COLOMBIA
La última apuesta armada

Todo lo que está ocurriendo en Colombia: las elecciones que el próximo 26 de mayo llevarán a la presidencia muy probablemente al ultraderechista Alvaro Uribe Vélez, sindicado de vínculos con el narcotráfico y los paramilitares; las fracasadas negociaciones de paz entre el gobierno del conservador Andrés Pastrana y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc); el estadounidense Plan Colombia destinado a fortalecer la contrainsurgencia so pretexto de combatir el narcotráfico; las conversaciones del gobierno con el Ejército de Liberación Nacional (ELN);

el asesinato del arzobispo de Cali, monseñor Isaías Duarte Cancino, baleado por sicarios pagados por el cartel del norte del Valle y algunos políticos corruptos; el secuestro por las Farc de doce diputados de la Asamblea Legislativa del departamento del Valle del Cauca; los tres mil asesinatos políticos anuales; las masacres colectivas; los muertos en combate; los secuestrados; los desplazamientos forzados de la población rural; las ejecuciones extrajudiciales de gamines (niños de la calle), vagabundos, cartoneros, y en general "desechables", la reacción de la clase media cansada de tanta violencia que quiere la paz a cualquier precio, la tremenda brecha entre los ricos y pobres, y un largo etcétera, todo ello no es ajeno al particular tipo de formación social que el modo de producción capitalista ha incubado en ese país. Ni tampoco al proceso histórico pos-guerra fría, ni a la invasión israelí de los territorios palestinos, ni al conflicto mapuche, ni a la imposición en las últimas décadas del neoliberalismo en el mundo, ni al capitalismo global que hoy busca entronizarse en el planeta satanizando como "terrorista" a toda disidencia. Tampoco ajeno al frustrado golpe de Estado contra Hugo Chávez en Venezuela.
El fenómeno colombiano es una de las diversas expresiones nacionales que en el comienzo del siglo XXI adquiere la contradicción fundamental entre los dueños de los medios de producción a nivel planetario (llámese "burguesía mundial", "imperialismo" o como se quiera), y la gigantesca masa de explotados, que contribuye con su fuerza de trabajo y su capacidad de consumo, a que cada dos segundos las doscientas personas más ricas del planeta aumenten sus ingresos a razón de mil dólares cada dos segundos mientras en los mismos dos segundos un niño muere de hambre o de enfermedades que se pudieron evitar.
El 20 por ciento más rico del planeta participa del 86 por ciento del PIB mundial. El 60 por ciento mediano (la clase media planetaria), del 13 por ciento del PIB mundial. Y el 20 por ciento más pobre, participa del uno por ciento. Los países de la Ocde con el 19 por ciento de la población mundial, tienen el 71 por ciento del comercio mundial. Las 200 personas más ricas del mundo, duplicaron sus activos entre 1994 y 1998. Los activos de los tres principales multimillonarios son superiores al producto nacional bruto (PNB) de los países más pobres y sus 600 millones de habitantes. La desigualdad y la concentración de la riqueza en el mundo ha estado aumentando en forma permanente y creciente desde el siglo XIX.
El sistema ideológico, jurídico-político y económico mundial es una "máquina" de extracción de plusvalía para los más ricos, de sometimiento y esclavitud cultural de los sectores medios, y de explotación y asesinato brutal de los asalariados más pobres. Y no se sustenta esta conclusión en cifras sacadas de algún "obsoleto" tratado marxista, sino de estudios del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y de la Organización de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).
Lo que ocurre en Colombia o Venezuela, en Chile o cualquier otro país, principalmente en los subdesarrollados debe obligatoriamente ser observado y analizado en esa perspectiva, en ese contexto, porque en caso contrario no entenderemos nada o sacaremos conclusiones equivocadas. Como que Colombia es violenta por razones genéticas, tropicales o de otra naturaleza ajena a la economía mundial.

