José Cademártori analiza la coyuntura

El modelo que agoniza

No son tranquilizadoras las perspectivas de la economía chilena. Ni los más optimistas se atreven a reiterar pronósticos de crecimiento superiores al 5% para el año próximo. Los optimistas hablan de un crecimiento del orden del 3% para el 2003 y de sólo 2.5% para este año. Cada cierto tiempo esas estimaciones son corregidas a la baja. Los esfuerzos reactivadores se estrellan contra un muro de plomo. Se reducen las tasas de interés pero la economía sigue estancada. Más allá de las estadísticas (9,6%), la cesantía se mantiene en realidad en dos dígitos. La falta de demanda interna es la expresión de una crisis que afecta a la economía, siempre dependiente de la exportación de materias primas. El cobre mantiene su precio en los más bajos niveles históricos mientras el alza del petróleo repercute en los costos.

Chile no es, como gustan decir algunos ministros, una fortaleza “blindada” capaz de resistir todos los embates. La crisis sacude América Latina y la recesión en Estados Unidos puede agravarse. El riesgo existe y se hace más grave debido a las realidades de cesantía, pobreza y falta de expectativas. Sobre este oscuro panorama conversamos con el economista José Cademártori, académico y ex ministro, hoy activo participante del movimiento Attac-Chile.
Aumentan las señales de una agudización de la crisis recesiva en Estados Unidos. Las expectativas son, en general, pesimistas. ¿Cuál es su opinión?

“Creo que es difícil tener elementos suficientes para hacer predicciones respecto de la marcha y el futuro de la economía. Menos en un momento de gran inestabilidad y confusión como éste, en que intervienen factores económicos que se pueden cuantificar pero también, y a menudo como factor fundamental, elementos políticos muy difíciles de prever en su curso, desarrollo y posible impacto”.

¿Se refiere usted específicamente a un posible ataque a Iraq?
“Iraq puede ser un factor de gran impacto económico: crearía una inestabilidad grande en el mercado petrolero y haría dispararse los precios del combustible. Las guerras se sabe cómo empiezan pero no cuándo y en qué concluyen. Podría involucrar a otros países. Es un cuadro imprevisible.

Tiene que ver con la nueva política norteamericana impuesta por George W. Bush, que se caracteriza por su agresividad. Tratando de justificar esa política alguien dijo que el grupo dominante en Estados Unidos ha llegado a la conclusión de que ese país constituye un imperio y, por lo tanto, debe comportarse como lo que es.

JOSE Cademártori, economista y dirigente de Attac-Chile.

Ese es un factor muy difícil de evaluar. ¿Qué pasará en las elecciones parlamentarias de noviembre en Estados Unidos, luego que la popularidad de Bush, que llegó a cerca del 90% inmediatamente después de los atentados de las Torres Gemelas, ha caído a algo menos del 60% en una tendencia que se va articulando? Si gana Bush es posible que interprete los resultados como un visto bueno para su política agresiva”.
Sin duda, hay también una fuerte pérdida de confianza debido a los fraudes contables descubiertos en Estados Unidos y Europa.
“Ese es un factor nuevo. Influye mucho en las expectativas, que juegan un papel muy importante. La confusión que produce el descubrimiento de la política de engaño que aplican las más ‘respetables’ empresas norteamericanas ha producido un desencanto grande de la población norteamericana. Más de 80 millones de personas son tenedores de acciones.
Todo esto se conjuga para pensar que la recesión norteamericana no va a terminar tan pronto. Y tampoco la recesión que existe en el resto del mundo”.

