| VENEZUELA
Política y economía
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Quien llega por primera vez a Venezuela
y lee los diarios de la mañana, piensa que Chávez cae
esa misma tarde. ¡Tanto es el terreno ganado por la oposición,
en la video-política, los diarios y la radio! Con medios de
comunicación absolutamente controlados por la oposición,
el gobierno cuenta con un solo canal de televisión, y éste
ni siquiera tiene cobertura nacional. Incansablemente, en el curso
de la jornada, se proponen acusaciones constitucionales, juicios de
desafuero, supuestas infracciones a la ley, malversaciones de caudales
públicos, comentarios muchas veces abiertamente injuriosos,
descalificaciones, etc.
Chávez ha advertido a sus opositores que tengan calma, que
esperen la mitad de su período (2003), para hacer efectivo
el “referéndum revocatorio” previsto en la Constitución
(Art. 72), y que se atengan a sus resultados. Baste decir que las
seis consultas organizadas desde 1998, han sido ganadas por Chávez
por una aplastante mayoría. |
RODRIGO Chávez, coordinador
nacional de los Círculos Bolivarianos (izq.), y Germán
Ferrero, miembro del departamento de asuntos internacionales del
Movimiento V República. Recientemente también visitaron
Chile el director de ese departamento, Diego Salazar, y Vidal Cisneros.
Se entrevistaron con dirigentes políticos y de la Fuerza
Social y Democrática.
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La convocatoria a referéndum revocatorio precisa de un número
no menor de 20% del electorado y para aprobarla, basta la concurrencia
de 25% del electorado siempre que iguale o supere el porcentaje del electorado
que eligió a Chávez como presidente de la República.
Ni la organización de las fuerzas sociales que apoyan el proceso
de cambios, ni las instituciones de la República están adaptadas
para las grandes transformaciones que plantea el proceso. La relación
entre las fuerzas políticas que constituyen el gobierno (MVR, PPT,
MEP, PCV y una fracción del MAS) y los vastos sectores sociales
que lo apoyan, es débil y en algunos casos caótica. Los
Círculos Bolivarianos y los grupos democráticos de la sociedad
civil aún se encuentran en proceso de organización. Las
motivaciones para la movilización son altas, pero la organización
para la propaganda (radios y televisión local, foros y seminarios
de discusión a nivel de pobladores, profesionales, puestos de trabajo,
folletos y prensa escrita nacional local o de barrio) y la discusión
programática están apenas en sus inicios.
BASE SOCIAL Y APARATO DE ESTADO
No existe articulación entre la base social de apoyo y el aparataje
del Estado que desarrolla las políticas públicas y concretamente
el programa de cambios. La Asamblea Nacional resulta incapaz de seguir
el paso de las grandes reformas que plantea el presidente. Enseguida,
la administración pública, con una plétora de empleados,
suman un millón quinientos mil, en su gran mayoría, militantes
adecos, copeyanos, etc., esconde en su seno, nichos de descontento y trabajo
lento, si no, lisa y llanamente, sabotaje. El poder judicial, más
que un poder prestigiado por su independencia, está formado por
jueces que son parte de situaciones clientelares y por lo tanto sin ninguna
credibilidad. Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), el cimiento
más sólido de la economía venezolana representa aún
una “caja negra” (con los gastos operacionales más
altos del mundo), que ni siquiera el presidente constitucional, con todo
su prestigio, logra desactivar, etc. No es posible reducirlo todo a la
relación de adhesión personal que suscita el presidente.
La relación Chávez-masa evoca más un nivel de esperanzas
que de gobierno realizador de ideas fuerza. La esperanza es un plus inevaluable
pero no basta para gobernar.
El carácter de las medidas enunciadas por Chávez es de tal
envergadura que existe la sensación que el proceso ha llegado a
un punto sin retorno. En ese contexto, aún las garantías
constitucionales reconocidas a la oposición, son consideradas por
el pueblo como un retroceso inexplicable y culpable, casi como una muestra
de debilidad. La percepción popular es que Chávez no puede
ni debe retroceder. Si cediera, la oposición tendría todas
las razones para dudar de la sinceridad del retroceso. En conclusión,
no le queda a Chávez otra opción que avanzar.
