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Documento interno en el PS
En el Partido Socialista circula un documento que contiene una aguda crítica
a la política económica del gobierno. Su autor es el economista
Roberto Pizarro, ex embajador en Ecuador y ex ministro de Planificación
y Cooperación. El documento -que se titula "Insistir en la igualdad"-
fue elaborado en diciembre para la comisión económica del PS.
Sostiene que "si se quiere efectivamente ayudar a rectificar los errores
de conducción económica y política del gobierno de Lagos
hay que evitar toda condescendencia. El castigo electoral que sufrió
la Concertación, y el peso creciente de la UDI, es la mejor prueba de
ello. Sólo un replanteamiento estratégico en favor de la igualdad,
ayudará a que el socialismo no termine siendo en los próximos
cuatro años un estigma para la sociedad chilena. La tragedia de Argentina
está demasiado cerca para no aprender de su experiencia y esta vez no
podemos decir como antes de 1973, 'Chile es una excepción en América
Latina'".
Roberto Pizarro señala que "las crecientes insatisfacciones derivadas
de la injusta distribución del ingreso, permiten asegurar que si no hay
cambio de rumbo, con seguridad la comunidad nacional transformará la
actual protesta electoral en decidido rechazo al gobierno y a la Concertación.
Semejante destino todavía es evitable, siempre y cuando el porvenir inmediato
salga de las exclusivas manos de los tecnócratas neoliberales y de los
grupos económicos que influyen en el gobierno, los que agotan su ingenio
en los equilibrios macroeconómicos, tasa de inflación similar
a los países desarrollados y Estado mínimo, eludiendo toda política
que coloque el énfasis en la distribución del ingreso y en la
protección de los débiles".
El documento de Roberto Pizarro -que ha causado revuelo en el PS- señala
entre otras cosas:
"El mal resultado electoral del gobierno no puede ser atribuido a la dura
campaña de la UDI sino a la mala gestión gubernamental y, en especial,
a su majadera insistencia en el crecimiento, dejando de lado tanto el discurso
como las iniciativas concretas en favor de la igualdad. Al mismo tiempo, el
estancamiento electoral del Partido Socialista es producto del largo silencio
que ha tenido durante estos dos años y de su nula crítica al incumplimiento
del programa de Lagos.
El descontento de la gente modesta con lo que sucede en el país es evidente.
Su símbolo dramático es el suicidio de Eduardo Miño. Este,
antes de atentar contra su vida, fue acribillado por la miseria y la desesperanza.
Por ello, la decisión de Miño constituye un golpe demoledor no
sólo para su familia y amigos, sino para toda la sociedad chilena y especialmente
para el gobierno. En homenaje a Miño tenemos que decir las cosas como
son, sin ocultamientos por respeto al poder o por temor a ver debilitadas nuestras
posiciones personales.
Ha llegado la hora de reconocer, entonces, que los compromisos del discurso
de Lagos en Curanilahue y los de su programa de gobierno no se cumplen, lo que
ha generado frustración y desesperanza en la gente modesta, en los que
creyeron en su programa. No podemos olvidar que tanto en Curanilahue como en
el programa de gobierno la propuesta en favor de la igualdad motivó el
entusiasmo de los obreros, los jubilados, los estudiantes pobres, los sectores
medios, los micro, pequeños y medianos empresarios".
"En estos dos años ha habido escasos esfuerzos por enfrentar las
desigualdades que se nos prometió reducir, con el agravante que el discurso
del crecimiento ya no convence a nadie, en una economía que perdió
todo dinamismo. Ni la persistente admiración a la globalización
ni el curioso entusiasmo sobre Internet del primer mensaje de Lagos ante el
Congreso Nacional han prestado alguna ayuda para apuntar a reducir las igualdades
o dinamizar el crecimiento. En efecto, los compromisos de crecimiento y empleo
no se han cumplido. La política fiscal impulsada por Eyzaguirre, especialmente
durante el año 2000, junto a la irresponsabilidad de la política
monetaria de Massad del año 1999 no han permitido cumplir con las ofertas
de crecimiento económico y de aumento del empleo. Los sucesivos anuncios
de metas de crecimiento del PIB siempre frustradas y la insistencia de que el
empleo aumentaría, sobre todo en el año 2000 y comienzos del 2001,
hicieron perder credibilidad al gobierno. Pero, el principal error ha sido no
reconocer que lo que está en crisis es el patrón de desarrollo
vigente.
