Edición 539
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MUJERES AL ROJO VIVO

Múltiples y variadas fueron las celebraciones del Día Internacional de la Mujer, entre el 7 y el 10 de marzo en el centro de Santiago y en diversas comunas y regiones del país. Si bien el llamado a defender la vida y la paz estuvo en primer plano, otras reivindicaciones propias de las mujeres -compartidas por los hombres de mentalidad avanzada- también ocuparon un lugar destacado, al examinar tanto los avances como el estancamiento

(o retroceso) en las luchas por mayor libertad, dignidad y autonomía.

Precisamente, en una acción simbólica por la autonomía y por los derechos humanos de las mujeres, un grupo de feministas vestidas de rojo se tendieron en el suelo frente a La Moneda, simulando un gran charco de sangre. "No queremos más muertes por causa de las guerras que asuelan la humanidad, por causa de la violencia de género que nos afecta escandalosamente en tiempos de guerra y en tiempos de paz, ni por causa de abortos clandestinos y leyes que niegan nuestro derecho a decidir", decía parte de la declaración que Fanny Berlagoscky, dirigenta de la Red de Salud y Derechos Sexuales y Reproductivos difundió a través de un megáfono. Las mujeres hablaron claro. Dijeron que en Chile se siguen violando sus derechos humanos, que cada año se realizan entre 160 mil y 200 mil abortos clandestinos. Es decir, uno de cada tres embarazos termina en aborto inducido, lo cual constituye una de las cifras más altas de América Latina.
"Es inaceptable que el aborto sea la primera causa de muerte materna en el país. La magnitud del aborto clandestino, los daños a la salud de las mujeres y los costos que la atención de sus complicaciones demandan al sistema de salud, hacen del aborto un grave problema de salud pública -como lo estableció en 1994 la convención internacional de El Cairo, suscrita por Chile-. Las dificultades que enfrentan las mujeres jóvenes y aquellas con menos recursos para acceder a un aborto seguro constituyen una grave inequidad, máxime cuando arriesgan ser denunciadas a la policía por el personal de salud cuando piden atención por complicaciones graves. Esto transforma al aborto en un problema de justicia social y de derechos humanos", señala la declaración.
Las mujeres de rojo decidieron romper el silencio para exigir que se respete su derecho a decidir lo más conveniente para sus vidas y sus cuerpos, incluyendo el derecho a optar libre y autónomamente por la maternidad sin ser objeto de violencia, castigo o discriminación. Eso pasa, desde luego, por evitar embarazos no deseados mediante educación sexual y amplio acceso a métodos anticonceptivos, inclusive los de emergencia. Y también, por la legalización del aborto, poniendo esta opción al alcance de las mujeres que decidan recurrir a él y asegurando su realización en condiciones sanitarias adecuadas, independientemente de su costo.
Las feministas recordaron que en 1995, en Beijing, Chile se comprometió a revisar las leyes que castigan a las mujeres que abortan. Además, en 1999, el Comité de Derechos Humanos y el Comité contra la Discriminación de la Mujer de Naciones Unidas señalaron al gobierno de nuestro país la necesidad de revisar las leyes chilenas sobre el aborto, para evitar el agravamiento de este drama. Y recomendaron reponer, al menos, el aborto terapéutico. "Este año, el gobierno debe dar cuenta de los avances en la materia y exigimos una respuesta que promueva nuestros derechos", dijeron las mujeres. La demanda es "aborto legal, seguro y gratuito".