LA LUCHA DE CLASES COLOMBIANA

En Colombia hay una clase dominante compleja y con violentas y feroces contradicciones internas, generadas por la competencia entre los propietarios de los medios de producción y del comercio, los dueños de la tierra, y una llamada burguesía emergente (desde mediados de la década de los años 70) que son los carteles del narcotráfico. A ello se suman los capitalistas extranjeros, primero empresarios luego trusts y ahora transnacionales, que se dejaron caer en el país en busca de productos como el banano, caucho, café, esmeraldas y petróleo. Ultimamente, la industria de las armas, y las redes y mafias mundiales de la cocaína y en menor proporción de otras drogas como la heroína y el opio.
Las disputas han pasado de la política a la guerra y viceversa, desde el siglo XIX, siendo especialmente violentas en los últimos 50 años, cuando desde 1949 se inicia la guerra de guerrillas entre el Partido Conservador y el Partido Liberal (que dejó 300 mil muertos), guerra civil que se apacigua en los años 60. En esa guerra entre los distintos sectores de la clase dominante, el pueblo, principalmente los campesinos, fueron soldados y carne de cañón de uno u otro bando.
Pero en los 60, con el triunfo de la revolución cubana, la revolución china, las guerras de liberación del colonialismo en Asia y Africa, y, en general, el auge de la Izquierda en el mundo, en el contexto de la guerra fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética, se genera en América Latina, y en Colombia, la conciencia de que ante la imposibilidad de alcanzar el poder por la vía democrática (tesis que poco más tarde se confirma en Chile con el golpe apoyado por Estados Unidos y el derrocamiento de Allende), sería posible conquistar el poder por la vía armada, subordinando a ella las demás formas de lucha. Así, anidados en los restos de las guerrillas liberales, los comunistas colombianos fundan las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (Farc-EP), que al amparo de la geografía montañosa y selvática, logran un sostenido desarrollo hasta poner hoy en jaque al gobierno y al ejército.
Al mismo tiempo, inspiradas en el foquismo guevarista y en la Teología de la Liberación, aunque en las últimas décadas asumen la estrategia de la guerra popular prolongada, surge la Unión Camilista Ejército de Liberación Nacional (UC-ELN). A ellas se suman el Movimiento 19 de Abril (M-19) de ideología nacionalista bolivariana, el Ejército Popular de Liberación (EPL), maoísta, el indigenista Quintín Lame y el trotskista Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).
A fines de los ochenta y principios de los 90, en procesos de desmovilización negociados con los gobiernos liberales de Virgilio Barco (1986-1990) y César Gaviria (1990-1994), entregan las armas y se extinguen el M-19, el EPL, el Quintín Lame y el PRT. Permanecen las Farc-EP y la UC-ELN. En la actualidad, ambas organizaciones se empinan en total por sobre los 25 mil hombres en armas, controlan extensas zonas rurales, y tienen presencia en el 90 por ciento del millar de municipios del país.
Desde los 80 a la fecha, la imposibilidad del Estado y sus fuerzas militares de derrotar a ambas organizaciones guerrilleras, abrió paso a que con apoyo del Pentágono, del ejército, de los propietarios de los medios de producción, del comercio y de la tierra, y un aporte fundamental de los narcotraficantes, se creara un ejército ultraderechista paralelo: las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), paramilitares que totalizan unos diez mil hombres, y que se han extendido también por extensas zonas del territorio, principalmente del norte y centro, utilizando el terror contra la población civil rural, el asesinato colectivo de poblaciones campesinas y el asesinato selectivo de sindicalistas, estudiantes, profesionales, políticos, y de toda persona que por sus ideas y acciones consideren "periferia de la guerrilla". Es la misma guerra sucia que se aplicó en Argel, Vietnam, Centroamérica, Brasil y por dictaduras militares del Cono Sur.
Según organismos de derechos humanos y de Naciones Unidas, en la última década la guerra sucia ha causado en Colombia más de 30 mil muertos, atribuyéndose la autoría del 75 por ciento de los asesinatos al paramilitarismo y el 25 por ciento a la guerrilla (la que elimina a hacendados, ganaderos o políticos que considera financistas u organizadores del paramilitarismo).
Entre fines de los 80 y comienzos de los 90 fue exterminada la Unión Patriótica (UP), con el asesinato de alrededor de cuatro mil de sus dirigentes y militantes. La UP se había formado como un frente amplio de Izquierda con militantes del Partido Comunista y guerrilleros desmovilizados de las Farc, producto de un proceso de paz realizado en el gobierno del conservador Belisario Betancur (1982-1986). La CUT y la CGTD -máximas organizaciones sindicales- han denunciado el genocidio contra los sindicalistas colombianos. El año pasado fueron asesinados 172 de sus dirigentes y activistas y en lo corrido del 2002 ya van 36 víctimas, además de los amenazados y refugiados fuera del país.
Una particularidad de las Farc-EP y de la UC-ELN es que lograron, en la década siguiente a la caída de la URSS y de los socialismos históricos de la Europa del Este, sin su apoyo financiero, desarrollarse y poner en jaque al Estado con una situación de virtual empate militar. Esto ha sido posible por la política de "impuesto de guerra" que aplican a las grandes transnacionales, principalmente petroleras, y a los hacendados, ganaderos, productores de café, y propietarios de industrias y comercio. Quienes se niegan a pagar este impuesto son retenidos (secuestrados en el lenguaje oficial) y en algunos casos ejecutados. En los últimos años, la guerra se ha desplazado desde el campo a las autopistas y principales carreteras, donde se instalan retenes guerrilleros a identificar a personas con rentas que se consideran meritorias para el cobro de impuestos. Los paramilitares usan el mismo método, una forma de financiamiento de las organizaciones armadas que se ha usado históricamente en Colombia, al menos desde la guerra entre conservadores y liberales.
En este contexto, se ha generado en el país una especie de cultura de la violencia y muchas rencillas al interior de la clase dominante, o entre narcotraficantes, y hasta entre gente común y corriente, se resuelven por la contratación de sicarios y la eliminación física del adversario. De allí que la cifra anual de muertos en Colombia, por violencia común, supere los veinte mil.
En el trasfondo económico, se puede observar cómo la explotación económica se ha acrecentado, lo que se manifiesta entre otras cosas con la reducción de las remuneraciones. Según la Federación Nacional de Trabajadores del Estado (Fenaltrase) "hace quince años el salario de los empleados estatales representaba el 27 por ciento del presupuesto y hoy está en el 13,5 por ciento aproximadamente. Entre tanto, el gasto militar y pago de servicio de la deuda, casi se triplica". Entre julio del 2002 y noviembre del 2003 serán incorporados al ejército diez mil soldados profesionales más y se aumentará de 18 a 22 meses el tiempo del servicio militar. Todas estas medidas, incluyendo un eventual llamado a las reservas, aumentarán aún más el gasto militar que alcanza al 21.26% del presupuesto y al 7,83% del PIB. Mientras, según el Departamento Nacional de Planeación 24 millones de colombianos están por debajo de la línea de pobreza: el 59.8% de la población. Otros estudios suben la cifra a 34 millones, lo que equivale al 85% de los algo más de 40 millones de habitantes de Colombia.

