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VENEZUELA

El capítulo principal

Los días venezolanos que corren parecen formar parte de un capítulo principal de la historia contemporánea del país, antesala del desenlace de un proceso político inédito, el cual estremece las bases mismas de una sociedad anteriormente signada por la frustración.
Los actores en este complejo panorama abarcan, prácticamente, a todos los estratos del tejido social, tocados ya por las consecuencias del episodio originado el 4 de febrero de 1992 mientras los disparos se escuchaban en el mismo interior del palacio presidencial de Miraflores. Para entender mejor lo que está sucediendo ahora hay que retrotraerse a finales del año pasado, apenas unos meses, donde terminó, indefectiblemente, la tolerancia de los sectores económicos más poderosos de la nación sudamericana.
Hasta ese momento, la confrontación política se desarrollaba dentro de parámetros más o menos normales, a pesar de la existencia, por supuesto, de algunos pequeños grupos abrazados a la ilusión de una solución violenta que terminara, de una vez, con el gobierno del presidente Hugo Chávez. Pero la gota que colmó el vaso de la oligarquía local y enfureció a sus más destacados exponentes fue la aprobación por el Ejecutivo, mediante la habilitación legislativa otorgada por el Parlamento, de un total de 49 leyes con impacto económico y social. Sobresalieron en ese paquete de disposiciones, que algunos sectores conservadores pretendían conformar de acuerdo con sus intereses, las leyes de Tierras y Desarrollo Agrario, Hidrocarburos, Pesca, de Asociaciones Cooperativas, de Zonas Costeras, y de Estímulo, Promoción y Desarrollo del Sistema Microfinanciero.
La primera de ellas, considerada como bandera del paquete legislativo, sencillamente apunta a la liquidación del latifundio en el país, la entrega de tierras a los campesinos pobres, la organización de la producción agropecuaria de acuerdo a las necesidades nacionales y la legalización de la tenencia de la tierra. Este último punto tiene una connotación especial en Venezuela pues los datos y estadísticas en poder del Estado y el resultado de las inspecciones realizadas demostró que un altísimo porcentaje de los supuestos grandes propietarios de terrenos rurales no tienen los documentos que demuestren su adquisición en forma normal.
La ley orgánica de Hidrocarburos, otra de las más cuestionadas por la oposición, frustró definitivamente las esperanzas de quienes durante largo tiempo seguían exigiendo al gobierno "la apertura" del área energética, léase privatización, y hasta de una parte o la totalidad de la corporación estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa).

LEYES PROGRESISTAS

Pero la ley reafirmó el control del Estado sobre, por lo menos, el 51 por ciento de las asociaciones a realizar en el futuro con el capital privado, a la vez que mantuvo a Pdvsa como una empresa nacional con obligaciones también en los necesarios aportes al Fisco para el desarrollo de la nación en su conjunto.
Otro choque con grupos siempre favorecidos por gobiernos anteriores se registró con relación a la Ley de Pesca que, entre sus objetivos fundamentales, tiene el de favorecer a los miles de pescadores artesanales existentes, quienes suministran el 70 por ciento de ese alimento para el consumo de la población.
Estos trabajadores del mar sufrían, desde hace años, el avasallamiento de las grandes empresas industriales, operadoras de los arrastreros, quienes además de realizar su faena en aguas cercanas a las orillas, acudían después directamente al extranjero a vender su pesca, evadiendo impuestos y relegando el mercado interno. La nueva legislación fijó en tres millas a partir de la costa el espacio marítimo exclusivo para los pescadores artesanales y estableció reglas impositivas más claras para la llamada pesca de altura, así como para la labor de los arrastreros. Por su parte, las leyes de Asociaciones Cooperativas y del Sistema Microfinanciero llegaron para favorecer también a los sectores más humildes o a la pequeña y mediana empresa, estimulando la agrupación de campesinos y trabajadores del área industrial mediante la concesión de creditos y otras ayudas estatales.
Baste decir que la utilización de la banca estatal para este plan y el establecimiento de reglas que permitio a ésta no ajustarse a las altísimas tasas de interés vigentes en los bancos privados, significó un respaldo importante para la multiplicación de pequeños empresarios.
Por último, la ley de Zonas Costeras pone en orden, con vistas al futuro, la utilización de las franjas de terreno cercanas a las orillas, evitando la especulación inmobiliaria en ellas y regulando esa utilización con respecto al ambiente. Como señalábamos al principio, este paquete de leyes fue el detonante para la radicalización de la oposición, el abandono por ella de posibilidades de un entendimiento político con el gobierno y el comienzo de la agitación, en forma permanente, mediante planes realmente desestabilizadores. Para ello, cuentan con el respaldo de la gran mayoría de los dueños de medios de difusión, los cuales mantienen una campaña permanente contra Chavez desde el amanecer hasta la madrugada siguiente, en una ofensiva mediática también sin precedente en el país.