CONSECUENCIAS EN CHILE

¿La guerra podría ofrecer una salida a la economía norteamericana?
“La guerra es una salida. Eso está probado desde Vietnam. Hoy día los gastos, aunque gigantescos, crean relativamente pocos empleos. Las fábricas que reciben pedidos de armas son muy sofisticadas. No juegan, por lo tanto, un papel incentivador mayor. Se producirá algún efecto local pero no en el conjunto. Por el contrario, se podrían producir efectos muy negativos que se empiezan a advertir, como lo ha indicado el profesor Hernán Cortés: la deuda norteamericana, el déficit presupuestario que ha pasado a ser brutal (luego de haber pasado por un superavit importante en los últimos años de Clinton), el déficit en cuenta corriente y la salida de capitales por la pérdida de rentabilidad de las bolsas”.
¿Qué puede significar para Chile?
“En concreto, repercute aunque no sea exclusivamente por la vía directa, es decir a través de la relación comercial con Estados Unidos que es, sin duda importante, sí puede hacerlo por la vía indirecta. Las economías asiáticas, especialmente Japón, que se han constituido en el gran mercado para el cobre chileno, dado su proceso de crecimiento, están ahora mediatizadas. Indirectamente nos afecta la recesión. Luego está la crisis que se ha venido desarrollando en numerosos países de América Latina, algunos de los cuales son muy importantes para nosotros. En los últimos siete meses las exportaciones chilenas han bajado en un porcentaje importante, pero sumando y restando se puede establecer que las exportaciones se van a mantener en unos 17 mil millones de dólares o más o menos, que significa en los hechos un estancamiento. Como esto no parece que se vaya a modificar en un plazo corto, hay que volver a mirar al mercado interno. El mercado interno ha sido en la historia de Chile, en muchas épocas críticas y otras no tan críticas, un factor que compensa la caída en el sector externo”.
¿Cree que el gobierno está pensando en esa orientación?
“Pocas posibilidades hay de que recapacite y comience a pensar, si no en un cambio de modelo, en algunos ajustes pragmáticos pensados en la perspectiva de los sectores mayoritarios. Un posible cambio de orientación depende también de la reacción de los más afectados, entre los cuales no están sólo los trabajadores sino también un importante sector del empresariado que está con deudas muy altas y tiene pérdidas, porque trabaja con rentabilidades mínimas, y no puede hacer nuevas inversiones. Todos están inquietos, todos buscan cambio. El problema central es la demanda interna.
Naturalmente para el sector empresarial las soluciones son completamente distintas. Lo que ellos -los empresarios- quieren es abrir más espacio a las ganancias, reduciendo el costo de la mano de obra u obligando a que el Estado les cobre menos impuestos. Esa es su pauta de comportamiento, pero también se van produciendo grietas entre los medianos y pequeños empresarios con los más grandes y del conjunto, con las multinacionales.
Ante el aumento de la desocupación los trabajadores, por su parte, no están dispuestos a aceptar más sacrificios como, por ejemplo, la flexibilización laboral que significa más despidos. Se advierten signos de recuperación del movimiento sindical en sus más diversas expresiones”.

