Responso para Enrique Volpe


"Siento la humillación de caminar sin rumbo como un mendigo en estos pueblos de la indiferencia mientras sueño con esos corceles que galopan dentro de la luz de la gran estrella..."

Enrique Volpe Mossotti falleció el jueves 9 de mayo, a las 10 de la mañana en su residencia. Se hallaba solo con su madre de ochenta y siete años de edad. Lo fulminó un coma diabético seguido de un paro cardíaco. A sus costados, como al alcance de las manos, un par de pistolas. La noche anterior había estado hablando con nuestros colegas Enrique Germán Liñero y Manuel Silva Acevedo sin evitar demostrar desánimo, soledad y tristeza. Nació en Vercelli el 27 de octubre de 1938, en el Piamonte oriental, esa tierra padana que tuvo siempre presente. Gran parte de su vida de agricultor transcurrió en tierras de Aconcagua y Alhué. Fundó en Linares el Grupo Rosa del Maule en 1957. También formó parte del Grupo Literario Prometeo y era cofundador de la Corporación Caballo de Fuego. Ajeno a toda figuración, este poeta, crítico, dramaturgo y narrador era uno de los más profundos conocedores de la literatura chilena. Había recibido el último Premio Alerce de novela por "Un capitán galopa en las fronteras del infierno".
 