Originalmente, el poder de Chávez se gestó en la calle y
al margen de los partidos. Es probable que sólo dos políticos
hayan comprendido el alegato de Chávez, cuando preso (1992) dijo
que el proceso continuaba (su famoso “por ahora”). Su tesis
es clara, las transformaciones están lanzadas y no hay camino de
retorno, es más, el pueblo no sólo desea el cambio, sino
que está dispuesto a luchar por él. Rafael Caldera comprendió
el mensaje y desde el parlamento lo apoyó verbalmente, con lo cual
pavimentó su camino a la presidencia. No es extraño pues
que Chávez en su intervención radial del 30 de junio de
2002 (“Aló Presidente”) haya dicho, “no le debo
absolutamente nada al Dr. Caldera”. La habilidad política
de Rafael Caldera lo llevó a la presidencia.
El discurso de Aristóbulo Istúriz, actual ministro de Educación,
fue de la misma factura, pero sus palabras y sobre todo sus hechos revelaron
un compromiso real con la tesis de Chávez de la transformación
irreversible. La política de Chávez sugiere una relación
vinculante del pueblo con el poder político. En esa estrategia
el pueblo es soberano y la toma del poder se entiende como la recuperación
del papel del Estado o ejercicio real de la soberanía popular.
MILITARES EN LA POLITICA
La presencia de los militares en política forma parte de la historia
de Venezuela. Venezuela profundiza esa relación y le da un claro
contenido de compromiso democrático. En la Venezuela de hoy es
impensable que los militares se dediquen a sus tareas profesionales sin
participar en política. Participaron democráticamente y
restituyeron al presidente constitucional y no darán pie atrás.
Por eso, ahora cabe hablar del fortalecimiento de la alianza cívico-militar.
La politización de los militares dentro de los cauces de la Constitución
implica abrir nuevas vías de participación en la sociedad.
Algunas podrían ser el servicio militar del trabajo, orientado
hacia trabajos comunitarios realizados por el cuerpo de ingenieros militares;
participación en programas sociales, por ejemplo, abastecimientos
en zonas fronterizas de difícil acceso; apoyo a programas civiles
de alfabetización, salud, educación; construcción
de viviendas; apoyo a programas culturales y espectáculos organizados
por los municipios (deporte, folclor, etc.); realización de un
plan ferroviario nacional. La integración de profesionales civiles
(historiadores, sociólogos, economistas, administradores públicos,
juristas, médicos) en tareas propias de las FAN podría sellar
un compromiso por una causa común, sin confundir los roles que
se suponen en cada estamento social, pero sí relacionándolos
en cursos de la Academia de Guerra; organización de seminarios;
trabajo conjunto en industrias estratégicas como comunicaciones,
minería, explosivos, transporte, energía, etc. Tareas que,
como lo expresara el general Carlos Prats, comandante en jefe del ejército
de Chile en la época de la Unidad Popular, consolidan la seguridad
nacional y que en el caso específico de Venezuela, dan un contenido
real y concreto al pueblo presente en las filas de las FAN y al pueblo
civil en la realización de los principios consagrados en la Constitución
Bolivariana.
UNA RELACIÓN PROBLEMÁTICA CON LAS INSTITUCIONES
DE BRETTON WOODS
Venezuela, mediante la racionalización de las liquidaciones de
pago del sector petróleo en el tiempo, puede prescindir de la asistencia
financiera de las instituciones de Bretton Woods. Su base financiera es
ancha. Su potencial económico más importante reside en el
grupo estatal PDVSA con ventas en 2001 de 45 mil millones de dólares,
ocupando el quinto lugar en el mundo, después de la British Petroleum,
Royal Dutch/Shell Group, TotalFinaElf y Pemex. El potencial productivo
y la estrategia internacional de PDVSA la ha llevado a colocar su petróleo
crudo en mercados externos, a través de la adquisición de
refinerías en Estados Unidos (Citgo) y en países europeos.