DISPUTANDO LA CALLE

La estrategia oposicionista se dirigió, además, a golpear en varios frentes, entre ellos el intento de articulación de acciones de calle con participación de las distintas organizaciones y sectores bajo una sola consigna, así como la propagación de la propaganda antichavista hacia el exterior, en busca de apoyo, sobre todo de Estados Unidos.
Midiendo mal su verdadera fuerza convocó al paro nacional de doce horas el pasado 10 de diciembre con la certeza de que ese solo empujón, en el cual coincidían los sindicatos opositores con los patronos privados y todos los partidos tradicionales, bastaría para echar a Chávez del poder.
La realidad les convenció de que esa fruta todavía estaba verde y entonces decidieron llegar a acuerdos mínimos que permitieran demostraciones de calle destinadas a conseguir el mismo objetivo a mediano plazo y a alcanzar, tal vez, la ansiada desestabilización como base para un supuesto golpe militar. Paralelamente, como parte del plan subversivo, se inició el trabajo de acercamiento a militares que, aun sin mando, podían escenificar un verdadero show público y representar así el también supuesto descontento generalizado en el seno de las fuerzas armadas.
Sin embargo, la decisión de los partidarios del proceso de cambios venezolano frustró, hasta ahora, el intento de golpear a Chávez precisamente en sus dos principales puntos de apoyo: la población y los militares.
Así a la demostración opositora del 23 de enero se opuso una manifestación similar por parte de los simpatizantes del gobierno y la enorme masa de pueblo que respaldó a Chávez en las calles el pasado 4 de febrero apagó prácticamente las actividades opositoras realizadas ese día.
En el ámbito militar, la oposición sólo logró la presentación de algunos militares, sin mando de tropa y casi siempre impulsados por motivos personales, para plantear la dimisión del jefe de Estado apoyados por una importante cobertura periodística.
Pero, a pesar de la regular concentración de sus partidarios en una plaza de la elegante zona del este de la capital y de las declaraciones de los "alzados", nada de esto logró el ansiado derrumbe del gobierno.
La fortaleza de Chávez en el campo militar quedó demostrada con la ausencia de respaldo castrense a la posición de Pedro Soto, un coronel de la aviación sancionado con el paso a retiro, Pedro Flores, un capitán de la Guardia Nacional arrepentido después y castigado con quince días de arresto, y un contralmirante sometido a consejo disciplinario.
Por el contrario, la aparición pública del alto mando militar y los jefes de guarniciones de Caracas y de los Estados Vargas y Miranda, respaldando la institucionalidad y a Chávez como comandante en jefe de la institución militar, echó por tierra los esfuerzos oposicionistas por mostrar una cara distinta de las fuerzas armadas.
La situación en Venezuela, en el actual momento, muestra a un gobierno defendiendo la tesis del diálogo nacional sin renunciar a principios, según las propias palabras de Chávez, y una oposición que parece haber perdido el interés en medirse electoralmente con el presidente en el futuro y apuesta a su salida anticipada del poder.
Por lo pronto, el mandatario designó comisiones especiales de ministros que analizan con los distintos sectores de la sociedad eventuales puntos de encuentro para avanzar en las negociaciones. El propio Chávez, en reciente respuesta a una pregunta de Prensa Latina durante una conferencia con corresponsales extranjeros, manifestó estar listo para unirse a esas tratativas una vez que se hayan registrado resultados y la oposición comprenda la necesidad de racionalidad en su accionar.
De todas formas, mientras esa toma de conciencia llega, la calle seguirá siendo escenario de la confrontación política y también esto se encuentra presente en las palabras de Chávez quien aseguró: "no vamos a ceder en la estrategia ni en los principios y el pueblo seguirá respondiendo con contundencia en la calle"

JAVIER RODRIGUEZ (*)
En Caracas

(*) Corresponsal de Prensa Latina en Venezuela.

