La Surda, nueva Izquierda chilena

Un proyecto de fuerza social

El local de la calle San Francisco es el segundo que tiene La Surda. El primero fue asaltado y desvalijado. Las paredes están repletas de afiches de Marx, del subcomandante Marcos, Miguel Enríquez, Lenin, Víctor Jara, André Jarlan y las 33 portadas de la revista "La Surda" de los últimos diez años.Un póster de la película "Busco mi destino" que muestra a Denis Hooper y Peter Fonda montados sobre motos californianas.

Quien habla de La Surda es Carlos Ruiz, 36 años, fundador y jefe político de la organización, además de profesor de la Escuela de Sociología de la Universidad de Chile. De pelo corto y ojos vivaces, Carlos Ruiz explica que el nombre La Surda no es una sigla, sino más bien un juego de palabras.

CARLOS Ruiz, fundador y jefe político de La Surda (izq.), con el redactor de PF.

"A principios de los 90 hicimos un colectivo universitario con la idea de tener una Izquierda del sur, que rescatara la historia latinoamericana en vez de imitar modelos revolucionarios europeos. Por eso es 'surda' con 'ese'", aclara antes de continuar.

Ruiz dice que la historia de La Surda se puede resumir como una reunión de personas críticas de distintas procedencias. "Partimos agrupándonos en el movimiento estudiantil universitario de los años 1992-1993, motivados por la necesidad de repensar un trabajo de construcción social a partir de una lectura que tenía que ver con la derrota de los años 80". Una derrota que, según él, está determinada por la experiencia de 1973 y la de mediados de los 80. "La Izquierda no asume y no ha discutido la derrota de 1973, no hay un diagnóstico respecto de lo que pasó en la Unidad Popular, como también falta revisar autocríticamente que pasó en los 80 con la Izquierda que pensaba que la lucha contra Pinochet iba a desembocar en una salida favorable al pueblo", afirma.

Este joven profesor de la cátedra de Historia de América, precisa que cuando se pactó la transición se instaló una democracia antipopular que lleva más de una década de estabilidad. "¡Si eso no es derrota, no sé lo que es!", exclama enfático. Para La Surda, la derrota de la Izquierda abarca a todas las vertientes sin excepción. "Si me pongo a enumerar, me quedaría alguien afuera y sería riesgoso. Es una derrota del conjunto de la Izquierda. En consecuencia, es preciso revisar las bases sobre las que se fundaron los procesos de acumulación que al final terminaron cargando la balanza a favor de los poderosos".

¿Fue derrotada la Izquierda que integraba la Unidad Popular?

"Sí, pero más que nada la de los 80. Una de las primeras cuestiones que analizamos fueron las formas de relación que establecieron los destacamentos de la Izquierda con los movimientos populares en los 80. Criticamos el vanguardismo de concebir a los movimientos populares como correas de transmisión y frentes intermedios de los partidos. En un período de desarticulación de los movimientos sociales, esa característica da estabilidad al régimen político. Por lo tanto, volver a reconstruir sujetos sociales implicaba revisar las viejas prácticas. A principios de los 90 lo discutimos, y empezamos a configurar un movimiento que reflexionara políticamente".

LOS PODEROSOS CAMBIARON EL TABLERO

Ustedes hacen un diagnóstico en que se plantean como "lo nuevo". ¿Qué significa ese discurso generacional?

"Es cierto que en los inicios decíamos que había que repensar la vía de la revolución y, en ese sentido, era necesario crear una nueva generación de revolucionarios. En este momento, si tomáramos lo generacional como una cuestión etérea, seríamos 'chuecos' con nuestros compañeros, porque mucha de la gente que se ha integrado pertenece a experiencias de la UP y de los 60. En el fondo, hablamos de una nueva forma de repensar la revolución y de vincularse a las experiencias populares, impactados por la crisis de los socialismos de Europa del Este. Hablando en el léxico tradicional, desde el momento en que afrontamos la lucha por el poder debemos construir los gérmenes de esa nueva sociedad y no dejarlo como un problema para después de la toma del poder. Observábamos que en América Latina este proceso había ido avanzando como discusión en las experiencias me-xicana, venezolana, brasileña y ecuatoriana, donde, en general, se había superado la dicotomía entre electoralismo versus foquismo.

