Quiénes y cómo son los dirigentes del movimiento estudiantil

Los nuevos líderes

La movilización de estudiantes secundarios contra el alza del pasaje escolar y la prueba Sies coloreó de azul el centro santiaguino y lo revolvió todo. Miles de adolescentes uniformados desbordaron las calles, superando numéricamente las protestas universitarias de este año. Mientras los grandes medios de comunicación se empecinaron en mostrar actos de violencia protagonizados por pequeños grupos, PF se interesó por conocer lo que hay detrás de la revuelta, quiénes son los dirigentes estudiantiles, sus historias y aspiraciones, sus motivaciones, inquietudes políticas y visiones del país en el que les tocó crecer. Conversó con representantes de movimientos, centros de alumnos y colectivos, como también con dirigentes universitarios que contribuyeron a conformar una radiografía de esta nueva generación.
 

 


Es indudable que el fracasado proyecto de construcción socialista en Chile, el golpe de Estado y la dictadura militar son referentes importantes, pero los dirigentes estudiantiles de hoy no están marcados por esas experiencias que no vivieron. A lo más, conocieron algunas de sus consecuencias. Son “de Izquierda” a su manera, en un espectro político todavía muy atomizado, que se define más por la búsqueda de caminos que por certezas. Lo que sí tienen muy claro es su opción por cambiar las cosas, no sólo porque lo sienten necesario, sino también posible. Y lo hacen con entusiasmo, espontaneidad y muchas dudas, pero decididos a abrirse paso a espacios más amplios de participación. De partida, aseguran que las movilizaciones continuarán en un proceso de lucha por la recuperación de la educación pública.
Aunque la mayoría de los entrevistados son presidentes de centros de alumnos y miembros de colectivos estudiantiles dicen que son más participantes que dirigentes, que la forma de organización depende de las necesidades del momento, que pese a existir dos grandes bloques que agrupan a los estudiantes secundarios -la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (Aces) y el Frente Amplio Secundario por la Defensa de la Educación Pública (Fasep)-, no hay antagonismo entre ellos, y que tienen todo el derecho a ejercer su ciudadanía.
Uno de los rostros más identificables es el de Lucas Castro, vocero de la Aces, quien comenzó a participar en la lucha estudiantil motivado por su hermana mayor, dirigenta del movimiento estudiantil en años anteriores. Igual que muchos de sus compañeros, a fines del 2000 participó en la creación de un colectivo que publicó un boletín llamado ‘Pensamiento Activo’. Así llegó al centro de alumnos del Liceo Darío Salas. En el contexto político histórico, Lucas valoriza el pensamiento mirista, pero en forma crítica. Afirma que “pese a que me identifico con la idea de la fuerza social y me nutre mucho, eso no se traduce en una militancia. ¿Dónde militar? Hasta ahora no hay ninguna fuerza representativa, lo que quizás se deba a los muchos errores que ha tenido la Izquierda para interpretar la realidad”.
Leonardo Candia es uno de los máximos representantes del Fasep. Estudia en el Instituto Nacional y, como joven comunista, es la voz disidente en un centro de alumnos dirigido por la UDI y apoyado por la Concertación. Su familia es de Izquierda. “Mi mamá es del gremio de la salud y peleó contra la dictadura en la Confenats. Yo empecé a participar ayudando en los festivales Víctor Jara, donde tocaba en un grupo de música andina”. Leonardo contribuyó a formar el Fasep, entre otras cosas porque cree que deben surgir nuevas caras. “Es importante una renovación de personas que se perfilen hacia cambios estructurales del sistema”, señala. Y para eso, “es necesario refundar un movimiento estudiantil, con una fuerza capaz de entrar en disputas de igual a igual con los empresarios que mandan en el país”.