Fuga de capitales para asfixiar al gobierno

Hijo de un inmigrante italiano que se alistó en la Brigada Garibaldi durante la guerra civil española, el ministro de Planificación y Desarrollo de Venezuela, Jorge Giordani, de 62 años, es uno de los autores del programa de gobierno del presidente Chávez. Ingeniero eléctrico hizo un post grado en el Centro de Estudios del Desarrollo (Cende), que fundó en Caracas el economista chileno Jorge Ahumada; se doctoró en planificación en Inglaterra e hizo clases largos años en la Universidad Central de Venezuela (UCV). Giordani y otros profesores universitarios se vincularon a Chávez y a sus compañeros de armas en marzo de 1993. Estos últimos se encontraban en prisión luego del fracasado intento por derrocar al presidente Carlos Andrés Pérez el año anterior. Chávez pidió ayuda a especialistas como Francisco López Mieres, Héctor Navarro, Jorge Giordani y Adina Bastidas (ex vicepresidenta de la República y actual ministra de Producción y Comercio) para elaborar una propuesta económica y social alternativa. Sería el primer esbozo de programa del emergente movimiento bolivariano que en 1998 ganó las elecciones presidenciales arrasando con los partidos tradicionales.
JORGE Giordani, ministro de Planificación y Desarrollo  

Pero a Giordani el teniente coronel Chávez le pidió algo más: que fuera el tutor de su tesis de grado en ciencias políticas de la Universidad Simón Bolívar. La amistad de ambos se profundizó a través del estudio y formulación de nuevas propuestas y precisiones para el proyecto de país cuyas bases echaría la nueva Constitución que en diciembre de 1999 fundó la República Bolivariana de Venezuela.
"Con Chávez somos compañeros de ideas", explica Giordani, un apasionado del proyecto de país hoy amenazado desde diversos flancos.
Inspirado en el latinoamericanismo del libertador Simón Bolívar y de su maestro, Simón Rodríguez, y en el pensamiento antioligárquico de Ezequiel Zamora, general de la guerra federal venezolana, el proyecto acaricia la utopía de una Confederación de Estados Latinoamericanos. "No tenemos otra alternativa -ha dicho el presidente Chávez-; si no lo hacemos seguiremos dominados, retrasados y se cumplirá el proyecto transnacional del neoliberalismo". No se trata de palabras al viento. Venezuela, por ejemplo, impulsa un proyecto de comunicación fluvial que significaría la integración física de América del Sur, uniendo las cuencas del Orinoco, el Amazonas y el río de la Plata, comunicando a Venezuela, Brasil y Argentina.
Mirando en esa dirección el gobierno de Chávez ha puesto en práctica una relación con Brasil que resulta inédita entre países que hasta ahora no habían potenciado la vecindad de sus enormes recursos. El año pasado -con Fidel Castro como invitado- Chávez y el presidente Cardoso inauguraron la línea Macagua-Boa Vista de 670 kilómetros que proporciona energía eléctrica al norte brasileño. Por otra parte, el segundo puente sobre el río Orinoco (que costará 450 millones de dólares) lo financiará el Banco de Desarrollo del Brasil y lo construirá una empresa de ese país. Es probable que la nueva relación de Venezuela y Brasil -y sobre todo su proyección política- motive la pública antipatía de Washington por Chávez. Los gobiernos de Venezuela y Brasil son los únicos que han planteado reservas respecto al Area de Libre Comercio de las Américas (Alca), pieza maestra de la estrategia anexionista de Estados Unidos. La consecuencia es que tanto el secretario de Estado, Colin Powell, como el director de la CIA, George Tenet, han manifestado en el Senado norteamericano el propósito de actuar sin demora ni miramientos contra el gobierno venezolano.

REVOLUCION EN DIFICULTADES

El ministro de Planificación y Desarrollo de Venezuela, Jorge Giordani, reconoce que las dificultades que encara el proyecto de revolución democrática en su país son muy grandes: "vamos a encontrar muchas más", pronostica sonriente. "Pero contamos con un apoyo popular que aumentará a medida que nuestro programa sea bien comprendido por sectores aun más amplios". Parte de ese programa está en la propia Constitución bolivariana. Contrariamente a lo que hace creer la campaña opositora, el gobierno de Chávez no amenaza la iniciativa privada. Desde luego, la Constitución "garantiza el derecho de propiedad" (art. 115) y aunque no permite los monopolios (art. 113), establece claros derechos económicos: "Todas las personas pueden dedicarse libremente a la actividad económica de su preferencia... El Estado promoverá la iniciativa privada... la libertad de trabajo, empresa, comercio, industria..." (art. 112). Sin embargo, fue una Ley de Tierras y Desarrollo Agrario -que entró en vigor el 10 de diciembre pasado- la que desató la furia empresarial. En Venezuela el 70% de las tierras están en poder del 3% de los propietarios y sólo el 4% están cultivadas. Se calculan en 30 millones las hectáreas que no se utilizan. La nueva ley, que busca hacer realidad la reforma agraria prometida por gobiernos anteriores socialdemócratas y demócratas cristianos, permite sin embargo la propiedad privada de extensiones superiores a 5 mil hás., siempre que estén en producción y vinculadas al plan nacional de seguridad alimentaria.
La economía venezolana, explica Jorge Giordani, tiene dos problemas fundamentales. Uno es la volatilidad de los precios del petróleo que provoca barquinazos presupuestarios e inflacionarios. Venezuela es el cuarto productor mundial y su economía depende de las exportaciones de crudo. El presupuesto de la nación para este año se elaboró calculando un precio de 18,5 dólares el barril. Pero la recesión mundial obligó a reducir el cálculo a sólo 16 dólares, a recortar los gastos fiscales y decretar la flotación del tipo de cambio con la consiguiente devaluación y un reimpulso inflacionario.