Para nosotros, esa discusión faltaba en Chile. Teníamos una Izquierda anclada en los viejos credos y consignas de los 70 y los 80, y se aplicaban las mismas formas en condiciones de lucha distintas. Decíamos: 'los poderosos cambiaron el tablero, y eso no fue para facilitar el avance de los proyectos de Izquierda, sino para complejizarlos más'. Nuestras primeras consignas apuntaron a apropiarnos del presente, porque sentíamos que había una Izquierda desintonizada con las nuevas condiciones de lucha".

¿Cuáles son los referentes históricos de los que La Surda se hace parte?

"Tenemos compañeros que provienen de todas las culturas orgánicas que ha tenido la Izquierda chilena: ex socialistas, ex comunistas, ex miristas, ex Frente Patriótico Manuel Rodríguez, ex Lautaro y, actualmente, compañeros 'cero kilómetro', militantes sin experiencia orgánica anterior y que se han ido formando en este proyecto. Hemos tenido que articular distintas culturas orgánicas en un entramado complejo que implica no abanderizarnos, y construir una posición respetuosa y reconocida desde un conjunto de experiencias distintas".

¿La Surda se define como movimiento, o como partido?

"No nos preocupamos de esas definiciones, más bien queremos delinear elementos a partir de la crítica histórica. Estamos en un proceso de discusión para dotarnos de una forma política, en la que el nombre es una anécdota. Nosotros nunca nos autodenominamos como 'organización Surda', se nos empezó a denominar así por una revista de debate. Ahora sacamos un diario que se llama 'Fuerza Pública', y no creo que nos llamen la Fuerza Pública".

Carlos Ruiz alude al diario que se distribuye en quioscos de Santiago, Valdivia, Osorno, Puerto Montt, Calama y Antofagasta con un tiraje de cinco mil ejemplares. Tuvieron que ponerle ese título, porque el nombre "Realidad", que habían elegido, lo tenía inscrito la UDI.

Explica que constituirse como movimiento político les ha resultado complejo, porque tratan de no reeditar formas orgánicas y, a la vez, construir un movimiento con una estructura amplia es difícil. Descarta de plano que quieran tener una orgánica de movimiento como la tuvo el MIR. "La antigua dicotomía entre partido de cuadros y partido de masas tuvo que ver con un contexto en el que había un movimiento de masas ascendente. Hoy no existe movimiento popular, lo que hay es desarticulación social. Entonces, enfrentar la vieja fórmula de partido de masas, que se le atribuía al PC, con la de cuadros, que se atribuía al MIR, significaría un aislamiento importante en la organización que nos venimos dando. La creación de un nuevo movimiento tiene que tener flexibilidad de adscripción de los militantes. Esta organización se construye en caliente, con la maduración de las experiencias actuales. De las que existen, no de las que quisiéramos que existieran. Lo que reclamamos del resto de la Izquierda chilena es la necesidad de plantearse estos temas, porque seguir amparando viejas fórmulas, sobre las cuales el enemigo puede dar más cátedra que nosotros, no está bien. No quiero decir que ésta sea la única forma de resolver el dilema, eso lo juzgará la historia".

¿Cuál es la orgánica interna y el componente de la dirigencia Surda?

"No creemos en la mera horizontalidad, aunque inicialmente nos fuimos construyendo de una manera informal. Cuando empezamos a crecer, nos dotamos de formas organizativas mayores con la finalidad de ser más democráticos. La famosa horizontalidad funciona entre cinco o seis, pero cuando somos un centenar de personas se empiezan a cobijar autoritarismos. Una fisonomía orgánica recién se está procesando, pero en términos generales se trata de gente joven de entre 25 y 35 años, entre los cuales hay varios profesionales. También hay muchos que no tienen militancia anterior, algunos vienen de familias de la Concertación e, incluso, hay un dirigente hijo de un militar retirado. Nosotros, justamente, defendemos que la Izquierda salga del círculo de los 'convencidos' y sea capaz de penetrar en otras esferas de la sociedad".

¿Qué personajes históricos rescatan?

"En América Latina, rescatamos la figura del Che, porque es una figura libertaria para la especie humana. Y en Chile, a Miguel Enríquez y a Luis Emilio Recabarren, porque son los orígenes de organizaciones populares y constituyeron proyectos revolucionarios capaces de romper con las convenciones establecidas"

¿Cuál es la presencia de La Surda en el movimiento social?

