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FRANCIA El espectro del fascismo
La conmemoración del 1º de Mayo mostró un movimiento social listo para enfrentarse al nacional populismo y las tendencias fascistas. De hecho, la movilización francesa por el Día del Trabajador fue masiva: más de un millón y medio de personas en las calles. La amplitud de las manifestaciones hizo recordar otras coyunturas históricas: la liberación de 1945 o mayo de 1968. Este rechazo a la extrema derecha se ha confirmado en las urnas con "solamente" un 19,86% de abstención (contra 28,4% de la primera vuelta) y una clara derrota del Frente Nacional (FN). Con 17,85% del electorado, la ultra derecha no reunió muchos más votos que en la primera vuelta (14.400 votos más). Haciendo proyecciones sobre los resultados, su candidato, Le Pen, había declarado: "Bajo un 30%, sería una derrota personal para mí y para Francia". El domingo se negó a efectuar comentarios y expresó su descontento, calificando la victoria de Chirac de "equívoca" y "adquirida con métodos soviéticos". El candidato del FN ridiculizó a "la coalición inmoral que se ha reunido detrás del súper mentiroso" y advirtió que "el bloque nacional se ha reforzado en porcentaje y en voz". En vista de las elecciones legislativas de junio llamó a los "excluidos" y "lastimados" a movilizarse en favor de su partido. Objetivamente, el FN sale con bastiones electorales consolidados: en porcentaje obtiene más de un 25% en 7 departamentos y 20 a 25% en otros 27. El mayor ascenso se registró en la región Pas-de-Calais, en el norte. Este dio al Frente Nacional una inserción en antiguos bastiones comunistas, como la ciudad de Calais. Es evidente la relación entre este proceso y el hecho de que esta ciudad se encuentra sometida a fuerte desempleo, después de varios años de gobierno de la Izquierda donde participaba el PC francés. Enterado de su victoria, Jacques Chirac, durante su discurso en la Plaza de la República, en París, tomó posturas gaullistas. Declaró solemnemente: "He entendido el llamado para que la política cambie". Hay que recordar que el presidente está acusado de corrupción y malversaciones. Su reelección le da una nueva imagen pública y una renovada legitimidad política. La llamada "izquierda plural"(*), tras haber apoyado la elección de su principal adversario, ha tratado de presentarse nuevamente como su opositora. La primera intervención del PS subrayó que sería "un error grave" de parte del presidente apoyarse en el 82% de votos para fomentar una política que recibió menos del 20% en la primera vuelta. Para el primer secretario del PS, esta elección fue solamente un "referéndum" contra Le Pen, pero una legitimación de Chirac. François Hollande, saludó la "movilización cívica" y llamó a la unidad de la Izquierda para enfrentar las elecciones legislativas de junio. Reconoció el desastre de los resultados del PS y se refirió a la necesidad de mayor preocupación por los servicios públicos, el poder adquisitivo y la mundialización. En la derecha, las maniobras están en pleno desarrollo con el fin de encontrar una mayoría estable. El liberal Jean Pierre Raffarin, primer ministro que reemplazó al socialista Lionel Jospin, está instalado en su sillón de manera temporal. Son las legislativas, las que determinarán la composición del futuro gobierno. El temor de la derecha es el papel de árbitro que va a jugar el FN en más de 230 circunscripciones, con el riesgo de división de los votos que podría significar un nuevo auge de la "izquierda plural" en el Parlamento y una nueva cohabitación. El sueño de Chirac sería unificar a los diversos componentes de la derecha parlamentaria bajo la dirección de uno de sus cercanos, Alain Juppé (antiguo primer ministro que cayó durante las grandes huelgas de diciembre de 1995). Esta meta, definida como táctica de "mayoría de acción", parece difícil cuando se sabe de las discrepancias y del grado de arribismo existente entre los jefes políticos derechistas. Del lado de la Izquierda revolucionaria (trotskista), las consignas de votos de Lucha Obrera (LO) que llamaban al voto blanco, no fueron seguidas masivamente (5,41% de votos blancos o nulos en la metrópoli). El 5 de mayo, Arlette Laguiller, incansable representante de LO, se burló de la "prostitución" de los dirigentes de Izquierda en su apoyo a Chirac y declaró: "Hay que saber que, en particular en las empresas, numerosos trabajadores, militantes o electores del PC, se