UN EMPRESARIADO PARASITARIO

El otro gran problema -dice Giordani- es el estancamiento de la economía. "Un solo ejemplo -dice el ministro-: la inversión total en relación al producto no ha superado en los últimos 17 años el 15% y de ella la inversión pública ha sido 1,2 veces la inversión privada. Esta última debería duplicar el esfuerzo inversor del Estado, pero no es así. Sin embargo, el sector privado tiene un gran espacio para crecer en Venezuela. Pero el empresariado no quiere arriesgar. Así como existió el clientelismo que practicaba el Estado (aún existe y lo estamos combatiendo), el empresariado cultivó también esa cultura. Tiene dos discursos, de la boca para afuera: viva la globalización y el libre mercado; hacia adentro: dame más subsidios y protección. Nuestra intención es ayudar a generar una nueva actitud empresarial. Que se ponga las pilas y arriesgue capitales para recibir las legítimas ganancias que recompensen el esfuerzo y creatividad".
El comportamiento parasitario del empresariado venezolano -dependiente del Estado y que busca ganancias fáciles en la especulación financiera- se ha agudizado. Una masa de capitales venezolanos está en el exterior, restándose a la producción y desarrollo del país. En 1989, dice el ministro Giordani, los venezolanos tenían afuera 89 mil millones de dólares que hoy deben ser más de 100 mil millones. "Esto es cinco veces el tamaño de la deuda externa del país", observa. Según el Banco Mundial la fuga de capitales ascendió a unos 21 mil millones de dólares en los últimos tres años. Sólo en enero del 2002 alcanzó a 1.600 millones y es el espolón de la campaña opositora.
Por otra parte, aunque las reservas internacionales de Venezuela han sufrido una caída, aún se mantienen en algo más de 16 mil millones de dólares, lo que incluye un previsor Fondo de Inversiones para la Estabilización Macroeconómica que creó el actual gobierno. "En poco más de dos años hemos ahorrado más de 6.200 millones de dólares, lo que representa dos tercios de las reservas de Colombia o Perú", observa Giordani. "Hemos sido espartanos en el gasto -agrega-. No queremos persistir en la cultura rentista que ha caracterizado al país. Queremos 'sembrar el petróleo' y hacer realidad el viejo anhelo de crear nuevas fuentes de riqueza: en la industria, la agricultura, la pesca, el turismo, la electricidad y gas, etc." La deuda externa venezolana de 20 mil millones de dólares -inferior a la deuda de Chile- consume 4 mil millones anuales. La mitad en amortizaciones y el resto en intereses. Venezuela paga puntualmente esa deuda que no excede el 26,4 por ciento del PBI. La economía creció 3,5% el año pasado y la inflación ha bajado del 103% al 24% anual.

EL MAMUT DEL ESTADO

En materia de justicia social -punto clave del programa de gobierno- el avance es lento pero sostenido. Venezuela se ubicó el año pasado en el lugar 61 del Indice de Desarrollo Humano que elabora Naciones Unidas. Avanzó cuatro puestos respecto del año 2000 entre los162 países analizados.
El ministro Jorge Giordani dice que la política institucional, que ha hecho necesario dictar numerosas leyes, es muy importante en el programa de gobierno. Pretende ordenar el caos administrativo y la incoherencia de las leyes. La política clientelar que practicaron los partidos Acción Democrática (socialdemócrata) y Copei (demócratacristiano) durante 40 años tuvo resultados monstruosos. "Yo creía -dice Giordani- que el Estado venezolano era un elefante; pues no, es un mamut. Sus dimensiones y movimientos corresponden a los de un mamut que enlentecen y entraban las decisiones y favorecen todo tipo de corrupciones. Estamos en vías de superarlo pero esto lleva tiempo y exige vencer resistencias muy fuertes. Es una lucha contra intereses muy grandes que se defienden como gato de espaldas"
M.C.D.