El trueque llega a Chile

VIVIR SIN DINERO

Una fiesta familiar al aire libre es la Feria del Trueque de San Bernardo, que hace un año y medio reúne a varios cientos de personas los primeros sábados de cada mes. Esto, en los prados de El Canelo de Nos, con un marco de árboles añosos. A las tres y media de la tarde comienzan a llegar grupos de personas que instalan pequeñas mesas o extienden mantas sobre el pasto donde colocan sus creaciones artesanales, libros, casetes y discos compactos, cuadernos, frutas en conserva y mermeladas caseras, ropas de segunda mano, zapatos artesanales y usados, lanas, antigüedades, caracolas, queques, pan amasado, sanwichs, porotos, tomates y pimentones, entre muchos objetos dispuestos a ser trocados por otros bienes, servicios o conocimientos. O bien, por uno, cinco, diez o más "canelos". El "canelo" es el vale, bono o "moneda social" equivalente a un kilo de pan (alrededor de 500 pesos), que se usa como valor de referencia, sólo para estos efectos. Es un simple papel impreso, con el timbre y firma de la institución. Porque aquí no tiene entrada el dinero.
Lo que sí hay es tiempo para conversar y compartir, mientras un animador explica las bases de este original mercado, entre salsa y salsa, u otros ritmos tropicales que se escuchan por los altoparlantes. Los niños aprovechan la amplitud del espacio para correr y saltar, mientras las abuelas se entretienen contemplando el ajetreo "mercantil" desde cómodas sillas de descanso.

La participación es abierta. O sea, cualquiera puede llegar y convertirse... no en un consumidor, sino en un "prosumidor", que es el nuevo concepto acuñado dentro de esta reactualizada modalidad de trueque, según la cual los individuos asumen simultáneamente dos funciones: producir (o crear) y consumir (para mantenerse, gozar de mayor bienestar y seguir creando). Eso, sobre la base de la solidaridad, del gusto de compartir, de respetar y apreciar lo que es y hace el otro, de confesar sin vergüenza lo que a cada cual le hace falta. Es también una forma de pasarlo mejor y de regresar a la casa con otro ánimo.
ALEJANDRO Salinas, coordinador de la Feria del Trueque de San Bernardo, en plena actividad.  

En la feria que nació bajo el alero de la Corporación El Canelo de Nos hay dos modalidades de trueque. Una, que los organizadores estimulan en forma preferente, es el intercambio directo entre dos personas, basado en el mutuo acuerdo. Si ello no ocurre, ya sea porque en ese momento nadie se interesa en lo que la persona quiere trocar o porque ésta no queda conforme con las alternativas de cambio, puede acudir al Banco Social (emisor de canelos), que se instala cerca de las cinco de la tarde. El "banco" no es más que una mesa (ni siquiera mesón) donde podrá dejar su objeto de trueque, en calidad de venta o prenda, y recibirá a cambio la cantidad de "canelos" que estima que éste vale, con los cuales podrá adquirir otros productos. Para realizar esa transacción, el "cliente" tiene que llenar previamente una ficha con su nombre, dirección y actividad, además de enumerar los productos o servicios que ofrece, y aquellos que necesita. Si al cabo de un mes las personas no vuelven a reclamar sus prendas (bienes o servicios), el Banco Social las rematará en la próxima feria. Así recupera los "canelos" que proporcionó y pone los bienes en circulación.

"Este sistema permite que la masa desempleada participe en la actividad económica mediante la valorización de su capacidades, destrezas u oficios. Tanto microempresarios como trabajadores pueden realizarse laboralmente en este mercado alternativo complementario. Un gásfiter, por ejemplo, tiene la posibilidad de trocar su trabajo por comida, vestuario, libros u otros servicios. Hay dentistas que cambian un tratamiento dental por un televisor de segunda mano, médicos que prestan atenciones generales y podólogos que ofrecen sus servicios a cambio de plantas ornamentales u otros bienes. No sólo se trata de consumir, también de dignificar a las personas en su condición de trabajadores desempleados en el sistema formal", explica Alejandro Salinas, de la Corporación El Canelo de Nos y coordinador de la Feria del Trueque de San Bernardo.
LA señora Aba Salinas ofrece adornos para el hogar. Llama la atención de otra "prosumidora", quien llevó a la feria apetitosos sandwichs, a un canelo cada uno.