negaban a votar por Chirac. Si su cantidad no es suficiente para aparecer en las estadísticas, éstos contarán seguramente en las luchas que vienen". En cuanto a la Liga Comunista Revolucionaria (LCR), quedó en una posición ambigua: presentándose favorable a "un voto contra Le Pen" pero negándose a una consigna de voto por Chirac. A pesar de eso, si estas organizaciones son capaces de seguir la dinámica que les han otorgado cerca de tres millones de votos en la primera vuelta, podrían jugar un importante papel en los próximos acontecimientos. En su postura contra las políticas neoliberales podrían dar voz a la desilusión y al deseo popular de una Izquierda que sea "realmente de Izquierda". En sus últimas declaraciones, estas organizaciones recordaron tanto a la derecha como a la Izquierda gubernamental su responsabilidad en el desarrollo de las opiniones racistas y ultra derechistas. Olivier Besancenot (LCR), participó con el PC, ecologistas, sindicatos y asociaciones en una manifestación el día de la elección de Chirac. Llegando a la Bastilla entre seis mil y diez mil personas, fue la ocasión en la que el joven candidato de la Liga se dijera listo para "preparar una huelga general como en Italia". Claramente el programa de Chirac está orientado hacia una política ultra liberal, siguiendo dos puntos centrales: la seguridad ciudadana, el aumento de los efectivos policiales y la rebaja de impuestos (supuestamente para favorecer las inversiones). Los cinco años que vienen anuncian un nuevo ciclo de desregularizaciones sociales y flexibilización del trabajo. En este cuadro, los socialdemócratas intentan mostrarse como única alternativa válida, evadiendo así el necesario balance de sus tres años de gobierno y el rechazo del electorado. De otra parte, un hito histórico tan importante como es la aplastante derrota del Partido Comunista (3,3% en la primera vuelta) es bastante olvidado en diferentes análisis. Una página acaba de ser doblada: la casi liquidación del que fue uno de los primeros partidos obreros del mundo, deja un espacio político por el momento vacío. El movimiento social deber ser capaz de llenarlo y proponer estrategias políticas y organizativas de corto y mediano plazo para ocuparlo, sin lo cual demagogos como Le Pen podrían apropiárselo para su comercio político. Si intentamos mirar estos acontecimientos a nivel europeo, lo menos que podemos constatar es una grave crisis de las democracias representativas occidentales, sobre el fondo de un capitalismo salvaje, una inseguridad económica generalizada, la pérdida de las identidades tradicionales (incluida la de la clase obrera) y la sensación de impotencia de los ciudadanos ante las transnacionales. El auge del nacional populismo en Austria, Holanda, Dinamarca, Portugal, Italia y ahora su consolidación parcial en Francia, simboliza la desorientación y desesperación de numerosas fracciones de las clases populares. Alrededor de las cerradas fronteras de la Unión Europea, países como Hungría o Rusia conocen procesos de chauvinismo y xenofobia similares. En la actualidad, la Unión Europea es esencialmente un mercado integrado, preocupado sobre todo por las ganancias de sus accionistas. La institucionalidad europea burocratizada y sin legitimidad democrática, vista como una herramienta de liberalización de la economía, sirve a los ultranacionalistas para justificar sus odios, su ideología del repliegue sobre sí mismo, su intolerancia. A nivel nacional, la poca diferencia entre las prácticas de la Izquierda y la derecha gobernantes, que aplican de manera ciega privatizaciones, desmantelamiento de los servicios públicos, los despidos abusivos, ha permitido esta grave crisis política. La única manera de combatir este proceso de manera consecuente, consiste en la recomposición de un tejido social lastimado por las últimas décadas de liberalización económica. Hoy el movimiento sindical francés y europeo se encuentra en difícil situación y con muy poca representatividad. Uno de los caminos para luchar contra el espectro del fascismo en Europa pasa necesariamente por la rearticulación de las organizaciones de los trabajadores y, como decía el recién fallecido sociólogo Pierre Bourdieu, por la creación de un verdadero movimiento social europeo FRANCK GAUDICHAUD (*) Es decir los partidos de Izquierda que hacían parte del gobierno de Jospin: PS-PC-Ecologistas (Verts)-MDC (republicanos nacionalistas).
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