Además, de la red de estaciones de servicios en Estados Unidos,
también cuenta con refinerías en Alemania, Bélgica,
Escocia, Inglaterra y Suecia, con una capacidad de refinación de
2,4 millones de barriles diarios, de los cuales por participación
accionaria le corresponden 1,1 millón de barriles diarios (46%).
América Latina es parte de la estrategia y en el presente PDVSA
evalúa operaciones de distribución al detalle en la región,
particularmente en Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay. El alcance
de esta política es mayor que la de otros países de América
Latina que luchan por alcanzar la autosuficiencia (caso de Petrobras en
Brasil) o que están definiendo políticas de expansión
en Argentina, Brasil, Ecuador, y en menor medida, en Perú, con
Repsol-Ypf. En el año 2000, los resultados de PDVSA representaban
7.216 millones de dólares, superando los resultados de otras firmas
petroleras de la región (Petrobras, Repsol YPF, Pemex, TotalFinaElf,
Royal Dutch Petroleum).
La capacidad de endeudamiento de PDVSA es más importante que cualquiera
de las firmas de alcance mundial en Latinoamérica. La modernización
de PDVSA ha implicado importantes inversiones privadas que por el monto,
origen y destino estratégico (petroquímica, marina, refinación,
tecnología, mercado, etc.) de las inversiones comprometidas en
el grupo PDVSA, podría sostenerse que se ha llevado a cabo una
virtual privatización de la industria. Sin embargo, la estrategia
del gobierno venezolano ha neutralizado estos efectos, por cuanto el gobierno
ejerce el monopolio sobre la venta del petróleo. El Estado cuenta
además con un dispositivo tributario (impuestos específicos
establecidos en la Ley Orgánica de Hidrocarburos) difícil
de eludir. Sin embargo, el monopolio de la venta del petróleo no
basta. La “caja negra” de PDVSA, es su consejo de administración,
donde no sólo se juegan los intereses del Estado venezolano, sino
además, de poderosos intereses privados y transnacionales, que
son parte del grupo estatal. Esto, tiene efectos directos en altos -e
inexplicables- costos de operación. Pero también tiene efectos
en las políticas de alianzas con otros grupos internacionales,
políticas estratégicas con relación a la diversificación,
apoyo a otros sectores de la economía venezolana, estrategia “aguas
abajo” y participación más amplia de empresarios venezolanos
en desarrollos petroquímicos y derivados. En síntesis, existe
una zona de conflicto de intereses entre el interés público
e intereses privados difíciles de erradicar al interior de PDVSA.
No cabe duda, que la exitosa estrategia propuesta a sus socios de la OPEP,
sería aún más eficaz si la administración
de PDVSA fuera más transparente. La nominación de Alí
Rodríguez el frente de PDVSA va en ese sentido.
En el contexto actual de crisis global, con un régimen de flotación
cambiaria y multilateridad de los intercambios, el papel del FMI no es
sino una alternativa, entre otras, para resolver problemas de Caja en
la contingencia del corto plazo. Pudiendo ser resueltas estas contingencias
por el Estado venezolano, la asistencia financiera del FMI, resulta prescindible.
Este argumento se hace cargo de un hecho que domina las finanzas mundiales
del siglo XXI. Las finanzas (léase endeudamiento) están
interrelacionadas con comercio e inversiones. No son precisamente las
condicionalidades del FMI que asegurarán un blindaje a la volatilidad
de los flujos de inversión y el comercio. No existen formas verdaderamente
eficaces de controlar los flujos de inversiones de portafolio y el FMI
sólo busca una vigilancia mitigada, sacrificando con ello su ortodoxia
libremercadista y reconociendo implícitamente que hay otras tareas
de mayor significación en la estabilidad de las economías,
como las tasas de cambio.
En su estrategia macroeconómica el gobierno de Venezuela reconoce
este hecho. Por ello, el ministro de Planificación y Desarrollo
ha postulado una tasa de alrededor de 1.300 bolívares por dólar
y una “flotación pura”, lo cual no ha obstado para
intervenciones del Banco Central -durante el mes de junio 2002 de 45 millones
diarios-. Esa solución pragmática (“flotación
sucia”), es correcta pues evita fluctuaciones desmesuradas en economías
abiertas, a menos que el gobierno se decida por una política radicalmente
integracionista. En las condiciones actuales ese tipo de medidas se inscribe
en un horizonte de mediano y largo plazo. Valga aquí un recuerdo
histórico. En la posguerra la quimera eran los dólares.
