| Rastreando la historia
“Butamalón” la épica de la conquista
...”y mezclado con los indios atinó a venir un Juan Barba,
fraile de la religión de Santo Domingo, quien en una mano agitaba
la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo y en la otra la lanza destos
bárbaros.”
(Carta del gobernador de Chile, Pedro de Viscarra, a Felipe III)
“Butamalón”, novela de Eduardo Labarca, se difundió
en Chile en 1996 con repercusión apreciable. Es la historia de
un sacerdote y jefe militar español, Juan Barba, que se suma a
la lucha de los mapuches, desplegando en su favor sus capacidades de religioso
y militar. Prepara y dirige las legiones indígenas y comparte con
ellas victorias y derrotas.
La obra se publicó en una edición de Anaya & Mario Muchnik,
en Madrid, a la que siguieron dos en Chile, que han circulado por América
Latina. La actualidad del tema, su enraizamiento en la historia del país,
nos llevaron a proponer al autor -residente en Viena, Austria- la siguiente
entrevista:
¿Cómo llegó a este tema?
“En el exilio me obsesionaba el golpe del 73, lo que nos había
pasado. Quería entender la esencia del país, la crueldad
de los victoriosos y la tenacidad de los vencidos. Entender a civiles
y militares. A nosotros mismos. Sentía que la explicación
podía estar en los trescientos años de la guerra de Arauco,
en el parto doloroso de nuestro país. Quería escribir, pero
no podía ser un reportaje ni un libro de historia. A mediados de
los 80 tuve la oportunidad, cuando pude traspasar el pórtico del
Archivo de Indias, en Sevilla, y hojear con emoción las cartas
en que los gobernadores de Chile imploraban al rey que enviara dinero
y refuerzos para seguir la guerra desesperada que libraban contra ‘los
bárbaros de Chile’. Sostenían que si esta tierra quedaba
en manos de los ‘indios infieles’, sería presa de los
protestantes ingleses y holandeses que navegaban frente a sus costas y
el país se perdería para la Santa Iglesia Romana. Chile
era la colonia más pobre de España y sólo acarreaba
gastos”.
CURA Y GUERRERO
“Había algo de geopolítico en esta guerra: si España
abandonaba Chile, se le cerraría la ruta del Estrecho de Magallanes
hacia el Perú, rico en oro y plata. Hay que decir que abundaron
los contactos entre los mapuches y los corsarios ingleses y holandeses
que llegaban a las costas de Chile”.
¿Qué fuentes existen sobre Juan Barba?
“Casi nada. Una carta en el Archivo de Indias lo describe como un
‘sacerdote endemoniado’ que encabezaba a los indios en una
batalla encarnizada lanzando alaridos. Fue el punto de partida, el momento
en que descubrí a mi personaje. La carta terminaba con una lista
de españoles muertos y la acostumbrada petición de refuerzos.
Los cronistas Arias de Saavedra, en su ‘Purén Indómito’
y González de Nájera, en ‘Desengaño y reparo
de la guerra de Chile’, así como el jesuíta Diego
de Rosales en su ‘Historia General del Reino de Chile’, mencionan
a Barba entre los españoles ‘traidores’ que se pasaron
al bando mapuche. Fueron numerosos pero a Barba se le denigra con especial
virulencia por tratarse de un sacerdote que llegó a catequizar
a los indios y terminó catequizado por ellos. Dicen que se fue
tras una india.
Francisco Antonio Encina lo acusa de haber azuzado al toqui Pelantaro
en el gran ‘butamalón’ de 1598. Los mapuches derrotaron
a España en toda la línea, decapitaron al gobernador Loyola
y destruyeron las ‘siete ciudades de arriba’, que Pedro de
Valdivia había fundado en el sur. Así se consolidó
La Frontera, territorio mapuche que conservó una autonomía
de hecho durante dos siglos y medio. Las líneas que se dedican
a Barba en estos libros son particularmente odiosas”.
EN RUCAS DE LONKOS
¿En qué medida hay en su libro verdad y ficción?
