Oposición a Chávez se desgasta y desespera

La oposición venezolana, encabezada por la agresiva asociación empresarial Fedecámaras y la CTV -una mafia sindical al estilo mexicano- no ha cancelado sus planes para sacar al presidente Hugo Chávez del Palacio de Miraflores. Sin embargo, sus posibilidades se han visto reducidas después del fracasado golpe del 11 de abril. Chávez salió fortalecido de esa prueba. La oposición, en cambio, está dando señales de agotamiento y surgen fisuras que podrían extinguir la Coordinadora Democrática, el frente político antigubernamental. La mediación internacional -como la misión de la OEA, Pnud y Centro Carter que visitó Caracas en septiembre- ha decepcionado a la oposición. Sus recomendaciones apuntan al respeto de la Constitución y a un diálogo democrático que el gobierno acepta pero que la oposición rechaza.

Los opositores anunciaron un “septiembre negro” pero no pasó nada, o muy poco. Para el 11 de septiembre convocaron a un “trancazo” de autopistas y carreteras para paralizar el país y crear el caos en Caracas, super congestionada de vehículos. Las instrucciones de cómo proceder, los puntos a “trancar”, etc., se difundieron por la prensa, radio y TV, que son la punta de lanza de la oposición. Desde las 6 de la mañana los canales privados de TV se convirtieron en el comando operativo del “trancazo”. Pero a las 10 de la mañana tuvieron que admitir que había sido un fracaso. Las desalentadoras imágenes desaparecieron de la pantalla. El incansable plan desestabilizador, no obstante, siguió con una manifestación y misa el 26 de septiembre en Chuao, territorio de las clases medias y altas en la zona este del valle de Caracas. Se anunció que culminaría con un desafiante acto en la base aérea de La Carlota, sede del Ministerio de la Defensa. Pero no pasó nada digno de mención y la manifestación fue mucho menor a lo esperado. Y así terminó el “septiembre negro” al que Chávez -que gusta recoger el guante opositor cada vez que se lo lanzan- había replicado llamándolo “septiembre bonito”. Sin embargo, aunque carentes de imaginación, los opositores no descansan. En una burda repetición del libreto que llevó al golpe del 11 de abril, convocaron a una marcha para el 10 de octubre. CTV y Fedecámaras -empresarios y sindicalistas unidos en un solo empeño-, anunciaron que pondrán fecha a un paro nacional que podría comenzar el 11. Pero como ese día es viernes, el anuncio fue recibido con escepticismo. El talón de Aquiles del gobierno sigue siendo la situación económica. El dólar se ha disparado. Los precios suben (Venezuela importa el 60% de lo que consume). Sin embargo, el Estado tiene sólido respaldo en reservas internacionales por más de 15.000 millones de dólares.
El golpe de estado del 11 de abril, sin duda, fue un imprevisto revés del presidente Chávez. Puso en tela de juicio la ilimitada confianza que había depositado en el alto mando de las FF.AA. Sin embargo, parece haber asimilado la lección.
Chávez estuvo prisionero desde la madrugada del viernes12 hasta la madrugada del domingo 14 de abril, cuando regresó en triunfo a Miraflores en un helicóptero de los leales paracaidistas del general Raúl Baduel, que en ningún momento se tragó la píldora de que el presidente había renunciado, como afirmaban los golpistas. El general Baduel -ahora al frente de la División de Blindados- es un camarada de armas de Chávez desde la primera hora. Pertenece al pequeño grupo que el año 82 se juramentó con Chávez para crear el Movimiento Revolucionario Bolivariano-200. Cuando Chávez encabezó el intento golpista del 4 de febrero del 92, Baduel no fue detectado y continuó su carrera militar. Chávez no consiguió derrocar al presidente Carlos Andrés Pérez, responsable de la masacre del 89 conocida como el “caracazo”. Lo que no pudo Chávez lo consiguió la corrupción. El 93 Pérez, bajo un alud de denuncias, fue destituido y encarcelado. Hoy vive en Estados Unidos y -después de alentar el golpe- también se ha convencido que Chávez no podrá ser derrocado por la fuerza. Lo que intentan sectores más sensatos de la oposición es acortar el período de Chávez mediante un referéndum. El presidente los ha llamado a esperar agosto del 2003 cuando, a la mitad de su período, como ocurre con todas las autoridades elegidas por voto popular, se puede convocar a un “referéndum revocatorio” que podría poner fin a su mandato. La oposición, sin embargo, no quiere esperar tanto. Sabe que el tiempo juega a favor de Chávez y de la recuperación de la economía.
