Ciudadanía y Justicia

En defensa de los jóvenes marginales

Parecía una cadena nacional, pero no había una autoridad de gobierno hablándole a la nación. Era El Tila, el supuesto violador de La Dehesa. Su rostro estaba en todos los canales, la pantalla lo mostraba desde todos los ángulos. También estaba en primera página de la prensa, se reproducía en los quioscos por sus cuatro costados. Fue el criminal del momento, el delincuente “top”, y los medios lo sometieron a juicio, lo encontraron culpable, terminó como reo rematado por la prensa... a nivel judicial el proceso está iniciándose.

Los medios televisivos han transformado la delincuencia en parte importante de su show policial, incluso han generado dramones, teleseries y recreaciones sobre el tema.

LORETO Hoecker, presidenta de la Corporación Ciudadanía y Justicia.

También la prensa escrita se nutre de él y de las encuestas que pregonan el alza explosiva de la criminalidad. Kilómetros de papel de diario se usan cada día, para informar con detalles escabrosos, de lo que hace algunas décadas era un tema más dentro de las publicaciones: la crónica policial. Los medios se introducen en la intimidad más recóndita de los supuestos delincuentes, consultan la opinión de especialistas y especulan sobre los recovecos del alma de aquel que cae en su mira.
Paz Ciudadana exhibe encuestas alarmantes que miden con precisión matemática hasta el temor escondido en el inconsciente más profundo de la población. Incluso le asignó un nombre grotesco, “Indice de Temor Ciudadano” (“La Guerra y la Paz Ciudadana”, LOM). Algunos alcaldes reclaman escandalizados porque la delincuencia “paga barato”, prometen mayor protección y ofrecen tolerancia cero, mientras el gasto social disminuye y el gasto para reprimir aumenta.
Por otro lado, a la sombra del consiguiente aumento del miedo a la delincuencia crecen negocios lucrativos como el de las empresas comercializadoras de productos de seguridad, alarmas, circuitos cerrados de tv, detectores antirrobo y asalto, etc. Hace poco más de un año se estimaba que el negocio llegaba a 50 millones de dólares. También produce mucho el de los guardias de seguridad, que superan la dotación de Carabineros, y actúan sin una normativa clara que regule sus funciones.
Desde que el periodismo dejó de ser un servicio a la comunidad y la noticia se transformó en un producto más, que se transa en el mercado, se usa y abusa de temas recurrentes como los actos delictuales porque “venden bien” y el rating está asegurado. El delito atrae espectadores y lectores, que morbosamente entran en una espiral de temores, rabias, odios indiscriminados y lo que es peor, subliminalmente se va generando inseguridad, desconfianza y miedo, lo cual incrementa el individualismo y anula la solidaridad.
“Creo que efectivamente vivimos una situación de cierta inseguridad ciudadana que es más generada por los medios de comunicación que por la realidad”, afirma el abogado especialista en derechos humanos, Nelson Caucoto. Añade que hoy es un tema que se repite en los medios de comunicación y también a través de las encuestas que por lo demás no considera muy efectivas.
“Es el caso de instituciones como Paz Ciudadana que dan cuenta numérica, se fijan en cuántos delitos de robo, homicidios o violaciones se cometieron pero no se plantea consultar por qué se cometen estos delitos”, comenta. Una institución que sólo contabiliza los delitos que cometen los pobres, los segregados de la sociedad, pero no se preocupa de los delitos de la gente de cuello y corbata, tanto o más graves que los que comete un joven de una población con un hurto.
“En general, cuando hablamos del delito, nos referimos al que se produce en los sectores más marginales. Hay una asociación entre ese comportamiento delictivo y la inseguridad. En cambio, el delito de cuello blanco es más abstracto, más lejano, la amenaza es poco visible”, afirma Loreto Hoecker, socióloga, académica y presidenta de la Corporación Ciudadanía y Justicia. Aclara que pese a que jurídicamente, delincuente es el que transgrede la ley penal, desde el punto de vista de la construcción social, es el que puede ser estigmatizado como delincuente.

JUVENTUD SIN FUTURO

El tema de la seguridad o inseguridad es un problema de fondo, un problema estructural de la sociedad, en el que actúan diversos factores. Quienes delinquen son personas inmersas en una profunda frustración y en condiciones económicas paupérrimas. Un joven de población que no tiene perspectivas de futuro, ni proyecto de vida, que no tiene educación, con posibilidad de acceso a las drogas y al alcohol, que vive parado en las esquinas, en un ambiente de alto compromiso criminológico, no se ve qué futuro pueda tener.
Más aún si ese joven recibe el impacto de los medios de comunicación bombardeándolo con ropa de moda, motos, mujeres atractivas. Es decir, con una sociedad hedonista, no se advierte qué posibilidad tendría de igualarse con aquellos otros jóvenes que cuentan con los medios para adquirir esos productos.
“Qué puede llegar a sentir un joven de una población marginal en un mall cuando ve que no tiene ninguna capacidad económica para acceder a tantos artículos que allí se exhiben. Va a acumular una gran frustración, una rabia que probablemente más adelante significará atentados contra la propiedad. Ahí creo que hay una explicación de los delitos contra la propiedad”, opina el abogado Caucoto.
La deuda del pasado es, a su juicio, otra causa de inseguridad. No es que los delincuentes se hayan puesto de acuerdo para cometer delitos más violentos, es la impunidad que sigue reinando ante los crímenes de la dictadura, la que lleva a una sola conclusión, la vida vale menos, la integridad física vale menos. Por eso, la gran tarea es recuperar los valores superiores que gobiernan la sociedad. “Mientras nosotros no revalidemos la vida, mientras no revalidemos que la persona vale por lo que es, mientras no revalidemos el concepto de que la persona es espiritual y materialmente un ente intocable, inviolable, tiene poco sentido que exijamos una política de tolerancia cero, porque no hemos sido capaces de aplicar tolerancia cero para los crímenes más atroces de la historia del país”, subraya Caucoto.

