Mil millones de dólares en juego

Danza con lobos

Rodrigo Roco, ex presidente de la Fech y actual miembro del Senado de la Universidad de Chile, reflexiona respecto del último conflicto universitario que lo hizo reaparecer en "El Mercurio", donde fue caricaturizado como el "paladín externo" de las movilizaciones estudiantiles. Lo que más preocupa a este músico y joven dirigente son las movilizaciones que vienen, el recambio generacional en las organizaciones y el mundo universitario chileno, los estatutos y el Senado universitario en la Universidad de Chile, y la inminencia de un colapso del modelo educativo chileno si el Estado no asume la educación pública como una obligación legal y social.

El hito que consagró a Rodrigo Roco como dirigente fue la reconstrucción del movimiento estudiantil posdictadura durante los dos períodos en que ocupó la presidencia de la Fech. En 1997, el país ardió de norte a sur con tomas universitarias y marchas por doquier. Fue el primer reclamo -después de la dictadura- de mayores recursos y apertura democrática.

Hoy, Rodrigo Roco es un profesional que, sin ser militante, se siente parte de la cultura comunista. Trabaja en la radio de la Universidad de Chile, a cargo de la coordinación de conciertos en vivo en la Sala Master, e integra el consejo editorial de la revista "Rocinante". Sentado en una silla ubicada en el mismo lugar donde hace unos días cantó Tito Fernández, comienza la conversa.

1. RODRIGO Roco, ex presidente de la Fech, miembro del Senado de la Universidad de Chile.

¿A la última movilización estudiantil le quedó grande la demanda de defensa de educación superior pública?
"Lo interesante es que, independiente de si le quedó grande o no la demanda, fue capaz de aglutinarse y articularse en la defensa de la educación pública. Ahora, creo que tiene que ser una defensa creadora que vaya encontrando caminos y proponiendo soluciones. En algún momento, mi generación dijo 'es muy importante construir comunidad universitaria y canales de comunicación efectiva entre estudiantes, académicos y funcionarios'. La generación actual está buscando sus formas".
El ex dirigente y licenciado en teoría musical, de hablar apresurado y recargado de conceptos, dice que considera varios quiebres generacionales para explicar el actual movimiento estudiantil. El primero es con el modelo de organización estudiantil planteado durante los 80, que se basó en un acuerdo de las fuerzas políticas para luchar contra la dictadura y avanzar hacia una democracia profunda. Eso se agotó en los 90, con lo cual entre el 92 y el 94 se produce una crisis y desaparece la forma de concebir las organizaciones estudiantiles, las federaciones y la Fech. En la Universidad de Chile se realizó un congreso en 1996 que generó nuevos estatutos, a partir de lo cual se inició un período nítido hasta el 2000. Luego vino un nuevo cambio en el movimiento estudiantil, en el cual reconoce elementos organizativos distintos a los de la generación de los 80, y a la suya, de los 90. "Una de las demandas que maduraron en las movilizaciones nacionales y procesos locales de 1997, que no se lograron pero quedaron planteadas para más adelante, es que las universidades del Estado tienen que cumplir un rol determinado y, por lo tanto, requieren un tratamiento específico. No es posible ni razonable que se estén autofinanciando hasta en un 70%", expresa el ex dirigente.
Muchos estudiantes universitarios de la generación actual nacieron después de los 80 y vivieron su escolaridad y enseñanza media en los 90. "Se puede decir que son hijos de la transición", reflexiona. Observa en ellos sensaciones de malestar e incertidumbre como también una desintegración del sentido de sociedad. Pero también hay elementos positivos, como reconocer sus derechos ciudadanos y actuar en redes de solidaridad. "Hay una gran cantidad de temas en la juguera", dice Roco.

La continuidad de la movilización de los años 90 a la actual está dada por el rechazo al autofinanciamiento y la problemática de las ayudas estudiantiles que, en definitiva, es la necesidad de determinar el rol, social o no, que debe asumir la educación. "Si la sociedad quiere construirse sin valores solidarios, sin responsabilidad de sí misma y con un esquema de educación superior al 100% mercantil, pagado a crédito o al contado, lo que ocurrirá finalmente es que esa sociedad lleve el germen de destrucción de la idea de responsabilidad de unos con otros", advierte Rodrigo Roco."Durante el gobierno de Patricio Aylwin, cuando Ricardo Lagos era ministro de Educación, ambos dijeron que ese sistema de financiamiento estaba colapsado, que no daba respuesta a las necesidades".
LAS manifestaciones estudiantiles frente al Ministerio de Educación han sido fuertemente reprimidas.