El golpismo se estrelló en abril contra un muro de pueblo y soldados. Aunque Chávez sufrió la dura experiencia de la traición (el 11 de abril llegaron a Miraflores a exigirle la renuncia los generales Manuel Antonio Rosendo, jefe del Comando Unificado de las FF.AA., y Eliécer Hurtado, ministro de Infraestructura, hombres de su confianza). Pero la conspiración militar sufrió una derrota. Más de 60 oficiales superiores sólo conservan el uniforme a la espera de su pensión de retiro. Aunque el Tribunal Supremo de Justicia -por 11 votos contra 9- dictaminó que no habían cometido delito de rebelión, escandaloso fallo que inyectó fuerzas adicionales al gobierno por el rechazo popular, los generales y almirantes golpistas pagaron el costo de cantar una victoria anticipada. Chávez aprovechó para hacer limpieza en la casa, los mandos fueron renovados con hombres como Baduel y los 14 generales del ejército y la fuerza aérea que rechazaron el golpe. El comando de las unidades fundamentales estaría garantizado. En Barquisimeto conocimos al general Jesús Wilheim Becerra, comandante de una guarnición de 6 mil hombres. Para el golpe era jefe de las tropas en la frontera con Brasil (3 mil hombres) y se negó a obedecer a los golpistas. Cortó las comunicaciones radiales; reunió a sus oficiales, que estuvieron de acuerdo con él, consultó a los soldados y el respaldo fue todavía más caluroso (se habla de unidades en Caracas y otras ciudades donde los oficiales jóvenes estaban dispuestos a entregar armas al pueblo y los soldados plantearon que no obedecerían órdenes del grotesco “presidente”, el empresario Pedro Carmona Estanga, presidente de Fedecámaras que los golpistas habían instalado en Miraflores). El general Wilheim es hombre joven y agradable, de pocas palabras. Las suficientes para contarnos que en su familia hay varios detenidos desaparecidos, víctimas de los partidos que hoy se oponen a Chávez. Wilheim parece tener una identificación muy fuerte con los postulados de la revolución bolivariana que, entre otras cosas, ha reconciliado al pueblo con unas FF.AA. que no sólo combatieron duramente a las guerrillas de los años 60, sino que reprimieron -con ciego acatamiento al poder político- todo acto de rebeldía popular durante 40 años.
El presidente Chávez está llamando a las clases medias para que no sirvan de carne de cañón a una oposición manipulada por la oligarquía financiera. “El nuestro -sostiene- es un proyecto revolucionario pacífico y democrático. Para la clase media debería ser importante un gobierno que quiere mejorar la educación, salud, vivienda y trabajo, que quiere una gran clase media. La campaña mediática -como la que se hizo en Chile cuando Salvador Allende-, envenena a la clase media y la vuelve contra un gobierno que defiende sus intereses”.
La virulencia opositora de los medios de comunicación, sin embargo, ha llegado a un peack de saturación. Comienza a crecer la sintonía de la TV y radio del Estado, en desmedro de la televisión privada. Ha disminuido hasta casi el 20% la circulación de los diarios. Sólo se salva el matutino “Ultimas Noticias” que bajo la dirección de Eleazar Díaz Rangel, conocido periodista de Izquierda y ex dirigente gremial, hace un periodismo que informa con imparcialidad.
El Colegio Nacional de Periodistas y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, hasta hace poco alineados con los dueños de los medios, han comenzado a recuperar su verdadero rol. El 2 de octubre efectuaron una Jornada por la Dignidad en la Plaza del Panteón Nacional. Junto con rechazar las agresiones contra periodistas, se pronunciaron contra la “censura en medios de comunicación privados y oficiales”. Los periodistas exigieron “a los dueños de las empresas el cabal cumplimiento de la misión informativa de dichos medios” y se plantearon “retomar el ideal de la participación en la línea informativa de los medios”. La convocatoria exhortó “a los periodistas ‘anclas’ en los medios audiovisuales para que no confundan su labor de comunicación social con el ejercicio de la política”, directa alusión a “periodistas” que actúan como agitadores y dirigentes opositores.
Sin embargo, en materia de comunicaciones, el gobierno tiene su cuota de responsabilidad. El viejo dirigente comunista Guillermo García Ponce señala: “El hecho de que el gobierno de Chávez no haya creado ningún recurso para contrarrestar esa campaña (para desestabilizarlo), por incompetencia o incomprensión del papel de los medios, agrava mucho más la vulnerabilidad del presidente y de la revolución bolivariana”.
En el campo del gobierno no faltan reproches al presidente Chávez por la “mano blanda” con una oposición que demostró estar dispuesta a todo y que no ha escarmentado. Quienes exigen mano dura se quejan que Chávez dejó pasar una oportunidad quizás única de profundizar la revolución bolivariana. Pero Chávez se aferra estrictamente a la Constitución del 99, que él mismo inspiró y que otorga garantías para que la oposición lleve adelante, sin riesgos ni sanciones, el plan desestabilizador. Un conocedor de la política venezolana explica: “Esta Constitución fue hecha por perseguidos políticos; gente que sufrió cárcel, torturas, asesinatos y exilio y que siempre estuvo en la oposición. La redactaron desde la perspectiva de los que han sufrido los abusos del poder y por eso es un tanto idealista e ingenua”