"Ultimamente nos hemos hecho fuertes en el movimiento universitario. La prensa nos responsabilizó por los choques del 21 de mayo en Valparaíso, y es cierto. Hay un posicionamiento que nos ha permitido encabezar un número importante de federaciones y hemos trabajado en la construcción de un polo social por la pelea universitaria. Impulsamos algo similar en el embrionario movimiento secundario, y también tenemos experiencias en el campo laboral, que es un sector muy fragmentado. Por un lado, están los viejos sectores tradicionales de lucha obrera con experiencias en Cerrillos y Valdivia. Y por otro, tenemos experiencias con trabajadores del modelo neoliberal -mano de obra flexible, como los faeneros en el norte- y, recientemente, el sector gremial. Además, desde el principio hemos estado en el campamento de Peñalolén, donde veníamos trabajando con un comité de allegados".

La prensa habla de doce federaciones en manos de La Surda, y que se está dando una competencia con la Concertación. ¿Existe tal competencia?

"Encabezamos cuatro federaciones con compañeros militantes, y hay varios que integran vicepresidencias y mesas de federaciones. En otras partes se trabaja de manera articulada, en espacios como la Confech, en construcciones que recién empiezan a dar frutos. Esas son formas de superar los límites donde tocó techo la rebelión universitaria de fines de los 90 y, como espacios más amplios, dan la posibilidad de trabajar en conjunto con sectores progresistas de la Concertación. La Surda está presente en cerca de veinte federaciones, y con eso se transforma en mayoría"

LUIS KLENER HERNANDEZ

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Construir un contrapoder

¿Cuál es el proyecto político de La Surda? Se habla de gérmenes de nueva sociedad, ¿qué nueva sociedad?

"Es una lucha democrática que no queda reducida a los componentes políticos de la noción democrática.Creemos que los elementos sociales de la democracia tienen una posibilidad anticapitalista muy profunda y, de alguna manera, retomamos las ideas fundacionales del socialismo.Postulamos la construcción de experiencias en los sectores sociales respetando las características propias de soberanía y poder popular.Un proceso de acumulación, al que llamamos autonomía política y que consiste en empezar a construir con nuestras reglas, es usar los espacios dependiendo del proceso de construcción y disposición de los

EN la toma de Peñalolén (en la foto) y en las universidades La Surda tiene fuerte presencia.

sectores populares, masas organizadas que empiezan a decidir su propio destino y que entran en confrontación con la institucionalidad que rige esos espacios. No nos negamos a disputar instituciones, las aprovechamos cuando nos conviene, y de ese modo no estamos subordinándonos a las reglas que nos ponen los poderosos".

¿En concreto, qué tipo de sociedad plantean?

Un largo silencio acompaña la respuesta. "Veamos la fórmula clásica -dice, poniéndose más serio-. Plantearse en este momento la 'toma del poder', ¡y digo la 'toma del poder' entre comillas!, es estar absolutamente loco y mejor ir a un siquiatra. No están las condiciones, ni siquiera para establecer un desafío frontal contra el orden actual. Por eso, planteamos gestar la crisis de la democracia antipopular y deslegitimar las formas políticas que pactaron la transición a la democracia. Una de las grandes características de la transición ha sido desarticular a los sujetos populares. En consecuencia, aspiramos a construir un contrapoder que empiece a orillar las formas de poder instituido. Eso nos permitirá avanzar hacia la construcción de una crisis política del régimen actual. Ese es el objetivo por el que se moviliza este proyecto. No se trata de que llegue un partido y diga que la nueva sociedad va a ser de tal o cual manera, sino que son las mismas formas de lucha las que portan el germen del orden que estamos construyendo. Creemos que hay una fuerza social que es la única garantía histórica posible de que la nueva sociedad pueda ser realmente nueva. Iniciamos desde abajo una disputa por acorralar las formas capitalistas de organizar la sociedad".

¿Cómo caracterizan esa democracia antipopular de hoy?