Dice que en cada feria se reúnen entre 300 a 500 personas, en su mayoría de la zona sur de Santiago.
La milenaria práctica del trueque, que se reinventó en Argentina en los '90, donde ha tenido un crecimiento explosivo como consecuencia de la crisis económica y el desempleo, se ha extendido progresivamente a otros países de la región, en especial a Brasil, Uruguay, Paraguay y Chile. Hoy se truecan desde un kilo de papas o un puñado de lentejas hasta atención dental y médica, clases de recuperación, terrenos, casas y trabajos de gasfitería y carpintería. También surgió en Argentina la Red Global del Trueque, a la que se han ido integrando distintas experiencias que sitúan valores éticos, humanistas y ecológicos por sobre los dictados del mercado, el consumismo y beneficios de corto plazo. Si bien en nuestro país el trueque aún tiene un desarrollo incipiente, se han multiplicado las iniciativas en los últimos meses. Están funcionando ferias de trueque en las comunas de San Bernardo, La Reina, La Pintana, Paine y Maipú -dentro de la Región Metropolitana-, como también en Temuco, Padre Las Casas, Nueva Imperial, Angol, Collipulli, San Javier, Valparaíso y San Felipe.
"Nuestra realización como seres humanos no necesita estar condicionada por el dinero". Ese es uno de los principios básicos de la Red Global del Trueque. En definitiva, se revaloriza la persona, su trabajo -sea o no remunerado- y su capacidad de crear. "Este sistema está basado en la solidaridad, complementariedad y dignificación de las personas, y en cierta medida ayuda a superar la depresión sicológica que se produce en quienes están excluidos del mercado del trabajo", dice Salinas.

Cada grupo, club de trueque o nodo -este nombre viene de la organización en red- adopta el sistema de funcionamiento que deciden libremente sus integrantes. El valor en moneda social de los bienes o servicios que se desea intercambiar lo define quien los ofrece, y luego se regulan de acuerdo con la ley de la oferta y la demanda.
CHRISTIAN Palma, del nodo Alcahuala de Valparaíso, de visita en El Canelo de Nos.  

FERIA DE VARIEDADES
Entre los trocadores que llegan a la feria de San Bernardo, la más antigua y constante de las existentes en el país, hay gente de distinta condición social, así como diversos niveles de necesidades y motivaciones. Pese a las diferencias, la mayoría está unida por la carencia de empleo, bajos ingresos o trabajo precario. Hay dueñas de casa, como Hortensia Ovalle, de Nos, que ha estado en las 17 ferias efectuadas en El Canelo. Ha trocado ropas, queques, pan y empanadas por plantas, ropa para sus hijos y verduras. "Lo que más me sirven son los alimentos y todo lo que puede ser útil en una casa -dice-. He llevado papas, zapallos, porotos, tazas, platos... El trueque ayuda bastante, pero además sirve para entretenerse. Uno se relaja, conversa con gente distinta a la que ve todos los días y aprende algo más de cómo viven otras personas".
Zunilda Cifuentes, otra dueña de casa de San Bernardo, casada con un contratista de la construcción, también participa regularmente, junto con su hija. Fabrican artesanía que cambian principalmente por ropa.
Para Carlos Saldivia, tallador en madera de 46 años, ésta es su quinta feria. Vino con su esposa, una educadora de párvulos sin trabajo; sus dos hijas -de 4 años y 9 meses, respectivamente-, más dos amigas que asisten por primera vez. Carlos hace hermosos retablos y originales máscaras en madera de avellano y ciruelillo, que trae de Chiloé. Tuvo empleo asalariado hasta 1995, primero como operador de máquinas en una fábrica de envases de vidrio y luego en una empresa de publicidad. Después se dedicó a la artesanía. "Me gusta venir aquí, porque uno sale del circuito del dinero. He trocado mis tallados por ropa, mercadería, mermeladas, zapatos. Todo sirve, uno va haciendo distintos tipos de trueque de acuerdo con la necesidad que tenga", explica.

