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Batallando contra el modelo económico
LA PEQUEÑA EMPRESA SE NIEGA A MORIR
Las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipyme)(*) que aportan
el 90% del empleo a nivel nacional, constituyen el pariente pobre en el
escenario económico en el cual las grandes compañías
agrupadas en la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa) y la Confederación
de la Producción y el Comercio (CPC), no sólo tienen línea
directa con la presidencia de la República, sino además
conforman un poder económico con capacidad de intervención
y decisión política. La Agenda Pro-Crecimiento elaborada
en conjunto por el gobierno y la Sofofa, que tiende a profundizar el modelo,
así lo demuestra.
Esta situación de desmedro que enfrentan las Mipyme, se debe al
hecho que, a diferencia de su contribución en la generación
de empleo, aportan sólo un 20% del Producto Interno Bruto (PIB),
mientras la gran empresa contribuye con el 80% restante. Sin embargo,
esta contradicción se debe a la falta de una política nacional
de apoyo a los micro y pequeños empresarios que, desde el Estado,
posibilite su acceso al crédito y a una competencia menos desigual.
Esa ha sido la experiencia de los países desarrollados, en que
un rol activo del Estado, ha permitido a este sector generar no sólo
altos índices de trabajo, sino también un aporte significativo
al crecimiento económico.
En Chile la globalización ha condenado a estas empresas a sucumbir
ante la aplanadora de las transnacionales porque no pueden competir en
igualdad de condiciones con los productos importados ni acceder a los
mercados externos. Esto es producto de la aplicación dogmática
de una política económica fondomonetarista que insiste en
mantener una economía excesivamente abierta, que ha inundado el
país con productos importados a bajo precio, dejando fuera de competencia
a los productores nacionales.
Un caso emblemático es el que afecta a los productores del cuero
y calzado. No han podido competir con las masivas importaciones chinas
-el año 2000 ingresaron treinta millones de pares de zapatos, de
los cuales 17 millones llegaron a 50 centavos de dólar-, lo que
deprimió profundamente uno de los rubros más tradicionales
de nuestro país, condenado a desaparecer en el contexto del actual
modelo económico.
"El principal problema que enfrentamos es la ortodoxia del pensamiento
económico de la clase política chilena y su falta de sensibilidad
humana", dijeron a Punto Final Guillermo Aravena e Imanol Ibarrondo,
secretario general y director de la Asociación de Pequeños
Industriales del Cuero y Calzado (Apiccal). Ambos forman parte del grupo
de microempresarios de la calle Victoria, en Santiago, compuesto por 45
tiendas establecidas como depósitos de fábricas de cuero
y calzado.
Como no han recibido ayuda del Estado y no pueden acceder al crédito,
porque la banca castiga a las Mipyme con intereses de hasta un 34% anual
(en los países asiáticos es de sólo un 1,7% anual),
decidieron actuar y organizaron ocho ferias durante el año 2000,
para vender sus productos en forma directa al público. "Nos
visitaron más de 200 mil personas y vendimos cien mil pares de
zapatos. Esta iniciativa, nos permitió crecer como organización",
dice Guillermo Aravena.
Para este año piensan continuar la venta directa de sus productos.
Sin embargo, uno de los proyectos más importantes es una feria
multisectorial que realizarán en septiembre en los terrenos de
la Fisa. Participarán más de mil exponentes de los sectores
metalúrgico, textil, vitivinícola, quesería, flores
y calzado, entre otros. La idea, según Guillermo Aravena, es potenciar
un gran referente que agrupe y represente a "quienes vivimos de nuestro
trabajo con tanto esfuerzo".
ORÍGENES DE APICCAL
Fue en 1964 cuando un grupo de trece microempresarios fundó la
Asociación de Pequeños Industriales del Cuero y Calzado
(Apiccal). La organización se desarrolló en los diez años
posteriores. El salto cualitativo vino con el gobierno de la Unidad Popular,
que asignaba al Estado un importante rol en el desarrollo de las Mipyme
(ver información aparte). Consecuencia de lo anterior, fue el primer
congreso nacional de ese sector realizado en 1972, que contó con
la participación del presidente de La República, Salvador
Allende.
Esto marcó el comienzo de un desarrollo sin precedentes de la manufactura
del calzado, el cual fue reforzado por medidas concretas implementadas
por el gobierno. Una relevante fue el Estanco del Cuero: el Estado entregó
cuotas de comercialización de calzado para los pequeños
productores del rubro, que eran cobradas en las curtiembres intervenidas
por el gobierno. "También teníamos la Cooperativa de
Apiccal, que brindaba créditos a los pequeños y medianos
empresarios", recuerda Guillermo Aravena. "Todo terminó
con el golpe militar que nos quitó la personalidad jurídica
y fuimos despojados de nuestros bienes".