MANUEL CABIESES DONOSO
En Caracas

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La economía venezolana

Pobre país petrolero

El abogado y economista Alí Rodríguez Araque es el presidente de Petróleos de Venezuela S.A. (Pdvsa), la empresa estatal -esa condición está garantizada por la Constitución-, que es la fuente principal de recursos financieros del país. A los 65 años, Alí Rodríguez ha tenido intensa vida política. Fue guerrillero en la década de los 60 en las montañas del estado Falcón. Hoy domina el panorama de Caracas desde las alturas del pent house del edificio de Pdvsa en la avenida Libertador, donde recibió a PF. De la guerrilla impulsada por el PC, Rodríguez pasó al movimiento Causa R y al producirse su fractura se integró al Partido Patria para Todos (PPT), donde milita junto con otras destacadas figuras del gobierno. Fue diputado entre 1983 y 1999 y en febrero de ese año asumió como ministro de Energía y Minas. Fue presidente y secretario general de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep).
ALI Rodríguez Araque, presidente de Petróleos de Venezuela S.A.

Su actividad influyó para alcanzar los acuerdos que estabilizaron los precios y regularon la producción de petróleo. En abril de este año, después del fracasado golpe de estado que buscaba también privatizar la empresa, Chávez lo puso al frente de Pdvsa. El trabajo de Alí Rodríguez ha conseguido normalizar el funcionamiento y las relaciones laborales en ese ente fundamental de la economía venezolana.
¿Cuál es el nudo del problema de la economía de este país?
“Como ocurre con todos los países cuyo ingreso lo genera fundamentalmente la actividad petrolera, la economía venezolana sufre los vaivenes de ese mercado. El 2001, por ejemplo, fue un año malo para el mercado petrolero. Se registró una declinación muy fuerte del consumo, sobre todo en Estados Unidos que es nuestro principal mercado. Esto llevó a reducir significativamente la producción de petróleo en todos los países de la Opep y en otros como Noruega, México, Rusia, Angola y Omán. El producto petrolero cayó y eso impactó con fuerza en el producto interno venezolano, afectando al conjunto de la economía. El petróleo aporta más del 50% del presupuesto nacional y la mayor parte de los recursos en divisas. Por otra parte, aunque se venía ajustando el valor de la moneda, se ha producido una sobre devaluación del bolívar (1.457 bolívares por dólar, N. de PF). Sin duda va a recuperar su valor progresivamente, pero ha sufrido un serio impacto. Asimismo, las dificultades para equilibrar el presupuesto, han provocado perturbaciones en la economía. En este trimestre el Producto Interno cayó alrededor de 7% y según algunos cálculos tendremos un crecimiento negativo de 3,5% a fines del año. Para el próximo, sin embargo, se estima un crecimiento superior al 4%.(*)
Los problemas de nuestra economía no sólo tienen que ver con el comportamiento del mercado petrolero. También se relacionan con las circunstancias políticas que vive el país. Sectores de la oposición, uno de cuyos componentes más importante es Fedecámaras, el gremio de los empresarios -sector que normalmente busca tranquilidad para sus negocios-, se ha convertido en un partido político opositor. Fedecámaras ha declarado la guerra al gobierno y busca desestabilizarlo por cualquier medio.
Estamos viviendo un fenómeno que creo transitorio: las viejas instituciones políticas colapsaron y la construcción de nuevas instituciones -particularmente partidos políticos y otras que sirvan de intermediación- está todavía en proceso embrionario. El rol de los partidos políticos ha sido sustituido por los gremios de empresarios y de trabajadores -muy burocratizados por cierto-, por los medios de comunicación -que pertenecen al primer sector- y por un fuerte movimiento de una enardecida clase media caraqueña, todo lo cual provoca perturbaciones para la inversión. Estos factores entrelazados, a lo que hay que agregar el problema de la pobreza que adquiere dimensiones significativas y que a su vez es un factor contractivo del mercado interno, dan el resultado que estamos viendo. Pero pienso que la mayoría de la población, que busca una salida pacífica y democrática para atacar el principal problema nacional que es la pobreza, terminará imponiéndose. Las cosas van a ir mejorando -creo que con cierta rapidez- a finales de este año y durante el próximo”.

