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La realidad nacional y sus perspectivas


Las notas que presentamos apuntan sintéticamente a delinear un contexto económico, político y social que posiblemente se presente en el futuro inmediato. El alcance de estas proyecciones, que se remiten sólo al corto plazo, se encuentra condicionado por lo volátil de las condiciones de la economía, dimensión que determina la evolución general de la sociedad chilena, en ausencia de hitos de importancia en los demás ámbitos.

1. Economía: el 2001,
un año perdido

1.1. Algunos antecedentes, la
recuperación que no fue
En el año 2000, en el intertanto de la primera y segunda vuelta electoral que llevó a Lagos a la presidencia, se definió la crisis de la economía como una interrupción grave de un largo ciclo de crecimiento experimentado desde 1984. Al mismo tiempo planteamos que evidenciaba ciertas vulnerabilidades del modelo de crecimiento.(1)
En esas condiciones, la posibilidad de dejar atrás prontamente la recesión verificada entre el tercer trimestre de 1998 y el segundo de 1999, resultaba muy improbable. No olvidemos que este fue el eje de la campaña oficialista de la segunda vuelta electoral, en la cual se ofreció, en la mejor tradición demagógica, 200.000 empleos el primer año de gobierno de Lagos y 140.000 en cada uno de los restantes.
La realidad estuvo bastante más distanciada de lo anunciado. Lejos de crearse 200 mil empleos nuevos en el primer año de gobierno, se destruyeron 100.770 puestos de trabajo. Al mismo tiempo las proyecciones indican que cuando se cumpla el segundo año de gobierno, la ocupación respecto al inicio del período sólo haya crecido en 40.000 puestos de trabajo. Hasta aquí el gobierno de Lagos debe 300.000 empleos a sus electores y propagandistas. Sin embargo, esta cifra no contempla los empleos de emergencia. Si los incorporamos como parte de la desocupación real, lo que metodológicamente corresponde, la situación es más dramática para las cuentas de la Concertación, en tanto pasa a adeudar 410 mil puestos de trabajo respecto a lo ofrecido como resultado de su gestión económica.
El balance general indica que tras un peak de actividad alcanzado el segundo trimestre del año 2000, se acentuó una tendencia a la desaceleración que no ha parado hasta hoy. La expansión del año 2000, evaluada desde el punto de vista oficial como la recuperación largamente pronosticada, se originó en una dinamización de las exportaciones y sólo fue el reflejo de la última etapa de crecimiento de la demanda global antes de la recesión mundial que vivimos actualmente. Esta dinamización, como estuvo vinculada a los sectores productores de recursos naturales, no implicó un efecto notable en la ocupación, en tanto no son estos los principales demandantes de fuerza de trabajo en nuestra economía.
1.2. Perspectivas: un futuro menos
que incierto
En términos reales, la economía se encuentra frente a un alto nivel de desempleo. Contando los empleos de emergencia, que no son fruto de una dinámica endógena del mercado del trabajo, la desocupación llega al 11,4% de la fuerza de trabajo, esto aceptando las deficientes metodologías estadísticas del INE en esta materia.