Caballero chapado a la antigua, para recrearles las vidas, eligió a los personajes de la oscuridad, de las derrotas y los torvos destinos, así fueren el mismo Diego de Almagro, protagonista de la admirable poesía épica "Crónica del adelantado", bandidos de toda índole, como Segundo Catalán, el poco ejemplar personaje de "Responso para un bandolero".
Donde se da a plenitud es en su poesía áspera que revela intensa pasión, hondas nostalgias, sed de justicia, enraizamiento en la tierra, conocimiento del dolor, grandeza y mezquindad humanas. En este sentido, como en su cultura clásica es afín a Pablo de Rokha.
Con Volpe, Carlos Fernández Salamanca y Jaime Valdivieso acompañamos hasta el final a Luis Vuillamy, poeta y escritor que yace en la memoria latente de nuestros grandes valores. Le envidié su amistad con sor Imelda Cano y compartimos con él y Armando Uribe la admiración por esta monja que no guardó secretos para develar la vida de las mujeres de la Colonia. Un día le pregunté a Volpe si había conocido a bandoleras o bandidas chilenas, me dijo que las había y muy aguerridas, luego guardó silencio como diciendo "no te soltaré sus nombres, porque forman parte de una futura cosecha". Por él supe de antiguos asentamientos indígenas anteriores a la llegada de los conquistadores, de la siembra del comino, de las propiedades de la galega, de las cuevas de los brujos, de los misterios de los cerros de Alhué y de la riqueza infinita de las tierras de rulo. Dominaba la geografía viva de la zona central del país. Conocía los pasos secretos de arrieros y cuatreros, los escondites recónditos. Su andar reposado y presencia serena escondía la Colt en un bolsillo y una pistola de belleza femenina en una de las cañas de sus botines. No tuvo empacho en confesar su miedo a las culebras ni en demostrar su orgullo por su espléndida colección de armas. Le apasionaba hablar del lenguaje de corvos y cuchillos que según él debían ser manejados por hombres de coraje y no por cobardes que lo hunden en carne de pobres maniatados. Emprendimos la grata aventura de visitar al poeta Carlos Ruiz Zaldívar cruzando un paisaje de cactos y espinos, ir a Putaendo, disfrutar una velada de tangos, como también de evocación de la gesta épica de San Felipe. La muerte de Hermelo Arabena Williams impidió que cumpliéramos el propósito de irlo a ver a este singular sonetista que fue su gran amigo.
De su amena conversación e infinidad de experiencias hacía partícipes a quienes tuvimos el gusto de compartir la Tertulia del Lancelot, por él fundada. A la presencia de destacados poetas y narradores como Guillermo Trejo, Walter Garib, Fernando Onfray, Manuel Silva Acevedo, Enrique Germán Liñero, el doctor Jorge Vargas Díaz, Gloria González, se iban sumando muchos otros, no sin faltar las presencias juveniles de poetas como Armando Roa Vial que llegaban raudos, lanzaban sus alegres carcajadas, se deleitaban con los comentarios y evocaciones de los mayores y desaparecían como habían llegado.
"Un capitán galopa en las fronteras del infierno" de Enrique Volpe, Premio Alerce 2000, es una obra de ficción, inspirada en esos hechos históricos relacionados directamente con la "pacificación" de la Araucanía, uno de los capítulos más relevantes de la historia nacional de la injusticia. Entre sus protagonistas cuenta a un singular personaje llamado Pedro Hernán Trisano o Trizano. El autor demuestra que ese aventurero debe batirse en un medio hostil donde la naturaleza y los hombres, frutos del mestizaje resultante de esa frontera de guerra incesante a lo largo de cuatro siglos, adquieren rasgos de suprema violencia.
Sin duda, Volpe, el niño italiano que al llegar a Chile traía de su patria horrendas visiones de guerra, como se deja ver en los versos de "Días de sal y de ceniza", supo sondear alguna de las múltiples facetas de "el cruel y nunca amado capitán Trizano" que no pierde jamás su condición de ser de dos mundos y esbirro al servicio del poder.
Esta novela obedece a la tradicional definición de narración en prosa de hechos ficticios o reales, donde importan la acción y la descripción de los personajes y el ambiente, con el fin de recrear el espíritu. Como novela posee cualidades indispensables al género mismo: la existencia de conflicto psicológico; el intimismo de los personajes; el narrador o hablante domina el fondo narrativo que a ratos adquiere caracteres épicos. La ruda belleza del lenguaje resalta en metáforas certeras. El autor se maneja con eficacia para crear una atmósfera de osadía y aire libertario propicia a la aventura, al despliegue de la audacia y al enfrentamiento del riesgo y se constituye en un enfoque de la personalidad de un controvertido actor de su tiempo.
Cuando se piensa en la vida de Pedro Hernán Trisano, se levanta la punta de un espeso poncho que tapa una parte de la historia de Chile. Un extraño destino unió con Chile a este italiano desde su nacimiento, ocurrido en Valparaíso. Sus progenitores Lorenzo Trisano Bonaparte y Ana María Avezzana realizaban un largo viaje, pese a estar ella encinta. El barco, por razones que se desconocen, hubo de anclar en Valparaíso y allí parió doña Ana María. La pareja siguió viaje a la Italia natal.
Pedro Hernán Trisano (como él se firmaba) creció oyendo los cuentos de su abuela paterna, sobrina nieta de Napoleón Bonaparte. Fue vecino y amigo de Emilio Salgari y compartieron sueños y juegos.
Salgari se figuraba los viajes a tierras exóticas, aventuras del bien contra el mal; pero su único viaje por mar, como pasajero, lo hizo en un barco mercante de Venecia a Brindisi. Fue el gran capitán del ensueño y se quedó atado para siempre a las aventuras de la imaginación y asumió hasta donde pudo una cadena de amor, miseria y desdichas, de escritura infinita y abuso de los editores rapaces hasta que se pegó un tiro.
El azar y la aventura lo condujeron desde su Italia natal hasta Chile donde tuvo activa participación en el ejército chileno durante la guerra contra el Perú. Luego fue destacado en la frontera durante la "Pacificación de la Araucanía" cumpliendo con los designios del gobierno chileno. Como capitán de policía se constituyó en enemigo declarado de los pueblos aborígenes.
El comandante de la policía rural de Angol vivía en la calle Covadonga esquina Dieciocho, frente al convento de San Francisco cuyo predio subía a los faldeos del cerro Pino Guacho, no lejos de la Plaza de los Ratones y en la proximidad de la morgue. Los mapuche despojados se veían obligados a robar para comer. Es así como Trisano tiene, sobre todo, que vérselas con casos de abigeatos, querellas, hurtos, salteos, estupro, robos. Como consta en los documentos de la época, entre los reos por él reducidos, predominan los mapuche. También hubo de realizar esfuerzos denodados para proteger a los inermes colonos suizos, franceses e italianos que iban a poblar las colonias que les había otorgado el gobierno chileno. Muchos de estos recién llegados eran víctimas de incendios, robos y asaltos. Hay un hecho que merece ser tomado en cuenta: Trisano hubo de tratar con subalternos que se caracterizaron por corruptos, así que contra ellos abundaron las querellas, pero no consta que alguna vez se hubiera expuesto alguna contra él mismo. Contra los esbirros se querellaban los victimados por abuso de poder, maltrato de hecho, prisión injustificada, hurto, también es era digna de ser tomada en cuenta la querella por flagelaciones presentada por una mujer contra uno de los policías.
Por otra parte, en aquella frontera los pueblos originarios no cesaban en conspirar, así que Trisano, valiéndose de soplones y espías, iba teniendo conocimiento de las reuniones clandestinas de los empleados de fundos. También en terrenos pertenecientes a "reserva de indios", había ranchos donde se reunían los conspiradores considerados por él como ladrones y bandidos de la peor especie.
Enrique Volpe en cada una de sus obras, aun las que deja inéditas, tuvo el mérito de escribir capítulos de la historia aún no contada y de aproximarnos a algunas de las facetas de las complejas personalidades de individuos conducidos por un oscuro instinto de justicia aun en un sórdido laberinto. Muchos, como Trizano, fueron dignos representantes de quienes a sangre, fuego y rapiña redujeron a nuestros pueblos originarios o se alzaron en inútiles rebeldías para hacerse justicia por propia mano. Pensar en su obra nos conduce a una peregrina conclusión: Volpe se retrató a sí mismo en cada uno de sus personajes.


VIRGINIA VIDAL



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