La señora Aba Salinas, de 77 años, viene de la población Portales Oriente, de San Bernardo, con un surtido de adornos para colgar que ella fabrica con telas, cintas y blondas. Exhibe muñecas, trenzas de ajo y zapatillas que cotiza a valores que van de 1 canelo y medio a 4 canelos. "Me entretengo haciendo estas cositas, que me gustaría cambiar por alimentos", señala. En su casa se maneja muy poca plata. Entre ella y su marido viven de sus pensiones, que suman 112 mil pesos mensuales, y tienen que apoyar a una hija, jefa de hogar, también dedicada a la artesanía. Muy de clase media se ve un matrimonio argentino con 20 años de residencia en Chile, que se pliega por primera vez a esta actividad, junto con sus hijos. Trabajan como miniempresarios del rubro gastronómico. Para la feria prepararon lazañas en porciones individuales y un enorme pie de limón. "Lo más importante es que está hecho con amor", dice ella, mientras corta el pastel en trozos, a un canelo cada uno. Quieren hacer trueque por calcetines y ropas para los niños, o por aceite, harina, azúcar u otros ingredientes que utilizan normalmente en la elaboración de sus productos.

EL artesano Carlos Saldivia, un asiduo trocador.

 

"Para mí, aparte de ser una recreación y terapia saludable, el trueque es una necesidad", señala Isabel Pailalef. Es escritora, tiene 56 años y está cesante. Ella trueca dos libros de su autoría por alimentos. En otras ocasiones ha vuelto a su casa con paltas, fideos, té, mermeladas. En cambio, para Arturo Navarrete, el trueque es principalmente una entretención a la que se pliega por primera vez, en compañía de su esposa y su guagua. Es ingeniero civil, tiene trabajo y se enteró de la feria por internet. "Hace tiempo sentía la inquietud de tener demasiadas cosas en mi casa que no se ocupan, y que estaban perdiendo valor en circunstancias que podrían prestar utilidad a otros", dice. Sobre el césped desplegó juegos que su hijo ya no utiliza, un tren eléctrico (a 30 canelos), un lector de CD (25 canelos) y un impermeable (30 canelos). La cotización es alta.
Gina Aquea, profesora de artes visuales en la educación formal y de educación popular en El Canelo, señala que están formando una red de servicios. "Tenemos un panel donde la gente se inscribe y anota sus servicios, o lo que requiere. Por ejemplo, hay un profesor de natación que acepta ofertas a cambio de clases. Pero lo que más se necesita es atención médica, porque hay mucha gente que no está en ningún sistema de salud o no puede esperar todo el tiempo que se requiere para acceder a la salud pública". Ella es artista múltiple y ha trocado grabados por atención dental. "Así conocí a una dentista con la que hemos desarrollado una hermosa amistad. La idea es que esta feria no funcione como un centro comercial, sino que se establezcan lazos entre la gente para que posteriormente se contacte en forma directa. Es una agrupación muy libre. Mi hija trae juguetes y los cambia por los de otros niños. En realidad, esta es una manera de jugar, en un espacio distinto", agrega Gina.
Por su parte, Jessica Aravena, de la Corporación El Canelo y coordinadora de la feria, explica que esta actividad se inscribe en el área de economía social de la institución -inspirada en el pensamiento de Paulo Freire- y se creó como un laboratorio para replicar la experiencia en sectores más modestos. Prestan asesoría en distintas localidades y, con apoyo del Fosis, están trabajando en la formación de una red de ferias de trueque en la comuna de La Pintana, en torno a cuatro clubes autónomos, interrelacionados entre sí. Aunque cada feria o club elige la moneda social que usará, de acuerdo con su identidad, se procura mantener la equivalencia con un kilo de pan para posibilitar el intercambio entre distintas comunidades.
En Valparaíso, por ejemplo, se emplean "talentos". Christian Palma, del nodo Calahuala, plantea que hace casi dos años se creó una feria en la ciudad puerto a la que están asistiendo alrededor de 200 personas. Hay otras ferias, semanales y quincenales, en diferentes localidades de la V Región. Los nodos tienen una organización horizontal y funcionan con coordinaciones rotativas. "Muchos trueques se concertan por teléfono o a través de un boletín que publicamos periódicamente", señala el dirigente. Añade que una de las debilidades -común a otras comunidades del país- es la poca disponibilidad de productos de primera necesidad entre los bienes intercambiables. Siempre hay una demanda de alimentos que supera la oferta. Uno de sus desafíos es incorporar emporios y negocios de abarrotes a las ferias