La drástica caída en la demanda interna durante la crisis, cuya variación durante el año 2001 fue prácticamente 0%, y que ha seguido la senda del producto en cuanto a la desaceleración, impide pensar en una recuperación de los niveles de ocupación en el futuro cercano. Por otra parte la actividad económica también se enmarca en dicha tendencia. De no mediar una rápida recuperación de la economía norteamericana, a más tardar el segundo trimestre de este año, que eleve el precio de los recursos naturales en el mercado mundial, que saque a Alemania de la recesión, en la que ingresó el mes de diciembre del 2001 y que al mismo tiempo que evite el agravamiento de la crisis japonesa producto de la eventual quiebra de su sistema financiero, existen probabilidades no menores que Chile experimente tasas negativas de crecimiento a partir del segundo trimestre de este año.
Lo anterior plantea dudas serias respecto a la posibilidad de materializar la proyección de crecimiento del Banco Central de 3,1% a 3,3%, la que a su vez es extremadamente pobre si consideramos que para disminuir la desocupación sería necesario crecer a una tasa entre el 10% y 12%. La economía está estancada y continuará en dicho estado durante el futuro inmediato.
La situación de desempleo en estas condiciones continuará siendo uno de los principales problemas económicos durante el próximo período; lo cual no obsta para que se verifiquen con más fuerza algunos signos de agotamiento del actual modelo de desarrollo. Ante este escenario, probablemente el Banco Central sucumba a las presiones y continúe bajando la tasa de interés sin mucho efectividad, salvo que generará más incertidumbre cambiaria.
Finalmente el caso de Argentina aparece como la sombra de duda más amenazante en la actualidad. A pesar que se ha insistido persistentemente en que la economía chilena está "desacoplada" de dichos sucesos, el contagio resulta inevitable. En primer lugar, de todas formas el flujo de capital hacia la región se verá afectado, en tanto los fondos de inversión, a diferencia de nuestras autoridades, sí entienden la idea de "riesgo sistémico". Esto implica que en la eventualidad que la debacle argentina no afectará directamente los equilibrios financieros en Chile, el inevitable impacto en el resto de la región sí nos afectará. En segundo lugar, las inversiones de empresas chilenas en ese país ha provocado que tengan un alto grado de exposición a la crisis, por cuanto parte importante de sus activos se encuentran en esa plaza. El impacto que sufrirán producto de una mega devaluación probablemente alcance hasta nuestro propio sistema financiero según la exposición que tengan frente esas empresas.(2) De allí las apresuradas gestiones de Cancillería frente a las autoridades argentinas.
En resumen, el mejor escenario que puede esperarse es de una economía que se mantiene estancada durante gran parte del año, con tasas de desempleo real superiores al 10%. En dicha condición la presión política llevará al equipo económico a implementar medidas de mayor liberalización y al sector de los "liberales" dentro de la Concertación a acaparar la conducción del plan de gobierno en el futuro inmediato, cediendo a las presiones desreguladoras que la derecha y los empresarios, han planteado acerca de las normas ambientales y la propia legislación laboral recientemente modificada.
El peor escenario es que la desaceleración culmine en el 2002 con un nuevo cuadro recesivo, sea por la inercia del ciclo económico (caída del sector externo e inactividad de la conducción económica) y/o un fuerte impacto de la crisis argentina sobre la cuenta de capitales y el sector financiero. En esas condiciones la viabilidad del equipo económico es muy baja por cuanto implica una reorientación general de la conducción y el diseño de un plan de estabilización heterodoxo.

