| Nelson Villagra se despide de su
personaje
Adiós al “Chacal” de Nahueltoro
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Fue una ceremonia sencilla que conmovió
a los sancarlinos. El actor chileno más destacado dentro
y fuera del país recorrió las callejuelas del cementerio
local y se detuvo frente a una tumba adornada con decenas de placas
de agradecimiento, flores y velas.
Nelson Villagra llevaba en sus manos una placa de bronce con una
inscripción dirigida a quien yacía en ese nicho blanquecino
y de paredes húmedas, luego de haber sido fusilado con varias
balas en el pecho: Jorge del Carmen Valenzuela Torres. La inscripción
dice: “Jorge del Carmen, el arrepentimiento y la verdad fueron
tu redención. Agradecido. Nelson Villagra, el actor de ‘El
Chacal de Nahueltoro’”.
Hubo mucha gente alrededor: el cantautor Patricio Manns, Eloy Parra,
el cura que acompañó a Jorge del Carmen hasta el final;
Salvador Rodríguez, alcalde de San Carlos, poetas locales,
gente del lugar, curiosos.
Villagra explicó por qué estaba allí: “Un
actor desea agradecer públicamente a su personaje, luego
de haberlo interpretado hace 34 años.
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| NELSON Villagra y Begoña Zabala
junto a la tumba de Jorge del Carmen Valenzuela. |
Y todos sabemos que Jorge del Carmen Valenzuela Torres
no fue un personaje de ficción, existió realmente, cumpliendo
su trágico sino a propósito del cual, a mi juicio, todos
debemos sentirnos un poco responsables”. Luego se interrogó
el actor: “¿Y qué es lo que quiero agradecer entonces
a Jorge del Carmen, convertido en un mediador de fe y esperanza? Algo
muy sencillo, pero a la vez el fin último y el más difícil
al que aspira todo artista: conmover el alma de los espectadores. Jorge
del Carmen me permitió eso, no solamente en Chile sino a través
del mundo”.
Este acto de dimensión humana, social, política y artística
reivindicó el derecho a la justicia para los pobres y de dignificación
del ser humano. Lo protagonizó un actor que ahora regresa a Canadá,
luego de vivir los últimos cinco años en Chile.
SIMBIOSIS
Jorge del Carmen Valenzuela Torres fue fusilado el 30 de abril de 1963.
Cinco años después, en 1968, su historia era difundida a
través de la película que dirigió Miguel Littin.
El impacto fue total. La cinta “El Chacal de Nahueltoro” es
un clásico del cine chileno aún no superado.
Este acto de agradecimiento a Jorge del Carmen fue parte de la despedida
de Nelson Villagra. Dos semanas antes presentó en diversos lugares
de la zona la obra teatral “La amante inglesa”, de la francesa
Marguerite Duras, junto a José Secall y Begoña Zabala. Y
como Villagra es chillanejo, la municipalidad local aprovechó para
rendirle un homenaje como artista destacado.
Villagra se va “por gusto y con gusto” de Chile, no como en
enero de 1974 cuando abandonó el país rumbo al exilio, encañonado
por los militares que prohibían a los viajeros mirar hacia atrás.
Vuelve a Canadá, “al hogar que formamos hace 16 años”,
junto con su esposa, la actriz vasca Begoña Zabala. Eso sí,
no descarta regresar por cuestiones puntuales.
Afirma que con el acto de San Carlos “quise expresar la simbiosis
entre Jorge del Carmen Valenzuela Torres y yo.
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Para mí fue un personaje que me permitió
conectarme de una manera afectiva muy singular con miles de personas.
Creo que a través de esa película todos hemos reflexionado
respecto de lo incongruente y contradictorio del funcionamiento
del aparato institucional en relación con el ser humano”.
¿A qué atribuye que Jorge del Carmen se haya convertido
en una animita milagrosa?
“En nuestro inconsciente colectivo la gran mayoría
de los chilenos nos sentimos víctimas y nos identificamos
con Jorge del Carmen, que es también una víctima,
aunque cometió un crimen horroroso. La identificación
se produce porque nos sentimos marginados por quienes manejan el
poder. Además, existe un sentimiento popular que dice que
hay justicia para los ricos, no para los pobres. Por otra parte,
la gente necesita tener una esperanza y hay que buscarla en algún
sitio. A juzgar por las placas de agradecimiento, el hombre se ha
portado bien. Lo que más me impresiona es que la imagen que
tiene la gente que hace mandas es la mía, la de la película.
