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En la ciudad vieja de Jerusalén no lejos de la Puerta de Jaffa, cerca de la ciudadela, hay un antiguo convento transformado en hotel. En él se alojaron, entre otros, el general Allenby, vencedor de los turcos en la primera guerra mundial y el escritor Mark Twain. Nos detenemos después de caminar desde la Puerta de Damas bordeando la muralla contruida por Solimán el Magnífico, mudo testigo de nuestra larga conversación con Rafael, un militante de la organización pacifista israelí Gush Shalom: "Desde hace varios meses que la propaganda de Sharon ha presentado al presidente palestino como un obstáculo para la paz y una amenaza para la seguridad de Israel", ha dicho. |
| EL
corresponsal de PF, Paco Peña, junto a las ruinas de un puesto de
la policía palestina destruido por la aviación israelita. |
El martilleo de la propaganda sionista se ha intensificado al conocerse los
resultados de una encuesta en que aún cuando una mayoría de israelíes
apoyan al gobierno de Sharon, el 54% se declara favorable a la evacuación
de las colonias como condición previa a un acuerdo de paz. Todo indica
que la brutal embestida del ejército israelí en los territorios
autónomos, so pretexto de los atentados ocurridos durante diciembre,
obedece a un plan concebido por Sharon antes de su elección en febrero
de 2001 y no una respuesta a éstos como lo presenta la propaganda israelí.
Sharon, como numerosos altos oficiales del ejército -así como
parte significativa de la sociedad israelí, los colonos particularmente-
se ha opuesto al proceso de paz de Oslo iniciado en 1993. El asesinato de Rabin
en 1995 -operación donde aparecen implicados los servicios secretos sionistas-,
demuestra que militares y dirigentes del partido Likud no están dispuestos
a transigir. El plan Sharon se basa en dos postulados: Yasser Arafat es un terrorista,
por lo tanto no se negocia con terroristas. Segundo, los acuerdos de Oslo y
el reconocimiento mutuo es un error fatal para Israel y debe ser abrogado.
Pero para llegar a su objetivo, esto es, impedir el establecimiento de un Estado
palestino sin deshauciar los compromisos contraídos por Tel Aviv, evitando
así una reprobación internacional más fuerte, el gobierno
de Sharon inició hace meses una campaña presentando a Yasser Arafat
como un dirigente acabado, sobrepasado por los acontecimientos: "Sharon,
en estrecha relación con el ejército, está tratando de
cambiar de interlocutores, con la absurda y equivocada idea de negociar con
dirigentes que cuenten con el visto bueno de Israel, quienes estarían
más dispuestos que los actuales a aceptar sus condiciones. Es una estupidez
puesto que jamás los palestinos aceptarán dirigentes que no hayan
sido elegidos por ellos. Sharon quiere 'compartimentar' a los palestinos y negociar
separadamente en cada pedazo de territorio, en cada 'Bantustán', con
dirigentes obsecuentes, impidiendo al mismo tiempo la existencia de un Estado
palestino con cierta continuidad territorial. Será muy difícil
encontrar tales colaboradores, suponiendo que éstos sobrevivan a la cólera
de sus compatriotas...", explica Rafael, quien recuerda que hace años
el mismo Sharon, entonces ministro, había creado la "Liga de Ciudades",
entidad ridícula y carente de toda representatividad que los palestinos
ni siquiera trataron de eliminar, desapareciendo de muerte natural.
Un influyente núcleo de militares israelíes considera que el nuevo
sistema internacional en formación después de los atentados del
11 de septiembre, tendría "un impacto positivo sobre la región",
estimando que Israel debe buscar su inserción en la "guerra mundial
contra el terrorismo". Esta percepción estaría corroborada
porque Estados Unidos emitió tenues críticas por la represión
desencadenada por Israel luego de la ejecución del ministro israelí
Rehavam Zeevi, el 15 de octubre pasado -quien, dicho sea de paso, preconizaba
la deportación masiva de palestinos. En cambio Washington en el mes de
diciembre no hizo críticas ni formuló reservas por la represión
israelí, achacando la responsabilidad de la situación al gobierno
palestino. "Incluso si Yasser Arafat detuviera a todos los militantes palestinos,
Sharon diría que es poco", explica Rafael. "Lo que quiere es
multiplicar los 'check points' y mantener los 200 pedazos de territorios palestinos
como Bantustanes, para luego negociar con autoridades locales moderadas designadas
por Israel e impedir de hecho un Estado palestino".