2. Política: Un proyecto
que se frustra

2.1. Algunos antecedentes:
el nuevo cuadro
Sin duda el desempeño político durante el gobierno de Lagos ha estado marcado por la impronta de la crisis. El problema de Lagos es no haber sido presidente en 1994, en la última etapa de expansión del modelo actual y, por el contrario, enfrentar la fase descendente del ciclo económico.
Este cuadro ha sido un espacio propicio para el crecimiento político y electoral de la derecha y en su interior, del sector más duro. Este fenómeno presenta una apariencia contradictoria que se expresa en un liderazgo populista, acompañado de una matriz ultraliberal en lo económico. Sin embargo, es una contradicción aparente y su máxima expresión es el modelo de una política social financiada con la privatización de Codelco. En rigor el proceso ha decantado una polarización sui generis entre una derecha extrema y un neocentrismo PPD y donde los principales damnificados han sido el viejo centrismo DC y los sectores de izquierda PS y PC, que vive en un estancamiento que impide su declive mayor, lo que en suma implica una derechización adicional del mapa político desde la última elección presidencial. No por sabido debemos omitir que prácticamente la mitad de la población adscribe a los postulados de la derecha en Chile.
Frente a este cuadro, la política de reposicionamiento del gobierno, post derrota en la elección parlamentaria, se ha estructurado bajo la premisa de "combatir en el terreno del enemigo", o lo que se caracterizó desde la etapa de la segunda vuelta electoral, como la "lavinización" de la política. Hacen parte de esta transmutación una cierta tendencia hacia la profundización de la focalización en los subsidios directos a la demanda como eje matriz de la política social y el fortalecimiento del paradigma tecnoburocrático como prototipo del gestor de política, al estilo Trivelli.
En este cuadro la gestión de la política, el "hacer política", se desarrolla en las coordenadas prefijadas por la derecha y el proyecto inicial del gobierno, que en el imaginario social y político se asoció a "el Chile del bicentenario" o la modernización de signo democrático como oposición a las modernizaciones autoritarias de la dictadura, queda seriamente cuestionado.
El gobierno enfrenta hoy un período político largo, hasta fines del 2004 en que vienen las elecciones municipales y en él se configurará la última oportunidad de materializar el proyecto programático del hasta ahora último gobierno concertacionista.
Guardando las infinitas proporciones que evidencia la historia, a mediados de 1973 el gobierno de la UP en medio de las paralizaciones de los gremios y con un intento de golpe de Estado a cuestas, debió decidir entre profundizar su proceso programático o negociar con la oposición. Más allá del resultado, que es la dimensión propia de la coyuntura histórica, este ejemplo muestra una inflexión clásica en la gestión política frente a tensiones propias de todo proceso. Lo que se observa es la determinación de sostener o pasar a la ofensiva con un determinado proyecto o "pedir tregua", lo que implica pasar a una forma de posición defensiva. El ejemplo de la reforma a la salud, proyecto emblemático de Lagos entrega luces sobre esta situación.
Quién mejor puede actuar en las coordenadas de la política de estilo lavinista es, sin duda, el propio Lavín. Todo lo anterior no implica que el líder de la derecha no vaya a enfrentar algunos obstáculos para llegar a La Moneda. En este ámbito de cosas la propia gestión en la Municipalidad de Santiago es una valla importante a sortear; sin embargo, en la actualidad no se aprecia una frontera que resulte infranqueable para el logro de su objetivo.
2.2. Las perspectivas: la pausa
La situación de ambos bloques políticos estará sujeta a definiciones importantes frente a la tendencia que se aprecia en la conducción del gobierno. La Concertación resolverá su esquizofrenia, que algunos han llamado "sus dos almas", a favor del sector que logre mantener la conducción del proceso económico. Liberal, si la economía no cae en una nueva recesión y más estatista si se produce un vuelco en las condiciones actuales o la economía se mantiene en la actual situación de estancamiento.
En el sector de la derecha es poco probable que se revierta la tendencia hegemonista de la UDI sobre RN o que de este último partido se produzcan fugas hacia el viejo centro político. El caso de María Angélica Cristi más bien señala una senda contraria. El elemento más definitorio a este respecto se encuentra en la fortaleza del liderazgo de Lavín en su sector y la escasa probabilidad que le surja algún competidor.
En el sector de la Concertación el fortalecimiento del neocentrismo PPD debilitará a las bandas izquierda y derecha del conglomerado, las cuales en el mediano plazo podrían buscar un reposicionamiento por fuera del pacto. En el caso de la DC, particularmente su ala liberal, acercando una convergencia con RN. Aunque no debe descartarse la unidad de criterios en ciertos ámbitos incluso de los sectores liberales PPD, con ese mismo partido. Aunque ambas alternativas aún son lejanas en el horizonte político.
En resumen, el cuadro político que se aprecia como probable está marcado por la aparición de un nuevo ordenamiento de los actores, que sobrepasa los esquemas partidistas. Junto a una derecha dura, defensora de un populismo ultraliberal, se posicionará un sector transversal de los llamados liberales al interior de la Concertación, el que será acompañado finalmente por el bloque que propugna un rol más decidido del Estado frente al devenir social y económico. Este último sector que resulta más homogéneo en el PS, posee un peso político de tono menor.
Los sectores extra Concertación están sujetos en su viabilidad de corto plazo, al desempeño de los actores sociales con que se vinculan. La alteración eventual del sistema binominal, no tiene un efecto en lo inmediato sobre ellos.