“SOMOS LA DIVERSIDAD”

Isabel González, de 16 años, preside el centro de alumnos del Liceo Nº1 de Niñas, vive en la comuna de La Florida y se siente cercana al Fasep. Sus motivaciones iniciales fueron promover obras de teatro, exposiciones, encuentros musicales y otras actividades en las cuales participaran las estudiantes a través de su creatividad. Fue una forma de oponerse a las fiestas por las que anteriormente eran conocidas la niñas de su liceo.
¿Tienes alguna motivación familiar para participar en la organización estudiantil?
“No, mis papás son profesores y socialistas desilusionados. Cuando chica no iba a marchas ni me dijeron qué se debía hacer en política y qué no. Me fui haciendo sola mis propias ideas. Y si de un día para otro digo ‘voy a ser DC’, mis papás me van a decir ¡bien por ti, piensa lo que te parezca mejor!”.
Pese a eso, te defines como de Izquierda. ¿Qué significa ser de Izquierda?
“Es estar con el pueblo y tratar de mostrarle a la gente que tiene que pelear por sus derechos. Que se debe hacer de buena forma, con las cosas claras y sabiendo manejar la situación, porque no es lo mismo que antes”.
¿Antes de qué?
“En los 70 la gente se atrevía a salir a las calles a protestar y los sindicatos tenían mucha fuerza. Ahora, eso se perdió. La gente no es tan política, o no se atreve a inscribirse en un partido porque se decepcionó. Las ganas de militar ya no existen. La sociedad chilena es conformista, no pelea por lo que cree justo. Se vive la monotonía. En cambio, los jóvenes somos la diversidad”.
¿Tienes algún recuerdo de tiempos de dictadura?
“Yo nací en 1986. No me acuerdo de nada de la dictadura. Mis viejos cuentan lo que pasó en el golpe, pero yo no hablo mucho de ese tema, porque no lo viví”.
¿Cuáles son tus referentes históricos cuando piensas en el movimiento estudiantil?
“Tengo un tío que fue presidente de la Feusach, era comunista y me imagino ser como él”.
¿Qué relación tienes con las orgánicas políticas que existen entre los estudiantes?
“No estoy inscrita y no milito en ningún partido, pero en el Fasep tengo muchas amigas de la ‘Jota’ y hartos amigos anarcos. Todos tienen ideales, quieren cambiar el mundo, y para eso tienen su política y su forma de pensar en contra del sistema. El Liceo Nº1 no es muy político. Aunque no estoy en la Aces, he ido a reuniones. Allí no hay estudiantes comunistas y sí anarcos, socialistas y gente de colectivos. Cuando surgen temas políticos, todos opinamos y no nos sulfuramos al discutir. Los jóvenes tienen ideas políticas, pero no las expresan siempre, sólo cuando se da la oportunidad. Quizás por eso no somos una generación muy política. Solamente ingresan a una organización cuando lo consideran adecuado, no tienen la obsesión de ser políticos para cambiar la política. Varios dirigentes -incluyéndome- no nos vemos como políticos en el futuro y preferiríamos trabajar en cosas más chicas, como los sindicatos. No me gustaría ser diputada, senadora o alcalde. Me basta con el colegio. Conozco un colectivo del Instituto Nacional formado por socialistas, pero no se sienten del Partido Socialista. Tienen los mismos ideales, pero encuentran que no es correcta la forma en que el partido los ha manejado. Pienso lo mismo que ellos. Hay mucha gente que no se siente identificada con los partidos, pero por ahora no se han juntado para tratar de construir algo”.
¿En tu opinión, este reventón estudiantil va a durar poco o mucho?
“Por ahora seguirán habiendo dos grupos de secundarios, pero no divididos como muestra la televisión. A la hora de hacer una movilización, estaremos siempre juntos. El Fasep y la Aces no nos tiramos basura por la tele”.