"La transición creó la expectativa de volver a la democracia. Pero esta no es la democracia de la Constitución de 1925. Es la democracia hija de la Constitución del 80 y, por lo tanto, no restituye los viejos sujetos sociales que se articulaban con partidos políticos en un Estado de compromiso. Eso ya no funciona. El pacto del pinochetismo con la Concertación estableció que el antiguo orden no se iba a reeditar, lo cual implicaba que las nuevas formas de democracia se concentrarían en la cúspide de la sociedad. Así, se reabrió el Parlamento y se restableció la disputa electoral por el poder estatal. Por otro lado, en los distintos espacios de base siguieron funcionando las mismas formas antidemocráticas que instaló la dictadura. En la universidad entraron las autoridades concertacionistas y se acomodaron a la camisa de fuerza de la dictadura. Lo mismo sucedió en las poblaciones y en las fábricas. El tema, entonces, es levantar desde abajo una lucha por la participación en la gestión. Comenzar a enfrentarse directamente al poder empresarial, y rebasar los límites estrechos de las luchas economicistas para levantar demandas de participación. En la toma de Peñalolén aspiramos a construir una población distinta, y si no queremos casas Copeva los pobladores deberán participar en procesos de licitación y diseño de su población. Lo mismo, si se llevan a la práctica políticas antidrogas o antidelictivas".

UN CUADRO DISTINTO

¿Cuál es la postura de La Surda frente al gobierno de Lagos?

"Mucho se discutió que si éste sería un gobierno más progresista. Nosotros decimos ¡la socialdemocracia no existe!, y creo que es uno de los cadáveres no reconocidos de la caída del Muro de Berlín. Los que gobiernan Chile no son socialdemócratas, son sencillamente neoliberales. La opción empresarial, aunque es absolutamente clara, todavía no está tan clara para las bases populares. En el pueblo, muchos están esperando que dejen tranquilo a Lagos para que pueda ejercer su gobierno. Además, el conglomerado concertacionista vive un proceso de agotamiento al que la Izquierda debe dedicarle atención. Avanzamos a un cuadro distinto al de la década de los 90. Estamos ante el fin del pacto entre la Concertación aylwinista y el pinochetismo. En la derecha se está dando el ocaso del pinochetismo y el surgimiento del proyecto Lavín. Por otro lado, la DC está perdiendo el control del centro político y eso significa un reordenamiento del cuadro en el que las fuerzas políticas empiezan a cambiar de bando, como sucedió recientemente con el 'grupo Hamlet'.

Esto abre la posibilidad de que surja una fuerza de Izquierda que supere el coyunturalismo inmediato y se plantee seriamente que el próximo gobierno será de Lavín y la derecha. La pregunta es: ¿cómo nos vamos a preparar para eso? Pensamos que en el ocaso de la Concertación, la Izquierda debe salir de las rivalidades pequeñas y, en el mediano plazo, construir un proyecto táctico con sectores que se van a desgajar de la Concertación. Esa es una discusión no instalada, que implica desarrollar un proyecto coherente de fuerza social, porque hasta ahora no hay ninguna fuerza en la Izquierda capaz de encabezar por sí sola este proyecto".

¿En ese sentido, que opinión tiene de la Fuerza Social y Democrática?

"Es una expresión muy importante. En los gremios y sindicatos de la Fuerza Social y Democrática hay muchas personas que militan en partidos de la Concertación y que empiezan a buscar agrupamientos distintos para defender sus condiciones de existencia. Pensamos que, justamente, ese tipo de embriones tiene que articularse para constituir una alternativa".

¿Qué podría decir en cuanto a las acusaciones de que en La Surda hay militantes violentos?

"Nos han tratado con distintos tipos de epítetos. El año pasado se nos acusó de que un militante de La Surda había colocado una carta-bomba en la embajada norteamericana. Creo que cualquier expresión orgánica que empiece a lograr un nivel de anclaje en los espacios sociales va a ser caricaturizado por la prensa enemiga. Eso, con el propósito de sacarnos de esos espacios. Por ejemplo, en la toma de Peñalolén se constituyó fantasmalmente un 'comité anti-Surda' y se nos asoció a un grupo armado. Esa figura violenta tiene el único objetivo de expulsarnos de ese espacio".

¿Qué le diría a los viejos luchadores de Izquierda que están algo cansados a estas alturas de la vida?

"Una de nuestras grandes dificultades ha sido la insuficiente transmisión de experiencias de las prácticas de luchas anteriores. Una parte importante de la generación de los años 60, 70 y 80 se fue para la casa. Eso genera una orfandad en los proyectos que vienen surgiendo, y pesa mucho. A esos viejos luchadores que se llevaron la experiencia para la casa, les diría, al igual que el subcomandante Marcos, 'no nos dejen solos'. No creo que podamos levantar experiencias prescindiendo de ellos. No se trata de buscar mucho capitán para poco barco, pero la experiencia anterior es necesaria para reforzar las nuevas fuerzas revolucionarias"

L.K.H.

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