HERENCIA DE LA DICTADURA

Como señala la propuesta de ley marco de derechos sexuales y reproductivos -que duerme en el Congreso-, Chile es uno de los pocos países del mundo donde existe prohibición absoluta del aborto, ya que esta alternativa ni siquiera está contemplada para los casos en que la vida de la mujer corre peligro. No fue siempre así. Durante 50 años existió en nuestro país la posibilidad de practicar el aborto terapéutico en determinadas circunstancias. Chile fue pionero en esta materia en el contexto latinoamericano.
Al respecto, en otro acto de conmemoración del 8 de marzo organizado por la Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi, Katia Araujo, de la Fundación Instituto de la Mujer, recordó que la prohibición total del aborto y su penalización data de 1989. O sea, fue una de las leyes de última hora de la dictadura militar. "Es la herencia de una idea autoritaria, fundamentalista y policial de la sociedad", dijo. Y agregó: "La prohibición y penalización del aborto desconoce la realidad social, una realidad que es precisamente promovida por quienes se rasgan las vestiduras por mantener esta situación". Es otras palabras, por los mismos representantes de los poderes fácticos que se niegan a informar adecuadamente sobre métodos anticonceptivos -incluido el de emergencia o "píldora del día después"-, que se oponen a una real educación sexual en los colegios y al uso del condón.
Los mismos "que luego denuncian indignados la debacle moral de los embarazos adolescentes y del sida, debacle que perdonarán al fin, confortando con medidas asistenciales su generoso corazón. Lo que está en juego para ellos es impedir una vida sexual libre, basada en la información y la responsabilidad de decisión".

DERECHOS CIUDADANOS EN SALUD

Por su parte, la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe (RSMLC), cuyas integrantes participaron activamente en actos y marchas, se refirió a las inequidades en los sistemas de salud de los modelos neoliberales, que afectan principalmente a las mujeres y a los sectores más pobres de la sociedad. Esta situación, en su esencia está siendo mantenida por la reforma de la salud que se intenta llevar a cabo en Chile.
"El derecho a la salud implica gozar del más óptimo estado de bienestar físico, mental y social, y no solamente se expresa en la ausencia de enfermedad o malestar. ¿Cómo podemos ser titulares de este derecho y llegar a ser ciudadanas en salud si aún enfrentamos discriminaciones y subordinación, violencias simbólicas y directas, y el control más despiadado y persistente sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas?", se preguntan las mujeres de la RSMLC. Dejan claro que "ser ciudadanas con goce de derechos implica adoptar y ejercer -en igualdad de condiciones y desde nuestra libertad, dignidad y autonomía- aquellas decisiones que estimamos adecuadas para nuestro proyecto de vida, sin sufrir ningún tipo de discriminación, coerción o violencia. Por ejemplo, optar por un aborto seguro, legal y sin riesgos; elegir una maternidad voluntaria y gozosa; asumir una sexualidad que se aleja del modelo heterosexual; rechazar cualquier papel asignado culturalmente si no nos parece grato. Las mujeres, en particular, enfrentamos hoy grandes dificultades para ejercer nuestro derecho ciudadano a la salud y para que se escuchen nuestras demandas. Pues aun cuando estamos insertas en el mundo público en mayor medida que hace décadas, la toma de decisiones y el ejercicio del poder sigue teniendo un rostro masculino".
En definitiva, el derecho al aborto legal, seguro y gratuito se inserta en la lucha por los derechos ciudadanos a la salud, especialmente en el ámbito de la sexualidad y la reproducción. Las demandas de las mujeres apuntan al acceso universal a la información, a servicios de atención de salud gratuitos o de bajo costo y de buena calidad, en todo el ciclo vital; al derecho a una salud sexual y reproductiva sana y protegida; al libre ejercicio de una sexualidad sin riesgos con quien se desee -o a no ejercerla-; el derecho a una maternidad voluntaria y a decidir el número de hijos e hijas, cuándo tenerlos o no tenerlos. La plataforma incorpora, desde luego, el derecho a recibir atención de salud de calidad en el embarazo, parto y puerperio, lo cual es indispensable para tener una maternidad segura; el derecho a compartir responsabilidades relativas a la sexualidad y reproducción con la pareja; a estar protegidos de infecciones de transmisión sexual, incluido el VIH/sida; a una participación igualitaria de las mujeres en las instancias de decisión en salud, y a vivir libres de violencias.
Así se manifestaron las mujeres el 8 de marzo. Al rojo vivo

PATRICIA BRAVO B.


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