Por otro lado, señala que es preciso definir las capacidades del Estado para regular y definir roles de las universidades públicas y privadas. "Hoy el gobierno esgrime como único gran logro del modelo neoliberal de educación superior el crecimiento de matrículas, pero eso no basta si no se revisa la calidad de la educación", afirma. En la misma línea de pensamiento, agrega: "El esquema para instalar una universidad privada es de una laxitud y miseria académica impresionante. ¿Cuáles serán los efectos de largo plazo? ¡Claro, el negocio de la educación superior mueve casi mil millones de dólares al año! Algunos están ganando plata a manos llenas, ¿pero qué va a pasar en el país a mediano plazo si continúa ese modelo desregulado?". Según Roco, la crisis de la educación superior se deriva de la aplicación miope y unilateral de las políticas neoliberales. "Como dice José Joaquín Brünner, 'Chile ya no tiene universidades propias, es el mercado el que tiene universidad. Y el Estado subvencionará los productos universitarios más interesantes'. Eso significa que hay clientes, empleados y gerentes en la educación. Incluso, el gobierno está planteando subvencionar a las universidades privadas, es decir, que el Estado concurra con dinero de todos los chilenos a financiar el negocio de una corporación o un grupo ideológico en particular".

ESTATUTOS SIN PINOCHETISMO

A juicio del ex dirigente estudiantil la Universidad de Chile tuvo el logro de reinstalar la noción de comunidad universitaria, "un espacio de diálogo entre académicos, estudiantes y funcionarios, donde la idea de responsabilidad está aparejada al de proyecto de universidad pública. Es la única universidad estatal que ha superado el estatuto de la dictadura, mediante un nuevo estatuto construido con mecanismos participativos, delegados elegidos y procesos de discusión bastante amplios". Ahora, opina, hay que buscar hermandades estratégicas y develar "la mezquindad con la que juegan el gobierno y los parlamentarios de derecha que les dicen a las universidades regionales 'en la medida en que le quitemos la torta a las universidades más grandes, se van a ver favorecidas', porque la idea no es nivelar hacia abajo, sino que el gobierno abra posibilidades para que las quince universidades estatales elaboren sus estatutos generados en procesos de discusión".
Roco afirma que "en el neoliberalismo chileno el valor de las organizaciones y 'el rayado de cancha' para la libre exposición de ideas y posiciones se ha puesto en juego. Las fuerzas sistémicas pretenden despotenciar la organización estudiantil".
Eso es externo, pero ¿qué significa en el interior de la Universidad de Chile haber logrado la aprobación del Senado universitario?
"Es uno de los logros más significativos, porque es la superación del estatuto de la dictadura y el inicio de un re-pensar el futuro de la universidad. El estatuto universitario es un espacio de reconocimiento transversal, donde la comunidad se hace responsable del proyecto de universidad, y se pueden discutir reglamentos y presupuestos. Eso permitirá diagnosticar si la universidad está dando respuestas a las necesidades del país, que son distintas a los requerimientos de hace 50 años. El Senado universitario rompe con el esquema fragmentador impuesto por la dictadura, es decir, que cada unidad, departamento, escuela y facultad sobreviva como pueda en el mercado. Es interesante, a propósito de la última elección de rector, que se planteara 'no hacer ningún cambio en la universidad es una manera muy triste de privatizarla por la vía de los hechos'. No basta que cada facultad o académico se quede en su parcela particular, donde no hay grandes proyectos convocantes. Hay que hacerse una cirugía internamente, y allí la Izquierda tiene que realizar propuestas efectivas. ¡Pero se confunden los planos y la Izquierda termina defendiendo dentro de la universidad cosas que quizás deberíamos cambiar!"

