El cobre después de Allende: De la nacionalización al saqueo extranjero

Multimillonaria demanda contra transnacionales

Una demanda equivalente a más de un cuarenta por ciento del PIB de Chile, por un monto de 32 mil millones de dólares, se tramita en el Séptimo Juzgado Civil de Mayor Cuantía de Santiago. Las demandadas son las multinacionales mineras que operan en Chile y la empresa Pelambres, propiedad del grupo Luksic que también tiene aportes transnacionales.
Cuatro abogados y economistas y un estudiante decidieron iniciar la demanda para que reparen el daño causado al país por negligencia, imprudencia o dolo al aumentar sin límites la producción de cobre, provocando la mayor caída de precios que se ha registrado en un siglo.

Los abogados Armando Uribe y Pedro Foncea, los economistas Julián Alcayaga y Orlando Caputo y el estudiante Miguel Castro, decidieron tomar en sus manos la acción popular -que puede ejercer cualquier persona- para reclamar la reparación de los perjuicios materiales y morales producidos a partir de 1989.

ALLENDE habla a los mineros en Rancagua sobre la histórica nacionalización del cobre, aprobada por unanimidad por el Congreso Nacional el 15 de julio de 1971.

 

Lo hicieron ante la pasividad de las autoridades de gobierno que, siguiendo la huella de sus antecesores, ha tolerado la acción depredadora de los consorcios mineros que operan en el país.
Para formular la demanda, patrocinada por el abogado Pedro Foncea Navarro, se acogen al Artículo 2333 del Código Civil, redactado por el propio Andrés Bello que establece: “Por regla general se concede acción popular en todos los casos de daño contingente que por imprudencia o negligencia de alguien amenace a personas indeterminadas; pero si el daño amenazara solamente a personas determinadas, sólo alguna de éstas podrá intentar la acción”.
En extensa presentación de casi 60 páginas, los demandantes declaran accionar por “todas las personas que habitan en este país” y que han sido directa o indirectamente dañadas por la acción de las multinacionales.
La argumentación sistematiza trabajos realizados por investigadores como el economista Orlando Caputo, el senador Jorge Lavandero y otros especialistas. Los enmarca en un cuadro jurídico que permite fundamentar la negligencia o imprudencia de manera irrebatible. Es imposible que las empresas del cobre, que tienen larga experiencia en negocios y actúan con sofisticados equipos técnicos, no hubieran podido prever que el aumento exagerado de la producción no influiría sobre los precios, haciéndolos bajar. La mera aplicación de la ley de la oferta y la demanda, que no puede ser ignorada, condenaba el precio del cobre a la baja.
Con cifras y citas técnicas, los demandantes recuerdan que las transnacionales “pusieron en el mercado una cantidad de cobre de mina muy superior al crecimiento que históricamente había tenido la demanda, lo que se tradujo en una caída del precio del cobre a menos de la mitad del precio promedio de 1989”.
Mientras Codelco aumentaba racionalmente la producción, las multinacionales lo hicieron sin reparos. Antes de 1990 el aumento de la producción en Chile era inferior al aumento de la producción de otras empresas mineras en el mundo. “Eso cambia radicalmente a partir de 1990 cuando las empresas mineras demandadas con su imprudente inversión sobreproductiva sobrepasaron en 4,5 veces el crecimiento de la producción que efectuaron todas las restantes empresas mineras del mundo, durante los años ochenta”.

