Tocopilla contaminada

Los tocopillanos están tan abrumados por la falta de trabajo, que afecta a alrededor de un tercio de la población, que no hacen mucho caso a los problemas ambientales. Y eso que la mayor parte de la gente padece de irritación crónica en los ojos, los niños están habitualmente con bronquitis y afecciones asmáticas, y en los techos e interiores de las casas se acumulan capas de polvillo negro que arrojan las chimeneas de las centrales termoeléctricas ubicadas en la entrada sur de la ciudad.

Lo primero que ven los viajeros que llegan de Antofagasta no es el mar, sino las chimeneas de más de 70 metros de altura de las plantas de Norgener y Electroandina, que abastecen de electricidad a Chuquicamata y a la red interconectada del norte. Alineadas a lo largo de la bahía, les siguen otras dos moles de metal: una planta de Soquimich, donde se ensaca y embarca el salitre y otros derivados provenientes de María Elena, y la única industria pesquera que sobrevive en el puerto.
Tocopilla, a primera vista, parece una desolada estación de servicio. Poco se beneficia la gente de esas actividades, ya que absorben escasa mano de obra -en Norgener trabajan sólo diez tocopillanos- y aunque la electricidad se produce en su suelo, pagan por ésta una de las tarifas más altas del país. Lo más grave es que tienen que convivir con esas fuentes de contaminación dentro del área urbana, a pocos metros del centro de la ciudad.
"Tocopilla se caracteriza por su alto índice de muertes por afecciones cardíacas y cáncer, principalmente pulmonar. La media regional de muertes por cáncer supera la media nacional. El aire que respiramos está saturado por partículas y emanaciones tóxicas, la población está muy dañada, pero lo peor es que el 5 de abril se le dio el vamos a la termoeléctrica Electroandina para el uso de petcoke como combustible", dice María Cristina Olivares, concejala (PPD), asistente social e integrante del Comité de Defensa del Medio Ambiente. La combustión de coke de petróleo o petcoke, genera emisiones a la atmósfera de material particulado con alto contenido de metales pesados como vanadio y níquel, anhídrido sulforoso y óxidos de nitrógeno, además de contribuir a la formación de ozono, proceso favorecido por la alta radiación solar de la zona. El anhídrido sulforoso (SO2) se convierte en lluvia ácida en contacto con la humedad de la atmósfera y produce una disminución de la función respiratoria por insuficiente oxigenación de la sangre, tos, expectoración y sibilancia (silbidos al respirar). Con el tiempo puede ocasionar daño pulmonar. Así lo han confirmado diversos estudios, como también una investigación efectuada en 1996 con niños de entre seis y doce de años de Puchuncaví, localidad afectada por emanaciones de dióxido de azufre y PM10 provenientes de la Fundición Ventanas y de una central termoeléctrica a carbón.

TONELADAS TOXICAS

Anteriormente se había autorizado a Norgener el uso de una mezcla de carbón y coque de petróleo, con una emisión máxima de 50,9 toneladas de anhídrido sulforoso por día. Mediante la resolución del 5 de abril, la Conama-II Región aprobó un proyecto similar que Electroandina venía gestionando desde 1999 y que los servicios públicos habían considerado incompleto. Esta termoeléctrica tendrá un tope mucho más holgado: 130 toneladas al día de emisiones de SO2. En total, Tocopilla recibirá una descarga diaria de hasta 180 toneladas de anhídrido sulforoso. Para la autoridad ambiental no hay problema, porque las emanaciones de este gas sólo llegan al 80% de lo que permite la norma diaria para el anhídrido sulforoso (no aluden a normas que reglamentan las emisiones por hora y al año, que podrían ser sobrepasadas).
El proyecto de Electroandina también significará la emisión de 5 toneladas diarias de material particulado respirable (que se suman a las 3,3 toneladas de Norgener), con partículas de vanadio (43 kg/día) y níquel (17 kg/día). Está comprobado que el níquel es cancerígeno y muchos especialistas estiman que no existe umbral seguro para su presencia en el aire.
En la actualidad, según describe Juan Tapia Barría, presidente de la Junta de Vecinos Nº 13, "las partículas quedan adheridas a los vehículos, paredes de casas, techos, escuelas, ensucian la ropa, electrodométicos y se acumulan al interior de las fuentes de poder de los computadores".

¿QUIEN LE PONE PRECIO
A LA MUERTE?