UNIVERSIDADES PRIVADAS SACAN SU TAJADA

El mundo académico ha sido bastante tímido para sacar una voz pública frente a temas universitarios y nacionales.
"Absolutamente cierto. Ese es un llamado de atención, porque en el caso de la Universidad de Chile el peso de los académicos sobre la vida institucional y nacional es innegable. Entonces, ¡tienen la primera responsabilidad! Tengo la impresión que en la medida en que se van abriendo espacios habrá mayor elaboración y presencia del mundo académico en el debate nacional. Importantes científicos, como Jorge Allende, Igor Saavedra y Humberto Maturana, junto a algunas asociaciones de ciencias, dijeron que el financiamiento destinado a las universidades públicas no permite el desarrollo de investigación nacional, a propósito del cacareado acuerdo del gobierno con la Unión Europea. En las universidades del Viejo Mundo se entregan grandes cantidades de recursos, porque se busca asegurar un equilibrio entre la producción y transmisión de conocimiento con el bienestar social. Esas son necesidades ineludibles en el mundo globalizado de hoy. Pero en Chile se opera con un criterio mediocre, muy de mediano plazo. Se dice 'usted, señor empresario, haga un negocito educacional y gane plata a manos llenas, no nos importa mucho si estafa a los estudiantes y sus familias'. Eso es lo que hay que ajustar. Y confío en que va haber mayor presencia del mundo académico en estos debates".
Los académicos de la Universidad de Chile, y de la universidad pública en general, están envejeciendo. Muchos se mantienen en sus cargos de funcionarios públicos, y a veces eso se traduce en un estancamiento en la producción de conocimiento. ¿Cuál es su percepción?
"La Izquierda tiene que ser capaz de reivindicar cambios en el interior de la universidad pública. Es grave que exista gran cantidad de académicos jóvenes, talentosos y altamente calificados, con doctorados, magíster o post doctorados, que no tienen plazas para entrar en las universidades. No ha habido políticas de jubilación ni planes de desvinculación que permitan a los académicos retirarse de manera digna, y no con pensiones miserables. Hay que decir que, incluso dentro del mundo académico de Izquierda, esta exigencia ha aparecido como una amenaza a la estabilidad laboral. Pero ésta no debería ser un valor en sí misma, porque la universidad tiene que estar en función de crear y transmitir conocimientos de mejor manera. Esto hay que solucionarlo con urgencia, porque es un problema que pone en cuestión la viabilidad de la universidad pública en el mediano y largo plazo. La Izquierda debe ser capaz de proponer cirugías importantes y perderle el miedo a esos desafíos, porque si el Estado no asume una mayor responsabilidad con sus universidades no cabe duda que el sistema envejece y entrega ventajas de manera fácil en la competitividad con el mundo privado".
Usted ha dicho que las universidades privadas están subvencionadas en cuanto al conocimiento.
"Las universidades privadas se están beneficiando de los especialistas que producen las universidades públicas. Ellas no están produciendo cuadros a nivel de doctorado o magister al nivel que producen las universidades de Chile, de Santiago o Concepción. Si la Universidad de Chile pudiera cancelar de mejor manera los cuatro mil millones de pesos de deuda de arrastre e intereses que paga cada año, y utilizara esos fondos en políticas de desvinculación, contratación de nuevos académicos y concursos de investigación, se demostraría que el Estado se hace responsable por la educación. Pero este Estado sigue las políticas de José Joaquín Brünner y compañía, que no son muy distintas de las del Instituto Libertad y Desarrollo. No le importa la educación pública. Creo que va a ir colapsando el discurso que habla de un Chile emblemático e inserto en políticas de globalización económica, porque ya hay informes de la Cepal que señalan que la productividad del trabajador chileno es baja debido a que la calidad de la educación que recibe no es buena. En Chile está invertida la relación entre la formación de técnicos y profesionales. Tenemos cinco profesionales por un técnico, cuando en los países desarrollados se afirma que debe ser exactamente al revés. En fin, hay muchos problemas que si no se resuelven no sólo amenazan a las universidades estatales y públicas, sino al país".
Se sabe que hay áreas dentro de la universidad pública que no pueden desarrollarse de manera adecuada, porque no son rentables en términos empresariales.
"Sí, facultades de Arte, Ciencias Sociales y Humanidades requieren proyectos que les permitan elevar sus niveles. Hace poco, el Centro de Estudios Nacionales para el Desarrollo Alternativo (Cenda) hizo un estudio donde se concluía que la gran productividad de la Universidad de Chile se logra a costa de sus académicos. Hay un sacrificio objetivo de gente que prefiere trabajar en la Universidad de Chile, porque es un espacio de libertad distinto al de la universidad privada, donde hay un dueño que dice lo que hay que hacer. En las facultades mencionadas se necesitan proyectos de desarrollo e inversión, y recursos. En la Universidad de Chile se llevan a efecto investigaciones agrarias, en Isla de Pascua, en la radio, en la conservación de iglesias de Chiloé. Son problemas que hay que resolver y lo tiene que hacer el Estado, porque no hay nadie más que pueda hacerlo. La Universidad de Chile fue fundada por el Estado para la construcción de la República, y hay que recordar que el Estado neoliberal chileno le pagó la deuda a los bancos, que se componía de cifras sideralmente superiores a las que estamos hablando en el caso de las universidades estatales".

