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LA CUENTA REGRESIVA

En 1935, pocos años antes del segundo gran conflicto mundial, el dramaturgo francés Jean Giraudoux, escribió su famosa pieza de teatro, “La guerra de Troya no tendrá lugar”. Sin embargo, al final de la obra, la guerra se impone, como una suerte de fatalidad, ignorando la voluntad de los partidarios de la paz y precipita en el abismo a griegos y troyanos.

Todo pareciera indicar, que a pesar de la oposición cada vez más numerosa y decidida en contra de la agresión que George W. Bush quiere desencadenar contra Iraq, su gobierno y el del laborista británico Tony Blair, pretenden forzar la mano de la humanidad y hacer caso omiso del clamor que se eleva contra la guerra en numerosos puntos del planeta.

Al mismo tiempo, 150.000 soldados y decenas de miles de toneladas de material de guerra norteamericano rodean a Iraq y otros tantos miles se agregarán en el curso de febrero. Estados Unidos ha aprovechado las semanas empleadas por los inspectores de Univoc y de la AIEA -que desesperadamente tratan de encontrar la “pieza de convicción”

comprometedora que condenaría a Bagdad a ser invadido bajo la cobertura de la ONU-, para ajustar su dispositivo militar.
Desde bases militares puestas a su disposición por los cipayos de las oligarquías locales de Kuwait, Bahrain, Qatar, Oman, Emiratos Arabes y Yibuti, desde buques y portaviones de la flota, más bombarderos B 52 de la base aeronaval Diego García en el Océano Indico, miles de soldados británicos y estadounidenses, se preparan para asestar a Iraq, lo que Bush cree será un golpe definitivo, que abrirá la vía del petróleo iraquí a la voracidad de las empresas inglesas y norteamericanas, hasta ahora, excluídas de contratos de explotación que Iraq ha establecido con firmas francesas, alemanas, chinas, rusas e italianas. Bush espera que la invasión desmembrará a Iraq y podrá imponer en el Medio y Cercano Oriente su “pax norteamericana”.
Es por eso que el descuartizamiento de Iraq ya ha sido programado.
Pero al inepto Bush, el naipe se le ha comenzado a complicar. Gran Bretaña es la única gran potencia europea que sigue dócilmente las órdenes de Washington, a pesar de que según las últimas encuestas de opinión, la mayoría de los ingleses (58%) considera que Bagdad no constituye una amenaza que justifique la participación de su país en esa aventura. Blair, “el perrito faldero de Bush”, como lo llama la prensa europea, que había amenazado con presentar “pruebas irrefutables” demostrando la peligrosidad del armamento iraquí, ha anunciado que con o sin autorización de la ONU, participará en un eventual ataque a Iraq.
Aparte del botín de guerra que representa el petróleo iraquí, los círculos dirigentes británicos consideran que la única manera para Gran Bretaña de volver a tener cierto protagonismo internacional, es apoyar incondicionalmente a Washington, con la idea que ello le traerá dividendos económicos y políticos.

