Gabriela viva

Esta "Recopilación de la obra mistraliana: 1902-1922" (RIL ediciones) preparada por Pedro Pablo Zegers, buen conocedor de la obra de Gabriela es -según dice- la más completa publicada hasta el momento. Recoge poemas y prosas de ese período crucial de formación y primera madurez que termina con su viaje a México (que es la salida definitiva de Chile), próxima a la publicación en Nueva York de su libro "Desolación".

El trabajo es enorme, con más de 650 páginas en formato grande, y no solamente interesa a eruditos y especialistas. Gabriela comenzó a publicar siendo niña. Con algo más de trece años colaboró con poemas, crónicas y comentarios en diarios de La Serena y Ovalle, su mundo de origen. Siguió haciéndolo ya como maestra, crecientemente considerada a pesar de su falta de acreditaciones formales, que viajó a diversas ciudades para apoyar y reorganizar el trabajo pedagógico. Huellas de paso quedaron en Antofagasta, Punta Arenas, Los Andes, Temuco y, por supuesto en Santiago. Su fama desbordó las fronteras. Cuando fue invitada a México ya era más apreciada en el exterior que en Chile.

Gabriela es, sin lugar a dudas, la mujer más notable de la cultura chilena.

No tuvo estudios regulares y se formó en la curiosidad, el interés y la pasión. En el desgarramiento existencial, la preocupación religiosa y la inquietud social. Fue una mujer singular, para muchos difícil, que del arraigo local y lugareño se fue haciendo universal, latinoamericana y mestiza, con resonancias bíblicas e indígenas.

Fernando Alegría, que la trató a fondo, escribió de ella: "En su regionalismo encontró, como es natural, su universalidad. Apasionada y violenta, tristemente tierna, rebelde en su devoción cristiana, pudo considerársele una mujer extraña. Miraba a la naturaleza con la serenidad de quien posee el secreto de la creación y animaba las cosas grandes y pequeñas, comprendiendo tácitamente su misteriosa vitalidad. Sabía demasiado del alma de las mujeres. Había quienes se apartaban de ella creyéndola amarga. (...) Sintió desconfianza y trató de alejarse, pero su poesía la arrastró como un río de muchos y variados caudales hacia el punto de partida". El trabajo de Pedro Pablo Zegers tiene el notable valor de permitir apreciar el conjunto de la obra mistraliana publicada hasta 1922 y advertir en ella rasgos definitorios de la obra total.

En esta "Recopilación" aparecen al lado de mucha producción juvenil y también de textos de poca o ninguna trascendencia, comentarios y poemas de alto valor, como los "Sonetos de la muerte" en versiones que ostentan diferencias leves o prosas medulares que, en conjunto, configuran un proceso de madurez y desarrollo expresivo, de inquietudes y logros, articulado en torno a una idea central llena de coherencia y lucidez. Si algún reproche puede hacerse a esta "Recopilación..." tan meritoria, es que incluye (lo que es valioso) algunos escritos sobre Gabriela, que no aparecen debidamente separados de la producción mistraliana

ANTONIO J. SALGADO

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