ACLARANDO LAS COSAS

La demanda aclara las razones por las cuales conviene a las transnacionales aumentar la producción, aunque sea en desmedro de los intereses de Chile.
Utilizan distintos mecanismos para disminuir las utilidades que en la práctica les permite tener pérdidas o ganancias reducidas y pagar pocos impuestos, con mayor razón si los precios son bajos. Las utilidades las hacen en el exterior, concluyen.
Con tolerancia oficial las multinacionales que operan en Chile venden parte de su producción a filiales o empresas relacionadas con la casa matriz. Las ventas las hacen entre ellas, a precios que varían entre 20 y 30% más bajos que las cotizaciones del mercado de Londres. Las utilidades se esfuman para las empresas chilenas pero se obtienen en las filiales o relacionadas, por lo general establecidas en “paraísos tributarios” donde no pagan impuestos.
Los elevados intereses derivan de préstamos obtenidos de la casa matriz o de bancos relacionados con ella. El caso de Disputada es paradigmático. En promedio ha pagado a Exxon 70 millones de dólares en intereses al año, equivalentes al 30% de sus costos de explotación o al 20% de sus ingresos por ventas. El Abra pagó en 1998 68,1 millones de dólares en intereses lo que fue determinante para que el balance arrojara pérdidas.
Señala la demanda otros dos casos espectaculares: “Minera Escondida Ltda. en su balance público por el año 2000, a once años de haber iniciado su explotación admite gastos financieros por 112 millones de dólares, equivalente al 15,7% de sus costos de explotación o de 8,6% de sus ventas. Con un capital de 98 millones de dólares, esta empresa tiene una deuda de alrededor 1 mil 400 millones de dólares y paga además 64,4 millones de dólares a la Escondida por arriendo de la mina (que es propiedad chilena, PF) y 70 millones de dólares por administración, comisiones y ventas y fletes y seguros a otras empresas relacionadas. Doña Inés de Collahuasi en el balance publicado por el año 2000, declara pago de intereses financieros por 124,8 millones de dólares, lo que equivale al 24% de sus costos de explotación o 15,1% de sus ingresos por venta. Su capital social es de 185 millones de dólares, pero con un endeudamiento con empresas relacionadas de 1 mil 235,5 millones. Las pérdidas tributarias de estas empresas acumuladas hasta el año 2000 ascienden a 339,3 millones de dólares”.
Y prosigue: “Es así como mediante la autorización de invertir con créditos de sus propias filiales financieras, las transnacionales evitan pagar impuestos sobre las utilidades en Chile, cuyo adicional es de 35% y retiran de Chile varios cientos de millones de dólares anuales que están afectos a un tributo de solamente 4%”.
El tercer instrumento de evasión son los mercados a futuro. Los usan para “hacer pérdidas”, comprando opciones comprometidas a precios superiores en un 20 o más por ciento. Dan como ejemplo a Mantos Blancos, propiedad de Anglo American, que declaró pérdidas en mercados a futuro por 19 millones de dólares en 1994 y por 49 millones en 1995.
Los demandantes llegan a una conclusión en apariencia sorprendente.
El objetivo primordial de las inversiones que realizan en Chile los conglomerados que poseen el capital de las empresas mineras extranjeras, no es obtener utilidades en nuestro país, sino controlar y asegurar el abastecimiento de sus fundiciones, refinerías y diferentes tipos de fábricas elaboradoras y comercializadoras de cobre.
Incluso la demanda visualiza una política que no se detiene ante el posible agotamiento de los yacimientos chilenos. El aumento de consumo en los países emergentes -especialmente en China, India y también América Latina- hará que el cobre alcance “niveles de consumo y precios extraordinarios”. Sin embargo, alertan, “con la producción actual, para ese entonces ya no quedará cobre chileno, pero quedará el cobre en los Estados Unidos, Canadá, Australia, etc., de donde son originarias las empresas mineras demandadas”.

RESPONSABILIDAD
DEL GOBIERNO

El reclamo de los demandantes contra las multinacionales los lleva también a criticar severamente la pasividad o complicidad de los sucesivos gobiernos de la Concertación.
Sostienen: “Codelco rebajó su producción, pero tanta fue la producción de las empresas extranjeras que llevaron a la caída del precio del cobre bajo su entera responsabilidad, caída que fue acentuándose hasta hoy, con mayor relieve a medida que fueron copando la explotación del metal, la que llega actualmente a superar el 65% de la producción nacional”.
“Tan grave es la pérdida sufrida -prosiguen- que los mismos hechos originaron no sólo la caída del precio a nivel mundial, sino que además permitió a las empresas culpables llevarse el metal al exterior sin siquiera tributar por las ‘pérdidas’ que ese mismo precio les había irrogado. No fue necesario fiscalizar los precios de transferencia que pagaban las casas matrices de las empresas transnacionales y las remesas de capital y pago de intereses altísimos. Eso es actuar dolosamente en todas las latitudes menos en Chile”.
Y en otra parte:
“Hemos sido víctimas de una burla por parte de las empresas transnacionales del cobre que han venido a llevarse nuestras riquezas básicas, en la práctica, gratuitamente. Autoridades incautas o ingenuas, en el mejor de los casos, nos han expuesto a todos al ridículo. Somos el único país del mundo que con su sola producción de cobre tiene la capacidad de establecer el precio de esa riqueza a nivel mundial y que es capaz de permitir que el precio llegara al mínimo nivel en un siglo. Creemos que eso lo convierte en el hazmerreir de todos aquellos que conocen la mecánica del mercado. La verdad es que ese daño moral, esa vergüenza, deberían pagárnosla los gobernantes chilenos a todos los ciudadanos”.
No dudan en responsabilizar directamente tanto a las empresas como a los gobiernos: “...todo cuanto ha perjudicado el precio del metal rojo hasta los niveles actuales y futuros, ha sido deliberadamente propiciado por dos protagonistas: por una parte, los autores directos de la tragedia, las empresas transnacionales del cobre y, por la otra, quienes han eludido su obligación de procurar proteger nuestras riquezas básicas: los sucesivos gobiernos chilenos”.
Y concluyen: “La clase política no ha sabido salvaguardar los intereses de todos los chilenos. Tampoco quienes debieron hacer las estimaciones que correspondía efectuar a fin de poner coto al mal que se estaba produciendo”.

