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Estadio Nacional, campo de prisioneros
Una joven periodista que estudió "prensa escrita" en la Universidad
Católica es autora de un impresionante documental sobre el Estadio Nacional
como centro de detención y tortura de la dictadura militar. Parte importante
del filme -patrocinado por Fondart- es la visita a ese campo de deportes de
numerosas personas que contaron lo que vieron y sufrieron allí en calidad
de prisioneros. Torturas, vejaciones, asesinatos, mezclados con la hipocresía
con que los militares informaban a los periodistas extranjeros que todo estaba
"en orden", que los prisioneros gozaban de buena salud y que recibían
un trato correcto.
La periodista Carmen Luz Parot hizo sus primeras armas profesionales en época
de dictadura. Hacer el documental sobre el Estadio Nacional fue un trabajo duro.
No sólo porque después de treinta años era difícil
encontrar testimonios sobre un tema tabú para cierto sector de la sociedad,
sino también porque en los círculos oficiales, donde era de esperar
una actitud de más colaboración, las cosas no se dieron fáciles.
Carmen Luz Parot contó a PF algunos detalles en esta entrevista.
"Cuando terminé el documental 'El derecho de vivir en paz' sobre
Víctor Jara se me apareció el Estadio Nacional. Me impresionó
ser una persona tan ignorante sobre el tema y que la mayoría de la gente
estuviera en la misma situación. No podía creer que algo tan terrible
no fuera objeto siquiera de un documental serio en TV y para qué hablar
de una investigación judicial. Nada, como si el asunto no hubiera existido.
Me puse a trabajar, estaba cesante y conseguí el auspicio de Fondart.
Poco a poco se me fue ampliando el horizonte. Advertí que mucha gente,
ex víctimas y testigos, estaban dispuestos a ayudar. Ex ministros como
Alfredo Jadresic, periodistas como Alberto Gamboa, ex futbolistas como 'Chamaco"
Valdés, personas de todas las condiciones. También un sacerdote,
Moreno Laval, que fue clave para mantener la moral de los presos y a quien el
cardenal Raúl Silva Henríquez le dijo llorando al descubrirlo
entre los detenidos: '¡Tú aquí, cómo puede ser!'".
¿Cuál fue la principal motivación?
"Mi ignoranca y la del país sobre el tema. Me puse a buscar diarios
de la época y me impresionó la superficialidad con que trataban
el tema. 'El Mercurio' y 'La Tercera' abordaban el asunto con un tono muy parecido
al de hoy, buscando la amenidad, el lado 'humorístico' del Estadio Nacional
convertido en prisión. Que una pareja contraía matrimonio en el
Estadio y quien los casaba que era cónsul. Una nota de 'vida social',
aunque la verdad era distinta: se trataba de un preso de nacionalidad italiana,
tan torturado que su cónsul debió intervenir. La pareja viajó
exiliada a Italia dos meses después. Se explotaba también a los
'famosos' presos en un ambiente supuestamente distendido y simpático.
Se hacían correr chistes, por ejemplo, que los presos 'embellecían'
el Estadio cantando 'enceremos-enceremos', en alusión al himno 'Venceremos'.
Muchas cosas más para que el país viera el Estadio Nacional como
un amable encierro. Esto pasaba mientras en el exterior se publicaba ampliamente
la verdad del horror".
Con esta película usted ganó un premio en el reciente Festival
de Cine de Cuba.
"Así fue. Me contaron que el jurado encontró resistencia
en una delegada cubana que consideró 'ingenuidad' mostrar a militares
humanos, cosa que ocurre un par de veces en mi documental. Pero se impuso el
criterio de la mayoría después de una larga discusión.
Relaté cosas que me contaron los ex presos. Aparte de eso me pasó
algo curioso: me llamó por teléfono la hija de un oficial que
estuvo en el Estadio Nacional. '¿De los buenos o de los malos?', le pregunté.
'De los malos'. Me contó que había visto el documental con su
padre y que éste había llorado. Le preguntó si lo que mostraba
el documental era cierto y su padre respondió que sí. Le contó,
además, que el ejército lo había tenido a él y a
diez compañeros en una alcantarilla, sin agua ni luz para que aprendieran
cómo debían tratar a los prisioneros, una especie de 'entrenamiento'
y después los mandaron a torturar. Un entrenamiento cruel aunque no tanto
como el castigo que recibirían sus víctimas. Se sabe que los soldados
y oficiales leales a Allende lo pasaron terrible en el Estadio Nacional".
