Egomanía:el Premio NacionalEn ciertos momentos el que se achica en este país parece estar condenado a subsistir en la desdeñosa marginalidad. Un comentarista de fútbol pregona públicamente ser Dios. Y ha pronosticado que bajo su dirección Chile asombrará al mundo futbolístico. Reverenciado u odiado, pero nunca omitido, sabe que el público compra con facilidad su expansionismo intelectual y, por tanto, tiene asegurado el éxito del negocio.
El periodismo de estudiantes en práctica eterna agranda a ciertos escritores confeccionando listas de candidatos sobre la base de su figuración en los medios, la mayoría de las veces, por motivos distintos a la literatura. Pero, ¿han leído las obras de estos agrandados y también los libros de los que permanecen al margen? Luego la composición del jurado merece serios reparos. No pretendo descalificar a los funcionarios públicos que lo conforman, ministros o rectores de universidades. A pesar de que uno espera idoneidad en las áreas de su competencia, es dudoso que dominen adecuadamente la producción literaria del país a lo largo de muchísimos años. Pero ¿por qué no pensar en un jurado de notables, constituido por personas que han dedicado su vida a la pasión de los libros? Sin embargo, de inmediato surge el primer reparo: ¿quién nombraría a los notables para no favorecer capillas, gustos o tendencias particulares? Al calor de las diferentes posturas que se agitan sobre quién sería el perfecto acreedor de tan importante galardón, quizás no se necesite un tribunal literario. Algunos sostienen que una suerte de jurado constituido por funcionarios de jubilaciones debería dar el Premio a quien hubiere dedicado más tiempo a escribir libros. Otros se inclinan por el volumen de las ventas y por el dinero recaudado, proposición que de ser aceptada obligaría a recurrir a un jurado híbrido de banqueros y especialistas en estadísticas. Tampoco faltan los que prefieren medir fuerzas en el campo de las exportaciones compitiendo con el vino, el salmón o las frutas. Así es que estoy pensando seriamente en proponerle a los achicados como
yo en materia de llamar la atención sobre nuestras personas y nuestras
obras, que le pidamos a algún amigo no comprometido hasta el momento en
pretensiones de corto plazo que haga presente nuestra avidez. En señal
de gratitud podríamos devolverle la mano en la siguiente ronda. Para justificar
el ignominioso trámite los auto-excluidos hallaríamos con facilidad argumentos
bastante sólidos, si tomamos en cuenta el flaco expediente que esgrimen
algunos candidatos. Además de exhibir nuestros méritos largamente empequeñecidos,
podríamos recurrir a la valoración de las proporciones: si los agrandados
aumentan su bulto literario debido a las tendencias de su naturaleza,
los achicados tendemos a jibarizarlo. Así, llegaríamos a concluir que
los agrandados son menos de lo que ellos mismos creen y los achicados
en realidad deberíamos sentir una magnitud largamente superior a nuestra
pequeñez adquirida FERNANDO JEREZ Cuentista y novelista perteneciente a la generación literaria llamada los novísimos. Recibió el Premio Municipal de Literatura en 1984. Si te gustó esta página... Recomiéndala |
Apuntes sobre el Premio NacionalCuando cada dos años se acerca la entrega del Premio Nacional de Literatura, comienzan también las especulaciones acerca de quién o quiénes merecen tal distinción. Discusión que la mayoría de las veces toma un carácter ajeno a lo netamente literario, saliendo a relucir la personalidad de los postulantes o su vinculación -muchas veces sólo supuesta- con los distintos personajes y entidades que ejercen alguna influencia cultural en el país. Este año no es la excepción y los candidatos son nombres ya postulados otras veces, más algunos nuevos. Vale mencionar que para ser candidato, éste debe ser presentado por alguna institución o persona particular, basta con eso, lo demás dependerá del jurado. Antiguamente este premio era anual y todos los escritores eran candidatos, pero los tiempos han cambiado y las taras burocráticas se han modernizado bajo un mal concepto y administración en el plano cultural. En el caso del Premio Nacional, si bien no es algo reglamentario, se ha instituido la práctica de otorgárselo alternadamente a un poeta y a un narrador, por lo que en esta ocasión le correspondería a un narrador. Recordemos que el último premio, rodeado de mucha polémica, recayó en el poeta Raúl Zurita, acusado de recibirlo como pago a sus servicios a la Concertación. Entre los aspirantes de este año figuran Volodia Teitelboim, Isabel Allende, Jaime Valdivieso, Poli Délano, Delia Domínguez, Antonio Skármeta, Matilde Ladrón de Guevara, Enrique Lafourcade, Luis Merino Reyes, Miguel Serrano, Hernán Rivera Letelier y los poetas Efraín Barquero y Armando Uribe Arce. El gran problema es que si bien en todos estos escritores podemos encontrar méritos literarios, eso no basta. Hoy en día es fundamental concitar el apoyo mediante cartas, recomendaciones, relaciones públicas y todo eso que llaman "hacer lobby". Otro problema es el jurado. ¿Se ha preocupado alguien de revisar si éste está o no capacitado para definir tal premio? ¿Cuánto saben sus integrantes acerca de la obra de los postulantes? Porque lo razonable es que todo jurado lea la obra de los postulantes cuyo trabajo juzgará, es lo mínimo que se le puede exigir. De lo contrario mejor tirar el premio al cara o sello. Un tercer asunto, y no de menor importancia, es que no existe una definición clara de cuáles son los méritos requeridos para obtener el galardón: ¿Vender más libros? ¿Haber publicado más libros? ¿Tener una vida dedicada a la literatura? ¿La calidad de la obra en su desarrollo? ¿Tener un libro famosísimo? ¿Escribir bien? ¿Qué? Eso no está claro ni establecido, no existe un criterio definido. Aunque lo lógico sería que este premio se entregara -en mi opinión- a un escritor por sus méritos literarios, es decir por una obra bien escrita en su desarrollo y de alguna trascendencia a nivel nacional, omitiendo la edad. Lo lamentable es que en el debate que se ha dado en torno al premio
por los medios de prensa, han primado argumentos descalificatorios hacia
algunos postulantes, y otros que se refieren a qué candidatos serían del
gusto de la ministra de Educación o del gobierno para proyectar su imagen
en el exterior. No se quedan atrás, en esto, instituciones como la Academia
de la Lengua que tiene sus propios favoritos, obviamente con intereses
creados. La disputa es ardua y seguramente ya conocidos los resultados
seguirá la polémica, pero lo que debe tener claro cada jurado y escritor,
es que, finalmente, la trascendencia de una obra en el tiempo no depende
de la contingencia de un momento, sino de la calidad de ésta y su capacidad
para identificarse no sólo con la época en que fue escrita, sino con las
futuras. Tampoco es un acierto dar un premio de esta envergadura a una
persona porque tiene relaciones privilegiadas con las autoridades, llámense
de gobierno, eclesiásticas, empresariales o internacionales. La literatura
de un país es más que eso, es más que un simple premio. A los grandes
escritores no los hace un premio determinado, ellos llegan a ser grandes
escritores porque escriben bien y tienen algo que decir a la humanidad
que va más allá de las simples rencillas de una sociedad que se diluye
en sus vanidades. Si no, pregúntenle a León Tolstoi o a Vicente Huidobro,
que nunca ganaron un premio, pero que aún sus obras se siguen leyendo
al paso interminable de los años. El mejor Premio Nacional para un escritor,
es que su pueblo lo lea no sólo en vida, sino que más allá de su muerte
ALEJANDRO LAVQUEN Si te gustó esta página... Recomiéndala |