¿QUE ESTA EN JUEGO
EN COLOMBIA?

Por razones geográficas y culturales; por factores geoestratégicos (desde la perspectiva estadounidense), y por lo dicho respecto del contexto mundial y de su historia particular, Colombia es uno de los pocos puntos del planeta en que está en juego de un modo peculiar el derrocamiento por la violencia del orden social existente, para abrir la esperanza de la construcción de un nuevo tipo de socialismo, "a la colombiana" dicen ellos. Si la guerrilla y las fuerzas populares lograran imponerse por la vía armada -lo que a pesar de la capacidad demostrada no parece posible en el corto plazo-, sería rápido blanco de Bush y sus "fuerzas del Bien" que ya han preparado el terreno, no sólo con el Plan Colombia, sino con la calificación de "terroristas" que les propinó el Departamento de Estado al fracasar las negociaciones de paz el pasado 20 de febrero. Conscientes de ello, las Farc-EP están dispuestas a negociar con quien asuma la presidencia el próximo 7 de agosto (ya lo han declarado y reiterado) y la UC-ELN lo está haciendo con el saliente presidente Pastrana.
De entre los candidatos presidenciales (Noemí Sanín y Horacio Serpa, liberales, el general retirado Harold Bedoya, conservador, Ingrid Betancourt, independiente, Luis Eduardo Garzón, del izquierdista Frente Social y Político, y Alvaro Uribe Vélez, liberal ultraderechista), este último lleva las de ganar según las encuestas. Uribe se empina por sobre el 46 por ciento, casi a treinta puntos de Serpa, quien le sigue. Lo significativo es que a pesar de su carácter militarista, Uribe también está dispuesto a negociar con las Farc: "Yo no descarto la negociación. Pero la guerrilla tiene que aceptar un cese al fuego y debe comprometerse a no realizar más actos terroristas" (a "Newsweek"). Garzón, entretanto, llamado popularmente "Lucho", postula trabajar por una reforma política y social de contenido democrático, y una salida negociada a la guerra, pero en las encuestas ronda el uno por ciento, levemente por debajo de la secuestrada Ingrid Betancourt. El Frente de "Lucho" es integrado por el Partido Comunista, intelectuales de Izquierda de reconocido prestigio internacional como el sociólogo Orlando Fals Borda, sindicalistas y, en general, por las fuerzas progresistas.
¿Qué está en juego? En Colombia se juega una de las últimas posibilidades reales de iniciar un proceso de cambio popular que no dependa de la buena voluntad del empresariado, sus medios de comunicación y sus fuerzas armadas, como quedó en evidencia con el abortado golpe contra Hugo Chávez
JUAN JORGE FAUNDES