"EL MERCURIO" QUIERE SEPULTAR A LA FECH

Es decidor que sea la Izquierda la que sustenta la defensa de la universidad pública, y también que la Fech haya tenido presidentes comunistas. ¿Cuál es su diagnóstico?
"Hay muchas energías que contribuyen: actores políticos como las juventudes políticas y los colectivos, discusiones y debates en el seno del movimiento estudiantil, y el hecho de permitir que se expresen minorías y mayorías. Hay que analizar los aciertos independientemente de los siete años de conducción comunista de la Fech, en los que hubo que sostener dos cosas a la vez: una política propia y una organización estudiantil que no corresponde solamente a gente de Izquierda, lo que implica tener un marco democrático de debate. La Fech tiene que responder a demandas gremiales, y también se da espacio para discutir las grandes políticas de educación superior. En el Chile actual no hay otra organización nacional hecha por jóvenes y para los jóvenes, en que se reivindique el derecho ciudadano y la apropiación de sus derechos. El diario 'El Mercurio' e incluso algunos asesores de la rectoría han intentado minar la existencia de la Fech, creyéndola tontamente un peligro. Lo que no entienden es que es el organismo de una universidad estatal que plantea que los jóvenes no sólo llegan a estudiar, sino también a formarse como ciudadanos, a debatir y aceptar que hay otros tipos que piensan distinto, y a confrontar ideas. Ese es un gran valor frente a un montón de universidades privadas que son verdaderos ghettos, o una continuación de colegios privados donde el nivel de discusión es mínimo o está clausurado por decreto.
Creo que los distintos actores involucrados en la comunidad universitaria deben pensar el tipo de relación necesaria entre el movimiento y la organización. Este momento es muy interesante. Está faltando definir un hito, donde se obligue al gobierno a modificar el sistema de educación superior desregulado y mercantilizado"

 

LUIS KLENER HERNANDEZ


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Compromiso de académicos


Durante el último conflicto universitario un grupo de académicos de la Universidad de Chile rompió la posición neutral mantenida durante los gobiernos de la Concertación y terminó con el silencio cómplice respecto del mal funcionamiento de la educación superior. Lo integran Francisco Brugnoli, director del Museo Contemporáneo y académico de la Facultad de Artes; la historiadora María Eugenia Horvitz; la especialista en temas de género y cultura, Margarita Iglesias; los académicos de Ciencias, Jorge Mpodozis y Roxana Pey; el filósofo Pablo Oyarzún; Grinor Rojo, director del programa de magistratura en Estudios Latinoamericanos; el literato y vicedecano de la Facultad de Filosofía, Bernardo Subercaseaux; además de Ennio Vivaldi, Cirilo Vila, Daniel Wolff, Enrique Matthey, Juan Carlos Letelier, Gonzalo Díaz y Fernando García.
Ellos firmaron una declaración que señala: "Es necesario que la ciudadanía esté informada que el olvido por parte del Estado de sus deberes para con el sistema universitario público ha conducido a políticas de autofinanciamiento que distorsionan severamente la misión de la universidad, la que no debe pensarse ni conducirse como una empresa comercial. El Estado ha tenido una política de apoyo a los estudiantes de carácter asistencial y paliativo que insiste en la utilización de procedimientos crediticios que están colapsados. Eso, en vez de soluciones de fondo, que rompan con la incertidumbre social y materialicen las promesas del presidente de la República".
Los académicos recuerdan que "la Universidad de Chile, aunque le pese a algunos sectores políticos, entrega al país cerca del 50% de la investigación y creación nacional, a pesar de mantener una deuda de arrastre". También exigen profundas reformas a la legislación universitaria impuesta durante los años 80, porque "estamos atados a medidas mezquinas y cortoplacistas que pretenden entregar la educación a la regulación de mercado y así no será posible que el país camine hacia el desarrollo. Esto último se hace evidente al establecer acuerdos con la Comunidad Europea, en cuyos países no se escatiman recursos estatales para la financiación de las universidades públicas".
Además, comparten la demanda estudiantil de participación y proponen la formación de un frente universitario público. "El autoritarismo y la fragmentación que nuestra universidad heredó de la dictadura se hizo funcional al modelo de universidad tecnocrática y burocrática que aspira a conducirse mecánicamente como una corporación empresarial, olvidando por completo la misión formadora de ciudadanía. Por último, la movilización estudiantil nos concierne de manera directa y no debemos ni podemos ignorarla. En 1997 la Fech abrió un camino. Hoy el escenario es más complejo y los malestares acumulados entre los jóvenes son mayores y sociológicamente más generales. Por lo mismo, nuestras posiciones tendrán que ser más claras, comprometidas y decididas. Necesitamos para Chile un gran movimiento en defensa de la educación pública que muestre al gobierno y a la sociedad que se necesitan universidades públicas sólidas, sin los condicionamientos de las instituciones de lucro. Un gran movimiento universitario tendrá que incluir a todos los que formamos la comunidad y al conjunto de las universidades que tienen problemas similares a los nuestros. Un frente universitario público es la tarea de hoy y solamente la unidad de los actores puede salvar una educación superior digna, equitativa, pluralista y de alta calidad para Chile"


L.K.H.

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