PATRICIA BRAVO



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El modelo argentino


La redes de trueque se comenzaron a impulsar en la Eco 92, en Río de Janeiro, 1992, y en otro evento celebrado el mismo año en Potosí, a partir de experiencias efectuadas en Sao Paulo a mediados de la década de los 80. Las primeras asociaciones se crearon en Buenos Aires en 1994 y al año siguiente surgieron los clubes de trueque en esa ciudad y en Bernal, localidad ubicada a 30 kilómetros de la capital argentina. En la actualidad, la red cubre catorce provincias con 4.500 a 5.000 clubes o nodos en los que participan más de dos millones de personas.
Luis Laporte, uno de los fundadores del club de Bernal y de la Red Gobal de Trueque, participó en el seminario internacional "Cesantía cero", efectuado en El Canelo, donde relató que todo partió con una veintena de ecologistas desocupados. Eran ex empleados bancarios que no sabían hacer otra cosa que trabajos administrativos. "Pero había que recrear el trabajo y propiciar el empleo remunerado. Entonces se nos ocurrió que podíamos comenzar formando huertos orgánicos en los patios de las casas, en terrenos de hasta 4 por 2 metros. Hicimos un programa pro-huerta y el esquema funcionó". Empezaron a intercambiar los excedentes de su producción, a lo que posteriormente se incorporaron muebles, libros y pan casero. Los huertos se multiplicaron en todo el barrio, y la crisis económica hizo el resto. Como moneda social inventaron el "ticket trueque", que pronto derivó en el "crédito". Lo hicieron equivalente al peso argentino, que en ese momento estaba a la par con el dólar. No fue buena idea, porque cuando éste se devaluó, ocurrió lo mismo con los créditos y ahora están pensando en otro tipo de equivalencia. Sin embargo, el sistema se ha fortalecido y se inserta en una búsqueda de alternativas al modelo neoliberal. El Banco Social otorga préstamos (en moneda social) para iniciar pequeños proyectos productivos, como talleres, huertas, criaderos de caracoles, pollos o conejos, que los usuarios devuelven en la misma moneda dentro de un plazo determinado, sin intereses. La amplitud de la red permite adquirir con créditos una gran cantidad de bienes y servicios. En toda Argentina están circulando cien millones de créditos.
Tanto en Buenos Aires como en Sao Paulo, ciudad brasileña donde se ha masificado el trueque, se han establecido convenios con municipios y gobernaciones, lo que ha permitido trocar por trabajo una parte del pago de impuestos, cuentas de servicios públicos y hasta pensiones alimenticias. No obstante, algunos participantes del seminario plantearon el riesgo que las relaciones con instituciones de gobierno y del Estado conduzcan al desarrollo de centros de poder, pérdida de autonomía y de participación democrática en los grupos de trocadores.
Según el modelo aplicado en Argentina, la persona que se incorpora a un club de trueque debe pagar una cuota de ingreso que equivale a menos de un dólar (dos pesos argentinos). Eso le da derecho a participar en las ferias y a un préstamo de 50 créditos que le otorga el club para que se pueda incorporar al circuito. El uso de la moneda social es forzoso para cualquier intercambio, no existe el trueque directo (objeto por objeto).
En la Feria del Trueque de Temuco se utiliza el sistema argentino. La creó hace sólo dos meses una agrupación de artesanos y comenzó a funcionar en el gimnasio municipal con 20 participantes que en una semana aumentaron a 200, principalmente indígenas, campesinos y microempresarios. Héctor Jorquera, uno de los gestores de la iniciativa, opina que el crecimiento se debe, en gran medida, a la falta de recursos. "A cinco minutos del centro de Temuco hay cordones de pobreza donde la gente vive en campamentos, bajo un par de fonolas, y la cesantía sigue en ascenso". En la zona se trocan longanizas y cecinas de fabricación artesanal, el "matahuinca" -un ají preparado con una receta tradicional mapuche-, atenciones ginecológicas y de sicólogos, cortes de pelo, limpieza de caños de estufas a leña y hasta "crediteras" de cuero (en vez de billeteras), fabricadas por artesanos argentinos, mientras en la feria de Nueva Imperial apareció un compost elaborado con excrementos de conejo, de primera calidad. Utilizan créditos como moneda social, con una unidad equivalente a 300 pesos. Las ferias son cerradas, aunque fuera de éstas los prosumidores pueden combinar las monedas (pesos y créditos). "Un mecánico podría formar parte de un club y atender en su taller cobrando la mitad en crédito y la otra mitad en dinero. Por ejemplo, hay un joven de una comunidad de Nueva Imperial que ofrece servicios gastronómicos a los integrantes de los clubes de trueque. Cobra 70% en dinero y 30% en créditos", señala Jorquera. Acaban de suscribir un convenio con el seremi de gobierno para apoyar la gestación de un modelo de trueque que sea fácil de reproducir en otras regiones. Desde el intendente hasta la alcaldesa respaldaron esta actividad ante el cuestionamiento del Servicio de Impuestos Internos de la IX Región, que acusa a las ferias de trueque de emitir dinero y evadir impuestos (IVA).
Según el abogado Sebastián Cox, de la Fundación Forja, "el trueque está amparado por la Constitución y las leyes vigentes. El artículo 19, de garantías constitucionales, establece el derecho a asociarse sin permiso previo, a realizar cualquiera actividad económica que no atente contra la moral y la seguridad nacional, como también impide que el Estado perciba tributos no estipulados en una ley. En consecuencia, como no hay ninguna ley que se refiera al trueque, esta actividad no está sujeta al pago de IVA ni de otro impuesto. No puede haber evasión si el delito no está tipificado".
Durante el seminario, el economista Leonel Tapia, de Cepal, enfatizó que el desarrollo del trueque a mayor escala plantea riesgos, como toda actividad humana, que se deben prever desde sus inicios con sistemas de información transparentes, instrumentos de fiscalización colectiva, participación en la toma de decisiones, mecanismos de control sobre la calidad de los productos que se trocan y para dirimir eventuales conflictos
P.B.

