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Reforma a la salud
ESPERANDO AL DOCTOR LAGOS
Según se ha dicho, el presidente de la República, Ricardo
Lagos, hará anuncios sustantivos en materia de reforma a la salud
y su financiamiento en el Mensaje del 21 de mayo ante el Congreso Pleno.
Así lo prometió hace un año cuando declaró
que daría prioridad a la atención de salud primaria y al
acceso igualitario al sistema.
Entretanto aumenta la confusión en torno al Plan Auge, presentado
como elemento central del proyecto y crece la oscuridad en materia de
financiamiento. Existen serias discrepancias en cuanto al costo efectivo
de la reforma. La oposición de los gremios de la salud culminó
en un acuerdo con el gobierno para realizar un estudio global y discutir
específicamente los anteproyectos que se enviarán al Congreso.
En el acuerdo no se menciona al Plan Auge. Algunos dirigentes lo dan por
"muerto". El ministro de Salud, Osvaldo Artaza, lo niega y el
presidente de la República sigue haciendo la defensa del plan.
El compromiso con los gremios de la salud fue la culminación de
una seguidilla de errores y equívocos que pusieron en tela de juicio
la seriedad de la iniciativa considerada por el gobierno como la más
importante de su gestión. Mucho de esto se pudo evitar si se hubiera
hecho realidad la participación en el proyecto y se hubiera escuchado
a la gente. Al no hacerlo, el Ejecutivo pecó de soberbia y liviandad.
Hasta ahora han primado el "show" y las técnicas del
"marketing" sobre el debate informado y serio.
Desde el comienzo del gobierno del presidente Lagos se habla de reforma
del sistema de salud. No alcanzó a nacer durante el ejercicio de
la ministra Michelle Bachelet por discrepancias, según se dijo,
entre ella y el doctor Hernán Sandoval, supuesto "creador"
de la reforma, hombre muy cercano al presidente de la República,
debido a las orientaciones neoliberales de éste. El nombramiento
como ministro del doctor Osvaldo Artaza significó luz verde para
una reforma ya preparada. Por los retazos y vaguedades que se conocen
al parecer no cambiará en lo medular el modelo de salud pública
impuesto por la dictadura que rompió el principio de solidaridad
y que permite el libre funcionamiento de las Isapres, factor principal
en la mercantilización de la medicina chilena.
Los trabajadores de la salud temen que se busque una fuerte reducción
del gasto fiscal, de acuerdo a las orientaciones del Fondo Monetario Internacional
, de la Organización Mundial de la Salud y de la Organización
Panamericana de la Salud que siguen los lineamientos del FMI y del Banco
Mundial.
Las aprensiones son justificadas. Es evidente que el gobierno aplica el
modelo neoliberal en los ámbitos más variados y tratará,
por supuesto, de hacerlo también en salud. Algunos médicos
sostienen que los trabajadores del sistema público se convertirán
en muchos casos en empleados de las aseguradoras que ocuparán la
infraestructura y equipamiento públicos.
En materia de financiamiento, las discrepancias en la propia Concertación
son de envergadura. Mayoritariamente la Democracia Cristiana afirma que
no deben tocarse los fondos de las Isapres, mientras un sector minoritario
defiende el principio de solidaridad mediante la creación de un
fondo común, financiado incluso con impuestos. En ese partido no
faltan opiniones peligrosas como las del diputado Jorge Burgos que opina
que debería privatizarse la Empresa Nacional del Petróleo
(Enap) para financiar la reforma.
El tema de la salud es crucial para la inmensa mayoría de la población.
La percepción general es que tanto el sistema público como
el privado no proporcionan una efectiva protección ante el evento
de una enfermedad, que suele convertirse en una verdadera catástrofe
familiar por el costo y dificultades de atención. Según
el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) más de
la mitad de los chilenos no recibe protección social, entendida
ésta como una adecuada cobertura para las necesidades de salud,
educación, previsión social y seguro contra el desempleo.
Por falta de recursos, medicamentos, equipos y personal calificado el
sistema público se ve desbordado por la demanda mayoritaria de
la población incluyendo afiliados a Isapres mientras el sistema
privado actúa de manera discriminatoria frente a las personas con
mayor riesgo de salud, regatea el tratamiento de las enfermedades catastróficas
y pone en primer plano el lucro antes que la salud de las personas.
El costo de los medicamentos constituye otra fuente de desprotección,
en beneficio de consorcios farmacéuticos que operan conforme a
las leyes del mercado.
Los personales de la salud -médicos, otros profesionales y trabajadores
de apoyo- se esfuerzan por entregar a los pacientes niveles adecuados
de atención. Lo demuestran los resultados. Las estadísticas
de salud pública en Chile se ubican entre las mejores del continente
y a la par con países de similar desarrollo relativo. Pero también
la mercantilización de la medicina actúa como foco de atracción
y elemento distorsionador de conductas y responsabilidades que en muchos
casos degradan la noble función social de la medicina.
Desde hace muchas décadas el tema de la salud ha sido preocupación
principal de la acción política. Hace 63 años, un
joven médico, el doctor Salvador Allende Gossens, que era ministro
de Salubridad del gobierno del Frente Popular, escribía que era
necesario "devolver al pueblo trabajador su vitalidad física,
sus condiciones de virilidad y salud que ayer fueran su característica
sobresaliente; readquirir la capacidad fisiológica de pueblo fuerte,
recobrar su inmunidad a las epidemias, todo lo cual habrá de permitir
un mayor rendimiento de la producción nacional a la vez que una
mejor disposición de ánimo para vivir y apreciar la vida".
Agregaba: "Un pueblo vitalizado, sano y culto, he aquí la
consigna a la cual debemos atenernos todos los chilenos que anhelamos
ardientemente servir a la patria y que luchamos sin descanso porque el
pueblo supere la etapa de explotación y de ignorancia en que ha
vegetado".
Son palabras de otra época pero que conservan, sin embargo, validez
esencial. Allende honró a lo largo de su vida la profesión
médica. Contribuyó decisivamente a la creación del
Servicio Nacional de Salud que tuvo papel determinante en la atención
y mejoramiento de la salud de los chilenos hasta el golpe militar. La
dictadura de Pinochet -por el contrario- efectuó una tarea demoledora
e impuso un retroceso que no se ha podido superar.
La reforma de la salud debería ser una oportunidad para recuperar
el terreno perdido, ajustándose a las nuevas condiciones. Una reforma
basada en la solidaridad y en la excelencia, en la prevención y
el tratamiento del mejor nivel para todos los enfermos, sin considerar
sus ingresos o situación social. El fortalecimiento de la atención
primaria y su coordinación con el sistema hospitalario, dotado
de recursos y equipos humanos y tecnológicos adecuados. Es, sin
duda, una tarea compleja que debe ser abordada cuidadosamente, discutida
y analizada por trabajadores, técnicos y la comunidad organizada.
El mejor plan de reforma no funcionará sin mayor financiamiento.
Por otra parte, los más abundantes recursos se harán escasos
si no se racionaliza y optimiza su utilización. El mejor plan y
el mejor financiamiento -a su vez- fracasarán si los médicos,
los demás profesionales de la salud y el personal de apoyo no responden
con un entusiasmo nacido del convencimiento de la tarea que les encomienda
el país.
El tema de la salud es el tema del ser humano. Todos los sectores políticos
-ya sean de gobierno u oposición- deben hacer un esfuerzo para
tratarlo desde esa perspectiva. Un tema mayor que exige que el bien común
sea el horizonte de la discusión por sobre cualquier otro interés
por influyente y poderoso que este sea
PF
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