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Alvaro Uribe Vélez
El hombre de la oscura figura

Para nada posee una hidalga figura como el Quijote. Tampoco combate molinos de viento, ni se hace acompañar de un fiel escudero como Sancho Panza, ni busca el amor de Dulcinea.
Al contrario, el liberal disidente, Alvaro Uribe, se caracteriza por su discurso belicista, para lo cual promete una guerra sin cuartel contra la insurgencia colombiana, personificada en los grupos guerrilleros.
Para tal efecto no usará la espada medieval de un hidalgo caballero, sino la millonaria ayuda militar de Estados Unidos, encarnada en un paquete de más de mil 300 millones de dólares, llamado Plan Colombia.
En sus andanzas se hace acompañar de su fórmula vicepresidencial, Francisco Santos, accionista del diario más influyente de Colombia, "El Tiempo", y presidente de la fundación antisecuestro País Libre, entidad que fue la encargada de presentar un proyecto de ley que condenaba a presidio perpetuo este delito y a los familiares que pagaran el rescate. Afortunadamente, pese a que la ley fue aprobada por el Congreso, fue declarada ilegal por la Corte Constitucional.
Uribe es oriundo del departamento de Antioquia, región de la que fue gobernador durante el gobierno de Ernesto Samper. Creó las Cooperativas de Vigilancia Convivir para brindarles armas y asesoría a civiles, pagados por empresarios y terratenientes que buscaban protegerse de los alzados en armas. Conclusión: no fueron otra cosa que paramilitares legalizados.
Con 49 años, el candidato ultraderechista, también ocupó en la década de los 80, la dirección de la Aeronáutica Civil, en la cual emitió un número sin precedentes de licencias de pilotos y permisos de construcción de pistas de aterrizaje, presuntamente a favor de conocidos capos de la droga, tanto que su segundo de a bordo en la institución fue César Villegas, quien luego fue sentenciado a cinco años de prisión por sus vínculos con el cartel de Cali, asesinado en un ajuste de cuentas el mes pasado.
Pero el prontuario continúa. En 1982 Uribe inauguró, con lágrimas en los ojos, un programa de viviendas para personas de bajos ingresos, fundado por el jefe, en ese entonces, del cartel de Medellín, Pablo Escobar. En 1997 la DEA confiscó 50 mil kilos de precursores químicos usados para el procesamiento de cocaína. Estos compuestos habían sido adquiridos por una empresa perteneciente a Pedro Juan Moreno, quien fuera jefe de gabinete de Uribe, cuando éste era gobernador.
El candidato tampoco ha podido negar su amistad con el traficante Fabio Ochoa, hoy preso en Estados Unidos, con el cual daba largas cabalgatas en las parcelas dedicadas al cultivo de coca y marihuana. Consecuente con esto, siendo congresista, votó a favor de la no extradición de los narcos a Estados Unidos, cuando la ley se discutía en 1990.
Finalmente, Uribe lanzó su candidatura en 1999, con un el discurso en una cena de gala que homenajeaba a dos ex generales -Rito Alejo del Rió y Fernando Millán- dados de baja por el presidente Andrés Pastrana por colaborar con grupos privados de vigilancia, o sea paramilitares de derecha.
Estas denuncias fueron publicadas por el periodista Fernando Garavito, en una columna del diario "El Espectador". Dos días después tuvo que salir exiliado a España, producto de amenazas de muerte de supuestos "amigos" de Uribe.
Los cuestionamientos fueron recogidos posteriormente por Joseph Contreras, de la revista norteamericana "Newsweek", quien al entrevistar a Uribe lo inquirió por sus nexos con el narcotráfico y el paramilitarismo. Airado, el candidato, suspendió la charla diciendo: "Me niego a aceptar que corresponsales extranjeros vengan aquí con esa clase de preguntas"
Uribe ha sido el único candidato que se ha mostrado dispuesto a autorizar la intervención militar extranjera y ha sido acusado directamente por el otro aspirante liberal, Horacio Serpa, de ser el candidato de las paramilitares Autodefensas Unidas de Colombia.
Pero, como dice el periodista colombiano Antonio Caballero: "La guerra contra la subversión la han declarado catorce presidentes consecutivos. Uribe será el quince. Ninguno la ha ganado. Al contrario, la guerrilla ha crecido"

HUGO CRISTIAN FERNANDEZ


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