“Cuando se habla de novela se habla de ficción. Pero leí
todo lo que es imaginable sobre el tema. Muchas cosas de la época,
tratados religiosos, descripciones de plantas, animales y paisajes, cartas,
crónicas. Hasta que los libros empezaron a estorbarme, empapado
como estaba del asunto, de modo que los dejé a un lado para dar
paso al personaje, el cual empezó a crecer poco a poco, descubriendo
un mundo ajeno y asumiéndolo dolorosamente. De hecho, me convertía
en Barba y escribía. Tan empapado estaba de todo, que algunos pasajes
me salieron en mapudungu y otros en castellano antiguo”.
Usted tuvo de niño relación directa con mapuches...
“Mi bisabuelo paterno y mi abuelo fueron ganaderos en La Frontera.
Les compraban animales. Mi abuelo tenía una montura con adornos
de plata cincelada que le había regalado un lonko, compadre suyo.
Mi abuela materna tomaba té con las mujeres mapuches, con las que
conversaba en una mezcla de ‘castilla’ y mapudungu, mientras
mi madre jugaba con los niños hablando en ‘lengua’.
Mi madre me llamaba hueñi y me despertaba con un marimari. En los
años 60 y 70 estuve en la Araucanía en actividades de la
Juventud Comunista y del diario ‘El Siglo’. En Chol-Chol me
alojaba en las rucas de los lonkos Painemal, que eran comunistas. Durante
el gobierno de Allende tenía el sueño de irme a vivir con
los mapuches, filmar una película y escribir un libro, pero vino
el golpe”.
¿Qué proyección sobre la situación actual
atribuiría a esta historia?
“A mi novela, no; sería pretencioso. Lo que me parece enorme
es la proyección del choque feroz de españoles y mapuches
en aquella guerra. España era entonces la primera potencia mundial
y los mapuches un pueblo perdido en un rincón del planeta. Sin
haber sido tradicionalmente guerreros, los mapuches se cruzaron en el
camino de España desde el primer momento. Treinta mil españoles
murieron combatiendo en Chile. Un millar de mujeres españolas fueron
capturadas por los mapuches. El número de mapuches muertos es incalculable,
pues a los caídos en batallas se suman los que murieron en las
minas o a raíz del quebrantamiento de la sociedad indígena,
del secuestro de mujeres y niños mapuches, la quema de los bosques,
la destrucción de cultivos y el saqueo de los ganados que practicaban
los españoles. Igualmente mortíferas resultaron las viruelas
y otras epidemias. Españoles y mapuches fueron grandes guerreros:
los españoles destacaban en técnica y armamentos; los mapuches
los superaron siempre en ingenio e iniciativa. Ese legado se proyecta
en el presente: la valoración del componente originario mapuche
y el pleno reconocimiento del pueblo mapuche sólo pueden potenciar
a Chile. En cambio, cada vez que negamos el componente indígena
que hay en cada uno de nosotros y en nuestra sociedad, estamos empobreciéndonos
nosotros mismos”.
¿Vincularía la actividad de Barba con la de O’Higgins
y otros patriotas que luego no vacilaron en buscar contacto con los mapuches?
“Al enfrentarse al imperio español, los gestores de la Independencia
se identificaron idealmente con los mapuches que también habían
luchado contra España, especialmente con Lautaro. En Londres, O’Higgins
propuso que la logia que conseguiría la independencia de las colonias
americanas se llamase Logia Lautarina. Su reglamento fue redactado de
puño y letra por O’Higgins que hablaba mapudungu y sostuvo
parlamentos con los lonkos”.
¿Qué nuevos proyectos literarios tiene ahora?
“Acabo de terminar una trilogía: ‘Cadáver tuerto’
que transcurre en nuestra época. Se compone de tres novelas cuyos
títulos son ‘Cuadrilátero’, ‘Triángulo’
y ‘Círculo’. En ciertos momentos aparece un dictador
preso en un país lejano, aunque algunas páginas las escribí
hace veinte años. No pretende ser una novela histórica ni
política, sino simplemente literaria”
SERGIO VILLEGAS
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