CUADRO SOMBRIO

Aunque ministros y altos funcionarios insisten en que la economía chilena está “bien blindada” ante la crisis que azota a los vecinos, la verdad es que las expectativas de crecimiento son cada vez más bajas.
“Hay una cosa clara. En las últimas semanas el gobierno ha tomado conocimiento, a lo menos privadamente, que el cuadro económico empeora. Los resultados del primer semestre fueron pobres y los del segundo no serán muy diferentes. Efectivamente, cada cierto tiempo las expectativas deben ser modificadas ‘a la baja’. La estimación del 2,8 por ciento de crecimiento aparece exagerada y se estima que puede llegar a 2 y a menos de 2, continuando así por algún tiempo.
En cuanto al ‘blindaje’, no hay ninguna economía que pueda aguantar por sí misma una crisis fuerte. El verdadero ‘blindaje’ reside en la capacidad de la población para resistirla. Un pueblo puede afrontar una guerra y también una crisis económica, como se ha visto en el caso de Cuba, y durante la segunda guerra mundial en Inglaterra, pero aquí la población no está preparada ni dispuesta a hacerlo. Con razón. Hay sectores que están sufriendo mucho, hay sectores que siguen disfrutando de la abundancia, hay otros que pueden ser muy golpeados, como ha ocurrido con la crisis argentina y uruguaya. El verdadero blindaje para impedir una fuga de capitales es tener preparadas las medidas que permitan frenarla en sus inicios, usando todos los recursos, las medidas que sean necesarias. Generalmente ocurre todo lo contrario: empieza a subir el dólar, se asusta el gobierno y empieza a gastar sus recursos para mantener el precio o hacerlo bajar, no se puede parar el alza del dólar y entonces la gente se asusta y empieza a sacar su plata, los bancos no tienen cómo responder y entonces la crisis está creada. Son procesos de pánico. Eso puede suceder en Chile. Si bien es cierto que las cuentas fundamentales no dan para una crisis. Si el gobierno empieza a usar las reservas para frenar el alza del dólar ¿hasta dónde llega? Sería una situación difícil de controlar, que puede precipitar otros fenómenos económicos y políticos”.
Usted habla de mirar hacia el mercado interno ¿de qué se trata específicamente?
“Yo creo que el mercado interno es la clave para contrarrestar o superar los índices de desempleo. No digo en forma absoluta, pero sí en dos o tres puntos. De acuerdo a lo que ha escrito Stiglitz y a lo que enseña la experiencia, los aportes de Keynes siguen siendo válidos para situaciones de crisis, en términos de que la única salida es la demanda interna. Hay que controlar, sí, que el incremento de la masa monetaria producido a través de la demanda interna no se vaya al exterior, porque en ese caso no se produce el efecto reactivador”.
¿Estima posible que el Estado invierta directamente?
“El Estado puede invertir directamente parte de las reservas propias del Banco Central, unos mil o dos mil millones de dólares. Puede hacerlo a título de bonos, de pagarés de los fondos de las AFP de los cuales hay seis o siete mil millones de dólares invertidos en el exterior y que no ayudan para nada en esta coyuntura. Todo eso puede ser invertido en obras que calculadamente tengan impacto sobre la cesantía. Básicamente, obras públicas. Deberían hacerse planes rápidamente para disponer de toda una batería de proyectos que el Estado pueda impulsar directa o indirectamente, conformando un proyecto nacional de inversiones que debe ir aparejado a mecanismos de control para que no se dilapiden los recursos ni vayan a la adquisición de artículos suntuarios, limitando también el gasto en divisas. Pero la construcción ha sido y sigue siendo el factor clave que puede mover otros sectores. También para reactivar la demanda interna debe dinamizarse -mediante apoyo concreto- a la pequeña y mediana empresa y considerar medidas como las que se han propuesto: cancelar rápidamente las deudas con los proveedores del sector público, y hasta disminuir el IVA”.
Ante argumentos como los expuestos ¿cómo se explica que el gobierno no promueva un amplio debate sobre las salidas a la crisis y no se limite sólo al diálogo entre el presidente de la República y los empresarios?
“Creo que la única explicación es el cuadro político. El peso de la derecha es muy fuerte, acrecentado por el control de los medios de comunicación. Las fuerzas que podrían proponer cambios progresistas están dispersas y divididas. Pero en la propia Concertación surgen críticas. Hay indicios de debates y propuestas interesantes como el tema de la tributación del cobre. Hace falta más fuerza organizativa e ideológica y mucho más movilización de los trabajadores y demás sectores afectados”.
Tampoco parece existir una buena coordinación entre los diversos centros, fundaciones, grupos y ONGs que enfocan el modelo bajo una perspectiva crítica.
“Esa es una gran carencia. Se hacen muchos trabajos interesantes, pero faltan análisis prospectivos. Falta mucho -y no me excluyo de la crítica-, y debiéramos ya trabajar en propuestas que ayuden a abrir un camino. Soluciones coherentes, de aplicación inmediata. Se necesitan ahora salidas, no de largo plazo como es hablar del cambio de sistema social -lo que es una necesidad y no puede silenciarse- sino de ahora, que ataquen puntos importantes del modelo para torcer su rumbo”.