REPLANTEAR EL PROYECTO BOLIVARIANO

¿No hay un retraso en la tarea de organizar al pueblo para enfrentar la conspiración reaccionaria?
“Creo que sí, aunque es relativo. A nivel de la base social se está generando un proceso de organización de fuerzas que ha hecho surgir nuevos liderazgos. Pero todavía -a nivel nacional- no se ha unificado una dirección que permita dar coordinación y potenciar este movimiento que ya existe como realidad, particularmente en Caracas. Como presidente de Pdvsa estoy muy limitado en cuanto a opiniones políticas, pero sostengo que debemos replantear el proyecto que defendimos durante el proceso electoral. Por ejemplo, en lo que se refiere a los llamados ‘cinco equilibrios’: económico, social, político, territorial e internacional. De alguna manera los conflictos del día a día han distraído en parte la atención sobre la dirección fundamental que fue diseñada en ese proyecto. Hay que replantearlo y ajustarlo después de casi cuatro años de haber sido formulado. Esto debería servir de plataforma para unificar a todos los sectores que están por un cambio democrático y pacífico de las estructuras. Mientras esto no se resuelva, tenderán a aparecer ciertas manifestaciones de anarquía muy negativas”.
¿Qué pasó con la vieja Izquierda venezolana? ¿Por qué sus cuadros están hoy desperdigados entre partidarios y opositores al gobierno?
“Como todos los partidos políticos venezolanos, nuestra Izquierda tuvo una declinación muy fuerte. Pero creo que está apareciendo un nuevo movimiento, un nuevo liderazgo, que deberá reunirnos nuevamente en torno a los grandes problemas del país y del mundo actual. La Izquierda se hizo vieja porque se quedó anclada en el pasado, no estuvo atenta a los cambios y no se ha renovado de acuerdo con la dinámica del mundo presente e incluso de la propia dinámica nacional”.
¿El PPT, al que usted pertenece, se plantea la fusión de los grupos políticos que apoyan al gobierno?
“Aunque no estoy activo en el PPT, sé que cree necesario un proyecto nacional que unifique a todas las fuerzas para impulsar coherentemente toda la actividad relativa a este proyecto. Esto significa una vasta alianza nacional no sólo con los trabajadores y las grandes masas de pobres, sino también con la intelectualidad y con la mayoría de los empresarios que padecen las consecuencias de las políticas neoliberales ‘globalizantes’. Hay en Venezuela un amplio campo para el desarrollo de una fuerza decisiva por los cambios”.

LA UTOPIA POSIBLE

¿Qué motiva a una persona con su trayectoria revolucionaria a participar en la revolución democrática que encabeza Chávez? ¿Esta es la realización de sus sueños?
“No, no; estoy muy distante de esa realización. Pero creo que hay extraordinarias posibilidades de avanzar a la materialización de aquellos sueños. Por supuesto, estos procesos no son ‘angelicales’, son muy duros, chocan sobre todo con los valores culturales que generó en Venezuela un período en que la distribución de la renta según un esquema económico sustentado en el monopolio del Estado sobre los recursos naturales, produjo cuantiosos ingresos. Para el Estado venezolano, a diferencia de otros países de América Latina, el problema no era cómo recaudar ingresos para sus gastos. El problema, gracias a un ingreso creciente a lo largo de 50 años, fue cómo distribuir el sobre ingreso que recibía. Esto generó una cultura, si entendemos el fenómeno como un sistema de valores, como la ética de la sociedad. Los ciudadanos -producto del esquema de distribución de la renta petrolera- se acostumbraron a recibirlo todo del Estado. Así nació el ‘paternalismo estatal’ que cuesta erradicar. Aquel sobre ingreso fiscal fue absorbido por el fuerte endeudamiento de los años 70. Más del 50% del ingreso de este año por concepto del petróleo, se irá en pagar la deuda externa: más de 5 mil millones de dólares. Es un factor sumamente duro, un peso enorme sobre nuestra economía.
La sociedad -los seres humanos en general- reaccionan tardíamente a estos profundos cambios de la realidad. Si uno se acostumbra a vivir con un ingreso de 30 mil dólares mensuales y se lo bajan a 3 mil, sigue queriendo vivir como antes. Eso ya no es posible pero cuesta mucho aceptar la nueva realidad. Aceptarla y lograr superarla, constituirá el cambio cultural que espera a esta nación. Sin embargo, todavía eso no ha ocurrido. Aún padecemos la confusión que genera la caída económica que ha sufrido el país. El ingreso de la población ha retrocedido a los años 50 y llevará mucho tiempo, aun teniendo éxito, recuperar los antiguos niveles de vida y superarlos.
Entonces, ¿qué me ha llevado a apoyar este proceso de la revolución bolivariana? Bueno: se están abriendo las posibilidades de avanzar en la dirección que soñábamos, pero estoy muy consciente de las grandes dificultades que tenemos por delante”.
¿Cuáles son los rasgos de la cultura venezolana que hacen posible avanzar en este camino?
“Como la mayoría de los pueblos, el valor supremo de los venezolanos es el trabajo. En segundo lugar, estamos viviendo un período esplendoroso de la democracia en nuestro país. Nunca se había visto un activismo tan permanente e intenso, como ocurre hoy en todos los sectores de la sociedad venezolana. Desde los empresarios hasta los sectores más pobres de la población, están presentes en la política nacional. Hay protagonismo popular y participación. Lo que falta es que se institucionalice esa participación -valga la redundancia- en nuevas instituciones que todavía son muy embrionarias. La participación del pueblo va a requerir cierto tiempo para madurar y posicionarse como factor central de poder”

(*) Fuentes empresariales pronostican que la economía bajará un 5,5% este año. Por su parte, el lóbrego informe del FMI sobre la economía mundial asegura que el PIB venezolano descenderá 6,2% (para Argentina calcula un bajón del 16% y para Uruguay del 11,1%).