Ellos no conocieron a Jorge del Carmen. Eso me llena de responsabilidad
social”. |
| IMPACTANTE imagen (en la película) del fusilamiento
de Jorge del Carmen Valenzuela Torres. |
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BALANCE DE CINCO AÑOS
Cuatro telefilmes, tres películas, dos teleseries, cuatro montajes
teatrales con su compañía “Espacio libre” y
dos itinerancias por la VIII Región fue la actividad de Nelson
Villagra en Chile desde que regresó, en 1997.
¿Su retorno a Canadá es una reacción por un balance
negativo?
“No, estaba programado regresar a Canadá. Calculamos estar
dos años y se nos alargó. Este período lo valoro
como muy positivo, ya que se trataba de reposicionarme en el mundo artístico
chileno y que Begoña, mi esposa, se posicionara también
como actriz, lo que se logró. En todo caso, influye que el trabajo
del actor en Chile está muy devaluado en su remuneración”.
¿Pudieron vivir del trabajo artístico durante estos años?
“Sí, hemos vivido del trabajo hecho en Chile. Ese era un
compromiso que traíamos con mi esposa: el día que no pudiéramos
subsistir con lo que ganábamos, nos íbamos. Sin embargo,
debería haber ganado mucho más. En el cine, aunque se ha
desarrollado bastante, aún nos estamos engañando. Se hacen
películas a bajo costo, pero en perjuicio del actor profesional
que tiene que vivir de lo que hace. Para un cine aficionado está
muy bien, pero para un cine que pretende trabajar con actores profesionales
está muy mal, pues aquí el actor no puede vivir del cine,
sino de otras veinte cosas que realiza, lo que va en contra de la calidad
de su trabajo.
Una película profesional no se hace con 200 mil dólares.
Es una mentira. Así no podemos ser profesionales del cine. Le decimos
al Estado: deme 40 ó 60 millones de pesos y le hago una película.
Eso es falso, no alcanza. El profesional del cine debe vivir de lo que
hace, tal como el médico, el ingeniero, el dentista, el albañil.
No ocurre lo mismo con el cine. Y eso es triste.
Vine a continuar un trabajo que no he parado de hacer en 52 años
de vida artística. Claro que en el país han cambiado las
leyes económicas. Con la última película que hice
en Chile, ‘La tierra prometida’, en 1972, viví casi
un año. Y hoy, para vivir doce meses debería filmar unas
siete películas. Algo extraño ha pasado. Y es grave. En
resumen, las expectativas se cumplieron. Lo único que no me gustó,
ni me gusta, es que para hacer teatro no comercial o el cine que a uno
le interesa haya que buscarse un trabajo en la televisión, en una
teleserie. No tengo ganas de hacer eso en forma constante”.
¿Influyó para su regreso el bajo ofrecimiento que le hizo
Canal 13 para trabajar en la teleserie “Buen partido”? ($400.000)
“Era una ridiculez y una estupidez. O cierran el área dramática
para no seguir vejando a los actores, o no permitamos que los actores
sigan autovejándose. Si el canal quiere hacer una teleserie por
diez pesos y hay gente que la puede hacer, lo hace. Me pasó algo
similar con una película -creo que el proyecto se llama ‘Subterra’-,
donde la propuesta era tan baja que es imposible negociar. Si el Estado
quiere apoyar al cine para que se convierta, al menos, en una pequeña
industria, tiene que subir los aportes. Una producción no puede
hacerse sin los técnicos, actores, cablistas, todo tipo de profesionales
y trabajadores”.
BAJA SINTONIA
A la teleserie “Buen partido” le ha ido mal en sintonía.
¿Es consecuencia de la poca inversión?
“No he visto la telenovela, aunque me atrevo a decir que influye
la imagen de Canal 13, que es la de un canal de capa caída. Eso
impide ver un producto como ‘Buen partido’, que a lo mejor
es bueno. En todo caso, no me hubiera gustado estar en otra teleserie
con tan baja sintonía, porque al final uno se va desprestigiando
como actor”.
¿Cómo evalúa las teleseries chilenas?
“Dejan bastante que desear. Sigo creyendo que ‘Corazón
pirata’ tenía un estilo y una coherencia. ‘Piel canela’,
al parecer, fue una opción frustrada. Desde mi punto de vista,
puse tanto empeño, rigurosidad y seriedad como en cualquier otro
trabajo. Vi que todos trabajaron seriamente, y conozco el descuido con
que se trabaja en las telenovelas latinoamericanas que tienen tanto éxito
en Chile. Lo que pasa es que manejan mejor la dramaturgia de ese género
menor que es la telenovela. Las teleseries tienen leyes recontra probadas,
como los estereotipos: un malo que siempre es malo, un malo que juega
al bueno, traición, infamia, y otras emociones y deseos que movilizan
a los personajes. Si no se desarrollan bien esas leyes, la telenovela
no funciona”.
