31 de agosto de 2001

 

Montesinos sabe demasiado

La verdad de su captura

 


VLADIMIRO Montesinos.

En declaraciones en Chile, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, aseguró que su gobierno salvó la vida a Vladimiro Montesinos, al detenerlo en junio de este año. Es rigurosamente cierto: Montesinos iba camino de la muerte cuando las autoridades venezolanas interceptaron el automóvil en que policías peruanos -que actuaban en Venezuela sin conocimiento del gobierno de Chávez-, lo trasladaban al aeropuerto. Allí lo esperaba un avión de la fuerza aérea peruana para llevarlo secretamente a Lima y silenciarlo para siempre. Pocas horas antes la Cancillería de Venezuela había recibido un fax de la Cancillería peruana solicitando permiso para que aterrizara un avión-ambulancia que trasladaría a Lima a un diplomático peruano que había sufrido un ataque al corazón. La Cancillería venezolana accedió de inmediato. En esos momentos se efectuaba en la ciudad de Valencia una reunión de la Comunidad Andina de Naciones a la que asistía un numeroso grupo de diplomáticos peruanos.

Sin embargo, en el avión peruano viajaba un equipo policial encabezado por el ministro del Interior, general Antonio Ketin Vidal Herrera. Su objetivo era llevarse silenciosamente al ex asesor de Fujimori, Vladimiro Montesinos, que ya estaba en manos de agentes peruanos. Simultáneamente el canciller peruano, Javier Pérez de Cuéllar, que asistía a la reunión en Valencia, pidió una entrevista urgente con el presidente Hugo Chávez, que venía llegando de la Cumbre de Québec. Pérez de Cuéllar comunicó al mandatario venezolano que el gobierno del presidente Valentín Paniagua estaba muy alarmado porque su ministro del Interior, Antonio Ketin Vidal, había salido del país sin autorización y se dirigía a Venezuela en un avión que estaba a punto de aterrizar. El presidente Chávez dio de inmediato instrucciones a su ministro del Interior y Justicia, Luis Miquilena, y a los servicios de inteligencia. Se presumió que podía tratarse de una operación relacionada con Montesinos -del que se sabía que se ocultaba en Caracas-. De inmediato se tendió un cerco de seguridad en torno al aeropuerto para impedir que se consumara lo que podría ser el secuestro del ex asesor de Fujimori en territorio venezolano y el montaje de una provocación al gobierno de Chávez.

Las autoridades de Venezuela -y del Perú- sabían desde fines de diciembre del 2000 que Montesinos se encontraba oculto en Caracas pero no lograban dar con su paradero. Un agente encubierto venezolano había conseguido infiltrarse en el grupo de ex policías que daba protección a Montesinos pero no había logrado conocer el escondite del ex asesor de Fujimori.

Después que Panamá le negó asilo político en septiembre, Montesinos regresó al Perú, donde Fujimori gobernaba sus últimos días antes de escapar a Japón. El 29 de octubre Montesinos partió en el velero Karima desde el Yatch Club del Callao rumbo a las islas Galápagos, Isla Cocos y Costa Rica. Luego viajó a la isla de Aruba, posesión holandesa frente a las costas de Venezuela, donde hizo los contactos para esconderse en Venezuela bajo protección de un grupo de ex funcionarios de la Disip (policía política).

En Aruba, Montesinos contactó a los venezolanos Julio Ayala Linares, empresario, ex funcionario del gobierno de Carlos Andrés Pérez, y Carlos Mora Villalobos, médico cardiólogo. Ambos eran parte del grupo de ex policías que se encargó de llevar clandestinamente a Montesinos a Venezuela.

Montesinos ingresó a Venezuela a principios de diciembre del 2000 con un pasaporte venezolano a nombre de Manuel Antonio Rodríguez Pérez. Lo acompañaba una peruana, Emma Aurora Mejías Guzmán (con pasaporte venezolano a nombre de Carmen Yolanda Pérez Rangel). La pareja se hospedó en la habitación 118 del Hotel Avila y el cardiólogo Mora relacionó a Montesinos con el cirujano plástico Lorenzo Di Cecilia que le haría una rinocinoplastía (para enderezar el tabique nasal) y le estiraría los párpados. Montesinos lucía más calvo y usaba barba.


MIGUEL Dao, director de la Policía Técnica Judicial de Venezuela.