RESTRICCIONES Y CARENCIAS

David Leal fue elegido en noviembre del año pasado presidente del Liceo Barros Borgoño, en cuyas asambleas participan mil 700 estudiantes. Está en cuarto medio, participa en la Aces y se define simplemente como marxista. Sus motivaciones principales son trabajar en un sistema de asambleas y tener una participación organizativa. La directiva ha reaccionado contra restricciones de la dirección del liceo. “El año pasado hicimos paros, porque nos obligaban a cortarnos el pelo. Después de eso se revisó el reglamento y se reconsideró el límite del cabello”, asevera. Además, afirma que “por ser un colegio fiscal, los baños son malos, la biblioteca tiene pocos materiales, y si un profe no viene durante un mes por estar enfermo, no tenemos clases porque no hay reemplazos. En fin, el problema de fondo es la educación que nos están entregando. Lo único que ha estado haciendo el Estado es desligarse de su papel en la educación. Mariana Aylwin declara que no tiene nada que ver con el Sies y tampoco con los 10 pesos, pero igual es ministra de Educación”.
Respecto de su interés por participar en la organización estudiantil, David dice que desde séptimo “veía un montón de problemas y nadie hacía nada por cambiarlos. Por eso, organizamos un colectivo y empezamos a agitar problemas y a solucionarlos. Era sólo un grupo, que después organizó una lista para la elección. Pero las autoridades del liceo dejaron a algunos en forma condicional. Y yo, que no estaba en esa lista, decidí participar y salí elegido. Mi interés no era ser presidente, sino motivar el debate por medio de asambleas y que los estudiantes aprendieran a movilizarse. Puede que el centro de alumnos no sea muy bueno, pero los estudiantes ya tienen capacidad para organizarse y pelear por sus derechos”.
David describe a sus padres como “los típicos viejos de la alegría, es decir, llegaron los 90 y para ellos cualquier tipo de represión terminó. A mí, la conversación con amigos y uno que otro libro me ayudaron a tener más argumentos y a cuestionarme la realidad”. No tiene militancia política, pero se define como una persona de Izquierda.
¿Qué tipo de Izquierda?
“¿Acaso hay subespecies? No soy ni hippie ni partidista. No soy un intelectual y tampoco voluntarista. Soy de Izquierda, simplemente”.
¿Qué figuras chilenas o latinoamericanas rescatas?
“Desde chico tenía simpatía por Allende. Después conocí al Che, a Fidel y Marx”.
¿Y alguna orgánica política?
“Hasta ahora, con lo poco que conozco, no rescato ninguna. A Miguel Enríquez le critico no haber defendido más al gobierno de Allende. Y no lo hizo, porque el MIR decía que Allende era un reformista. Eso estuvo mal, independiente de si yo crea que Allende fue o no reformista”.
¿Se está reorganizando el movimiento estudiantil?
“No sé si hablar de movimiento, porque eso no se define por la cantidad de personas que salen a la calle. Lo que veo en el colegio y en el Aces es un mayor interés por discutir. ¡En una de esas estamos reconstruyendo el movimiento estudiantil, pero para mí en este momento no hay movimiento! Tampoco creo tener la fórmula mágica para decir lo que hay que hacer, ¡aunque me gustaría tenerla! Lo que pienso es que los estudiantes deben ser críticos y organizarse en la forma más correcta, que siempre dependerá de cada momento. No por ser ultranarquistas o marxistas tendrán que seguir las líneas organizativas típicas de esas corrientes. Que elijan y sepan elegir”.