¿En Chile se intenta elevarlas intelectualmente?
“Me da la impresión que se quiere convertir un subproducto
en un producto. Las teleseries de TVN pretenden ser una indagación
de la realidad nacional y he leído declaraciones de intérpretes
que sienten estar haciéndolo. Ahí yo me asusto un poco,
porque no es así. No tenemos por qué vestirnos de personajes
serios, profundos o de cientistas sociales. Si buscamos eso, hagamos series,
telefilmes, producciones con otras leyes y otros lenguajes. Pero si hacemos
telenovelas dejemos de lado los eufemismos y no parezcamos preocupados
de las interrelaciones socioeconómicas de este país, cuando
todo es epidérmico: el pescador es pintoresco, el gitano es pintoresco.
Son figuritas costumbristas que no llegan más allá. Y no
tendría por qué pretender llegar más allá,
a menos que en Chile se esté descubriendo la papa.
En Chile se hizo un radioteatro estupendo en ese género, con Moya
Grau, Englantina Sour, María Llopart... Eso se sigue haciendo con
el lenguaje de las teleseries. No tenemos que avergonzarnos de hacer un
género menor, pero tampoco engañar al espectador ya bastante
engañado”.
TEATRO Y ALMA NACIONAL
Nelson Villagra cree que falta capacidad para penetrar con profundidad,
sabiduría y agilidad en el alma nacional. “Como país,
tenemos trancas, nos acostumbramos al eufemismo y a las mentiras, y eso
influye en nuestros autores, en los novelistas, cuentistas y dramaturgos,
en todos quienes tienen al ser humano como objeto de indagación”.
¿Qué se omite?
“No indagamos en el alma del pueblo para develar lo magníficos
y terribles que somos a la vez. Hay temor de investigar el alma de un
militar, de un marino, de un carabinero. Es muy mal visto meterse con
los problemas humanos entre los miembros de la iglesia, una institución
que tiene maravillas y cosas aberrantes. Los chilenos tenemos virtudes
y horrores, pero nuestro cine, la novela, los cuentos y el teatro no dan
cuenta de eso”.
¿Influye esa visión en sus opciones artísticas?
“Para mí, es muy frustrante. Puedo decir que desde ‘El
Chacal de Nahueltoro’ no he tenido que encarar otro personaje como
el de Jorge del Carmen Valenzuela Torres. Un hombre que mató a
una mujer y cinco niños, y que después mostró la
capacidad de redención que tenía como ser humano. Esa complejidad
de la sicología nacional la echo de menos como actor. No hay personajes
que de verdad me exijan. Por eso me gusta ‘La amante inglesa’,
de Marguerite Duras. Ella se mete en la vida de un matrimonio y a través
de un interrogador va develando la conducta humana, social, sicológica,
la relación de pareja entre ellos. Eso se echa de menos en Chile.
Parece que es una tranca impuesta por quienes antes llamábamos
la ‘clase dominante’, que nos acostumbró a engañarnos,
a ser autocomplacientes, a no darnos cuenta que desde que llegaron los
conquistadores la crueldad ha estado siempre presente en Chile.
La crueldad física y sicológica no la inventó Pinochet.
Ni las revueltas ni el caos social lo inventaron Allende, los miristas
o los comunistas. Basta ver la historia. ¡Quién habla hoy
de la ‘guerra a muerte’ contra los mapuches durante la ‘pacificación
de la Araucanía’, de las intrigas de palacio en la época
de O’Higgins y Carrera! ¡Dónde están las novelas,
las películas, las pinturas y el teatro que saquen a luz lo que
hemos venido siendo como país, única forma de superar nuestras
aberraciones micro y macrosociales! Las obras sobre la violencia intrafamiliar,
de la que tanto se habla, ¿dónde están? Siempre nos
arreglamos para hablar de otras cosas y no de lo que sucede en lo profundo
del país. Es muy extraño.
Hoy, además, nos tiraron la gran nube de fantasía que es
la economía de libre mercado. Estamos más sometidos que
nunca a leyes misteriosas que nos transforman en fragmentos de la sociedad.
¿Y dónde está el autor que dé cuenta de todo
esto? Yo todavía no lo veo ni lo leo.
Hay muchos hombres en Chile que han dado lo mejor de sí. Hay héroes
sociales como el padre Hurtado, que quiso generar un cambio espiritual.