Hoy, la utopía no es tener más dólares sino el goce
de una moneda común que permita la “desglobalización”
de un grupo de economías donde la profundización de los
intercambios -y en una etapa posterior- la integración, sean posibles.
En el largo plazo, ese “regionalismo desglobalizado” debería
conducir a acuerdos monetarios regionales.
En el corto plazo Venezuela está artillada para resolver sus problemas
de caja y de balanza de pagos y objetivamente los inversionistas extranjeros
no parecen sentir mayores inquietudes. (De hecho, un buen número
de firmas norteamericanas de análisis de riesgo recomienda la compra
de bonos venezolanos. En el comercio del día a día priman
los consejos de trading: comprar barato y vender cuando suba el precio.
Pero, cualquiera sean esas recomendaciones, lo que prima es la economía
real, esto es, el petróleo). Sin embargo, lo que parece más
difícil de resolver son los “espacios cerrados” del
comercio internacional que atentan en gran medida al equilibrio de las
balanzas de pago, sobre todo de economías pequeñas y abiertas.
Dos tercios del comercio mundial está representado por el comercio
intrafirma de las transnacionales, lo cual lleva mediante precios de transferencia
bajos y costos altos a una maximización del beneficio global de
la firma. El círculo de dificultades y frustraciones de las economías
latinoamericanas, se cierra al considerar las formas clásicas de
financiamiento de las balanzas de pago que son claramente insuficientes:
derechos especiales de giro del FMI; cláusulas de salvaguardia
de los compromisos internacionales; colaboración entre los Bancos
Centrales; y medidas proteccionistas, acelerando una depreciación
o bien impidiendo una apreciación, etc.
CONCLUSIONES
Es una tentación repasar similitudes en situaciones tan diferentes.
Para quienes vivimos el golpe de Estado en Chile, Venezuela recuerda el
período que media entre el abortado “tanquetazo” del
29 de junio y el ataque a La Moneda el 11 de septiembre de 1973. El símil
llega hasta allí, pues mientras Allende apostaba al equilibrio
de los partidos políticos y el margen de acción que ellos
le daban, la movilización del pueblo en la Venezuela de Chávez
descansa más en el carisma del presidente que en el programa o
la acción partidaria del Movimiento Quinta República, Patria
Para Todos o aún de los Círculos Bolivarianos y grupos democráticos
de la sociedad civil. A su vez, la fortaleza de los partidos de la oposición
se basa más en la descalificación del presidente Chávez
que en un programa común. De hecho, ese programa no existe y difícilmente
se puede encontrar un interlocutor que represente la oposición.
La disolución de la Asamblea Nacional, la abolición de la
Constitución y del nombre del país, etc., puntos anunciados
en la primera alocución del empresario golpista Carmona Estanga,
develaron las verdaderas intenciones: supresión física de
los oponentes políticos y del diálogo político, al
más puro estilo fascista. Y allí surge otro elemento que
no tuvo Allende: el apoyo efectivo de unidades militares que conjuntamente
con la presencia del pueblo en las calles pusieron fin a la intentona
golpista. Agreguemos a todo ello, la cláusula democrática
del sistema interamericano y la lectura de los presidentes Fox de México,
Duhalde de Argentina y Toledo de Perú, que desecharon la peregrina
teoría de “vacío de poder” esgrimida por los
golpistas. Esto dejó sin base de apoyo los comentarios de los gobiernos
de Estados Unidos y Chile, quienes justificaban implícitamente
el golpe haciendo referencias a la “imprudente política de
Chávez”. A comienzos de julio del 2002, y según las
disposiciones legales que rigen el cambio del Alto Mando del Ejército,
éste fue completamente reorganizado.