 


 

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Secretos del golpe de abril en Venezuela

CARMONA ORDENÓ MATAR A CHAVEZ

Con Stella Calloni, corresponsal del diario “La Jornada” de México, estamos con el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, en su despacho del Palacio Miraflores. Es la misma oficina en que Chávez vivió las tensas horas del golpe de estado del 11 de abril. A un costado, un cuadro tamaño natural del Libertador Simón Bolívar. Apostura de guerrero y mirada resuelta, imposible que hubiese arado en el mar como creyó. Debe haberlo dicho porque Bolívar era de carácter más bien triste y melancólico. Detrás del escritorio un Cristo crucificado. Sobre una repisa una imagen -en urna de cristal- de la Virgen de Coromoto, patrona de Venezuela. Richard Gott dice en su libro “A la sombra del Libertador” que Chávez tiene retórica de pastor evangélico, y es cierto. Más allá una réplica de un cohete ruso. Varias sillas a lo largo de la sala. Estantes con libros y una puerta que comunica con la ayudantía militar.
PRESIDENTE Hugo Chávez: su arma y escudo es la Constitución aprobada en el plebiscito del 15 de diciembre de 1999.

Un teniente de la Marina se asoma a ratos. En un rincón una mesa de conferencias, no muy grande. Allí se desarrolla la entrevista. En realidad comenzó en el avión presidencial que nos trajo de Barquisimeto. Sólo un par de llamadas al celular de Chávez interrumpen la conversación. Una es de Rosa Inés, la menor de los cinco hijos del presidente. Chávez le habla con dulzura: “¿Así que me viste en la tele? ¿Esos niños que estaban conmigo? Bueno, eran muchachitos que fueron al programa ‘Aló, presidente’ en Barquisimeto. Sí, claro, también cantamos. ¿Quieres que te cante esa canción?” Y Chávez le canta a su hija. Stella y yo tratamos de hacernos invisibles, detrás de nuestras tacitas de café. Chávez se emociona. Ahora vive solo en Miraflores. Está separado de su segunda esposa, María Isabel Rodríguez, a quien la oposición intenta seducir.
Pasan unos segundos. Chávez carraspea y volvemos a lo nuestro: una entrevista al presidente que un movimiento opositor encabezado por el gran empresariado intenta derrocar por cualquier medio. Hace seis meses estuvieron a punto de conseguirlo y cometieron el error -que no repetirán- de dejarlo vivo. Muchos golpistas eran amigos y antiguos camaradas del presidente. Pienso en Salvador Allende en La Moneda. El alma aterida por el frío de la traición. El mismo libreto se aplicó en Chile. Sin embargo, Chávez, de 48 años, está vivo, amistoso y sencillo frente a nosotros y a la cabeza de un gobierno que goza de enorme apoyo popular, sobre todo de los más pobres.
La traición de antiguos compañeros de lucha, debe haber significado un golpe muy duro para usted.
“Estuve muy golpeado, es cierto, pero eso ya pasó. Me decía Fidel -estuve en La Habana con él hace poco- hablando de traiciones. Le dije: tú tienes 43 años gobernando pero creo que nunca te traicionaron como a mí el 11 de abril. Jamás -me contestó-, nunca he conocido tanta traición.
Uno se va reponiendo de estas heridas, sobre todo por el bálsamo del pueblo, ese amor tan grande que nos manifiesta. Por un traidor hay cien mil hombres y mujeres valientes y solidarios. Ese amor cura cualquier herida”.
¿Cómo se explica la traición de Luis Miquilena que fue su ministro del Interior y Justicia, que presidió la Asamblea Constituyente, que trabajó junto a usted desde los años 90 y que, sin embargo, apareció en el grupo que dirigía el golpe?
“No lo sé, no me lo explico. Estuvo a verme después. Me dijo que se había acercado a los golpistas para interceder por mi vida. Le recordé que en 1945, como dirigente sindical, combatió el golpe contra Isaías Medina Angarita. Le pregunté, mirándolo a los ojos, por qué a esta altura de su vida -82 años- se había sumado a un golpe de Estado contra un amigo. No contestó”.
¿Cómo evalúa usted el golpe de abril?
“Creo que la oposición hizo mal sus cálculos. Venía jugando al desgaste del gobierno. A la campaña de prensa ellos agregaron encuestas que indicaban que el gobierno estaba debilitado. El 2001 empezaron con eso y terminaron creyéndose su propio cuento. Afirmaban que yo tenía sólo 20% de apoyo popular. Pensaron que el pueblo no iba a reaccionar como lo hizo. Por otra parte, trabajaban sobre las FF.AA., tratando de dividirlas y ponerlas contra el proyecto del gobierno. Un trabajo sicológico manejando la tesis de la ‘cubanización’ de nuestro proceso, de presuntos nexos con la guerrilla colombiana, etc. Los conspiradores llegaron a creer que el pueblo y las FF.AA. iban a aceptar el golpe. ¡Y se llevaron la gran sorpresa! Yo también: cuando estaba prisionero pensaba que íbamos a volver al gobierno, pero que pasarían varios meses, incluso años, para que esto se produjera. Pero la reacción popular fue inmediata. El pueblo empezó a tomar las calles, los soldados y oficiales patriotas comprometidos con la Constitución, empezaron a revertir la situación a las pocas horas. La oposición recibió un golpe noble y aunque todavía tiene enorme poder mediático, a medida que van surgiendo detalles de la conspiración y que retomamos la ofensiva incluso a nivel mediático -a pesar que tenemos mucha desventaja-, no saben cómo reaccionar o reaccionan torpemente. Los opositores también se han desprestigiado a nivel internacional. Nuestro gobierno ha empezado a recibir un apoyo que antes no existía o que era tibio. Por otra parte, hemos reconocido errores. Nos hemos dedicado a organizar todas las expresiones de apoyo que resurgieron con fuerza a raíz del golpe. Los estudiantes, por ejemplo: teníamos años tratando de conformar un movimiento