PROHIBIDO PROHIBIR

Paula Vidangossy cursa tercero medio, es delegada del Liceo Carmela Carvajal en la Aces y coordinadora de esta última organización. Trabajó en la Feses hace cuatro años e, igual que David, denuncia que hay mucha represión en su colegio. “El 90% de los profesores y la dirección son de derecha y no permiten una ideología distinta -denuncia-. Están prohibidos los boletines, y también determinados actos. Yo hice una tocata con mi grupo punk, y no nos dejaron repetirla, porque se la dedicamos a los prisioneros políticos. Hace dos años teníamos como compañera a Manuela Guerrero, hija de Manuel Guerrero, que fue degollado. Cuando el centro de alumnos conmemoró el día de la muerte de su papá y colocó un afiche diciendo que también se recordaba a los detenidos desaparecidos, la directora rompió el afiche y mandó a llamar a Manuela para decirle que se olvidara de su pasado, que ahora tenía que preocuparse del futuro”.
¿Tienes algún familiar víctima de violencia política?
“Mi familia es socialista, varios parientes estuvieron presos y tengo una tía que vivió en Cuba. Mi abuelo fue presidente de la Fech en sus tiempos. Yo soy de Izquierda, y creo en la anarquía. Eso sí, no pienso que se pueda implantar un sistema anarquista, lo que trato de hacer es que las cosas sean más igualitarias y comunistas”.
¿Cuáles son los temas de fondo de los reclamos estudiantiles?
“Los 10 pesos son un problema de coyuntura que tiene un proceso de mucho más atrás. Por ejemplo, hay un polinomio de factores de mercado que influyen en el valor del pasaje, entre los cuales está el petróleo. Y quienes controlan el petróleo y la tecnología son los gringos. Por lo tanto, el alza del petróleo y de los pasajes tiene que ver con determinaciones que vienen de muy arriba, lo que a la vez nos demuestra que el gobierno no tiene ningún peso en las decisiones que se están tomando en el país. Mandan los empresarios y los capitalistas”.
¿Cuál es, a tu juicio, el perfil de los dirigentes estudiantiles que están actuando en estos momentos?
“La gente que está en las movilizaciones son generalmente de Izquierda, con ideas de fondo. Quienes están en la Concertación y en la derecha están negociando con el gobierno”.
¿Qué personajes históricos de la política chilena son importantes para ti?
“Miguel Enríquez y los que han estado en las calles, como Daniel Menco. Todos los asesinados políticos y los detenidos desaparecidos. No rescatamos a gente de ningún partido en especial, ni a nadie que haya tratado de surgir por medio de una coyuntura. Personalmente, valoro mucho lo que se hizo en los años 80, el MIR, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, el Movimiento Lautaro y los grupos subversivos de las villas. Aunque también critico que fueron organizaciones burocráticas y militarizadas”.
Jaime Torres estudia tercero medio, es secretario del centro de alumnos del Liceo San Francisco, de la comuna de San Ramón, y encargado estudiantil de la ‘Jota’ en la zona sur. Tiene un tío exiliado en España y una prima en Montevideo. Participa en la lucha estudiantil “para pelear por nuestros derechos”. Primero fue presidente de curso, en segundo medio, y después postuló al centro de alumnos. Su colegio, subvencionado particular, es católico y “la mayoría de los estudiantes no tiene interés en salir a luchar por lo que está pasando”. Dos problemas graves que enfrentan son el aumento sustantivo de las cuotas mensuales cada año y la falta de raciones alimenticias. “En primero medio se pagaban 8 mil pesos al mes, en segundo 9 mil y en tercero 10 mil. Hay mucha pobreza en el alumnado que viene de La Pintana, San Ramón, La Granja y Maipú”, señala.
Cristián Alvarado también es alumno de tercero medio y vicepresidente del centro de alumnos del Liceo B-79, que tiene un largo nombre: Liceo Politécnico B-79 Capitán de Corbeta Infante de Marina Pedro González Pacheco. Alberga a más de mil 500 estudiantes y se ubica en la comuna de Quinta Normal.
“Estamos en un liceo municipalizado, porque nuestras familias no tienen recursos. No tenemos futuro, y menos aún podemos darnos el lujo de andar a la deriva copiando cosas a otros países, como la prueba Sies”. Y agrega, con convicción: “Nosotros somos los que vamos a llevar el país para arriba”

LUIS KLENER HERNANDEZ


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Rodrigo Bustos, presidente de la Fech:

Unirse en un solo frente

A los 24 años, Rodrigo Bustos Bottai egresó de derecho y tiene todo programado para titularse el próximo año, con la idea de dedicarse al derecho laboral y constitucional. De padres exiliados, ambos militantes del MIR con períodos de reclusión en distintos centros de detención, nació en Italia, donde vivió y estudió hasta los 14 años junto a su hermana menor. La familia volvió a Chile en 1991. “Crecí sintiéndome italiano, aunque constantemente tuvimos relación con los chilenos exiliados, estábamos al tanto de lo que ocurría acá y mis padres siempre pensaron en regresar. Igual fue complicado llegar a Chile -nunca antes había venido-, pero me fui acostumbrando y encontrando mis raíces. Sólo mis abuelos habían ido a vernos cuando yo tenía un año, prácticamente no conocía a mi familia. Poco a poco me fui sintiendo parte de la cultura de este país, que no era la misma que mis padres habían dejado atrás y, como muchos chilenos, compartí la necesidad de justicia por todo lo ocurrido durante la dictadura.
   