MONTO DE LA DEMANDA

Las sumas reclamadas por indemnizaciones son enormes. Parecen siderales, aunque se limitan a la pérdida de ingresos presupuestarios por el menor precio del cobre producido por Codelco. Magnitud que indica la enormidad del daño sufrido por el país como resultado de la aplicación de la política neoliberal en la minería.
Para calcular el daño económico directo, argumentan así: una primera aproximación es proyectar los aportes al Fisco efectuados por Codelco en 1989 (antes de la caída de los precios, PF) que alcanzaban a 2 mil 243 millones de dólares. Multiplicando esos aportes por doce años transcurridos hasta el 2001, daría 26 mil 916 millones de dólares de aportes proyectados a los que hay que descontar los 10 mil 950 millones de dólares que Codelco aportó efectivamente al Fisco en el período.
El resultado es sobrecogedor: 15 mil 966 millones de dólares. Esa es la suma reclamada como indemnización por el daño económico directo que habría que incrementar con intereses y reajustes legales.
No se trata solamente de la baja del aporte de Codelco al presupuesto fiscal, es justo también agregar los daños morales.
Siendo muy difíciles de estimar, porque habría que expresar en dinero la frustración, la inseguridad, la angustia y el dolor de las personas que no vieron atendidas sus necesidades básicas porque el Estado carecía de recursos para hacerlo, los demandantes prefieren calcular a grosso modo una suma equivalente al daño económico directo, o sea, 16 mil millones de dólares. La indemnización total que se reclama asciende en cifras redondas a 32 mil millones de dólares, casi un 40% del PIB de Chile.
Los demandantes no se conforman con el reclamo indemnizatorio en un juicio que puede ser interminable pero que da la oportunidad única de discutir a fondo un tema rodeado intencionadamente de penumbras y ambigüedades. Solicitan también la cancelación de las concesiones mineras otorgadas a las transnacionales. Su actitud negligente, imprudente y dolosa ha causado tal daño al país que piden al tribunal que, habiéndose violado el interés público que se tuvo en vista al otorgarles las concesiones, “se declare la caducidad de las mismas ipso jure, conforme a la Constitución Política”

ROBERTO ORTIZ



Si te gustó esta página... Recomiéndala

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TRANSNACIONALES DEL COBRE

- Cía. Minera Escondida Ltda.
- Cía. Minera Doña Inés de Collahuasi SMC.
- Cía. Minera Los Pelambres Ltda.
- Cía. Minera Disputada de Las Condes.
- Sociedad Contractual Minera Candelaria.
- Sociedad Contractual Minera El Abra.
- Cía. Minera Mantos Blancos S.A.
- Cía. Minera Zaldívar.
- Cía. Minera Cerro Colorado.
- Cía. Minera Quebrada Blanca.
- Cía. Minera El Indio

 

Si te gustó esta página... Recomiéndala

 

 