Vale decir, está en crisis una forma de producir basada en los recursos
naturales que ha llegado a su límite y que ha beneficiado sólo
a los grandes grupos económicos. Está en crisis una política
económica de 'neutralidad' que, en la práctica favorece al gran
capital, desaprovechando el potencial de los empresarios pequeños y medianos.
Está en crisis una política social que ha generado una alta vulnerabilidad
en los sectores medios y populares del país, dejándolos en condiciones
de inseguridad e indefensión.
Los costos políticos de la consigna del crecimiento se los ha llevado
el gobierno y la Concertación, como lo probaron los resultados electorales.
La realidad fue más fuerte que la ideología y obligó al
gobierno, en los últimos meses, a animar la política fiscal para
compensar las debilidades de una economía de mercado que ya no es capaz
de generar automáticamente empleo.
De forma vacilante, a regañadientes, recién a partir del segundo
trimestre del 2001, el ministro Eyzaguirre se atrevió a financiar trabajo
público para que el desempleo no se convirtiera en catástrofe
nacional. Y aún así nos encontramos con una tasa de desempleo
que bordea el 10%.
El patrón de desarrollo vigente ya no genera empleo ni permite un crecimiento
dinámico. Existe un problema estructural. Líneas de producción
que se han agotado y que sobre todo no crean empleo como el sector forestal,
la pesca y el cobre. Entretanto, la infraestructura de apoyo como el sector
comunicaciones y la energía eléctrica hacen ajustes salvajes para
mejorar tasas de ganancia a costa de los trabajadores. Y, finalmente, la banca
acentúa la concentración y acumula una inédita masa de
ganancias en el 2001.
La posición defensiva del gobierno respecto de los grupos económicos
es equivocada y conduce al fracaso. No se puede seguir insistiendo en la misma
estrategia seguida por los gobiernos anteriores cuando el problema es estructural.
Hay que revisar el diagnóstico y no hay que tener temor al riesgo que
significa un viraje en la política de alianzas. Basta de historia y de
cuentos: es un error creer que la economía todavía puede crecer
a elevadas tasas y además dar empleo en base a los sectores productivos
tradicionales y los grupos económicos que los impulsan. La posición
claudicante respecto de los grupos económicos le ha enajenado al gobierno
y a la Concertación el apoyo de los sectores populares que creyeron en
la igualdad de oportunidades y le ha hecho perder entusiasmo a los micro, pequeños
y medianos empresarios que esperaban un nuevo trato a sus demandas. Incluso
la imagen nacional e internacional del gobierno se ha deteriorado fuertemente,
como consecuencia de su subordinación al gran capital. Mencionemos algunos
casos patéticos, que la opinión pública no perdonó
el 16 de diciembre:
El apoyo y activismo de La Moneda en favor de la lamentable decisión
del Banco del Estado de prestar dinero de origen público y de modestos
ahorristas al Grupo Luksic para favorecer la concentración bancaria.
Y, el silencio del Partido Socialista a pesar de la advertencia oportuna de
la CEPS.
El apoyo y activismo gubernamental en favor de la empresa McDonald's, con la
presencia física en sus instalaciones de ministros, subsecretarios y
jefes de servicio masticando comida chatarra, por sobre consideraciones de la
salud de la población. Y, el silencio del Partido Socialista.
El entusiasta esfuerzo -hasta ahora infructuoso- de los ministros de Obras Públicas
y de Economía para modificar la regulación tarifaria de las comunicaciones
y beneficiar con ello a la CTC. Y, el silencio del Partido Socialista.
Las aguerridas declaraciones del ministro de Economía en favor de la
empresa Alumysa, antes de que su proyecto inversionista en el sur sea debidamente
evaluado por el consejo de la Conama. Y, el silencio del Partido Socialista.
La exigencia de renuncia a Francisco Fernández como director general
de la Fiscalía Nacional Económica, por su diligencia regulatoria.
Y, el silencio del Partido Socialista.
La exigencia de renuncia a Adriana Hoffman, como directora ejecutiva de la Conama,
por su excesiva diligencia en favor de la defensa del medio ambiente. Y, el
silencio del Partido Socialista.
La incorporación del empresario Ricardo Claro, especialista en complots
y censurador por antonomasia, a los equipos de apoyo para las negociaciones
económicas internacionales. Y, el silencio del Partido Socialista.
