Críticas al TLC |
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1. La apertura o liberalización de los mercados es uno
de los tres ejes del modelo económico neoliberal. Los otros
dos son la privatización y el “Estado mínimo”,
por una parte, y la desregulación, flexibilización
y mercantilización, por otra.
2. La apertura tiene dos dimensiones: una comercial (relativa
al comercio de bienes y servicios) y otra financiera (relativa
a la inversión o los flujos de capital). La apertura consiste
en el proceso de reducción y eventualmente la eliminación
de las barreras que interfieren los flujos comerciales y de capital
entre una economía nacional y el exterior.
3. En el plano comercial, estas barreras se pueden clasificar
en arancelarias y no arancelarias (o pararancelarias). Las barreras
arancelarias son los impuestos que el país establece sobre
las importaciones. Las barreras no arancelarias están definidas
por diversos tipos de regulaciones que limitan o impiden el ingreso
de importaciones en condiciones no deseadas. Las más conocidas
son las normas sanitarias y fitosanitarias, las normas de certificación
técnica, las normas de origen, los sistemas antidumping.
4. En el plano financiero, las barreras están definidas
por las regulaciones existentes tanto para el ingreso de capitales
-ya sea en forma de inversión extranjera directa, créditos
o inversión de cartera- como para la salida de capitales
-ya sea como repatriaciones de capital o de utilidades, ya sea
como inversiones o créditos de nacionales en el o al exterior-.
5. Las barreras comerciales se establecen con el afán de
proteger a la producción nacional de una competencia que
no se desea, que se juzga inconveniente en un momento dado para
el país. En Chile, estas barreras se establecieron particularmente
durante el proceso de industrialización por sustitución
de importaciones, que se puso en marcha a fines de los 30 y que
tuvo vigencia hasta 1973.
6. Las barreras o regulaciones financieras se establecen con el
propósito de alentar u orientar el movimiento de capitales
hacia el país y hacia el exterior, en los términos
más convenientes para la estabilidad y crecimiento económico.
7. El argumento central que justifica los procesos de apertura
comercial es el de la estrechez del mercado interno, que limita
a su vez el proceso de crecimiento del país. El argumento
central que justifica los procesos de apertura financiera es el
de la insuficiencia del ahorro interno para financiar el crecimiento
económico.
8. La consecuencia general de un proceso de apertura comercial
es que se acentúa la incidencia del mercado mundial en
la estructura y dinámica del país, en su asignación
de recursos. Existen diversas opciones de cómo llevar adelante
un proceso de apertura, en dependencia de la estrategia de desarrollo
o crecimiento que el país haya definido y de la política
comercial que de conformidad con ella se tenga.
El eficaz aprovechamiento de las oportunidades que se abren a
través de la inserción económica internacional
depende de los criterios que informen la estrategia de desarrollo,
la política económica, comercial y financiera y
el marco regulatorio con que el país aborde ese proceso
de integración.
9. En el caso de Chile, el régimen militar impuso un radical
viraje en la estrategia de desarrollo. Un aspecto fundamental,
fue el desplazamiento del Estado de su rol de motor y guía
del proceso económico. Este desplazamiento se produjo a
tal punto que en Chile, a partir de entonces, no ha existido siquiera
una planificación indicativa que oriente el proceso de
crecimiento, dentro de una concepción del desarrollo que
responda a las preferencias sociales.
En tales condiciones, quienes en forma cada vez más ostensible
han asumido el liderazgo del proceso de crecimiento son un puñado
de grandes empresas transnacionales y grupos económicos
locales, asociados frecuentemente a ellas, y los intereses controladores
de los movimientos de capital.
El peso y presencia del capital transnacional en la economía
chilena no ha dejado de crecer y sus decisiones e intereses perfilan
cada vez más la estructura y la dinámica no sólo
económica, sino social, política y cultural de los
chilenos.
10. Las autoridades económicas bajo la dictadura militar
y bajo los gobiernos de la Concertación han implementado
un proceso de apertura generalizado, cada vez mas profundo e indiscriminado.
La consecuencia ha sido una drástica y brutal reorganización
del aparato productivo y de servicios en función de los
mercados externos. Crecen y se dinamiza la inversión en
las actividades con capacidad de competir internacionalmente;
mientras se reducen o desaparecen aquellas que no cuentan con
tal capacidad.
11. El rol que las transnacionales han asignado a Chile está
claramente definido: les interesa por la renta de sus recursos
naturales y su rol como centro reciclador del capital hacia la
región. Chile se ha convertido en una cabeza de playa de
un conjunto de transnacionales que desde acá están
manejando sus operaciones en el Cono Sur. En rubros como minería,
forestal, energía eléctrica, telecomunicaciones,
servicios financieros y previsionales, etc., la presencia del
capital extranjero, sobre todo norteamericano y español,
se ha ampliado y consolidado con esta intención.
12. Se trata, por tanto, de un proceso de apertura con una plena
subordinación a las empresas transnacionales, a los mercados
mundiales que ellas manejan.
13. No hay tampoco una estrategia o política comercial
y de inserción económica que responda a pretensiones
de mayor soberanía y poder negociador en un mundo en proceso
de globalización. Detrás del discurso del “regionalismo
abierto” y de la “diplomacia para el desarrollo”,
no hay una idea de acumulación de fuerzas, de integrarse
dentro de un bloque político-económico regional,
latinoamericano y caribeño, que pueda proyectarse en el
siglo XXI como nuevo polo de poder político-económico.