El 13 de diciembre el ex hombre fuerte de Fujimori se sometió a esa cirugía plástica en el Centro de Diagnóstico San Bernardino. El 14 en la noche abandonó la clínica bajo protección de los ex agentes de la Disip. Al parecer Montesinos tuvo un grave problema con su acompañante, la peruana Emma Mejías, porque ella se presentó a la embajada del Perú en Caracas y, a cambio de un salvoconducto para regresar de inmediato a Lima -lo que hizo esa misma tarde- denunció la presencia de Montesinos en Caracas. Policías peruanos adscritos a la misión diplomática fueron tras la pista de Montesinos al Hotel Avila. Sólo varias horas más tarde las autoridades venezolanas fueron informadas por la embajada peruana y sus agentes practicaron un allanamiento en el hotel, tomando declaraciones a los empleados que habían tratado a Montesinos.

En la noche del 14 de diciembre, Montesinos durmió en la oficina del jefe de seguridad del club de tiro Magnum, Otoniel Guevara Chacón. Este individuo fue subcomisario y secretario general de la Disip durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez. Ya retirado de la policía fue encargado de seguridad del ex alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, y del ex candidato presidencial Francisco Arias Cárdenas, compañero de Chávez en el intento de golpe de 1992 contra Pérez y que hoy está en la oposición del actual mandatario.

Otoniel Guevara, su hermano José y José Luis Núñez, todos ex funcionarios de la Disip, formaban el grupo que ocultó a Montesinos durante seis meses. El grupo terminó extorsionándolo y lo entregó finalmente a los agentes peruanos para cobrar la recompensa de cinco millones de dólares que ofrecía el gobierno de Lima por la captura de Montesinos.

Desde la oficina en el club de tiro Magnum, Montesinos fue llevado a la casa de un sobrino de José Luis Núñez y enseguida a la del propio Núñez, donde permaneció el resto del tiempo en Venezuela. Se trata de modestas viviendas en los barrios Niño Jesús y El Amparo, en Catia, sector popular de Caracas. La investigación del "caso Montesinos" hecho por el Cuerpo Técnico de Policía Judicial que dirige el abogado Miguel Dao, indica que Montesinos vivió en condiciones muy precarias, prácticamente prisionero del grupo que lo "protegía". Fue sometido a una implacable extorsión que aumentó en intensidad. Se vio obligado a desembolsar 4 millones 700 mil dólares y finalmente se le terminaron los fondos que llevó en su huida del Perú. Otoniel Guevara y Julio Ayala (el empresario residente en Aruba), por ejemplo, compraron en 450 mil dólares -del dinero que sacaban a Montesinos- la galería de tiro del club Magnum, donde Guevara era encargado de seguridad. Cuando a Montesinos se le acabó el dinero, el grupo le exigió que echara mano a cuentas bancarias que tenía en el exterior. En junio el ex policía José Guevara partió a Miami para sacar dinero de una cuenta en un banco de esa ciudad. Pero el FBI estaba esperando y Guevara fue detenido. Se le puso en libertad cuando aceptó colaborar y entregar a Montesinos. Las autoridades venezolanas no fueron informadas pero existe la hipótesis de que el FBI hizo llegar esa información al gobierno peruano.

Sin embargo, José Luis Núñez -en cuya casa se ocultaba Montesinos- ha dicho a la policía venezolana que sus socios le ordenaron matar a Montesinos. Lo que hizo Núñez, entonces, fue contactar a los policías peruanos de la embajada en Caracas y convino con ellos la entrega del fugitivo. Los movimientos de Núñez fueron detectados por el agente encubierto que la inteligencia venezolana había infiltrado en el grupo. Esto permitió deducir lo que ocurría y decretar la "alerta roja" cuando llegó a Venezuela el avión peruano con el ministro del Interior, general Antonio Ketin Vidal. Este personaje, ex director de la Policía Nacional del Perú, anota entre sus triunfos las capturas de Abimael Guzmán y Víctor Polay, líderes de Sendero Luminoso y el MRTA. Hombre con ambiciones políticas, en 1999 Vidal Herrera recolectó firmas para presentarse como candidato presidencial en las elecciones del 2000, pero no tuvo éxito.

El avión peruano fue aislado y durante horas se impidió descender al general Vidal, que se negaba a revelar el motivo de su presencia en Venezuela. Entretanto, se desarrollaban amplios operativos para capturar a Montesinos. Era una carrera contra el tiempo. El ex asesor de Fujimori estaba aterrorizado cuando lo detuvieron, creía que lo iban a matar. Suspiró con alivio cuando lo llevaron a dependencias de la policía venezolana, donde fue fotografiado e interrogado por el jefe de la PTJ, Miguel Dao. Finalmente y con amplia cobertura periodística -para evidenciar sus perfectas condiciones- fue entregado a bordo del avión al general Vidal. Montesinos iba tranquilo porque ya no podría ser eliminado para silenciarlo. La caudalosa información que posee sobre la corrupción de políticos, ex funcionarios, empresarios y militares peruanos, lo convierten de nuevo en un hombre fuerte, aunque esté en prisión

PEDRO FERNANDEZ

En Caracas



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