Rafael nos habla de las actividades que realiza su organización, solidarizando
con los conscriptos prisioneros que se niegan a participar en la represión
contra el pueblo palestino. Han realizado varias manifestaciones frente a la
prisión militar de Tzrifin: "Disparar contra civiles desarmados,
bombardearlos y destruir sus casas, son crímenes de guerra", señala,
agregando que Sharon debiera ser juzgado como responsable de tales crímenes.
Salimos de la ciudad vieja por Jaffa Road y entramos en Jerusalén oeste,
la ciudad nueva, bajo control israelí desde 1948. Todo ha cambiado. El
ambiente oriental de la ciudad vieja cede el paso a un barrio moderno, kitsch,
como miles que existen en Occidente: negocios con marcas internacionales, bancos,
snack bar, calles concurridas, neón y letreros luminosos, gente vestida
a la moda. Es Occidente con su rostro más vulgar, es decir, norteamericano.
En la calle Ben Yehuda, varios policías y unas velas encendidas, testimonian
el atentado ocurrido hace pocos días. Nos sentamos en un restaurante
de la calle Jaffa y Rafael descubre la cruz pequeñita que llevo desde
hace poco tiempo en el pecho. Sonrío y le digo: "Es un recuerdo
de mi madre". Con un semblante triste y solemne Rafael repite fijando la
vista en los muros de la ciudad vieja: "Luchamos por el fin de la ocupación,
por una paz justa y por la existencia de Palestina e Israel, dos Estados, dos
pueblos".
Hoy, cuando recuerdo a este israelí que ha escogido la paz como bandera,
no puedo evitar pensar en las palabras de Uzi Landau, el ministro del Interior
israelí, del Likud, principal partido gubernamental: "Jamás
aceptaremos la existencia de un Estado palestino... Los acuerdos de Oslo fueron
un error... Se trata de una lucha a muerte y gracias a Dios somos más
ricos que todos los países árabes juntos... Como en Afganistán
hay que destruir la infraestructura palestina y no solamente a Hamas y al Yihad,
sino que también al Tanzim y la Fuerza 17(1), sus ministerios y sus organizaciones...
Mientras los palestinos conserven un ápice de esperanza, la guerra y
el terror no cesarán. El día que ya no tengan ninguna esperanza,
entonces aceptarán firmar la paz, no tendrán alternativa".
Pero Landau y sus socios norteamericanos desconocen la fuerza inmensa de que
disponen los palestinos, su voluntad de resistir y la inextinguible voluntad
que los anima.
La tarde está declinando y el Monte de los Olivos se ensombrece. Es un
atardecer hermoso y con mi acompañante tratamos de situar en la penumbra
el lugar donde según la Biblia habría tenido lugar la Ascensión
de Jesús. "Mira, ahí más abajo está Getsemaní,
donde gracias a un agente infiltrado fue entregado Jesús. El respeto
de las normas de seguridad no era su fuerte", murmura sonriendo Rafael,
después agrega: "A la izquierda está la tumba de la virgen
María -aun cuando otras versiones afirman que murió en Turquía-
y allí a la derecha hay un cementerio judío, donde está
enterrado el terrorista Begin ".
Nos despedimos en la puerta de los Leones, custodiada por soldados. Anochece
y debo internarme en el barrio árabe por la Vía Dolorosa para
llegar a mi hotel. El pacifista israelí me recomienda: "Pon la cruz
de tu madre bien en evidencia sobre tu polera, te protegerá". Camino
subiendo por la Vía Dolorosa y a pesar del término del ayuno del
Ramadán, observo que las calles están desiertas, un toque de queda
tácito produce una calma tensa y angustiosa. Los atentados no han cesado
-anteayer uno en Haifa- y en los barrios árabes -musulmán y cristiano-,
así como en los territorios y campos de refugiados, los habitantes retienen
la respiración esperando las represalias israelíes.