Todos estos gestos de subordinación del gobierno a los grupos económicos
-y el silencio del Partido Socialista- no sólo han sido rechazados por
la base natural de apoyo social del gobierno, sino que además han sido
inútiles".
"El programa de gobierno del presidente Lagos planteaba apoyar el desarrollo
de las Pymes y la microempresa para ayudar a un crecimiento con equidad y potenciar
la creación de empleos. Para tal propósito se consideraba que
el Banco del Estado debía jugar un rol preponderante, reorientando su
política comercial hasta transformarse en el principal sostén
financiero de las Pymes y microempresas del país.
La administración del Banco del Estado ha optado, sin embargo, por un
camino distinto al señalado en el programa de gobierno. En efecto, la
lectura de los balances del Banco del Estado de los últimos años
permiten concluir que ha privilegiado la atención de las grandes empresas
las que, además, son responsables en un 80% de los castigos que ha realizado
el Banco en los últimos diez años. Al mismo tiempo, se conservan
las diferencias expoliadoras de tasas de interés entre la gran empresa
y la pequeña.
Por otra parte, el préstamo al Grupo Luksic, para fundar la alianza del
Banco Edwards y el Banco Chile puso de manifiesto un error adicional de la política
comercial del Banco del Estado: favorecer la concentración bancaria al
prestarle a la propia competencia. Esto resulta sorprendente y gravísimo,
incluso desde la lógica de rentabilidad del Banco del Estado. Hay que
destacar que las últimas megafusiones de bancos en Chile con el adicional
ingreso al mercado de grandes conglomerados extranjeros permite proyectar, en
un mediano plazo, un sistema financiero cada vez más concentrado en unos
pocos grandes bancos. El peligro que presenta un sistema financiero con estas
características, lo constituye el hecho que las decisiones de crédito
y sus orientaciones, estarán determinadas por unos pocos grupos económicos.
En este contexto, es factible que muchos pequeños productores queden
aún más al margen del financiamiento bancario si sus orientaciones
productivas o tamaño de escala de sus producciones no están contempladas
en las políticas de créditos de la banca concentrada" ![]()
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Se plantea cambiar la estrategia de desarrollo El "modelo" no da para másEl documento del ex ministro Roberto Pizarro postula
cambiar la estrategia de desarrollo y la política de alianzas sociales
de la Concertación, fortaleciendo el compromiso con los trabajadores
pobres y medios asalariados y con los sectores productores de pequeña
y mediana propiedad. Señala: "Luego de quince años
de crecimiento dinámico, a partir de la mitad de 1998 el patrón
de desarrollo (o "modelo") vigente ha encontrado serios límites,
de naturaleza estructural, para continuar con el crecimiento y sobre todo
para la generación de empleo", acentuando las desigualdades
y generando altos grados de vulnerabilidad en importantes sectores de
la población. Constata que existen serias dificultades "para
construir una estrategia que dé nuevo vigor al patrón de
desarrollo", entre otros la hegemonía de una ideología
que todavía no encuentra una respuesta apropiada, la estrecha vinculación
de las elites dominantes con el gran capital internacional y la inmensa
debilidad de los sectores sociales subordinados, lo que se manifiesta
en un movimiento sindical desarticulado y en pequeños y medianos
empresarios en crisis permanente por la competencia externa. EL FRAUDE DE LAS AFPUna parte importante de su documento lo dedica
Pizarro a postular un nuevo sistema de pensiones, criticando duro a las
AFP. "El sistema privado de pensiones -dice- se ha convertido en
un gran negocio de los grupos económicos, que no ayuda a la protección
de la familia modesta, a los jubilados". Se refiere al proceso de
concentración de las AFP que de 24 en 1981 pasaron a ser sólo
8 en el 2001, con dos que concentran el 50% del mercado. "Las altas
rentabilidades de estas empresas, indica, alcanzaron un 27.3% en promedio
entre los años 97 y agosto del 2001", que fueron posibles
por las altas comisiones, el bajo riesgo del negocio y la fuerte concentración
de mercado existente. Se han pensionado por este sistema 363.351 personas
con una pensión media de $ 112.500, cifra levemente superior a
la media de las pensiones pagadas por el INP ($ 98.000). "Un alto
porcentaje de las personas que jubilen por el sistema de AFP "no
dispondrá de un fondo que les garantice, a lo menos, la pensión
mínima y el Estado tendrá que financiar la diferencia. El
ofrecimiento inicial (en 1981) de mayores pensiones ha constituido un
fraude". |