14. La apertura se materializa a través de tres tipos de
mecanismos: unilaterales, bilaterales y multilaterales.
El mecanismo unilateral consiste en reducciones de los aranceles
-y también de barreras no arancelarias- del país
que se determinan voluntariamente, sin negociación ni compensación
de otros países de por medio. Este mecanismo ha sido preponderante
en el proceso de apertura de la economía chilena, tanto
en el período de la dictadura militar como durante los
gobiernos de la democracia electoral.
De un arancel promedio de 94%, con 57 tasas arancelarias distintas
-que iban de cero a 220%-, y múltiples medidas no arancelarias,
en diciembre de 1973 se pasó a eliminar todas las barreras
no arancelarias y a un proceso de reducción gradual y consolidación
en tres niveles (con una tasa máxima de 60%). Hacia 1975
y 1977, el programa se radicalizó, estableciéndose
en definitiva un solo arancel general de 10% que se alcanzaría
a mediados de 1979. Este fue modificado a raíz de la crisis
1982-1983, elevándose a 20%, y a 35% en septiembre de 1984.
Cuando la crisis menguó, el arancel único se redujo
otra vez en forma gradual a partir de 1985. En 1989, a fines del
régimen militar, se había estabilizado en 15%, de
donde en 1991 fue bajado a 11% por el gobierno de Aylwin. En 1998,
durante el gobierno de Frei Ruiz-Tagle, se acordó un proceso
de reducción de 5 puntos adicionales, que ha llevado el
arancel general a un 7% y será de 6% desde enero de 2003.
15. Los mecanismos bilaterales consisten en acuerdos que el país
negocia con otro país o bloque de países y que según
el grado de amplitud y complejidad se denominan Acuerdos de Complementación
Económica o Tratados de Libre Comercio. Este tipo de mecanismos
se ha implementado con notorio activismo solo en la ultima década.
A través de ellos, ha habido un impacto de apertura adicional,
que hace que el arancel efectivo promedio que pagan las importaciones
en Chile fluctúe en torno al 5%.
El impacto y justificación de estos acuerdos y TLCs hay
que examinarlo en el contexto de una apertura que se hace preponderantemente
en forma unilateral. Y en este sentido, puede aceptarse que logran
establecer algunas condiciones mínimas favorables para
el más amplio acceso de las exportaciones chilenas a ciertos
mercados, a cambio de comprometer estabilidad en reglas de juego
y niveles de arancel más reducidos a las importaciones
de los que preexisten a los acuerdos o TLCs.
16. El mecanismo multilateral consiste en los acuerdos que el
país establece en el marco de su participación en
el GATT, primero, y en la OMC en la actualidad. Al interior de
esta organización, las rondas de negociación se
orientan a que los países consoliden sus aranceles respecto
de una diversidad de productos. Chile consolidó en la Ronda
Tokio de negociaciones del GATT en 1979, un nivel máximo
de 35%. Con posterioridad, en la Ronda Uruguay, a principios de
la década de los 90, rebajó esta tarifa máxima
a 25% exceptuando a los bienes que se encuentran bajo el sistema
de bandas de precios (trigo, harina de trigo, azúcar y
aceites), productos que junto a los lácteos quedaron afectos
a un gravamen de 31,5%. Un nivel que ha resultado insuficiente,
en los hechos, para proteger a estos productos agrícolas.
17. En el 2002, la economía chilena completó más
de 4 años de un curso recesivo que se ha ido complicando,
en la medida que el estancamiento se va extendiendo y abarcando
tanto a los sectores que dependen del mercado interno como de
los mercados externos. El sector exportador, que ha sido el único
soporte del crecimiento en estos años, se ha visto seriamente
afectado por la recesión mundial y existen elementos para
sostener que costará recuperar su dinamismo antes de fines
de este año. Se trata, además, de un sector con
limitadas vinculaciones hacia el resto del aparato productivo
y cuyo crecimiento tiene débiles cuando no negativos impactos
en la generación de empleos.
Por otra parte, el ajuste monetario aplicado en 1998, afectó
particularmente a los sectores productivos y laborales vinculados
al mercado interno; provocando, en particular, un deterioro patrimonial
de las micro, pequeñas y medianas empresas, sin que posteriormente
hayan tenido la posibilidad de recuperarse. Con el agravante de
que un porcentaje superior al 80% de la fuerza de trabajo se encuentra
vinculado a estos sectores.
Acentuar el proceso de apertura comercial afectará gravemente
la competitividad de sectores productivos internos, tanto en la
industria como en la agricultura; amén de continuar presionando
sus márgenes hacia abajo, hasta límites que mucho
tienen que ver con el desempleo, y los problemas financieros y
de viabilidad económica que hoy presentan. Sin un entorno
macroeconómico que evolucione en este sentido, dando mayores
espacios al repotenciamiento del mercado interno y de los sectores
vinculados directamente a él y dentro de ellos, a la micro
y pequeña empresa, toda la labor de fomento productivo
que realiza el Estado se diluye y pierde eficacia.
Es preciso entender que en la configuración del entorno
intervienen tanto factores de orden coyuntural, como de carácter
más estructural, como los procesos de concentración
de los mercados, que se están verificando en la industria
bancaria, en las cadenas de distribución y en numerosas
actividades productivas. Los oligopolios y oligopsonios reducen
los espacios para la viabilidad económica de las empresas
de menor tamaño y afectan su capacidad de negociación
MANUEL HIDALGO V.
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