MOVIMIENTOS SOCIALES

¿Qué papel cumple Attac en este ámbito o se limita a la lucha por la tasa Tobin?
“Attac (Asociación por la Tasa Tobin de Acción Ciudadana) está en Chile todavía en sus comienzos y no se le puede pedir demasiado. Se mantiene sólo con los aportes de sus integrantes que no pueden dedicarse por completo a esa labor. No se limita a la acción por el impuesto Tobin, aunque su establecimiento sería muy importante para limitar la especulación financiera que tanto daño ha causado a nuestros países a través de la fuga de capitales. Attac pretende abordar todos los fenómenos asociados a la globalización, realizando en primer lugar una labor educativa, mostrando a los ciudadanos cómo los afectan las decisiones que adoptan -a nivel internacional- las grandes empresas y los gobiernos”.
Hay opinión generalizada de que la institucionalidad económica mundial -el FMI, el Banco Mundial, la OMC, etc.- está también en crisis. No juega el papel para el que fue creada y se ha convertido en instrumento de los países más poderosos, especialmente de Estados Unidos, y que debe ser reorganizada. ¿Cuál es su opinión?
“Así es. El debate se ha intensificado por los resultados muy negativos que han tenido las políticas recomendadas por el FMI y los otros organismos. Han sido muy visibles los errores, los malos diagnósticos, los fracasos, etc., como ocurrió en Argentina.
Lo interesante es que ahora las críticas surgen de todas partes. No es solamente Joseph Stiglitz, sino también equipos completos de Cepal, Pnud, Unctad y otros.
Crece la demanda por una regulación económica de carácter global que atienda a las necesidades de la estabilidad real de las economías de los países y a su desarrollo, superando problemas crónicos de pobreza de la mayoría de la población. Se ha propuesto para ello la reforma de los estatutos del FMI, conforme a los cuales Estados Unidos tiene un control incontrarrestable y dispone de derecho a veto en determinadas materias.
La idea es volver al concepto que Keynes tuvo sobre el FMI y que fue derrotado por la propuesta del secretario del Tesoro de Estados Unidos, White, que es la que rige hasta hoy. Keynes proponía una regulación internacional en que el Fondo pudiera ayudar a los países afectados por una interrupción en su cadena de pagos, jugando el papel de un verdadero Banco Central que en un momento dado es capaz de colocar dinero en el mercado cuando se produce un corte en el flujo monetario de un país. En cambio, el FMI, en los hechos, cumple un papel cautelador de los intereses económicos de los banqueros. La demanda por el cambio de la institucionalidad económica internacional se ha convertido, también, en una bandera de lucha de organizaciones como Attac y muchas otras que constituyen esto que se ha dado en llamar Internacional de los Ciudadanos”.
Hablemos del movimiento internacional antiglobalización, de ese movimiento de ciudadanos que adquiere creciente auge como se ha visto a partir de Seattle. De esta conjunción de movimientos sociales, ONGs, organizaciones políticas, de género, ecologistas, de todo tipo.
“Efectivamente es un fenómeno nuevo. Tiene mucho de espontáneo y una impresionante heterogeneidad. Pienso que el momento actual es de organización, hay que concentrarse en eso. Habría que concentrar las fuerzas en determinados problemas, en los puntos en que se pueden lograr cambios ahora y más adelante, y para eso se necesita acción conjunta. Es verdad que implica poner de acuerdo a gente de ideologías muy variadas, y, por supuesto, sería una gran tontería desatar una lucha para ver quién domina a quién, quién lidera. No tiene sentido y pondría en peligro algo de tanta envergadura y tan novedoso como este movimiento, de profundo sentido democrático.
El movimiento internacional es una cosa y no es incompatible con los movimientos nacionales que en cada país buscan cambios a nivel de gobierno, de sistema económico y social. Pero es un hecho concreto que la lucha nacional corre con distintas velocidades en cada país. Cuando más o menos metafóricamente se habla de Internacional de los Ciudadanos hay que tener claro que no se trata de una Internacional que se va a poner de acuerdo en que en todos los países hay que hacer las mismas cosas.
La tarea es muy difícil porque la variedad de movimientos, grupos y organizaciones es muy grande. No siempre habrá acuerdos generales. Pero puede constituirse en una fuerza muy efectiva”.
¿Cree que los partidos de Izquierda, especialmente los partidos marxistas, asumen bien la temática que plantean los movimientos sociales y su lucha antiglobalización?
“Creo que algunos partidos comunistas están asumiendo bien el tema. Es el caso del partido de la Refundación Comunista en Italia, especialmente a través de Bertinotti, su dirigente, que ha definido correctamente el tipo de relación deseable entre partidos y movimientos sociales. En Francia también ha habido una discusión muy rica. Por otra parte, me parece que el Partido Comunista de Cuba y Fidel, en particular, han entendido muy bien el proceso que se está dando en la globalización. Apoyan la lucha contra la tasa Tobin y tienen en cuenta la imposibilidad de homogeneizar ideológicamente este movimiento antiglobalización”


HERNAN SOTO

 

 

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