MAS RECURSOS
A LA REHABILITACION

La falta de rehabilitación es otra causal de inseguridad. Los estudios indican que un alto porcentaje de los presos son menores de 30 años; que más del 70 por ciento no tiene nivel educacional superior al 5º año básico. Que, además, pertenecen a hogares disgregados; que viven en ambientes de alto compromiso criminológico; que no tienen condiciones materiales ni oportunidades en su vida. A ellos no les inculcaron valores en la enseñanza formal, porque desertaron; tampoco les inculcaron valores en la familia porque ésta se disgregó y lo único que ven en la población es que progresa el que delinque.
Este ambiente es una suerte de escuela que se reproduce más adelante en las cárceles, donde actualmente no existen proyectos serios de rehabilitación. Esto significa que seguirá habiendo cárceles cada vez más saturadas, sin trato digno para los presos. Es imposible pensar que puedan lograr mejores condiciones mientras el Estado no aporte mayores recursos a la rehabilitación. “Sigo soñando con que se construyan granjas, fábricas al interior de los penales. Grandes escuelas para que los jóvenes estudien y vean que tras la delincuencia hay un futuro que consiste en abrirse paso adquiriendo un oficio, una profesión y lleguen a ser personas útiles” puntualiza el abogado Caucoto.
Piensa que la sociedad debe aportar al bien común, que es el bien de todos, incluso el de los delincuentes. Debe aportar para que puedan resociabilizarse, lograr un trabajo digno e integrarse nuevamente a la sociedad. “Creo en la resocialización, creo que la persona puede redimirse”. Concuerda en que la persona que se aparta de la ley necesita ser sancionada, pero cumpliendo su sanción tiene la posibilidad de insertarse en la sociedad.
“Siempre va a existir el delito en la sociedad, no creo en la doctrina pasada de moda de que el delincuente nace, creo que al delincuente lo hace la sociedad. No tener posibilidades de desarrollarse, no tener futuro, eso hace al delincuente” afirma. Para Caucoto, hay que ver dónde surge, cómo fluye y cuáles son las causas generadoras del delito y apuntar ahí. Por eso confía en los gobiernos que aportan a la educación. “Hay que evitar el nivel de deserción escolar de hoy, porque ahí están los valores y el hombre se va haciendo sobre valores”, señala.
Todos quieren que se aplique el máximo de las penas, pero no entienden que no es casualidad que los mayores niveles de reincidencia se dan en quienes han sido condenados a penas altas y las han cumplido en prisión. En cambio, hay menor nivel entre aquellos presos que han logrado cumplir sus penas con medidas alternativas.
En este mismo ámbito concentra su interés y trabajo Ciudadanía y Justicia, específicamente en el sistema de penas. “En Chile hay un sistema de medidas alternativas que es muy eficiente. En comparación con otros países su éxito es notable, tiene tasas de reincidencia muy bajas y está construido sobre una lógica de apoyo, de acompañamiento a la reinserción social, es una visión mucho más de conjunto”, destaca la socióloga Hoecker. Añade que, sin embargo, ahora se está presionando para que se extiendan penas alternativas, a través de control tecnológico (tobilleras) que se pueden seguir mediante un computador. “Así sólo se busca disminuir el uso de la cárcel”.

INDUSTRIA CARCELARIA

Hay tareas de las cuales el Estado no puede desentenderse. La acción de sancionar le es propia, jamás se debería traspasar a los privados. La acción de sancionar tiene que ver con la aplicación de una pena, la privación de libertad, todo eso tiene que ser estatal. “Yo no me imagino este país con cárceles privadas, a pesar que todo dice que así va a ser. Creo que hay una tarea del Estado, es él quien que tiene que proponerse rehabilitar”, afirma Caucoto. No niega que quienes delinquen necesitan un reproche por su conducta, en la condición que corresponda. Pero reitera que es el Estado quien tiene que preocuparse de esa persona, que no deja de serlo por estar privada de libertad.
Por su trascendencia, también analiza el tema Ciudadanía y Justicia. Le preocupa, explica su presidenta, que en la experiencia internacional “se tiende a desarrollar una lógica bastante maligna. Quienes se benefician con el negocio de ‘la industria carcelaria’, como lo llaman eufemísticamente, desarrollan, en cada una de las discusiones de leyes, una capacidad de lobby que podría significar más clientes para el sistema”.
“Todos sabemos que la privatización ya viene -puntualiza- y eso nos puede producir un problema severo”. Añade que el país experimenta un aumento sistemático de la población encarcelada, lo cual es explosivo porque constituye un gran desgaste para el Estado. Pero sobre todo porque la cárcel es una institución que puede impulsar una espiral de violencia.
En consecuencia, considera delicado que la sociedad no esté informada, ni preocupada del crecimiento de la población carcelaria. “Aquí se está diciendo irresponsablemente que el castigo no funciona, que no se aplican las penas, que las penas son muy bajas, que el que comete un delito entra por una puerta y sale por la otra”, apunta.