En mi hotel me entero que tengo cita al día siguiente con una persona
que "sabe mucho de Hamas", la organización islamista. Jesús
no fue tal vez muy apegado a las reglas de seguridad, pero en la esquela dejada
en la casilla de mi hotel dice perentoriamente en inglés: "no camera,
no pictures, no tape recorder, passport only". Tendré que plegarme
a estas instrucciones y hacer un esfuerzo de memorización. Al día
siguiente me encuentro en un lugar de la región de Jerusalén frente
a la persona "que sabe mucho de Hamas". La pieza está poco
iluminada y la conversación es en inglés. Mi interlocutor explica
que su organización tuvo en su origen (1987) gran influencia del movimiento
islámico "Los Hermanos Musulmanes", agregando que habían
comenzado haciendo actividades de orden caritativo, obras sociales y de ayuda
mutua. Su jefe espiritual, Ahmed Yassin -al que las autoridades palestinas han
querido arrestar luego de los atentados de diciembre- pasó ocho años
preso en Israel. El Hamas se ha opuesto desde su inicio a los acuerdos de paz
de Oslo y durante esta segunda Intifada su influencia no ha cesado de crecer
en detrimento del Fatah de Yasser Arafat . "Queremos un Estado islámico
en toda Palestina, del Jordán al Mediterráneo. Palestina es una
tierra islámica, no podemos renunciar a parte alguna de ella. Las conferencias
y acuerdos de paz sólo han servido para acrecentar el poderío
de los sionistas. Nuestra única solución es la lucha", afirma.
Contesta con evasivas cuando le pregunto la cantidad de militantes y adherentes
de Hamas.
Unas semanas más tarde nos enteraríamos que en el momento de nuestra
conversación, Hamas estaba en pleno proceso de discusión interna,
que desembocó en la decisión de aceptar el cese de las acciones
armadas pedida por Arafat.
Reitera que se han disociado de los atentados de Nueva York, instando al mismo
tiempo a Estados Unidos a repensar su política exterior, en particular
en el Cercano Oriente: "Nuestra estrategia consiste en luchar en Palestina
contra el ocupante sionista, como lo hemos expresado muchas veces". Las
acciones militares son realizadas por el aparato armado de Hamas, las brigadas
Ezzedín Al Qasam. Nuestro entrevistado no emplea la expresión
"atentados suicidas", habla de " acciones militares realizadas
por mártires ". Mientras escucho a mi anfitrión envuelto
en la penumbra, pienso que mucha gente en el mundo se equivocó creyendo
que la guerra en Afganistán obligaría a Washington a buscar una
solución al conflicto palestino-israelí, como una manera de dar
garantías y obtener la adhesión de los países musulmanes.
La luz verde dada por Bush a Sharon a comienzos de diciembre se produjo una
vez que Estados Unidos consideró que había alcanzado parte de
sus objetivos al derrotar a los talibanes e instalar a la Alianza del Norte
en Kabul, alentando la estrategia prevista por el primer ministro israelí.
Bush tolera con beneplácito la represión contra la población
civil palestina y el terrorismo israelí con su secuela de asesinatos
"preventivos" de dirigentes. El veto norteamericano del 14 de diciembre
-opuesto a un proyecto de resolución de la ONU, que condenaba a Israel
y pedía protección internacional para los palestinos- es el segundo
utilizado en el curso del año por "el amigo de Sharon" y demuestra
como paradoja, el aislamiento internacional de ambos países. Esta política
de apoyo incondicional a Israel que garantiza su impunidad, no puede provocar
otra respuesta que la multiplicación de atentados, -"la inmolación
de mártires"- que como explica nuestro interlocutor surgen espontáneamente
debido a la situación intolerable en que se encuentra su pueblo: "La
escalada sionista tiene un marcado carácter militar, que muestra que
quieren lograr la sumisión total de nuestro pueblo para imponer sus condiciones.
Si Dios lo quiere, no lo conseguirán".
Le señalo que en función de esa lucha es imprescindible presentar
un frente unido, preservando la unidad del pueblo palestino que se ha dado como
autoridad máxima a Yasser Arafat. Me mira y creo ver un dejo de contrariedad
en su cara: "Respetamos al presidente Arafat y a nuestras autoridades.
Estaremos junto a ellas mientras no se inclinen ante Occidente ni ante el marxismo.
Pero no renunciaremos jamás a nuestro objetivo: una Palestina islámica.
