Entre el tango y la política

Un caso particular en la política nacional es el de Guillermo Scherping Villegas, dirigente nacional del Colegio de Profesores y ex dirigente estudiantil. También fue durante muchos años miembro de la comisión política del Partido Comunista del cual es miembro de su comité central. Lo que diferencia a Scherping es que además de su trabajo político y gremial es un reconocido intérprete de tangos. Oriundo de Valparaíso, donde reside, ha recorrido con su voz lugares tan legendarios como La Piedra Feliz, el Brigthon, el Emile Dubois, y ha sido invitado por los cantores de El Cinzano, entre otros, siendo un constante animador de las noches porteñas.

¿Cómo nace en usted esta afición por el tango?
“Diría que viene del cerro, serpenteando por Valparaíso.

GUILLERMO Scherping, dirigente comunista, cantando en “La Piedra Feliz” de Valparaíso con Lucho Barrera en el acordeón.

De niño, jugando en la calle los domingos, mientras por las ventanas se colaban los programas radiales. Así como en el campo era los corridos, en las poblaciones de Santiago las cumbias, en el puerto era el tango. Pero también viene de mis padres, las mayores muestras de cariño que vi en ellos fueron cuando se enlazaban en un tango. Además mi madre los cantaba como ninguna y me invitaba a acompañarla. Ya después, del corazón el tango pasa a la cabeza y te das cuenta de su infinita riqueza musical, poética, coreográfica, pero por sobre todo, de su profunda raíz popular que se hace universal por su autenticidad. El tango junto al blues son expresiones culturales americanas del siglo XX plena vigencia, superando modas y mercados”.
¿Ha sido difícil conjugar tango y política? ¿Cómo se las arregla para compartir estos dos amores?
“Volodia lo dijo alguna vez mejor que yo. Abrazar la lucha social como causa de vida, para los comunistas, y no sólo para nosotros, va de la mano de concebir ética, política y estética como un todo, nada es ajeno a la política si ella pone en el centro al ser humano y su plena realización. Cuando canto a Discépolo y su Cambalache me encuentro frente a un grito de exigencia de justicia y humanidad. Cuando escucho a Manzi en Sur, me llama a valorar la profundidad de las cosas sencillas, del barrio, el amor, o el atardecer que se cuela entre los containers, que nos roban la costanera en Valparaíso que es de todos. El tango es una expresión de ciudad”.
El mundo se ha globalizado y cada vez los países tercermundistas pierden más rasgos importantes de sus culturas frente a lo anglosajón ¿Ve al tango como una esperanza en cuanto a mantener cierta identidad cultural en nuestro continente?
“La identidad cultural no se decreta ni es de hoy y para siempre, siempre está en desarrollo. El tango no es un fenómeno nostálgico, detenido en el tiempo. Sigue desarrollándose, no es la vida, pero habla de una parte de ella que merece ser cantada, y seguirá cantándose. El purismo mata al tango, pero quién no conoce a De Caro o Villoldo no podrá entender bien a Piazzola o el fraseo del Polaco Goyeneche. Escucho a Espinetta, Fito Páez o Charly García y allí también hay tango, junto a otras influencias. Bienvenidas las influencias si la identidad la defendemos y desarrollamos conscientemente. La popularidad del tango está alcanzando a la juventud, es un signo. En el auditorio generalmente la mitad del público es joven y canta. El guitarrista que me acompaña, Simón Schiriver, lo hace desde los doce años y hoy tiene 17”.
Respecto a Valparaíso, ¿cómo está hoy la bohemia porteña, toda una leyenda entre los noctámbulos?
“Si le preguntas a un porteño si es bohemio dirá que no. Lo que llaman bohemia porteña es sólo vivir en la ciudad, vivírsela, disfrutar su humanidad, su espacio, su paisaje. Tener tiempo para los amigos y un café, disfrutar la noche no sólo para dormir. Es también valores, el de la convivencia, conversar con Lucho Barrera y su acordeón y que hable de ópera y que fue abuelo; es el Pollito González acompañándote en Grisel y luego tocando a Chopin, o Alberto Palacios y su modestia tanguera. Yo diferencio el carrete de lo que llaman bohemia porteña. Cuando el carrete descubra, y creo que lo va hacer, que lo que le llama la atención de Valparaíso es su identidad y se arroje a conocerla, habrá un fenómeno cultural de envergadura”.
En cuanto a la Izquierda, ¿por dónde piensa usted que pasa su reconstrucción, su unidad? ¿Qué papel asigna en ese proceso al PC?
“Resulta evidente que el factor principal de reconstrucción de la Izquierda pasa por confrontarse con el actual modelo neoliberal, creando condiciones para que el país se democratice efectivamente. Ello significa formar parte activa de las organizaciones sociales y de modo principal de los sindicatos. Es allí donde se puede recuperar y desarrollar la conciencia. El neoliberalismo es un gigante con pies de barro. En Argentina hace una década hablaban de pleno empleo y hoy la situación es dramática. Los grados de dependendencia y hasta anexión de Chile a la economía mundial, especialmente norteamericana, hacen que si Bush estornuda puedan volar por los aires los números macroeconómicos de Eyzaguirre.
El Partido Comunista tiene un rol principal en la creación de esta conciencia popular y en la construcción de la Izquierda y su sujeto militante. Pero también tengo el convencimiento que resulta imprescindible que la Izquierda vincule de modo más estrecho lo político con lo social, con amplitud, uniendo la diversidad de opiniones y fuerzas críticas al neoliberalismo. Hoy más que nunca la militancia partidaria sólo se completa si es activa protagonista del mundo social”.
En cuanto al movimiento sindical, ¿a qué factores piensa que se debe su actual estado de precariedad y falta de convocatoria?
“La raíz de la crisis del movimiento sindical está en la política de aniquilamiento de la dictadura. Sin embargo de allí arranca también la virtud no sólo de haber resistido sino de reconstruirse para ser protagonista en la lucha contra ella. Al mismo tiempo su debilidad tiene que ver con la política de la Concertación para diseñar la transición, que implicó una ofensiva por bajar el perfil de la lucha sindical y social. Pero también están los errores del propio movimiento sindical, muchas veces ausente de la lucha, entretenido en mirarse el ombligo. Esta crítica también debe ser asumida por nosotros como parte del movimiento. Se vienen creando condiciones para enfrentar este debate y buscar su superación. El más lindo edificio orgánico no es más que cemento, si de él no se sale para ponerse a la cabeza de las reivindicaciones de los trabajadores”.
Tras la caída de los muros, ¿cuál es la autocrítica?
“En primer lugar, la incapacidad de corregir tremendos errores retomando la idea leninista de que el socialismo es la democracia hasta el fin. De haber sido así, la humanidad se habría ahorrado una cantidad de guerras y muertes posteriores a la guerra fría. Hay que ver cuanta barbarie económica, social, cultural y ética ha traído este mundo unipolar.
Luego, la necesidad de recuperar los orígenes. Hay que recordar que Recabarren junto a sus compañeros fundó el Partido Comunista antes de la revolución rusa, como una necesidad de la clase obrera chilena. Fuimos influidos por deformaciones que nos afectaron. Sin embargo, está por recuperarse la originalidad de la elaboración política propia, no exenta de vacíos, que permitió junto a otras fuerzas ser determinante en la historia de Chile para los cambios democráticos. Hoy resulta indispensable reestudiar a Recabarren, Mariátegui, Martí, el Che, Allende, junto a Marx, Engels, Lenin, y otros pensadores contemporáneos”


ALEJANDRO LAVQUEN

 

 

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