OPOSICION A LA GUERRA
Francia -con cierta ambigüedad por parte de Chirac- y Alemania, deben contar con el peso de una opinión pública que mayoritariamente se opone a la guerra: 77% y 68%, respectivamente. Lo mismo ocurre en España:el 66% de la población se pronuncia, según las mismas encuestas, contra la guerra.
Los partidos políticos franceses, desde la extrema izquierda a la extrema derecha -a excepción de parte del UMP de Chirac- han pedido a éste que Francia declare que opondrá su veto a toda resolución de la ONU que implique el desencadenamiento de la guerra en Iraq. Dos almirantes franceses en retiro -Michel Debray y Bernard Crouzille, este último encargado de una unidad militar de protección nuclear y bacteriológica- desmintieron desde Iraq, en el sitio mismo de una de las “fábricas de armas de destrucción masiva” denunciadas por Bush y Blair, la existencia y producción de éstas :”Quería cerciorarme y ver qué eran estos tubos. Son rockets para la artillería, es decir, armas cuya fabricación está permitida. Esto confirma la misión de espionaje encomendada por EE.UU. a los inspectores de la AIEA y de Univoc. Han venido seis veces a este sitio. Ahora Washington puede saber dónde lanzar sus bombas. Con este sistema de inspección, los iraquíes no tienen ahora ningún medio para organizar su defensa y protegerse”.
La posición germana constituye una novedad, puesto que es una de las primeras veces después de la segunda guerra mundial, que Alemania manifiesta públicamente un desacuerdo fundamental con EE.UU. Schröder reafirmó en enero, durante la última cumbre franco-germana en París, que “la posición tomada antes de las últimas elecciones alemanas no cambiará”, esto es, su oposición a toda intervención militar contra Iraq. Y ello, a pesar de los daños colaterales que puedan sufrir las relaciones con Washington. Alemania es desde el 1° de enero uno de los quince miembros del Consejo de Seguridad de la ONU y presidirá el mismo durante febrero. Schröder desea actuar estrechamente ligado y coordinado con Francia, que preside durante enero.
Alemania aspira a un mayor reconocimiento internacional, que pueda desembocar en un hipotético puesto como miembro permanente en el Consejo de Seguridad, y basa su acción diplomática en esta crisis, en el llamado “eje franco-alemán”. De ahí la insistencia de actuar de consuno con París.
En los mismos Estados Unidos el apoyo inicial a la aventura guerrerista de Bush comienza a erosionarse. El instituto Gallup dió a conocer cifras (enero) que indican que Bush se encuentra en su más bajo nivel de popularidad después del 11 de septiembre de 2001. Aunque el 53% de los norteamericanos continúa apoyando su posición frente a Iraq registró una baja de 10% en relación a diciembre. Las manifestaciones del 18 de enero y las programadas para las próximas semanas, muestran que parte importante de la opinión pública de ese país está saliendo poco a poco del garlito patriotero tendido por Bush y grupo integrista.
Igualmente en Japón, India, Paquistán y el mundo árabe, que ha conocido su primera y por cierto no última gran manifestación en Marruecos, presagio del estallido que puede ocurrir si la estulticia de Bush logra desencadenar la guerra.
El Papa Juan Pablo II, en su saludo anual ante el cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, manifestó su hostilidad a la guerra en Iraq, “Tierra de profetas”, dijo, agregando que ésta golpearía a “un pueblo extenuado por doce años de embargo y agravaría la situación en el Cercano Oriente”. El Papa expresó que la guerra era una fatalidad, “y siempre -prosiguió- es una derrota para la humanidad. Sólo el derecho internacional, el diálogo y la diplomacia, son medios dignos para que las naciones resuelvan sus conflictos”.
Confrontados a opiniones públicas cada vez más renuentes a hacer la guerra, los países europeos tratan de ganar tiempo, insistiendo sobre la necesidad que los inspectores prosigan su labor de inspección, que podría durar varios meses. Durante enero, en varias ciudades -Madrid, París, Berlín, Nueva York, Ankara y Atenas- han tenido lugar grandes manifestaciones contra la guerra.