Los dirigentes de nuestro país no deben asumir el papel represivo al
que lo empujan los sionistas y Estados Unidos".
Escucho luego un largo discurso plagado de alusiones coránicas. Habla
con vehemencia y seguridad. Hay algo en su tono profético y tajante que
me desagrada y me recuerda la actitud de los responsables de la mezquita de
Gaza, construida con fondos provenientes de Arabia Saudita, quienes no han aceptado
que frente a ésta, en el jardín del orfelinato de la ciudad, el
director pueda construir una piscina para esparcimiento de los niños:
"Es contrario a la moral islámica bañarse en público
en paños menores" sentenciaron, y las autoridades han debido inclinarse.
Pienso en la discoteca de esa misma ciudad, muy apreciada por los jóvenes
y que ha sido incendiada por desconocidos... Tal vez tenga razón un viejo
amigo filósofo, cuando afirma que el Islam necesita con urgencia una
teología de la liberación... Se yergue en su sillón y me
entrega unas hojas con recientes declaraciones del Hamas. Comprendo que la entrevista
está terminando. Me levanto y observo que me mira con detención:
¿Es usted cristiano?, inquiere. ¿Cuántas veces me habrán
hecho esta pregunta en Tierra Santa?, pienso. Entonces viene a mi mente aquello
de Cujus regio, ejus religio y le contesto: "Sí, culturalmente cristiano".
Al despedirse me dice: "Saludos a nuestros numerosos primos que viven en
su país".
Una hora más tarde deambulo por los alrededores de Jerusalén hasta
que finalmente encuentro un taxi. Desciendo en la puerta de Damas y tranquilizo
a Saleh, mi ángel guardián que se impacientaba por la tardanza.
Saleh que no soporta a la gente de Hamas y que se había opuesto a la
entrevista, está un poco enojado y ha aceptado hacer un paréntesis
en su estoico ayuno cotidiano, acompañándome a un bar armenio
cerca de la puerta de Jaffa, donde bebo un café con cardamomo mientras
leo la prensa israelí y discutimos. Es un musulmán moderado de
tendencia laica y estudioso de Carlos Marx. Reconoce que Hamas es un movimiento
bien implantado en la sociedad palestina. A pesar de un discurso intransigente
-afirma- existen tonalidades diferentes al interior de Hamas: "Al comienzo
fue tolerado por los israelíes que pensaban que así podían
contrarrestar la influencia de la OLP. Los israelíes siempre han tratado
de sacar provecho de nuestras rencillas. En Nazaret, donde hay una importante
comunidad cristiana, alientan la construcción de una mezquita cerca de
una iglesia para crear problemas entre musulmanes y cristianos".
Aprovechando un instante de debilidad debido a mi desaliento por las noticias
que recibo sobre la ocupación militar en curso, me pregunta por enésima
vez lo que ha bautizado como "la cuestión pendiente":
¿Dónde diablos escribió Carlos Marx que la religión
no era el opio de los pueblos? Tenía entendido que había escrito
lo contrario. Le respondo que ya hablaremos de eso y que en estos momentos lo
que haya dicho el viejo Marx me importa un bledo, y que como su pueblo es mayoritariamente
musulmán, para tener una remota posibilidad de éxito en cualquier
empresa de transformación política y social debe tener muy presente
esto último. Insiste puesto que para él, es un excesivo apego
al Islam lo que ha perjudicado la causa palestina. Pero yo ya me he sumergido
en mi café y en la lectura de la prensa local.
Ami Ayalon, ex jefe del contraespionaje israelí de 1996 a 2000, es uno
de los que impugnan el triunfalismo del gobierno de Sharon: "Después
del 11 de septiembre están eufóricos. Piensan que las presiones
internacionales sobre Israel han terminado. Ocultan además las consecuencias
de la presencia israelí en Palestina. No es sólo una cuestión
moral. Del punto de vista demográfico el tiempo favorece a los palestinos.
Del punto de vista político a Hamas. Pero también los intelectuales
palestinos se están radicalizando. Antes, eran favorables a la creación
de dos Estados, ahora, frente a la interminable presencia de nuestras tropas
en sus territorios, muchos han optado por un Estado, uno solo, binacional, bajo
tutela árabe". El militar israelí en retiro afirma que nunca
Israel ha sido más fuerte militarmente que ahora: "Los que quieren
una nueva victoria, quieren en realidad prolongar eternamente la guerra. Reocupar
los territorios, liquidar a Yasser Arafat, no cambiaría nada, el pueblo
palestino continuará luchando por su independencia".