serio. Pero sólo después del golpe surge la Federación Bolivariana de Estudiantes que tiene mucha fuerza. Los trabajadores, por su parte, se negaron a seguir el llamado a paro general. Los golpistas nunca pararon el país a pesar de su ofensiva mediática. Después del golpe muchos dirigentes sindicales honestos, de una corriente nueva e independiente, se han nucleado en un Congreso Nacional de Trabajadores. Están discutiendo si es conveniente o no crear una nueva Central de Trabajadores. La misma reacción hemos visto de campesinos, movimientos indígenas, pescadores, militares, que están generando formas organizativas y mecanismos de coordinación que no teníamos. Yo me había atenido mucho a la relación con el alto mando perdiendo contacto con la oficialidad media. He aquí algunas lecciones del golpe que ha permitido la autocrítica, un crecimiento político, moral y organizativo del partido de gobierno que fue desbordado por las masas en aquellas horas”.
¿Cree que han aparecido fisuras en el frente opositor como indican algunas declaraciones de sus dirigentes?
“Sí, porque su alianza es coyuntural. El factor común que los une es el ‘fuera Chávez’. Pero no tienen un liderazgo consolidado. Más bien hay pugnas por ese liderazgo entre los partidos y grupos políticos, y entre ellos y la llamada ‘sociedad civil organizada’. Los dueños de los medios de comunicación han venido asumiendo sus propias posiciones, sus directivos también tienen pretensiones personales. Fedecámaras tiene particulares intenciones de protagonismo político. La cúpula de la CTV, lo mismo. En suma, hay una competencia feroz entre ellos. No hay un factor programático que los aglutine. A medida que pasan los meses se van desgastando. Una parte de la oposición recupera la razón y comienza a preguntarse si no será mejor participar en el marco democrático de la política. Una parte de la oposición viene desvinculándose de lo que ellos mismos llaman ‘agenda oculta del golpe’”.
La mayoría reducida que su gobierno conserva en la Asamblea Nacional, ¿es sólida para impedir un “golpe constitucional”?
“Tiene una solidez probada aunque no garantizada para siempre. Desde fines del año pasado comenzó un trabajo de la oposición hacia la Asamblea Nacional, el Tribunal Supremo de Justicia y el Consejo Nacional Electoral. Chantajes y presiones. Trataron de quitarnos la mayoría en la Asamblea, pero fracasaron. El golpe ayudó a nuclear nuestros cuadros en la Asamblea. Sin embargo, hay riesgos. Sabemos que algunos no son sólidos ideológica o moralmente. Pero en el supuesto que la oposición lograra una mayoría, sería exigua. Lo que nunca conseguirá son los dos tercios para enjuiciar y destituir al presidente. El ‘golpe institucional’ es sumamente difícil. Lo mismo pasa en el Tribunal Supremo. Para que el TSJ abra juicio al presidente, o lo lleve preso, se necesitan también dos tercios. El golpe por esa vía se le ha puesto muy difícil a la oposición. Por eso ha comenzado a manejar la tesis de otro golpe precedido de desestabilización a través de huelgas, manifestaciones, ‘trancazos’, etc. Otra vía es el ‘golpe económico’: hacer ‘chillar la economía’ como planteó Nixon para Chile. Por ahí anda el juego opositor, un escenario donde nosotros tenemos mayor vulnerabilidad y ellos, en este momento, mayor fortaleza”.
Entre Stella Calloni y yo tratamos que el presidente Chávez nos cuente cómo consiguió revertir el golpe de Estado y comunicar al mundo que no había renunciado a su cargo.
“Yo estaba atento a cualquier circunstancia favorable. El primer día logré que un oficial me prestara teléfono. Me comuniqué con mi hija María Gabriela, que estudia periodismo, y le dije: llama a Fidel y a quién quieras, diles que no he renunciado. Estaban transmitiendo mi ‘renuncia’ y decían que yo había pedido irme del país. Leían en la radio y TV la presunta renuncia y aseguraban que estaba firmada.
Mi hija llamó a Fidel que la enlazó con el mundo. También pude comunicarme con mi esposa, Marisabel, que estaba escondida en Barquisimeto. Ella pudo hablar por la CNN. Después de ver en un televisor que me prestó un oficial que leían mi ‘renuncia’, supe que me iban a matar. Por eso era tan importante desmentir la renuncia. Afortunadamente me habían puesto en manos de militares jóvenes y desde el primer momento sentí el respeto de esos muchachos. Uno me regaló una piedra de ésas que uno frota para darse fuerza y mística y me dijo: ‘tranquilo, no se preocupe’. Así conseguí el televisor y me enteré de lo que pasaba. Era mediodía del día 12. Los desmentidos de mi hija y esposa no los difundieron los medios venezolanos pero muchos los escucharon por radios y canales de TV extranjeros. El pueblo empezó a movilizarse”.
También contribuyó la declaración del Fiscal General, Isaías Rodríguez...
“Correcto, pero además que él tiene gran coraje, recibió una señal. En la mañana del 12 de abril llega un coronel golpista y me dice que Isaías mandó fiscales del ministerio público para verificar mi estado y que no los dejaron entrar al Fuerte Tiuna. Empecé a exigir mi derecho a un abogado y que me vieran los fiscales. Permitieron que dos muchachitas, abogadas asimiladas al ejército, entraran -todas nerviosas- al cuarto en que yo estaba. No habían pasado ni dos minutos y se fueron sin decir adiós. Regresan como a los diez minutos acompañadas de un coronel-abogado, y empezamos a hablar. Estaban muy tensas y lo primero que les digo fue: miren, yo estoy bien pero se está engañando al mundo diciendo que renuncié a la presidencia de la República. Quiero que ustedes sepan que no he renunciado y que exijo un abogado. Una de las muchachas escribió a mano el acta. La leo y me doy cuenta que no puso mi desmentido. Pero entendí que ellas estaban delante de un superior golpista y en situación muy dificil, así que firmé. Se fueron y ¿saben lo que hicieron? Debajo de la firma en letras minúsculas, pusieron: ‘Nota: manifestó que no ha renunciado’ y mandaron ese fax al fiscal Isaías Rodríguez, de modo que cuando él hizo su declaración tenía esa señal que le había llegado desde el Fuerte Tiuna.