Fue una de las causas que me llevó a estudiar derecho”, señala Rodrigo. Es un joven serio y reflexivo con rostro de niño chico. Ha vuelto dos veces a Italia y, como la mayoría de los hijos de retornados, se siente en parte italiano y en parte chileno. Posee una visión más global del mundo y una temprana conciencia política. Sin embargo, no milita en ningún partido y tampoco tiene apuro por hacerlo. Tiene claro que se requiere un mayor desarrollo del pensamiento de Izquierda y también más unión entre las fuerzas políticas existentes. Postuló a la presidencia de la Fech en una lista de Izquierda con miembros de las JJCC e independientes. Anteriormente trabajó con comunistas, socialistas extra Concertación e independientes en la construcción de un referente de Izquierda en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, que consiguió arrebatarle el centro de alumnos a la derecha y a la Concertación. En 1997 participó en las movilizaciones en defensa de la universidad pública y de la democratización. Fue elegido delegado de curso y después vicepresidente del centro de alumnos de derecho.
¿Cómo fueron tus primeras experiencias con el sistema educacional chileno?
“Al comienzo estuve cerca de dos meses en la Scuola Italiana, porque quería tener una enseñanza similar a la que había conocido y me resultaba difícil adaptarme a una serie de rigideces que existían aquí. Pero en la Scuola Italiana esa rigidez era aún mayor, así que derivé al Colegio Latinoamericano de Integración que, sin duda, es una burbuja dentro de la educación de este país, a mí me ayudó a integrarme. En Chile me llamaron mucho la atención el nivel de pobreza y la poca capacidad de asombro frente a las injusticias. Aquí andan criminales sueltos y se hacen reformas privatizadoras en diferentes ámbitos que han provocado grandes rebeldías en otros países, pero aquí se fue perdiendo la capacidad de movilización, especialmente en los dos primeros años de gobierno de la Concertación”.
¿Cómo evalúas tu desempeño en la presidencia de la Fech?
“Siento que hay una serie de condiciones y dificultades que hacen complicado ejercer un cargo en una organización social en Chile. A pesar de eso, este año se retomó un nivel de movilización estudiantil en la Universidad de Chile en demanda de una universidad pública y democrática, donde el Estado vuelva a asumir un rol. Se lograron varias cosas a nivel de bienestar interno, como becas y servicio médico, pero principalmente se consiguió aprobar un nuevo estatuto orgánico que reemplaza al de la dictadura, de 1981. Con estas movilizaciones culminó el proceso iniciado en 1997 por la democratización. Uno de los logros más relevantes es la constitución de un Senado universitario con la participación de los tres estamentos (profesores, administrativos y estudiantes). Este Senado, que comenzará a funcionar a fines de año, definirá las políticas de largo plazo de la universidad y tiene la facultad para establecer reglamentos y asignar presupuestos. Es un paso fundamental para llevar a cabo la democratización no sólo en la Universidad de Chile, sino en todo el sistema de educación superior. Esto podría desencadenar procesos similares de reformas democratizadoras en otras universidades, lo que sería muy importante”.
¿Qué papel puede jugar la Confech en esos procesos?
“Es una instancia en la que participan las directivas de cada federación, pero no ha funcionado de la mejor manera. Por ejemplo, este año, que se realizó un proceso de movilización en las Universidades de Chile, de Santiago y otras, la Confech no cumplió el rol que le correspondía de extender el conflicto a nivel nacional. La Confech se tendrá que reformar para estar a la altura de los desafíos que se presentan en relación con el cambio del sistema de educación superior, una tarea que todos los estudiantes sienten como suya”.
¿Cuál es tu visión de la movilización de los estudiantes secundarios y las acciones de violencia que han sido resaltadas por los medios de comunicación y el gobierno?
“Puso en evidencia un sentimiento de rabia que existe en muchos jóvenes. Sus demandas por la tarifa escolar y la prueba Sies son muy legítimas, pero lo más de fondo es el descontento ante las injusticias y la falta de canales de participación. Más allá de los hechos de violencia, que no tienen justificación, ha habido una intención de satanizar a los jóvenes. El gobierno se preocupa más de reprimir que de abrir vías de participación y de acceso a la educación, salud y cultura para terminar con la marginación. Las demandas que han planteado los secundarios también lo son de los estudiantes universitarios. Vemos que es fundamental crear un frente de defensa de la educación pública. Los estudiantes secundarios han salido a la calle en los dos últimos años en relación con el pase escolar y los universitarios lo hacemos cada año, sobre todo cuando falta plata para el crédito universitario. Por su parte, los profesores dan una constante lucha gremial y este año deben negociar nuevamente con el gobierno sus condiciones salariales. Hace falta un debate más de fondo para que todos estos sectores, en conjunto con la sociedad chilena, exijamos una reforma que fortalezca la educación pública”

PATRICIA BRAVO

 

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Diego Sáez, presidente de la Federación
de Estudiantes de la Universidad Austral:

¿Cuál es el enemigo común?