En un clima de hegemonía unilateral de Estados Unidos, y de crisis
de los Estado-nación, donde el neoliberalismo ha desmantelado la
economía social y eliminado cualquier iniciativa de solidaridad,
la revolución bolivariana proclamada por Chávez aparece
como un referente regional, latinoamericano, con raíces históricas,
culturales, sicosociales y étnicas comunes. Históricamente,
las iniciativas hemisféricas no han logrado legitimar una estrategia
destinada a resolver los problemas de explotación. Esto implica,
en términos políticos y sociales, transformaciones importantes
de la sociedad civil. Nuevas prácticas de participación
local, capaces no sólo de generar armonía en la explotación
presente y futura de los recursos, sino de imponer proyectos globales
de desarrollo, de cambios tecnológicos, de cooperación,
de inversiones, de cambios institucionales, en fin transformaciones políticas
importantes. Todo ello implica tensiones y luchas sociales donde está
presente la transformación de las relaciones de producción.
Sin embargo, lo esencial en las nuevas luchas no está allí,
sino en la producción de relaciones, lo cual lleva implícito
el reemplazo del sistema, el repudio de concepciones hegemónicas
universales y la lucha por espacios “regionales desglobalizados”.
Desafíos que la revolución bolivariana debe recoger de inmediato
por su responsabilidad ante su pueblo y los pueblos de Latinoamérica
en procesos que tienden a revertir las tendencias actuales, orientándose
hacia luchas por lo local, lo humano y lo sustentable.
La revolución bolivariana es un llamado a profundizar los cambios
democráticos e incorporar la gran masa de excluidos a la sociedad
venezolana. Mediante nuevas alianzas sociales se incorporarán al
proceso los trabajadores manuales e intelectuales y todos los excluidos
de la sociedad, dueñas de casa, pobladores, pequeños campesinos,
artesanos, cesantes, estudiantes, pueblos originarios, para desarrollar
la economía local, mejorar las condiciones de vida de los venezolanos
en el terreno de la salud, la educación, la vivienda, el medio
ambiente. Encontrar los espacios de participación y sus métodos
es el gran desafío de los partidos políticos, los Círculos
Bolivarianos, y las organizaciones democráticas de la sociedad
civil que apoyan el proceso. Es el momento de sumar, y encontrar las instancias
de encuentro con todos aquellos que están por los cambios.
El gran desafío de la economía venezolana es lograr un desarrollo
integrado y sustentable. La gran apuesta de Venezuela es la incorporación
de su población a su portentosa riqueza. En Venezuela conviven
dos economías. Una, de grandes industrias nacionales modernas de
alta tecnología orientadas hacia la exportación, y otra
de economía agraria campesina e informal. El progreso técnico,
inherente a la economía de exportación es necesariamente
limitado en su desarrollo y sus consecuencias por cuanto sus productos
no están integrados al mercado interior. Baste decir, que el 80%
de la fuerza de trabajo está en el sector informal, 44% de las
familias está en la categoría de pobres y 19% en situación
de extrema pobreza (1999). La viabilidad de una economía local
en el eje Orinoco-Apure, en contraposición a las grandes inversiones
nacionales de vocación exportadora (principalmente en la Guayana),
es clave para el desarrollo equilibrado y sustentable de la nación.
En ese contexto, el desarrollo de la economía “no-petróleo”
y la reforma agraria son piezas claves del ordenamiento territorial y
de la viabilidad de un desarrollo sustentable. Dos tercios de la población
vive en áreas costeras, cuyos patrones de consumo dependen en gran
parte de las importaciones sustentadas por el petróleo. Corresponde
al gobierno de Venezuela desarrollar una visión estratégica
respecto al agotamiento del stock mundial petrolero, lo cual plantea un
problema a las generaciones futuras que sólo un gobierno soberano
puede asumir en el presente. El problema de la viabilidad de la economía
en el mediano y largo plazo no es un elemento que pueda ser internalizado
en los costos asumidos por la inversión extranjera directa del
petróleo. La sustentabilidad es un problema venezolano, no negociable,
que sólo un pueblo soberano puede asumir
HÉCTOR VEGA (*)
(*) Economista chileno.
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