Pasaron nueve años para que Apiccal recuperara -en 1982- la personalidad
jurídica y pudiera recobrar una mínima parte de sus bienes:
una casa antigua, deteriorada por el abandono. Luego vinieron otros doce
años en que la organización navegó a la deriva sin
conducción y una gestión gremial definidas. Esta situación
hizo crisis en 1994, cuando los niveles de importación de calzado
se habían incrementado de manera sostenida, fenómeno que
caracterizaría la primera década de los gobiernos de la
Concertación. En ese contexto asumió la presidencia de Apiccal,
Magaly Poseck, dirigenta y empresaria del sector, que fue reemplazada
por Hugo Salazar, que preside la entidad actualmente.
LA ALEGRÍA QUE NUNCA LLEGÓ
La llegada de la anhelada democracia tuvo sabor amargo para los microempresarios,
en especial para los del cuero y calzado. Comprobaron muy pronto que la
Concertación no sólo no cambiaría el modelo económico
implantado por la dictadura, sino que lo profundizaría más.
Y fue justamente a partir de 1990, cuando se agudizó la crisis
del rubro con el incremento explosivo de las importaciones de calzado,
situación que se acrecentó durante la década de los
90.
Para Guillermo Aravena si bien la crisis se agudizó en 1990, su
origen se remonta a la dictadura militar. En 1977 los Chicago boys implantaron
el modelo neoliberal. "Ellos desmantelaron las bases económicas
del Estado con la venta de la industria nacional, las privatizaciones
y la instauración de una economía abierta. En 1970, el Estado
tenía un 70% del Producto Interno Bruto y los privados un 30%.
Hoy, ese porcentaje es el mismo, pero a la inversa", sostiene.
En los albores del período concertacionista, Apiccal llegó
a un acuerdo en la Cámara de Diputados en una comisión tripartita
compuesta por el Estado, diputados y trabajadores del sector. Se estableció
subir el arancel desde 11% a 21%, en todos los temas concernientes al
cuero y calzado. Paradojalmente, esto tuvo un efecto devastador para la
organización porque significó su paralización y desmovilización
en pos de las demandas y movilizaciones de las asociaciones gremiales.
"En ese momento -cuenta Aravena- teníamos más de 17
mil trabajadores en Apiccal. Pero debido a un funcionamiento superestructural,
la mayoría de los dirigentes gremiales y sindicales se marginaron.
Ello significó que en el período 1994-2000, prácticamente
no tuvimos presencia organizada".
VOLVER A EMPEZAR
Sin embargo, lo peor aún faltaba: el año 2000, en pleno
gobierno de Lagos, Chile importaba treinta millones de pares de zapatos,
de los que 17 millones llegaron a un valor de 50 centavos de dólar.
Este fue un tiro de gracia para los productores del cuero y calzado, quienes
tocaron fondo en su crisis. La situación era gravísima,
producto de la quiebra masiva de tiendas, lo que provocó desesperación.
Abrumados por esta cruda realidad, se suicidaron diez microempresarios
quienes sucumbieron ante el modelo económico.
Era la gota que rebasó el vaso y la organización despertó
de su sueño. En septiembre de ese año 700 microempresarios
de la calle Victoria de la capital realizaron la primera movilización.
Cerraron sus negocios y pusieron banderas negras en las tiendas. Era una
manera de protestar por la muerte de sus compañeros, contra la
injusticia y miseria provocadas por la invasión del calzado importado.
Fue en ese contexto que realizaron una manifestación en la Plaza
de la Constitución. Según cuentan Guillermo Aravena e Imanol
Ibarrondo: "Fuimos recibidos en La Moneda por los ex ministros de
la Secretaría General de la Presidencia y de Economía, Alvaro
García y José de Gregorio, quienes se comprometieron a conformar,
en un plazo de treinta días, una comisión de trabajo para
solucionar los problemas".
El compromiso no se cumplió y fueron derivados al encargado de
comercio exterior del Ministerio de Economía, Roberto Paiva. Este
les aclaró que sólo tenía facultad para tratar temas
menores, como el rotulado del calzado. "Este es un problema ínfimo
en el contexto de nuestras demandas -señala Aravena- que tienen
que ver con las exportaciones desleales, el dumping y la subfacturación.
Además, está la falta de fiscalización por Aduanas
y el Servicio de Impuestos Internos, a los productos importados, que entran
al país en forma indiscriminada".
Luego de este fracaso se aliaron con las Pyme de calle Patronato, compuestas
por alrededor de cinco mil microempresarios textiles y realizaron una
nueva manifestación en la Plaza de la Constitución el 14
de marzo del 2001. Participaron alrededor de 7.500 personas y fueron acompañados
por parlamentarios, Arturo Martínez, presidente de la CUT, Germán
Dastres, presidente de Conupia, y dirigentes de organizaciones gremiales
y sindicales.
Fueron recibidos nuevamente por los ministros Alvaro García y José
de Gregorio, quienes los invitaron a participar en una reunión
del comité establecido por el gobierno. Como sus problemas tampoco
fueron escuchados se retiraron del comité junto a veinte dirigentes
de distintas asociaciones gremiales. "A partir de ese momento replanteamos
nuestra situación porque nos dimos cuenta de la ortodoxia económica
de la clase política y de su profunda falta de sensibilidad",
señala Guillermo Aravena.