Es un joven de 22 años amistoso y locuaz. Diego Sáez Trumper, estudiante de Ingeniería Acústica, preside por tercer período consecutivo la Federación de Estudiantes de la Universidad Austral en Valdivia, su ciudad natal, y es militante de La Surda. Estudió en una escuela pública hasta octavo básico y luego hizo la enseñanza media en un colegio particular. Vive con sus padres, ambos profesores universitarios de matemáticas, de pensamiento progresista y que nunca militaron en ningún partido. Su madre trabajó con el PS en la época de la Unidad Popular y su padre, aunque no era partidario de Allende, quedó horrorizado con la dictadura militar. “La imagen que siempre he tenido de esos años es de una represión enorme y de una mínima valoración por la vida humana.
 

Fue una época que marcó política y socialmente a Chile, en términos muy fuertes”.

¿Cómo se fueron desarrollando tus inquietudes de participación estudiantil y política?
“Entré a la universidad en 1997, año en que hubo un paro nacional muy polongado, que en Valdivia duró más de un mes. Cuando estaba en el colegio, leía mucho de anarquismo -principalmente libros de Bakunin y Proudhon-, pero no participaba en nada. En el 97 me metí a la movilización nacional y vine a los encuentros que se realizaron en Santiago. Eso influyó mucho, como también las consecuencias de esa movilización, porque después de todas las expectativas que se crearon en regiones la salida se negoció en Santiago y nosotros quedamos botados. En Valdivia y en muchas otras partes se generó un gran escepticismo hacia las movilizaciones”.
¿Hubo descontento hacia la conducción dada por la Fech?
“Sí. Aunque siempre hubo una buena imagen de Rodrigo Roco, quien la presidía en esa época, impactó el centralismo con que se actuó y la salida que se le dio a la movilización. Eso reforzó la desconfianza que existe en regiones hacia la Universidad de Chile en el sentido de que tiende a arrastrar a las demás universidades en sus movilizaciones, pero una vez que obtiene sus triunfos abandona al resto. La Federación de la Universidad Austral, en manos de las Juventudes Comunistas, quedó muy desprestigiada, porque los dirigentes se cuadraron con la línea central, sin ningún tipo de discusión con las bases. De hecho, la federación dejó de funcionar durante los dos años siguientes. Hicimos esfuerzos por volver a parar la federación en 1999, pero la ganó la derecha. Era la única federación UDI de todo el país”.
¿Fue una etapa muy difícil?
“Yo era vicepresidente en esa federación. Logramos levantar los centros de alumnos en todas las carreras y lanzamos una serie de movilizaciones que condujimos nosotros, porque la gente de derecha se quedó al margen. Los estudiantes se fueron dando cuenta que gracias a eso fuimos consiguiendo cosas, aunque eran mínimas, como mejoras de infraestructura, una sala cuna, más becas alimenticias. Pero se rescató el sentido que para lograr algo había que organizarse y movilizarse. A partir de eso ganamos la federación y se la quitamos a la derecha, el mismo 99”.
¿Cuándo ingresaste a La Surda?
“Nosotros generamos una Asamblea de Estudiantes Autónomos para romper con la lógica de los colectivos, porque eran espacios muy cerrados que se transformaban en grupos de amigos. En el colectivo éramos cinco personas, en el mejor momento llegamos a nueve, pero a las asambleas abiertas llegaban entre 30 y 40 personas, y superaron las cien en épocas de elecciones, lo que es importante en una universidad de ocho mil estudiantes. Me di cuenta de la relevancia que tiene la conducción política, sobre todo en una perspectiva de largo plazo. Tenía mucha relación con la gente de la JJCC, pero por el tipo de respeto que se daba en La Surda hacia las organizaciones sociales, opté por esta última. La Surda hace una propuesta y trata de ganarla, pero si la pierde a nivel de base, se hace lo que dice la mayoría. Eso me atrajo”.
¿Quiénes participan en la Asamblea de Estudiantes Autonómos?
“Están todas las corrientes, desde independientes y anarquistas hasta gente que viene con ideas de derecha, que empieza a reconocer la validez de una forma diferente de organización social. Hoy, dentro de la Confech, trabajamos con once federaciones de las treinta que existen en el país. Somos la segunda fuerza después de la Concertación, como bloque”.
¿En qué están ahora en la Universidad Austral?
“Empezamos a pelear por mayores cuotas de organización dentro de la universidad y ganamos presencia dentro del Consejo Superior Académico, en los consejos de facultad, con derecho a voz y un 33% de estudiantes con derecho a voto. Ahora estamos impulsando una reforma de estatutos, que permita asegurar institucionalmente la participación estudiantil. En la Dirección de Asuntos Estudiantiles pedimos el 50% de participación”.
¿Qué piensas de las últimas movilizaciones de los estudiantes secundarios?
“Sus demandas son justas y me parece muy interesante la organización que se da el Aces, pero no considero adecuado que se metan manos externas -de la Fech y las JJCC- tratando de asumir su representación. Creo que nadie entiende muy bien todavía cómo trabajan los dirigentes secundarios. En todo caso, pienso que están cayendo en el error de pelear cuestiones muy puntuales, lo que hace más difícil controlar las movilizaciones para que los cabros no rompan las micros o no les tiren piedras a las tiendas. Sin saber si ya lo están haciendo, considero que deberían darle un marco más global a los problemas, basado en la brutal desigualdad que existe en la educación secundaria. De ahí nacen el descontento y la rabia contenida que se desencadenó por el alza de 10 pesos en el pasaje escolar. Hay que ir al fondo político y no quedarse en la sola agitación. Entre otras cosas, eso favorece la intromisión de lumpen y, aunque no me consta, se dice que la derecha manda muchachos para que hagan destrozos. El enemigo no está bien dibujado, porque falta una reflexión más de fondo. Hay que señalar íconos y responsables del modelo que impera en el país. El enemigo común que tenemos no son solamente los dueños de las micros. La represión tampoco va a frenar el malestar, lo único que puede hacerlo es generar una conciencia más política al interior del movimiento”.
¿A dónde va el país hoy?
“Me da la impresión que el mapa político se va a rearticular, que la contradicción entre el pinochetismo y antipinochetismo va a ser reemplazada por otras contradicciones. Hay una serie de expresiones diferentes a los partidos tradicionales que comienzan a hacerse visibles. La Izquierda se podría empezar a reconfigurar con una visión crítica y, conjuntamente, iniciar la reconstrucción del tejido social”