ESTIGMATIZAR
A LOS JOVENES

Las estadísticas indican que de cinco delitos que se cometen en Chile, uno es cometido por un joven menor de 16 años. Las cifras son claras, los que están presos son jóvenes, sin escolaridad y pertenecen a sectores poblacionales. Esos tres elementos llevan a concluir que provienen de los sectores peligrosos de la sociedad, “así nace la estigmatización y el sistema penal se vuelca contra ellos, y se vuelca con fuerza”, afirma Nelson Caucoto. Los legisladores pretenden que es necesario regular la situación de los mayores de 14 años y también aplicarles el rigor de un proceso penal, con la supuesta atenuante de que será un proceso penal “para jóvenes”.
Un joven de 14 años puede cometer un crimen atroz, pero recién sale de la niñez. Es natural que un niño de 12 años tenga menor capacidad de autodeterminarse que uno de 14, y éste, menos que uno de 16. El joven de 14 es un niño que entra en la etapa de la adolescencia, pero tiene una voluntad inmadura. La ley, en cambio está hecha para personas que tienen una voluntad y una razón maduras. De lo contrario, tampoco se dejaría de sancionar a los locos o dementes, que no tienen ni inteligencia ni voluntad.
El gobierno dice que este proyecto se elaboró considerando la Convención de los Derechos del Niño. Sin embargo, primero habría que comparar a un niño de 14 años de una población con alta tasa de criminalidad, cesantía y disgresión familiar y un niño de la misma edad proveniente de sectores acomodados. El primero de estos niños aprende que el padre es alcohólico, que la madre a lo mejor sale a prostituirse, que nunca están en la casa, que sus amigos son los que se paran en las esquinas, que allí progresa el que delinque. Al no tener acceso a educación formal, carece de valores y los padres no están cerca para señalarle lo que está bien o mal. De modo que ese niño carecerá de herramientas que le permitan discernir lo incorrecto.
“Qué se le puede exigir al niño que desde chico aprende lo que ve en un ambiente de alta contaminación criminológica. No se le puede aplicar todo el rigor de la ley sin hacer una distinción que es básica y no simplemente semántica. El sistema es terriblemente cruel, esos jóvenes no tienen ningún futuro. Quién puede plantear en forma realista que podrán llegar a la universidad, a ser profesionales, nadie”, subraya Caucoto.
Es partidario de darles a los jóvenes una libertad dentro de su medio, pero una libertad para aprender, para hacer deporte, para crecer como personas. Asegura que ellos, además tienen todo el derecho a plantearle exigencias a la sociedad. “Estos jóvenes pueden reclamarle a la sociedad que no se les ha dado oportunidad de tener educación, salud, justicia”.
“La propuesta de un nuevo sistema penal para adolescentes surgió inicialmente como resultado del monstruoso sistema existente que penaliza a los niños, los mantiene presos a veces sin siquiera haber cometido delito, y que no tienen ni derecho a defensa”, sostiene la presidenta de Ciudadanía y Justicia.
“Se ha ido poniendo sobre el tapete con una mirada represiva, como si tuviéramos que temer a los niños y por lo tanto buscar maneras de controlarlos, reprimirlos y castigarlos”, dice

SONIA CANO


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Seguridad humana

Ciudadanía y Justicia ha cumplido dos años de intensa actividad. Cuenta con personalidad jurídica y un grupo de 22 socios, de los cuales seis son los participantes más activos. En la organización se trabaja sin contrato, cuenta con financiamiento mínimo con cuotas de los socios y eventualmente pequeñas consultorías ya que no hay empresas que los apoyen. “En el grupo más activo -señala Loreto Hoecker- hay personas especializadas en el área que dedican tiempos parciales o un período para trabajar un tema específico. De sus propias labores ocupan tiempo y aprovechan su experiencia incorporándola al trabajo que desarrollan”. Durante este año Ciudadanía y Justicia ha abordado la seguridad humana. También ha hecho un seguimiento a la reforma procesal penal y la privatización del sistema penitenciario. Participan en el Foro Penal, una instancia del Ministerio de Justicia, constituida por especialista, que discute la reforma del Código Penal. La reforma al sistema de menores y las políticas de control de drogas son temas trascendentes en los que también trabajan.
Con Unicef han participado en seminarios incluyendo ponencias en temas de menores. También intervienen en foros mediáticos y en medios radiales

 

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