Disputada en veremos

En las últimas semanas el caso de la mina de cobre Disputada Las Condes quedó en el foco de la atención pública. La empresa fue vendida por su propietaria, la transnacional Exxon, a otra transnacional, Anglo American, propietaria de casi la mitad de Collahuasi, de Mantos Blancos y Manto Verde. La operación de mil 300 millones de dólares aún no se perfecciona por completo. Fue realizada en el exterior a fin de no pagar impuestos en Chile. La transacción se sumó a la más que discutible gestión de Disputada en nuestro país. A lo largo de cerca de 25 años no pagó impuestos. Permanentemente arrojó pérdidas en sus balances. Nunca tuvo utilidades y, sin embargo, siguió produciendo. Un caso sin precedentes en la minería mundial.
El gobierno del presidente Lagos decidió -aparentemente- enfrentar la situación. Incluyó un artículo en el proyecto llamado de “plataforma tributaria” en virtud del cual se aplicaría una tributación del 35% a título de impuesto a ganancias de capital a las ventas realizadas en el exterior sobre bienes chilenos. De acuerdo a la relación entre valor libros de Disputada y el precio de venta reconocido, la empresa debería pagar un impuesto de 300 millones de dólares.
El gobierno hizo declaraciones enfáticas. El presidente Lagos sostuvo que en Chile -por ser un país serio- los impuestos no se negocian. Y que Disputada no debía ser vendida en un paraíso tributario para eludir el pago de impuestos. La ley chilena se cumpliría y Disputada pagaría impuestos, no dijo cuánto.
Simultáneamente diversos empresarios y medios de prensa tomaron la defensa de Disputada. También lo hizo el ex ministro de Hacienda, Hernán Büchi, y el presidente de la Sociedad Nacional de Minería, Hernán Hotschild. El Consejo Minero que agrupa a las transnacionales hizo encubiertas manifestaciones de inquietud. Calificaron la decisión del gobierno como una mala señal para la inversión extranjera y coincidieron en que se “estaban cambiando las reglas de juego”.
El ministro de Minería, Alfonso Dulanto, enfrentó la situación con firmeza, luego de declaraciones ambiguas sobre la tributación minera cuya posible modificación visualizaba como producto de un consenso con las empresas. O incluso como la posibilidad de entrega voluntaria de recursos para obras indispensables para la comunidad.
Lo más complejo parece haber sido la actitud de Exxon, cuyas vinculaciones con el gobierno del presidente George W. Bush son conocidas.
Disputada es todavía propiedad de Exxon. En 25 años invirtió entre 1 mil 500 y 1 mil 800 millones de dólares. Produjo más de cuatro millones de toneladas de cobre fino por un valor estimado de unos 6 mil millones de dólares. Recuperó por lo tanto con creces la inversión y además pudo vender la mina en 1 mil 300 millones de dólares. Entre utilidades y renta del recurso, Disputada se apropió por lo menos de unos 3 mil millones de dólares.
Con todo, la situación para el gobierno es compleja. Disputada, es decir Exxon, es una de las transnacionales más poderosas del mundo. Exxon es Estados Unidos y el lobby petrolero, muy cercano al presidente George W. Bush. Una ruptura con Disputada podría poner en peligro al TLC, complicaría las relaciones con Estados Unidos ya alteradas por la cuestión del Tribunal Penal Internacional y enviaría una señal de peligro a las transnacionales cupríferas que han usufructuado hasta ahora de las muy liberales ventajas que ofrece el sistema tributario chileno.
Disputada puso el grito en el cielo. Sostiene que se ha ajustado estrictamente a ley, lo que es cierto. Se ha ceñido a la legislación dictada por Pinochet y a la tolerancia del Servicio de Impuestos Internos durante la dictadura y los diez años de gobiernos de la Concertación. Stephen P. Terni, presidente de la Compañía Minera Disputada de Las Condes S.A. señaló: “Disputada y sus accionistas jamás han evadido responsabilidades tributarias y han actuado siempre dentro del marco legal tributario vigente en Chile, materializando importantes contribuciones a la economía”.
Sostuvo asimismo que “ahora en último minuto viene un cambio de reglas para tratar de sacar dinero de la transacción y de la venta. Es una manera de sembrar desconfianza y falta de credibilidad”.
Las multinacionales mineras tienen motivos para sentirse inquietas. No se trata solamente de Disputada. Por primera vez desde la dictadura, se habla de la posibilidad de aplicar nuevos tributos a la minería y asimismo de hacer una revisión general a la tributación que se les aplica.
En el hecho, las multinacionales tributan varias veces menos que Codelco y eso es factor de preocupación. Denunciados muchas veces por la Izquierda, los problemas de caja fiscal empiezan ahora a poner en discusión algo que se ha ocultado.
Igualmente, se ha planteado la posibilidad de aplicar un royalty o impuesto sobre el recurso no renovable. Incluso altos personeros de gobierno no lo han descartado de plano.
La aplicación de un royalty es corriente en los países mineros. Se utiliza en Australia, Canadá, Papúa Guinea y algunos estados de Estados Unidos, lo que da sustento técnico y experiencia al eventual establecimiento de dicho tributo en Chile.
Las presiones han ido en aumento. Al parecer tendrán éxito. Disputada pagará impuestos por la venta a Anglo American. Pero serán la décima parte de lo que habría debido pagar, porque se acogerá al Estatuto del Inversionista Extranjero, dictado por la dictadura, conocido por su permisividad. Podrá rebajar del precio de venta las inversiones realizadas y de este modo pagará entre 30 y 45 millones de dólares. Y el presidente Lagos podrá seguir diciendo que en Chile los impuestos no se negocian. A menos que haya un cortocircuito de última hora

R.O.

 

Si te gustó esta página... Recomiéndala