DESAFIO COREANO
La oposición mundial a la agresión contra Iraq se ha acentuado con la aparición de un segundo foco de tensión en Corea del Norte, que EE.UU. trata de sofocar a toda prisa, esta vez, con “medios diplomáticos” y por la vía de la negociación, excluyendo desde el comienzo “toda opción militar”, considerando la vulnerabilidad de sus aliados en la región -Japón y Corea del Sur- ante un eventual ataque de Pyongyang. La crisis con Corea del Norte, cuyo presidente retiró a su país del tratado de no proliferación nuclear y anunció el reinicio de los ensayos atómicos, ha perturbado los planes de Washington y desmentido la idea que la mayor potencia militar de la historia podría hacer frente y llevar a cabo dos o más guerras simultáneamente. La cercanía de China ha hecho reflexionar a los asesores de Bush. Ellos saben que un conflicto en Asia no sería un simple desfile militar. Puesto que el adversario del imperio, que desde hace tiempo ha comenzado a despuntar en el horizonte, es China, indudablemente.
El cordón de bases militares que EE.UU. ha tendido desde el Adriático hasta el Asia Central, apunta a controlar esa vasta zona del Mar Caspio, rica en petróleo y gas, atravesada por miles de kilómetros de oleoductos y gasoductos en funcionamiento o en construcción. Washington ha instalado un “cordón sanitario” en torno a China, gracias a algunas naciones de la región -de dudosa respetabilidad internacional, como Kazajstán, Kirguizistán, Tayikistán y Uzbekistán- que aceptaron durante los bombardeos en Afganistán la instalación en sus territorios de bases militares norteamericanas.
Al fuerte aumento de la demanda de petróleo debido al consumo asiático (30% del consumo mundial total hoy y 60% dentro de 30 años), se agregará en los próximos años la creciente presencia china en el sistema mundial, que trastocará y acentuará la explotación de las reservas de hidrocarburos. Las consecuencias medioambientales y financieras de la inevitable integración de China como parte importante del sistema económico mundial, le quita el sueño a las grandes multinacionales y al gobierno de EE.UU.
El control de las reservas petroleras del planeta aparece entonces como un imperativo para Washington, si quiere seguir manteniendo su papel hegemónico mundial.
La actitud ambivalente e incoherente de Washington -belicosa frente a Iraq y cauta ante Corea del Norte, que ha amenazado con transformar el territorio norteamericano en “un mar de fuego”- ha desconcertado a algunos dirigentes estadounidenses. El ex secretario de Estado, Warren Christopher, aseguró:”Corea del Norte es un asunto mucho más urgente que Iraq”. En el mismo sentido se pronunció Madeleine Albright en la revista estadounidense Global Viewpoint: “Corea del Norte es una amenaza mucho más grave que Iraq... Luego de haber declarado que su prioridad era la lucha contra Al Qaeda y Osama Bin Laden, el presidente Bush pretende que el enemigo es Iraq. Todo está un poco confuso en su cabeza. Ha invertido el orden de las prioridades. Ha puesto a Iraq, en primer lugar y Al Qaeda y Corea del Norte más abajo... Me sorprende el hecho de haber abandonado la opción militar contra Pyongyang...”
Pero Los Angeles Times explicaba con más objetividad: “Los cínicos afirman que la incoherencia en la actitud estadounidense frente a Corea del Norte e Iraq, se explica porque EE.UU. no gana nada en Corea del Norte, país desprovisto de petróleo y de toda riqueza capaz de interesar a las empresas norteamericanas”.
A esta inesperada crisis, que perturba los planes de Washington, se agrega el creciente sentimiento antinorteamericano que se desarrolla en Corea del Sur.