El Comité de Defensa del Medio Ambiente de Tocopilla, creado hace cuatro años por iniciativa de trabajadores de la salud, hizo todo lo que estuvo en sus manos para impedir la aprobación del proyecto. Su presidenta, Erna Delgado Ramírez, detalla que enviaron cartas a todas las autoridades, expusieron su visión ante el consejo regional y fueron a Santiago para entrevistarse con Ricardo Lagos, aunque sólo lograron dejarle una carta con sus asesores. "Creo que en Tocopilla priman más los intereses económicos que la salud de las personas. Uno se desilusiona, con harta pena, porque pensamos que en este gobierno se iba a actuar con más seriedad en el tema ambiental", dice la dirigenta.
El estudio de impacto ambiental (EIA) presentado por Electroandina a Corema recibió observaciones del Comité de Defensa, de la Junta de Vecinos Nº 13 y de 31 personas de la comunidad. En la resolución de Corema del 5 de abril, todas las aprensiones y críticas respecto de los riesgos para la salud humana son desestimadas y respondidas burocráticamente. El argumento principal de la autoridad ambiental es que las emisiones contaminantes estarán "dentro de las normas permitidas".
De acuerdo con ese criterio, Corema no dispone ninguna exigencia para investigar eventuales perjuicios a la salud, como tampoco le impone a la empresa medidas de restauración, reparación y/o compensación por los impactos ambientales, ni siquiera en creación de áreas verdes. "¿Quién le pone precio a la muerte por cáncer pulmonar, a la alta insidencia de bronquitis en los niños?", preguntó a la Corema la concejala María Cristina Olivares en sus observaciones al EIA. La Comisión Regional del Medio Ambiente le respondió, simplemente, que "no es pertinente dicha preocupación por cuanto los antecedentes que se tienen a la fecha de mortalidad por cáncer pulmonar, indican que no es posible atribuirla a la combustión de carbón o petróleo pesado usado como combustible en la Central Termoeléctrica Tocopilla (Electroandina)".
Erna Delgado dice que de ocho o diez infartos tratados en la UCI del hospital regional de Antofagasta, cinco corresponden a habitantes de Tocopilla. "Las cifras de frecuencia de cáncer se manejan muy sigilosamente, no hemos tenido acceso a ellas", agrega.
Junto con rechazar la aprobación de este segundo proyecto con petcoke en la ciudad, el Comité de Defensa del Medio Ambiente de Tocopilla solicitó al intendente de la II Región, Jorge Molina, que garantice la salud de la población exigiendo a los servicios de salud y a Conama que informen diariamente de los niveles de calidad del aire, a través de un diario regional.
Esta organización tiene mucho de qué ocuparse. Cuando embarcan salitre y sus derivados en la planta de Soquimich, alrededor del muelle se forma una nube blanca con un polvillo irrespirable. Y hay dos escuelas inmediatas, La Sagrada Familia y F-7, con dos mil alumnos. El concejal Luis Moyano (DC) denunció este problema: "A eso de las seis de la mañana, la empresa Soquimich produce una contaminación que no deja ver las torres de las chimeneas de Electroandina y Norgener, lo que indica la polución sólida que está cayendo sobre la ciudad. Las empresas, por abaratar costos, no están utilizando todos sus recursos para solucionar este tema y así resguardar la salud de Tocopilla".
Otra preocupación es el nuevo emisario que descarga en el mar los desechos domiciliarios de la ciudad. Fue construido por la Empresa de Servicios Sanitarios del Norte (Essan), pero en menos de un año, en enero de este año, se rompió y las aguas contaminaron el mar. "Sin saberlo, los niños del sector se bañaban en esas aguas llenas de fecas, según constató un estudio del servicio de salud. Este resolvió darle 60 días a la empresa sanitaria para que solucionara el problema -señala María Cristina Olivares-. Pero a pesar que Essan anunció que todo estaba en regla, nos enteramos por otros conductos que no es así. Arreglaron la rotura en la orilla, pero el emisario está haciendo sus descargas a muy poca distancia y no donde se había programado inicialmente".
"El problema es que todas las decisiones las ha tomado gente que no vive en Tocopilla, los integrantes del Corema y la Conama están en Antofagasta, no respiran nuestro aire. El intendente viene de vez en cuando. ¡Cómo vamos a vender esta comuna para zona franca industrial si va a estar contaminada!", denuncia Erna Delgado.
El alcalde Aleksander Kurtovic, en cambio, se toma el problema con tranquilidad y una suerte de fatalismo: "Tocopilla es una ciudad que, por su situación económica, no está en condiciones de exigir mucho. Si nos ponemos 'en las coloradas' y rechazamos todo lo que es contaminación, a lo mejor las industrias que, de alguna manera son contaminantes, se van a cerrar y la gente se va a morir de hambre".
Para la ciudadanía, eso no es real. La alta mecanización de estas industrias demanda un mínimo de mano de obra. "Lo que prima es el poder económico. Por ejemplo, Electroandina ayuda a financiar Radio Continente, que pertenece al diputado Waldo Mora (DC). Así, ¿qué se puede esperar de los políticos?", denuncia Urania Nikiforos, directora del Comité de Defensa del Medio Ambiente

PATRICIA BRAVO
En Tocopilla



Si te gustó esta página... Recomiéndala