Se encerró en su mansión en un elegante barrio de la ciudad de Santa Cruz y murió en definitiva como un perseguido por la justicia internacional. Tampoco pudo, como era su más ferviente deseo después de ser elegido para la presidencia de Bolivia, alcanzar la absolución del pueblo boliviano de la responsabilidad que le cupo en los asesinatos, persecuciones y torturas de su dictadura; del feroz endeudamiento del Estado, de los negociados y del nepotismo al por mayor regentado por su mujer; de que durante su dictadura (1971-1978) se inició la producción de coca en gran escala para su transformación en cocaína y sus derivados y otros etcéteras más. Aspiraba a ser considerado como un estadista demócrata y pasará a la historia como un dictadorzuelo más, sin pena ni gloria. Uno de los casos en que se basa la orden del juez federal Rodolfo Canicoba de Argentina, para tomarle declaraciones al general Banzer, es la acusación de su presunta injerencia, como parte del Plan Cóndor, en la tortura y asesinato de los esposos Joaquín Lucas López y Graciela Rutilo Artés y el rapto de la hija de ambos, Carla de quince meses. El primero, de nacionalidad uruguaya, fue asesinado en Cochabamba el 17 de septiembre de 1976 junto al boliviano Pedro Zilvetti, secretario del ex presidente general Juan José Torres. Graciela, de nacionalidad argentina, y su hija fueron detenidas en Oruro y sufrieron un penoso y trágico peregrinar por distintos locales policiales y Hogares de Niños en La Paz. De allí fueron conducidas hasta la frontera con Argentina en Villazón y entregadas ambas al ejército argentino. Junto a ellas también fueron entregados los detenidos uruguayos Efraín Villa Isola y Luis Stamponi. Todos asesinados en el centro clandestino de Automotores Orletti de Buenos Aires. La niña fue apropiada por Alfredo Ruffo, miembro de la banda de Aníbal Gordon. Y finalmente rescatada por la tenaz lucha de su abuela, Matilde Artés. El cuerpo de Graciela aún permanece "desaparecido". Por los telegramas cursados por las autoridades bolivianas con la dictadura uruguaya y las gestiones realizadas en La Paz para enviar a la niña a las autoridades argentinas y la visita que hiciera el dictador Jorge Rafael Videla a Bolivia es claro que el general Hugo Banzer contribuía de esa manera al "funcionamiento" del Plan Cóndor. Sobre estos hechos y otros el juez Canicoba pensaba interrogar al general Hugo Banzer. Una vez que Carla estuvo recluída en el orfelinato, las autoridades policiales tuvieron dificultades para retirar a la pequeña. Fuertes influencias tuvieron que utilizar para cumplir las órdenes superiores. No hay que olvidar que en ese entonces la esposa del general Banzer, Yolanda Pradas, tenía a su cargo todo lo referente a problemas de familias y de menores. Quizá "la primera dama" tenga también algo que decir al respecto.
Y a estos hay que agregar el asesinato de Marcelo Quiroga Santa Cruz, como castigo por el juicio de responsabilidades que iniciara en el Parlamento contra el general Hugo Banzer, y el asesinato del general Juan José Torres, exiliado en Buenos Aires. Y cientos más porque la lista es larga. Lo que llama la atención es la falta aún en Bolivia de una identificación de todos los autores materiales e intelectuales de los crímenes de la dictadura. De la vigencia aún de decenas de jóvenes, estudiantes, sindicalistas, dirigentes políticos "desaparecidos". Entre ellos los restos del mismo Quiroga Santa Cruz y lo de Carlos Flores Bedregal. Las generaciones futuras tendrán bastante dificultad para interpretar los contenidos políticos y sociales de la gestión del "banzerato" y la posterior del "dictador elegido", al decir de su biógrafo no autorizado, Martin Sivak. Porque no tendrán a su disposición textos y/o libros de su autoría. Igual que Víctor Paz Estenssoro, Banzer no deja ningún libro donde expusiera su "pensamiento político". Y no fue por falta de oportunidades, ya que Banzer como Víctor Paz Estenssoro son los bolivianos que durante más tiempo ocuparon el sillón presidencial, y aún desde el llano ejercieron una influencia notoria sobre el acontecer político. Los discursos que pronunciaron fueron obra de sus asesores, como está comprobado. La mediocridad de la trayectoria de Banzer Suárez -más visible y acentuada en el último período- se evidencia cuando una vez desaparecido políticamente, sus epígonos en los hechos ya forman un nuevo partido. ¿Qué queda al final de una vida dedicada a la política? La nada, el vacío, salvo el enriquecimiento ilícito de él y de su familia. Ningún estudioso boliviano o extranjero tendrá testimonios válidos para indagar en el pensamiento político del ex dictador. WASHINGTON ESTELLANO En La Paz
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