Y existen muchos como él en la actualidad. Vivimos una realidad
de mentiritas. Vamos hacia el progreso en un país en que la distribución
del ingreso es una de las más mezquinas del mundo. Tengo una esperanza,
que para mí es importante: la cuestión cultural. Tal vez
por ese camino seamos capaces de develar lo que somos. Ese día
se acabarán la neurosis, la locura y los abusos en este país.
Y se terminará esa mentalidad feudal que nos pesa y nos coarta
la supuesta libertad de la modernidad”
L.P.I.
RECUADRO
Sufrir “desde la nacencia”
i la cultura popular convirtió en “animita milagrosa”
a este hombre condenado a muerte por un séxtuple asesinato, menos
aún han logrado olvidarlo quienes tuvieron algún contacto
con él en la última etapa de su vida, cuando el brutal crimen
cometido lo sacó del anonimato para convertirlo en el “Chacal
de Nahueltoro”.
El sacerdote Eloy Parra, quien fue su confesor y lo acompañó
hasta el paredón de fusilamiento, lo recuerda con emoción.
Fue uno de los oradores en el acto de dignificación que se hizo
en San Carlos.
También estuvo Patricio Manns, amigo y cercano a los dos “chacales”:
el actor y el condenado. Con este último tuvo dos largas conversaciones,
cuando era un periodista veinteañero. Entrevistó a José
del Carmen Valenzuela Reyes, nombre con el que se le identificó
y se le juzgó en aquella época, aunque en la partida de
defunción e investigaciones posteriores se estableció que
se llamaba Jorge del Carmen Valenzuela Torres. Sin embargo, quedan dudas.
Lo que está claro es que él ni siquiera tenía certeza
de su nombre, menos aún de cuándo ni dónde había
nacido. “Era un hombre analfabeto, trashumante, que iba de un lugar
a otro trabajando en el campo, lo que hoy llamaríamos un temporero”,
recuerda Manns. En esas circunstancias conoció y se puso a convivir
en Nahueltoro con quien sería su víctima, una mujer sola
con cinco hijas pequeñas, tan pobres y abandonadas como él.
En un momento de borrachera y en medio de una discusión a campo
abierto, golpeó a la mujer con una guadaña hasta matarla.
E hizo otro tanto con las niñas. Luego huyó, pero fue capturado
días después cuando se divertía en una fonda bailando
solo un corrido mexicano, también borracho.
La prensa de la época lo mostró como una fiera peligrosa,
pero era más bien un animalito indefenso que sólo adquirió
conciencia de sí mismo y de sus actos cuando aprendió a
leer y a escribir en la cárcel de Chillán. Aprendió
a hacer canastos de mimbre y sillas de madera para ganarse algunos pesos.
Se transformó en otro hombre, comenzó a ser persona. Entonces,
luego de un proceso de alrededor de diez años, fue sentenciado
a la pena capital y aunque pidió el indulto presidencial, Jorge
Alessandri, un político de derecha y católico de comunión
diaria, no se lo concedió.
Patricio Manns revive esta historia en su relato “El Canaca”
(apodo de Jorge del Carmen que nunca pudo descifrar), publicado en el
libro “La tumba del zambullidor” (Ed. Sudamericana, 2001).
Cuando el joven periodista le preguntó “¿Tú
crees, José, que tenías que matarlas a todas?”, la
respuesta fue otra pregunta: “¿Cómo iba a dejarlas
sufriendo solitas?”. Luego admitió: “Ahora me doy cuenta
que fue un crimen. Pero después de matarlas, por primera vez duermo
debajo de un techo, me dan comida, me enseñan cosas, converso con
los otros. No me gustaría irme de aquí (cárcel) si
me indultaran”. En otros momentos de la entrevista, reconoció
“aquí he aprendido a pensar también” y que “a
mí todo me ha dolido desde la nacencia”. También reflexiona,
cuando Manns le explica quién es Dios. “Entonces Dios nunca
pasó por Nahueltoro. Allá se mata y se roba mucho, nadie
es honrado y no hay trabajo”.
-¿Si te vieras con el Presidente de la República, qué
le dirías?, inquirió Manns.
-Enséñele a leer a la gente para que no mate.
-¿Tú siempre fuiste solo, José? ¿Sin padre,
sin madre?
-Siempre fui solito. Pero a lo mejor está bien que sea así.
No me gustaría que alguien llorara cuando me disparen.
Le anunció a Manns que moriría “como chileno, callado,
sin decir nada”. Y lo hizo. El escritor recuerda que cuando lo sentaron
en el banquillo, con los ojos vendados y las manos atadas, se quedó
quieto y no abrió los labios hasta que su cuerpo se estremeció
con los disparos que le quitaron la vida.
Se había hecho “justicia”, la justicia para los pobres.
La única que se cumple con rigor
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