REPERCUSIONES EN MEDIO ORIENTE
Otra incoherencia con el discurso de Washington que había sido mantenido hasta hoy, es su actitud ante al riesgo de enfrentamiento entre Israel y Bagdad, que puede desencadenar el ataque contra Iraq. Como se sabe, los dirigentes de Tel Aviv desean que EE.UU. ataque a Iraq, puesto que el descuartizamiento de ese país, aniquilaría a la única fuerza árabe capaz de oponerle una resistencia militar de envergadura; de paso, garantizaría su predominio regional y haría de Israel el gendarme de EE.UU. en la región, con acceso directo al petróleo.
En una reciente reunión, Richard Perle, director del departamento político del Pentágono, respondió al respecto: “Saddam tiene una capacidad para lanzar misiles de un alcance reducido, pero no son numerosos y además poco eficaces. Algunos serían detectados antes de ser lanzados”. En buenas cuentas, el riesgo que correría Israel habría sido exagerado según Perle, furibundo partidario de una guerra preventiva contra Iraq. Entonces, si las supuestas armas en poder de Iraq no constituyen una amenaza para Israel ¿cómo podría creerse la patraña que Iraq amenazaría “al pueblo norteamericano y la paz mundial”?
Los países del Cercano y Medio Oriente llaman por su parte la atención sobre las consecuencias de una guerra en la región. El rey Abdalá II de Jordania ha advertido que “una guerra sería catastrófica para el pueblo iraquí y agravaría el conficto israelí-palestino”. El propio príncipe heredero saudí, Abdalá Ben Abdel Azis, sabedor que crecientes sectores de la población saudí se manifiestan cada vez más abiertamente contra la política oficial del reino y demandan el retiro de las bases norteamericanas, aconsejó “entenderse con Bagdad y evitar la guerra. Iraq es un país que queremos, su pueblo es nuestro propio pueblo y es parte preciosa de la nación árabe-musulmana”.
En Malasia, el primer ministro Mohamed Mahatir, que debe asumir la presidencia rotativa de la Organización de la Conferencia Islámica, advirtió a la ONU: “los musulmanes considerarían una posición en contra de Iraq, como una discriminación más contra los musulmanes del mundo”.
Irán por su parte, por boca de su vicepresidente Reza Aref, ha alertado a “los otros países de la región que serán atacados si se desencadena la guerra contra Iraq” . Irán, en la mira norteamericana desde hace años, podría ser la próxima víctima del insaciable apetito petrolero imperialista.
Rusia, que había manifestado hasta ahora una sorprendente mansedumbre ante EE.UU., en detrimento de sus intereses como potencia mundial, ha enviado a su ministro de Relaciones Exteriores al frente de varias decenas de empresarios y técnicos. Los rusos quieren renegociar algunos contratos petroleros deshauciados por Bagdad y el ministro ruso ha denunciado “las presiones sobre los inspectores de la ONU ejercidas por EE.UU.”.
En Turquía, país clave en el dispositivo político-militar norteamericano, el 90% de los encuestados rechaza categóricamente la guerra contra Iraq.
La negativa de Turquía a participar en la guerra contra Iraq es el mayor escollo a la prosecución de los preparativos bélicos de EE.UU. Según fuentes oficiosas, la negativa turca sería la verdadera razón por la cual EE.UU. ha aceptado posponer la fecha de inicio de las operaciones militares. Turquía, país donde el partido islamista de Recep Tayyip Erdogan, triunfó en las últimas elecciones legislativas y que es mayoritario en el Parlamento, cuenta con más de 13 millones de kurdos. Ankara se inquieta entonces por las consecuencias del descuartizamiento de Iraq, que podría tener como resultado la creación de un estado nacional kurdo en el Kurdistán iraquí, que dispondría de cuantiosas reservas de hidrocarburos. “Toda guerra genera un vacío político -explicó hace algunos días un dirigente turco, agregando- si este vacío daña la seguridad y los intereses estratégicos de Turquía, tendríamos que tomar medidas drásticas”
Paul Wolfowitz -el segundo hombre del Pentágono- en visita a Ankara, advirtió que una eventual acción militar turca para “llenar el vacío que provocaría la guerra” debería efectuarse “en el marco de una coalición”. El gobierno turco le habría recordado al enviado del gobierno norteamericano, la legitimidad histórica de Ankara sobre las regiones petroleras de Mosul y Kirkuk, situadas en el Kurdistán iraquí, que efectivamente pertenecieron al imperio otomano hasta el fin de la Primera Guerra Mundial, cuando éste fue desmembrado por las potencias europeas y Londres recibió mandato de la Sociedad de Naciones sobre las tres antiguas provincias otomanas que conforman el Iraq actual:Mosul, Bagdad y Bassora.
Washington querría utilizar cinco bases aéreas y navales turcas, por donde transitarían cerca de 80.000 soldados, parte de los cuales permanecerían durante algún tiempo en Turquía. Según fuentes militares francesas, EE.UU. necesitaría alistar 350.000 hombres para iniciar la guerra y para ello necesita bases seguras y cercanas al teatro de operaciones, pero hasta hoy, Turquía, ha aceptado únicamente el sobrevuelo de su territorio. El ministro de Relaciones Exteriores turco, Yasar Yakis, afirmó durante la segunda semana de enero, que era “muy poco probable que la opinión pública y el gobierno acepten la demanda de EE.UU.”. Gary Schmitt, del Instituto norteamericano Projet, recalcó: “Si Ankara rehusa que se inicie una operación terrestre desde su territorio en dirección de Kurdistán, el Pentágono deberá cambiar sus planes”.
Por otra parte, el ministro de comercio turco, Kursad Tuzmen, encabezó a mediados de enero una delegación de 350 hombres de negocios que visitó Bagdad, lo que podría significar que Ankara pareciera considerar el futuro con cierto optimismo. Ha trascendido que Turquía y Egipto trabajan en pos de una salida de la crisis, que evite la guerra y que sea aceptable tanto por Bagdad como por Washington. Al parecer, los astutos consejeros de Washington abrigan la pregrina idea que dirigentes iraquíes puedan aceptar sin pestañear un cambio de régimen y exilien a Saddam. Es decir, ni más ni menos que ¡acepten entregar el país al voraz apetito de las empresas petroleras yanquis sin combatir!