3. Social: Un mundo fragmentario

3.1. Algunos antecedentes:
La movilización ausente
El antecedente más inmediato desde el punto de vista social para caracterizar la situación actual de esta dimensión, se encuentra en la permanencia de un largo ciclo histórico de desmovilización, que se inicia en 1986 y se fundamenta en el tipo de transacción con que las cúpulas políticas llevan adelante la transición a la democracia. Esta situación se encuentra en la base del estado actual de los distintos sectores sociales.
Durante los últimos años, distintos actores han cobrado relevancia en una intermitente activación social, aunque vinculados a sus reivindicaciones sectoriales: la alianza pehuenche-ambientalista, las distintas organizaciones del pueblo mapuche, las nuevas formas de sindicalismo de acción directa (conflicto de las AFPs, municipales, portuarios, telefónica, etc.), la fugaz aparición de un movimiento juvenil-ambientalista (ensayos nucleares), los allegados, etc. Todos ellos, que por encima de los canales tradicionales de acción, se han expresado abierta y a veces violentamente en torno a sus demandas.
Sin embargo, todos estos sectores han cedido frente a la acción del Estado, sea por la vía de la represión directa o por la cooptación. Esta última alternativa se materializó en la proliferación de las llamadas "mesas de diálogo" con las que debutó el actual gobierno, primera receta frente a todo conflicto que escapa a los canales normales de tramitación.
Actualmente existe un conjunto de iniciativas que nace desde la base social y/o de los territorios, que persiguen globalmente un planteamiento proactivo sobre la mejora en la calidad de vida de la población. Prueba de ello es la premiación año 2001 por parte de la Fundación Nacional para la Superación de la Pobreza de 15 experiencias de desarrollo de innovación en participación social y ciudadanía, de un total de 373 experiencias postuladas. El año 2000, esta iniciativa congregó 480 postulaciones. Esto implica que la sociedad civil no se encuentra en estado inerme, pero los signos de vida sólo revelan acciones fragmentarias, que no permiten por el momento la reconformación de movimientos sociales con demandas estructuradas y menos aún con proyectos globales.
El movimiento sindical no ha corrido mejor suerte. En medio de una escalada de destrucción de puestos de trabajo, se ha transformado en su base en un testigo bastante pasivo y en sus cúpulas en una pesada maquinaria burocrática incapaz de repensarse y resituar sus coordenadas y estrategias de acción. Justamente en momentos cuando más se esperaría su concurso, dado la centralidad del problema del empleo en el abanico de problemas sociales.
3.2. Perspectivas
La profundidad de la desmovilización social se puede constatar a partir de la observación de la coyuntura. La última vez que acompañado de una crisis económica importante se observó un cuadro de desmovilización fue en 1975, pero obviamente en condiciones totalmente diferentes. En 1983 la crisis gatilló la última gran ofensiva social y política: las protestas antidictatoriales.
Las condiciones de los actores sociales son muy dependientes de las restantes dimensiones de la vida en la colectividad. En nuestro caso, principalmente del ordenamiento político institucional y del comportamiento del ciclo económico. Es decir, si hasta el momento el modelo de transición ha operado como camisa de fuerza sobre los movimientos y actores sociales,(3) hasta ahora esto había ocurrido al amparo de la fase ascendente del ciclo económico. Si aún en la fase inversa de la economía no se aprecia una activación sólida, implica que la capacidad del sistema político puede incluso subsidiar la debilidad de la estructura económica. En dicho caso, la movilización social sólo podría presentarse como un fenómeno que marcara una real inflexión en la tendencia, por la vía de una agudización importante de la crisis económica o un derrumbe de la estructura del sistema político que hoy conocemos, por ejemplo, el resurgimiento de los tres tercios por la vía de la ruptura material de las coaliciones políticas hoy prevalecientes.

4. Epílogo

Este cuadro muestra a grandes rasgos lo que aparentemente podría marcar el curso cercano de la coyuntura nacional. Indudablemente el hecho determinante es la crisis de la economía en el marco de una crisis mundial que podría agudizarse.
En este cuadro el gobierno en la perspectiva de no abrir nuevos flancos de conflicto con la derecha y el empresariado (este último probablemente el único actor social fortalecido en los últimos años), moderará sus lineamientos programáticos, cediendo a las políticas de inspiración liberal. La alternativa de focalizar aún más la política social en subsidios directos a la demanda concurre en ese sentido. El modelo UDI de política social, expresado en las propuestas de Libertad & Desarrollo, muestran un modelo en que la brecha de las necesidades básicas insatisfechas se puede cerrar más eficientemente mediante un subsidio monetario. Es más, constituye la mejor forma de luchar contra la pobreza. En este contexto las instituciones intermediadoras de las políticas sociales y ejecutoras de programas, antiguas ONGs, hoy consultoras, ven cerrarse su espacio.
Si esta realidad no se materializa en este período político, el último gobierno de la Concertación sin duda será la viga maes-tra de la política social del próximo gobierno

PATRICIO ESCOBAR S. (*)

(*) Sub Director del Programa de Economía del Trabajo PET
(1) Ver Escobar, P. (2000) "Empleo, Desempleo y Reactivación: problemas de corto y mediano plazo" En Revista de Economía & Trabajo Nº 10, 2000. Ediciones PET.
(2) Las estimaciones del rango que podría alcanzar la devaluación en Argentina van desde 1 dólar = 2,5 pesos, hasta 1 dólar = 5 pesos. Esto implica que las deudas de las empresas se pueden entre duplicar a quintuplicar por el solo efecto devaluatorio No debemos olvidar que la moneda chilena se devaluó 6,3 veces en un corto plazo en 1983. Es decir, el dólar paso de $ 39 a $ 246.
(3) Ver Tomás Moulian. "Chile actual: anatomía de un mito" Ed. LOM, 1996, Santiago.