En la noche del segundo día me sacan en helicóptero. Después supe que desde Miraflores salió la orden de matarme. La dio el propio Pedro Carmona. Gente que estaba aquí, mesoneros que servían café, etc., lo oyeron. Me llevaron a Turiamo, un centro de entrenamiento de comandos de la Marina. Después supe que los militares patriotas del Fuerte Tiuna se estaban preparando para liberarme esa misma noche. Al ver el helicóptero salieron corriendo pero no hubo tiempo de nada. Sin embargo, empezaron a hacer llamadas a sus superiores y a presionar: ‘si al presidente le pasa algo, dijeron, empezamos a matar generales, ninguno sale vivo de aquí’. Ya entonces en Maracay el general Raúl Baduel, jefe de los paracaidistas, se había rebelado. Lo mismo otros comandantes, incluso de unidades lejanas como el general Jesús Welheim Becerra, de las tropas de frontera. Los muchachos de la Marina en Turiamo me dijeron: ‘presidente a usted no le va a pasar nada, esté tranquilo’. Se esmeraron en atenderme y en la mañana me permitieron salir a correr. Yo sentía su solidaridad. Vino un muchachito de la guardia y me dijo: ‘estoy a su orden, yo no quiero que le pase nada, qué puedo hacer’. Se me ocurre enviar otro mensaje porque ya sabía que me iban a trasladar a La Orchila, una base naval. Mira, hijo, le dije, voy a escribir una hoja, te la llevas y la difundes por todos los medios. Me contestó: ‘aquí tiene una hoja, escriba y la pone en el fondo del pote de la basura, yo vengo más tarde a buscarla’. Cuando llegó la comisión a buscarme, yo estaba por la mitad y escondí la hoja. Cuando salieron terminé de escribir y la puse en el pote de la basura. El guardia se la llevó, pidió un auto prestado y se fue a Maracay con su mujer, donde el general Raúl Baduel. Baduel agarró la hoja, salió ante el pueblo reunido frente la Brigada de Paracaidistas y con un megáfono dijo: ‘conozco la letra del presidente y doy fe de este mensaje’, y lo leyó. De inmediato empezaron a difundirlo por todos lados.
Los golpistas mandaron a La Orchila un avión con el cardenal Ignacio Antonio Velasco , un general y un coronel de justicia militar. Llevaban la misma renuncia que me había negado a firmar los días 11 y 12. Yo me sentía más seguro porque era evidente el respeto que me demostraban los oficiales en La Orchila. El cardenal Velasco me dijo que el ‘gobierno’ de Carmona me pedía firmar la renuncia y que un avión me llevaría donde yo quisiera, a Cuba por ejemplo. Empecé a discutir con ellos y estábamos en esa discutidera cuando vi movimiento, los sargentos empezaban a tomar posiciones de combate, y pensé: aquí va a pasar algo. Eran como las 10 ó 11 de la noche del día 13. Entonces les dije: miren, voy a redactar una propuesta.
Hice el documento que decía: ‘Yo, Hugo Chávez Frías, cédula de identidad tal, presidente de la República, declaro que he sido obligado a abandonar el cargo en virtud de los hechos que han ocurrido en el país’. Si ustedes aceptan esto -les dije- a lo mejor considero salir del país pero con garantías de que vamos a Cuba. Entonces, un oficial de la custodia se acerca y me dice calladito: ‘Presidente, no vaya a firmar nada’, y se retira. Entretanto estaban pasando en computador el documento pero el oficial hacía lo suyo: se ‘equivocó’ como diez veces y me miraba de reojo. Entonces voy al baño, me lavo la cara, salgo y les digo: ‘no, no firmo nada señor cardenal, ni siquiera lo que yo redacté. Soy un preso político, déjenme aquí o llévenme a la cárcel que ustedes quieran, no voy a firmar nada’. Ellos, extrañamente, en vez de insistir, dicen: ‘tiene razón, Chávez..., nos vamos’. Los notaba nerviosos y apurados. Me quedé ahí, prendo un cigarrillo, se me acerca un oficial y me dice: ‘presidente (ya me trataban de presidente), nosotros garantizamos su vida’. Le pregunté por qué estaban desplegados en combate. Me dice: ‘viene gente a rescatarlo: seis helicópteros artillados, parece que viene el general Baduel. Estamos comunicándonos con él para que no venga a atacarnos. Nosotros sólo estamos para custodiarlo a usted’. Entonces, lo más cómico, es que no habían pasado ni cinco minutos y entran de nuevo el cardenal con los dos oficiales, se sientan en silencio; el cardenal estaba blanco como un papel. Me le siento al lado y le digo ‘qué le pasó, ¿aceptaron mi invitación para dormir esta noche aquí?’ El cardenal me contesta: ‘no, es que el avión se fue’. El avión de ellos oyó por radio que venían helicópteros artillados y despegó como alma que se lleva el diablo y los dejó en la isla. Tuve que traérmelos a Caracas en los helicópteros de rescate. Yo estaba aturdido por los acontecimientos. El almirante de la custodia me dice: ‘presidente, lo llama el ministro de la Defensa’. Yo asocié con el ministro golpista, el vicealmirante Héctor Ramírez Torres, y digo: no voy a hablar con ese golpista. ‘No, lo llama su ministro de la Defensa, José Vicente Rangel. Me paro como un rayo y fui al teléfono.
Oigo la voz de José Vicente, radiante como un sol en el oído. Me puso al corriente. ‘Hemos retomado el Ministerio de la Defensa, a Carmona lo tengo preso aquí, te estamos esperando...’. Bueno, qué le iba a decir: ‘hermano, un abrazo, voy para allá’. En ese momento llegaban a La Orchila los paracaidistas que iban a rescatarme”