El siniestro plan puesto en marcha por Sharon se traduce en una ausencia total
de perspectiva de paz para israelíes y palestinos. Al igual que en los
países occidentales que siguen servilmente a Estados Unidos en su guerra
mundial "contra el terrorismo", aparece claro que la extrema militarización
y las medidas represivas en función de esta guerra contra el pueblo palestino
y sus autoridades, conducirán inevitablemente en Israel a una restricción
aún más grande del derecho al disenso de sus propios ciudadanos.
Apoyando la ofensiva israelí contra el gobierno palestino, Bush se ha
hecho cómplice una vez más -cuando no ejecutor directo- de violaciones
al derecho internacional. La ONU, cuya misión consiste principalmente
en la preservación de la paz, la resolución de conflictos por
la vía de la negociación y que dispone en teoría de los
medios para hacer prevalecer los principos enunciados en su Carta con su inacción
y desidia demuestra su instrumentalización y sometimiento a Estados Unidos.
A las diversas concesiones que ya ha debido aceptar el gobierno palestino, se
agrega ahora la exigencia de participar activamente en la represión contra
su propio pueblo. La historia retendrá de los recientes acontecimientos
en Tierra Santa, que la tentativa de aplastamiento del legítimo derecho
del pueblo palestino a disponer de un Estado nacional, se hizo contando con
la indolencia y cobardía de las potencias occidentales, que en otras
ocasiones corren presurosas formando heterogéneas coaliciones, invocando
la sacrosanta trilogía: democracia, derecho internacional y derechos
humanos. Hoy callan cobardemente. Porque la lista de violaciones y de crímenes
cometidos desde hace cincuenta años por Israel es gigantesca.
La impunidad de que gozan Israel y sus dirigentes es indisociable de la actual
situación internacional. La lucha "contra el terrorismo" emprendida
por Bush y Sharon se complementan. Su socio privilegiado, Estados Unidos, se
permite las mismas violaciones al derecho, como lo demuestra la guerra en Afganistán
y la amenaza que ha proferido contra todo Estado que no se pliegue a su voluntad.
Es la estrategia de enfrentamiento asimétrica del fuerte contra el débil.
De Goliat contra David. Hace una semana que estoy en Tierra Santa y esta mañana
antes de partir he visitado la explanada de las mezquitas y he dicho adiós
a la cúpula dorada de As Sakhra Al Musharafa, a Al Aksa y a la iglesia
del Santo Sepulcro, distante sólo unos metros de mi hotel. Trato de grabar
cada detalle de este mundo que pronto quedará atrás. Almuerzo
con Saleh, su mujer y sus dos pequeños. Me despido prometiéndoles
volver. En silencio caminamos hasta la puerta de Damas donde Saleh tiene su
auto. Pasamos por varios controles. Por la ventanilla del coche veo a innumerables
"lubavich" rusos, lituanos, ucranianos y letones, vestidos de negro
y con extraños sombreros de ancha ala, que recién llegados disponen
de más derechos que Saleh, quien tiene en esta tierra una ascendencia
que se remonta a más de cuatro siglos.
Bajamos y lo estrecho con afecto al tiempo que le agradezco sus desvelos: "En
lo que respecta a la 'cuestión pendiente' -le digo-, es efectivo que
en la Crítica a la Filosofía del Derecho de Hegel, Marx escribió
que la religión es el opio del pueblo. Es la última frase de un
párrafo. Pero generalmente se olvida agregar, que en las frases anteriores
dice que la religión es también la expresión de la miseria
real, la protesta contra ésta y contra la injusticia, el suspiro del
hombre, esa criatura desamparada y desesperada... " (esto último
es de mi cosecha, pero no se lo digo). Mi estudioso ángel guardián
me escucha sonriente. Mientras me alejo le grito: "Y yo, querido Saleh,
no condeno a los desesperados" ![]()
PACO PEÑA
En París
Notas.
1. Fuerzas de seguridad palestinas dependientes del presidente Arafat.