¿HAY UNA SALIDA POLITICA?
Tratando de mantener una actitud decorosa, conforme a su estatuto de superpotencia única, EE.UU. ha comenzado a empujar bajo tabla, una posible salida política a la crisis, puesto que por primera vez desde hace muchos años, los opositores a la política norteamericana no cesan de aumentar en todas partes del mundo. Un grupo regional formado por Turquía, Jordania, Siria, Egipto e Irán, se han reunido barajando diversas posibilidades. Hasta el momento, dichos países, de indudable importancia regional, siguen oponiéndose a Washington, y Turquía ha reafirmado que respetará la soberanía iraquí y se opondrá a todo intento de desmembramiento. El ejército turco, que controla la realidad del poder, se mantiene sin embargo en medio de un inquietante silencio.
El a,b,c de la política, consiste en disimular los objetivos y motivos reales de la acción política, enmascarándolos detrás de finalidades, que aunque falsas, pueden ser más populares y accesibles al grueso de una opinión, previamente “ablandada” por el martilleo ininterrupido de la propaganda difundida por medios de comunicación, que en su mayoría, sirven diariamente, una ración, calculada y sofisticada, de desinformación.
Tratar de hacer creer al mundo que la humanidad está amenazada o en peligro, por un país de veinte millones de habitantes -agobiado por un despiadado bloqueo aplicado desde hace más de diez años, que ha provocado centenares de miles de muertos- esconde la verdadera razón de la guerra imperialista: la voluntad de mantener su hegemonía mundial, que pasa por la posesión y el control de la dependencia energética de las potencias rivales. Desde ese punto de vista, Iraq constituiría una etapa en el camino hacia el sometimiento definitivo de las otras potencias, gracias al creciente control de las riquezas petroleras por parte de EE.UU.
Lo que está en juego en esta suerte de vigilia de armas -mientras se libra una áspera batalla diplomática, propagandística y comunicacional, inherente a todo conflicto bélico- es la configuración de las futuras relaciones internacionales, es decir, la correlación de fuerzas a nivel planetario. Esta ya ha comenzado a cambiar, luego de una década de predominio sin contrapeso de la potencia hegemónica, consecutivo al hundimiento de la URSS y del campo socialista. El repunte de las fuerzas democráticas está representado por jalones y nombres de ciertos lugares geográficos: Chiapas, Seattle, Porto Alegre, Palestina, Génova. Algunos hombres también encarnan la resistencia al orden internacional impuesto unilateralmente por EE.UU.: Marcos, Arafat, Chávez, Lula...
Desde ya, una cosa aparece clara: se perfila tenuemente, pero cada vez con más nitidez, la voluntad expresada por varias potencias -Francia, Alemania, China, Rusia, India, Irán y el mundo árabe- de avanzar en pos del establecimiento de un necesario multilateralismo en las relaciones internacionales. Esta nueva configuración del poder a nivel internacional, es también el resultado de la acción de millones de hombres, quienes se niegan a aceptar como horizonte único e insuperable, aquel diseñado por un filósofo del imperio que auguraba el fin de la historia.
Mal que les pese, la “guerra de Troya no tendrá lugar” en la fecha inicialmente señalada por los estrategas norteamericanos. De la movilización de los pueblos del mundo dependerá en parte, impedir que Bush y sus secuaces desaten más tarde una guerra de proporciones incalculables. Ello podría constituir un hito importante en una nueva configuración de las relaciones internacionales. No obstante, es lícito pensar, que el imperio podría tratar de revertir la ola mundial que se manifiesta contra la guerra, recurriendo a provocaciones -y Washington tiene una larga experiencia en la materia- que podrían hacer mella entre los sectores más vacilantes y permeables a ese tipo de artimaña.
En las semanas y meses próximos asistiremos a un gran despliegue de propaganda y a una gigantesca tentativa de manipulación de las conciencias por parte del imperio. Fuertes presiones se ejercen desde ya contra todo Estado que manifiesta una opinión discrepante. Pero la excepcional movilización de la opinión pública en diversos países, comienza a producir sus frutos. Esos millones de mujeres y hombres, en diferentes puntos del planeta, portan en sus hombros la dignidad de toda la humanidad.
Chile y muchos de sus dirigentes, que recibieron durante la dictadura una solidaridad potente y sostenida, no deberían inclinarse ante las presiones de Washington. Según los clásicos, nuestros países serían sólo “formalmente independientes”. El azar ha querido que Chile sea en estos momentos, uno de los quince miembros del Consejo de Seguridad de la ONU.
Esta sería, una buena oportunidad para demostrar al mundo, que en el extremo sur de América Latina, un país pequeño y digno, ha sido capaz de invertir los términos del siniestro y fatalista presagio de Casandra: “El poeta troyano ha muerto. Tiene la palabra el poeta griego”

PACO PEÑA
En París

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