¿Cómo la ha tratado la prensa a raíz del documental?
"Es curioso, me preguntan sobre mí pero no sobre el documental.
Se inclinan por el 'perfil' de la directora, sin preocuparse del documental
en sí. Supongo que es una deferencia hacia una colega que se ha esforzado
pero eludiendo el tema incómodo del documental. Es la tónica de
la prensa actual.
Estuve un año suscrita a 'El Mercurio' que me dejó muy desinformada.
Durante la dictadura leíamos diarios que nos desinformaban. Ahora es
parecido. Hay hechos importantes que se dan en los medios una sola vez, para
cubrir las apariencias, y nunca más. Respecto al pasado, las cosas van
olvidándose, el tiempo pasa. Hay casos emblemáticos, como el de
la esposa de Charles Horman, el joven norteamericano asesinado en el Estadio
Nacional. Han pasado treinta años y aún su viuda no sabe nada.
Este es un país hermético. Si uno quisiera saber más tendría
que pagar. Los que participaron en la represión pueden enriquecerse vendiendo
información. Las puertas se cierran cada vez más y hay gente que
quiere que todo se olvide. No hay nadie que pida perdón. Jamás
se ha hecho un acto de reparación a las víctimas".
¿Sabe de casos?
"Cuando quise poner una placa en el Estadio Nacional, impresionada por
tanto horror, el director de Deportes del Estado, un señor de derecha
llamado Arturo Salah, dijo que no. Yo lo hacía a título personal,
impresionada porque no hubo ninguno de los cuarenta ex presos que me acompañaron
al Estadio Nacional que no dijera: '¡Y que no haya aquí ni siquiera
una placa que recuerde lo que pasó!'. Se sentían molestos porque
nadie había hecho una investigación, la que habría sido
al menos una manera de pedir perdón. Yo pensé poner esa placa
de bronce, una especie de reparación por mi cuenta. Cuando conté
que pensaba hablar con Salah, me dijeron: ¡Sáltatelo, ese no te
ya a ayudar! Me pareció absurdo 'saltarme' a alguien para pedir una cosa
justa. Por otra parte, el afiche de la película fue retirado del Metro
por ser 'ofensivo'. En Chile una investigación histórica ofende".
¿Qué le impresionó más en el Estadio Nacional?
"Cuando entré a las caracolas del velódromo me eché
a perder la vida. Yo venía de un colegio 'bien'. Tenía, claro,
algún tío exiliado, quién no. Me crié además
con toque de queda. Pero entrar a ese velódromo fue otra cosa. Una se
hace testigo de algo terrible. La gente que torturaba ahí recibía
sueldos por hacer eso y se considera normal que sigan en sus cargos. Hubo profesores
universitarios que torturaron y que, igual que otros, siguen en universidades.
Siete mil personas pasaron por el Estadio Nacional, fueron destrozadas físicamente
y no hubo problema. La gente no quiere creerlo".
¿A qué lo atribuye?
"En parte a la desinformación. No sólo la prensa, porque
la gente terminó votando por el candidato que tenía más
carteles. El candidato que tiene más plata gana o el que tiene más
tiempo en la franja electoral de la TV. Este país, que se considera uno
de los más adelantados de la región, tiene los más bajos
índices de educación. Las dictaduras no pasan en vano".
¿Cómo vio la participación chilena en el Festival Cinematográfico
de Cuba?
"Diré que fue muy impresionante ver al pueblo cubano llenando las
salas de cine, viendo buenas películas latinoamericanas. Sorprende ver
tanto buen cine, tantos documentales y darse cuenta de que hay posturas, corrientes,
movimientos críticos de los cuales Chile está fuera".
¿Estuvo Orlando Lübert con su "Taxi para tres"?
"Sí y fue premiado. El trataba de salvar la situación hablando
de un 'neorrealismo' chileno, que no existe, menos como movimiento, a diferencia
de países como Brasil, Cuba y México, que exhiben cosas notables.
'Taxi para tres' fue un suceso. Es una película que muestra al dinero
moviendo todo.
Me enorgullezco de haber hecho un documental sin fines de lucro en que mucha
gente trabajó gratis, entre ellos los músicos en la banda sonora,
los Petinelli, Horacio Durán y sus charanguistas, Bonker, un grupo de
Concepción, muchos otros" ![]()
SERGIO VILLEGAS