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Entrada a la red


"Bienvenidos a 'La tribu del Trueque' a todos los hermanos y compañeros integrados a nuestra red, pegándole fuerte al sistema consumista y capitalista...". Así comienza el programa conducido por el periodista Félix Fuentes que sale al aire de lunes a viernes en radio El Canelo, de 14 a 15 horas. Allí se anuncian las ferias de trueque y se coordinan intercambios de toda índole.
Otra forma de conectarse con esta actividad es a través de internet, en la página www.trocadero.cl que, aunque está en construcción, entrega información de las ferias y clubes de trueque en todo el país. La feria de Maipú, por ejemplo, funciona los primeros domingos de cada mes, en una plazoleta situada detrás del Templo Votivo. En la comuna de La Pintana hay ferias en los sectores El Castillo y Millaray 2. Próximamente se inaugurarán también en los sectores Santa Magdalena y San Ricardo.
En Valparaíso, hay trueque todos los jueves, a las 19 horas, en la capilla San Luis. Y el primer sábado de cada mes se instala una gran feria en el Colegio Santa Teresita de Lisiú (cerro Concepción), de 16 a 18 horas. Se puede contactar a Christian Palma, del nodo Calahuala, en el fono (32) 229477 o en el correo electrónico itinerante@terra.cl. En Temuco, la feria funciona los lunes, de 15 a 17 horas, en el Gimnasio Municipal B. O'Higgins (Angélica Malgue Pardo, fono 09-5591839). Y en San Bernardo, los primeros sábados de cada mes, de 15 a 18 horas, en El Canelo de Nos, av. Portales 3020 (Alejandro Salinas, fono 8571943)

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