P.B.B.

 

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El Sagrado Corazón de Lo Espejo

Catalina Cadis y Carolina Collio, de 15 y 16 años, son estudiantes del Colegio Sagrado Corazón. “No es el Sagrado Corazón que todos piensan, de Apoquindo. El nuestro es de Lo Espejo y no es muy bueno”, aclaran. Ellas forman parte del colectivo Pars (Popular Acción Revolucionaria Secundaria), que a su vez participa en la Aces. “En mi colegio faltan raciones de comida, los baños son insalubres y el trato de los inspectores y profesores es malo. Son autoritarios, se creen superiores a nosotros y si reclamamos nos echan” dice Carolina.
¿Por qué participan en el colectivo?
Catalina: “Para cambiar la educación y mostrar las carencias que tenemos”
Carolina: “Es el cansancio, estar harta de que no se nos respeten las opiniones, y se nos estigmatice. Tenemos una educación de mercado que no nos favorece en nada, donde los colegios que cobran más plata tienen mejor educación”.
Catalina: “El nuestro es un colegio de población. Organizamos una marcha para que nos rebajaran en 50% el pago de la Prueba de Aptitud Académica, y nos llevaron a la dirección para decirnos que el colegio no nos va a preparar para la prueba. El centro de alumnos organizó talleres de reforzamiento para las alumnas que quisieran dar la PAA, pero el colegio ni siquiera presta sus salas. O sea, no les interesa que surjamos, quieren que salgamos del colegio como dueñas de casa”.
¿Se sienten parte de la cultura de Izquierda?
Carolina: “Sí, porque me identifico con el pensamiento revolucionario”.
Catalina: “En mi casa son todos izquierdistas, mis abuelos son detenidos desaparecidos, pero mi mamá nunca se ha dignado buscarlos ni nada”.
Carolina: “Lo mío es sólo mío. Mi papá es de derecha y mi hermana igual. Mi espíritu izquierdista es propio”.
¿En quién piensas cuando hablas de la Izquierda?
Carolina: “En el Che y Salvador Allende”
Como mujeres y jóvenes, ¿qué perspectivas le ven al naciente movimiento estudiantil?
Carolina: “No sé. Ojalá que todo resulte y logremos nuestros objetivos. Me preocupa mucho la violencia incontrolada, y me molesta que vengan niñitos a dejar la cagada”.
Catalina: “Ojalá concretemos lo que pedimos, aunque en el país faltan muchas cosas”


L.K.H.

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