SITUACIÓN ACTUAL Y
RELACIÓN CON EL GOBIERNO
La evaluación que hacen Aravena e Ibarrondo de la situación
actual, es concluyente. Según contaron a Punto Final, en los doce
años de gobiernos de la Concertación, este sector perdió
cerca de treinta mil puestos de trabajo. Desapareció prácticamente
el 70% de la industria del cuero y calzado. "En 1990, existían
200 curtiembres y quedan 17, de las que cinco se dedican a la exportación
de cuero semiprocesado. Somos el único país del mundo que
exporta cuero crudo", sostiene Imanol Ibarrondo.
El director de Apiccal apunta sus dardos contra el gobierno y se queja
porque no han recibido ninguna ayuda. "En mi opinión el señor
Lagos ha traicionado a los trabajadores. El y quienes lo acompañan
en el gobierno vivieron un exilio dorado y regresaron pensando de manera
totalmente diferente". Según él hoy aplican ese pensamiento
y destruyen la industria nacional, en circunstancias que durante la campaña
presidencial Lagos se comprometió a defenderla de la competencia
desleal de las importaciones.
También prometió que apoyaría a las Mipyme, que crearía
un banco especial para fomentar este sector. "Pero no ha cumplido
nada", señala. "No le importa que en nuestro gremio,
al igual que en todas las Mipyme, hay una familia detrás de cada
empresa; seres humanos que viven de este trabajo, sostiene Ibarrondo.
Para Guillermo Aravena, las autoridades económicas deben abrir
los ojos y mirar el mundo. En Europa el Estado es fuerte y solidario y
apoya a las micro y pequeñas empresas. Después de los atentados
a las Torres Gemelas, la ministra de Economía del gobierno de Bush
llamó a preferir los productos norteamericanos y el Estado actuó
de manera decidida para enfrentar la recesión. Cuando Estados Unidos
invadió Afganistán, todos los países cerraron sus
fronteras económicas. Chile hace todo lo contrario, porque este
gobierno es más papista que el Papa. "La clase política
ha traicionado a los chilenos y mancillado la soberanía nacional
al entregar al capital foráneo nuestros recursos naturales, las
principales empresas y destruido la industria nacional", sentencia
Aravena.
FUTURO DE LUCHA
Como se sintieron traicionados decidieron pasar a la acción. El
objetivo de los dirigentes de Apiccal es desarrollar un proceso de acumulación
de fuerzas que les permita enfrentar el futuro en otras condiciones. "Nos
hemos propuesto crecer como organización y consolidarnos para constituirnos
en una especie de marca registrada que represente al producto nacional",
señala Guillermo Aravena.
La movilización social será una de sus principales formas
de lucha. Seguirán vendiendo sus productos en forma directa, a
pesar de que no cuentan con autorización del alcalde de Santiago,
Joaquín Lavín, para nuevas ferias en la calle Victoria.
Se instalarán el 18 y 25 de mayo en el paradero 1 de Gran Avenida.
Piensan que deben hacer conciencia que es fundamental preferir el producto
nacional, porque se estará ayudando a generar trabajo estable.
"Comprar un producto nacional es hacer soberanía, nos permite
pensar en un Chile diferente: más justo y ético", indican.
Impulsan junto a otras asociaciones gremiales una campaña nacional
en defensa de la industria, el producto y el empleo. Para ello crearon
la Multigremial Nacional Democrática de las Mipyme. Esta organización
la preside Juan Carlos Arellano y agrupa a las micro y pequeñas
empresas de diferentes ámbitos productivos.
Comprendieron que dependen de sus propias fuerzas. Las autoridades económicas
los han condenado a morir. El diagnóstico es que no pueden existir
dentro del modelo.
Guillermo Aravena e Imanol Ibarrondo no están de acuerdo. Piensan
que no todo está perdido y que el futuro seguirá dependiendo
en gran medida de ellos mismos. "Vivimos en un país hipócrita.
Esos mismos Opus Dei que dicen defender la familia, han sido promotores
de un modelo económico que ha destruido a la familia a través
de la represión y la destrucción de la industria nacional.
Ese es el modelo que hoy administra y defiende la Concertación",
dicen
MANUEL HOLZAPFEL G.
(*) En 1999 existían 483.670 microempresas formalmente constituidas;
78.884 empresas pequeñas, 9.825 medianas y 4.126 grandes. A este
total, habría que agregar las microempresas informales (que no
tributan), que en ese año se estimaban en alrededor de 400.000.
Todas suman 976.505 unidades productivas.
De 5,2 millones de trabajadores ocupados en 1997, el 77% lo estaba en
el segmento de pequeñas y microempresas (formales e informales).
El 13% del empleo es generado por empresas medianas y sólo el 10%
por las grandes. (Fuente: Servicio de Cooperación Técnica,
Sercotec).
LECTURA DE Foto
GUILLERMO Aravena, secretario general de la Asociación de Productores
del Cuero y Calzado (Apiccal).
PF
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