemos visto, con pesadumbre, que el propio Lagos ha llevado adelante una política que en muchos conceptos es hasta más neoliberal que la de gobiernos anteriores.

¿Quién es el campeón de los intentos por instalar al Alca en América Latina? El gobierno chileno. Lagos aparece jugándose y cooptando a sectores que lo ven como una personalidad de Izquierda. Esa imagen todavía persiste y le ayuda poderosamente a Lagos para jugar un rol dañino en el esfuerzo por hacernos parte de una globalización bajo dominio transnacional. Lagos ha llegado a extremos increíbles como debilitar el Mercosur y también al propio Grupo de Río".

Esa actitud se advierte también en el plano militar, con Chile integrándose al esquema defensivo-ofensivo de la superpotencia y estrechando vínculos como la adquisición de aviones F-16.

"Así es, y a un costo colosal. El armamentismo aparece impulsado por Estados Unidos y de acuerdo a datos ciertos, en un período de diez años se gastarán cinco mil millones de dólares, lo que es una cosa increíble para un país con tantos problemas. Frente al tema del gasto militar, como Izquierda no podemos estar contentos de lo que hemos hecho. Hemos alzado la voz ocasionalmente sin bastante fuerza. Esto tiene que ver con algo más general y que se refiere a la dispersión que nos ha marcado en estos años y que se manifiesta en diversas iniciativas que surgen y luego se estancan o simplemente desaparecen".

Dificultades de la Fuerza Social y Democratica

¿No cree usted que esto puede suceder con la Fuerza Social y Democrática?

"Es preocupante: la dispersión se manifiesta también allí. Fuimos y seguimos siendo impulsores de la Fuerza Social como expresión unitaria particularmente del mundo de los trabajadores, capaz de zafarse del lastre del apoliticismo, que pueda interactuar con los partidos y que asuma la defensa de los intereses que quieren representar. Tenemos puesta allí gran expectativa. En diciembre del año pasado cuando en un pleno del comité central los compañeros del movimiento sindical plantearon la posibilidad de una convocatoria a las fuerzas sociales, nos pareció de primera importancia. Iban a participar dirigentes sindicales como individuos, lo que significaba pasar por encima de las fronteras de los partidos en función de objetivos comunes. Resolvimos que dirigentes sindicales nuestros suscribieran la iniciativa y trabajaran por sacarla adelante. En el hecho se contaba también con el visto bueno de otros partidos. Las cosas partieron muy bien, pero por razones que desconozco en detalle se ha producido un cierto empantanamiento, un marasmo que ha impedido el desarrollo de la Fuerza Social y Democrática. Hay en el hecho, aunque nada formalizado, una reticencia en personas que estaban muy determinadas a impulsarla y que a poco andar parecen estar abandonándola.

Como iniciativa nueva la Fuerza Social tiene posibilidades importantes en un momento en que la magnitud de la crisis y su carácter estructural debería provocar una reactivación del movimiento de masas. Como van las cosas, lo más probable es que se produzca una alza significativa del movimiento de masas. Eso también repotenciará la posibilidad de que la Fuerza Social adquiera una importancia mayor en la construcción de una alternativa. Nuestra idea, insisto, es una Fuerza Social que si bien se compone de dirigentes sociales esencialmente, tiene amplias posibilidades de crecimiento y desarrollo si tiene una actitud de rechazo total a cualquier forma de apoliticismo e interactúa con los partidos que estén dispuestos a sustentar las demandas que ella elabore. Debería también contribuir la rearticulación del movimiento estudiantil y el plebiscito que éste realizará los días 5 y 6 de septiembre, como un momento de reorganización para pasar a formas más activas de lucha".

Problemas de la Izquierda

Sus opiniones dan cuenta de importantes posibilidades y desarrollos estratégicos que pueden o no materializarse. Faltan, creo, apreciaciones más directas de lo que sucede hoy, que no es demasiado alentador, y también a problemas atinentes al bajo nivel de lucha y significación del movimiento social y de la Izquierda ¿No hay razones más de fondo que explican esta situación?

"No sacamos nada con vendarnos los ojos. El desencanto y desilusión, que debería llevar a los pobres y explotados, que son la mayoría, hacia la Izquierda, se expresa, en el terreno electoral al menos, como votación de derecha. Las ideas de derecha aparecen imponiéndose. Al respecto creo que hay varios problemas que la Izquierda en su conjunto -no solamente el PC- debería abordar.

Es muy claro y grave para nosotros el manejo que la ideología dominante hace de la legitimación del sistema. Al menos en cuanto consigue que el rechazo sea, sobretodo, desesperanza o conformismo, sin que se asuma que existe la posibilidad de cambio. Ese es un factor que no entendemos ni manejamos bien. No encontramos por lo tanto los medios para romper esa cadena de la des-ideología que lleva al conformismo y al debilitamiento del movimiento de masas que por razones objetivas debería alzarse contra el sistema.

Pesan muy fuerte los efectos del desmoronamiento de los socialismos y el aprovechamiento que las fuerzas dominantes hacen de eso. Todos tenemos que asumir que el argumento del fin de la historia fue derrotado en el campo de la intelectualidad. Pero no es una idea que haya sido derrotada en la ideología de la gente sencilla. ¿Cuánta gente no concibe que pueda existir un sistema social que no sea el capitalismo? La idea de que no hay otra alternativa pesa mucho.

Eso también tiene que ver con fenómenos insuficientemente analizados, como el poder de los medios de comunicación y sobre todo de la televisión, y la forma en que están controlados para que secreten conformismo y elementos de desarticulación.

Un ejemplo reciente: para la sociedad pasó casi inadvertida la gran huelga de Textil Pollack. Mil trescientos trabajadores con alto nivel de organización y combatividad se enfrentaron a los patrones en un conflicto largo y duro. Menudearon las provocaciones y Carabineros actuó coludido con los patrones. La huelga tuvo características que en otros tiempos hubiera provocado conmoción. Ahora, ni siquiera se supo. El rol que juegan los medios de comunicación como generadores de una ideología del conformismo es dramático y avasallador. No podemos quedarnos, claro, en la constatación. El desafío es ser capaces de crear formas nuevas que venzan esa influencia abrumadora. No podemos hacer lo mismo que Recabarren. Debemos descubrir formas y medios -técnicos y políticos- para superar esta situación. Debemos tener presente la experiencia de otros países en que surgen expresiones como la de los piqueteros en Argentina. Formas de lucha que poco tienen que ver con las tradicionales en el movimiento obrero de ese país. Los piqueteros descubrieron que se requiere de más determinación, e incluso del uso legítimo de la violencia, hoy indispensable. Desde ese punto de vista, hay que mirar con atención luchas indígenas, como las de Ecuador, que derribaron un gobierno y han tenido a otros al borde del colapso, cuando las demandas sectoriales se han transformado en luchas de carácter nacional"

HERNAN SOTO



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