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LA NOCHE DEL GOLPE

Fidel a Chávez:
“No te inmoles como Allende”

Alrededor de la medianoche del 11 de abril, cuando aún no se convertía en prisionero, el presidente Chávez recibió en Miraflores un llamado de Fidel Castro.

“Estábamos en este despacho con José Vicente Rangel y su hijo Pepe (alcalde de Petare, localidad vecina a Caracas. N. de PF). Ambos se portaron en forma admirable esa noche. José Vicente (en ese momento ministro de Defensa, actual vicepresidente de la República. N. de PF.), me decía: ‘Hugo, no podemos rendirnos. Aquí hay que morir. Le dije a Anita (su esposa, Anita Avalos, chilena. N. de PF.), que si este día llegaba, iba a perder a su esposo y a su hijo’.

JOSE Vicente Rangel, vicepresidente de la República. Su valiente conducta durante el golpe del 11 de abril es elogiada por el presidente Chávez.

José Vicente estaba dispuesto a inmolarse en Miraflores y yo pensaba hacer lo mismo.
Fui a vestirme de combate y agarré mi pistola y fusil.
Tuvimos fallas graves esa noche. No teníamos un plan alternativo. Sólo contaba con los planes militares, que fueron bloqueados. Pedí un helicóptero y no había: pensando hacernos fuertes en otro lugar. Pero no teníamos ningún plan elaborado. Estábamos aislados y las comunicaciones cortadas. En eso, como por obra de Dios, cae la llamada de Fidel. Me pregunta cómo está la situación, y hace otras cuatro o cinco preguntas y me dice: ‘Mira, Hugo, no vayas a seguir el ejemplo de Allende, no te inmoles, primero salva a tus cuadros y sálvate tú; negocia como puedas, pero no te vayas a inmolar. El camino no termina ahí’. Al final me dijo con voz profunda: ‘Aquí estamos muy tristes pero en Cuba te espera tu pueblo’.
Después de la llamada de Fidel se reforzó en mí aquella opción de ganar tiempo. Tomé por un brazo a José Vicente y lo convencí que lo mejor era aceptar ir preso al Fuerte Tiuna. Le pedí que me ayudara a convencer a los demás. Creo que fue lo correcto. Cuando me despedí de José Vicente, le noté una sonrisa extraña, trágica, y le dije: ‘ten cuidado con lo que vas a hacer’, porque me había dicho: ‘para mí ya no hay más camino’. Le dije: ‘hay más camino’ y 48 horas después el propio José Vicente me estaba llamando a La Orchila para comunicarme que el golpe había sido aplastado y que me esperaban en Miraflores”

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