Daniel Viglietti
La canción vigente
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"Yo pregunto a los presentes
si no se han puesto a pensar
que esta tierra es de nosotros
y no del que tenga más".
("A desalambrar")
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Para los más viejos, decir Daniel Viglietti es nombrar
a un ser querido y familiar, volver a tararear canciones que expresaron,
con fuerza, la rebeldía social y política de los
años 60-70 y que continúa manifestándose
hasta hoy, con otras formas. Para los más jóvenes,
Daniel Viglietti es una leyenda viva que siempre está donde
debiera estar. El cantautor uruguayo fue uno de los artistas presentes
en el Tercer Foro Social Mundial de Porto Alegre. Estuvo entre
los invitados de honor en el acto de lanzamiento del semanario
del Movimiento Sin Tierra (Brasil de fato). Un auditorio desbordante
lo ovacionó e hizo coro cuando cantó A desalambrar.
Y lo mismo ocurrió en el recital al aire libre que ofreció
en un parque de la ciudad brasileña, donde lo rodearon
cientos de jóvenes, principalmente de habla hispana. No
sólo cantó con una voz que los años parecen
no haber alterado; entre canción y canción fue reseñando
historias de otras leyendas vivientes de América Latina
con las que tuvo oportunidad de compartir. Entre ellos, Violeta
Parra y Víctor Jara. Es como si Daniel Viglietti se hubiera
impuesto la misión de mantener viva la memoria histórica
en las nuevas generaciones.
Este artista, que reside en Montevideo, se mantiene activo, trabajando
más o menos paralelamente en distintas facetas de una carrera
artística que comenzó a finales de los 50, con letras
que él mismo describe como líricas y paisajistas.
"Después fueron tomando más conciencia",
dice, como si sus canciones tuvieran vida propia. Durante la dictadura
en Uruguay tuvo que partir al exilio. Vivió once años
en Francia, pero no pasaba mucho tiempo en casa. Constantemente
recorría las redes solidarias que se extendían por
distintos países, siempre dispuesto a cantar en apoyo a
las causas democráticas y de lucha popular en América
Latina. Volvió a su país en septiembre de 1984,
cuando la dictadura estaba en retirada. Dice que su trabajo se
desdobla en componer canciones y cantarlas y, a veces, más
escasamente, en cantar temas de personas que ha sentido muy cerca.
Ahora está preparando un disco con composiciones nuevas.
El anterior se tituló Esdrújulos. "Hasta ahora
no he tenido la ocasión de mostrarlo en Chile, pero una
de las canciones que incluí en ese disco se basa en la
música de una canción anónima chilena que
me enseñó una entrañable amiga, Ximena Bulnes
(ya fallecida)".
¿En general, cuál es el contenido de sus últimas
canciones?
"Es muy variado, pero siempre están presentes esos
sentimientos humanos que sería obvio nombrar, pero que
nos han sido traicionados, arrebatados o deformados en un mercado
lleno de trampas, donde las palabras han sido manejadas, donde
justicia quiere decir otra cosa o amor, ternura o compañerismo
han sido devaluadas en su significado. En esos planos se sigue
moviendo la canción. Yo creo que uno siempre está
componiendo, en el sentido que constantemente absorbe cosas del
mundo que le rodea. Se dice que la canción se hace cuando
llega el momento de llevar la mano al papel, pero viene de mucho
más atrás. Es una criatura que no tarda nueve meses.
A veces demora hasta nueve años en nacer. Yo tengo carpetas
y casetes con borradores de canciones que permanecen guardados
durante años y, de repente, nacen con una pequeña
modificación. Otras se hacen rápidamente, como me
ha pasado al conocer procesos como el sandinista -cuando estaba
saludable- o el zapatismo".
¿Qué rumbo ha seguido como intérprete?
"En mi camino he ido desarrollando un trabajo a partir de
los poetas. A comienzos de los 60, componer canciones a partir
de una poesía no se había convertido en una moda
y no existía el facilismo de ahora, que le hace oír
a uno una cantidad de disparates a costa de Federico García
Lorca o Rafael Alberti. Primero hice algunas canciones sobre poesía
de Nicolás Guillén, César Vallejo, Lorca,
Alberti y poetas uruguayos. Esa etapa pasó, porque en la
época del exilio no seguí haciendo canciones sobre
poemas. En cambio, pasé a hacer algunos recitales con poetas,
lo que no implicaba cantar sus poemas sino hacer que la música
y la poesía compartieran el escenario. Inicialmente, en
Uruguay, había hecho una presentación de este tipo
con Juan Gapagorry (poeta uruguayo fallecido) en un ciclo llamado
Hombres de nuestra tierra, sobre los oficios del hombre de campo.
Ese ciclo está grabado en un compacto, como todos mis discos
anteriores. Después, en el exilio, combinamos trabajos
con Eduardo Galeano en Alemania, Francia y Canadá. Los
textos breves que él hace desde años, se tejían
con canciones mías. Luego, con más permanencia,
hicimos un dúo con Mario Benedetti, llamado A dos voces
-que también está grabado-, donde Mario lee sus
poemas y yo canto mis canciones".
¿Siguen haciendo esas presentaciones?
"Ahora lo hacemos muy excepcionalmente. Estuvimos en Alicante
(España), en cuya universidad se creó el Centro
de Estudios Latinoamericanos Mario Benedetti, y lo repetimos en
diciembre en Uruguay donde se filmó por primera vez. Pero
creo que no lo volveremos a hacer en un largo tiempo debido a
las actividades de ambos. Yo soy el principal interesado en que
Mario se dedique a la escritura y cuide su salud, que ahora está
un poco mejor".
EXPLORANDO A LOS OTROS
Simultáneamente, Daniel Viglietti desarrolla desde hace
años un programa semanal en la radio El Espectador, de
Uruguay, donde presenta el resultado de lo que él define
como "un trabajo de investigación, de exploración
de los otros". Es otra vía de expresión que,
según dice, a veces le quita un poco de tiempo al músico,
hasta que éste reclama su espacio.
¿Cuál es la idea, cómo nació ese programa?
"Desde los años 60 vengo haciendo trabajo de investigación.
Empecé a hacerle preguntas a quienes hacen cultura, especialmente
a los músicos, pero también a poetas, escritores,
pintores, bailarines, cineastas e, incluso, psicoanalistas, como
una forma de explorarlos. Esto fue derivando, con mucha intensidad,
en textos publicados en el semanario Marcha, que fue una publicación
histórica en Uruguay hasta la dictadura. Después
continué en el semanario Brecha y ahora, cotidianamente,
en programas de radio. Algunos programas nacieron en el exilio,
en radios de España, Francia y Alemania, y luego en Argentina
y Uruguay. Es una producción de media hora, muy elaborada,
cuya preparación me demanda hasta 12 ó 14 horas.
Estos programas pueden estar referidos a un personaje o a una
circunstancia. Obviamente, pienso dedicar varios al Foro Social
Mundial".
¿No ha pensado extender este programa radial a Chile?
"Sí, intenté hacerlo, pero siempre nos topamos
con la dificultad de que hay que conseguir auspicios".
Lo que sí ha surgido es la posibilidad de que sus programas
sean reproducidos, difundidos y conservados en la Universidad
de Alicante. "Espero que algún día esto repercuta
en mi propio país", comenta Viglietti. No le faltan
ganas de venir a Chile a mostrar el trabajo de sus últimos
años. "Me encantó participar en el acto en
memoria del Che (Estadio Nacional, 1998) y ver a todos esos jóvenes
que coreaban algunas de mis canciones. Fue algo que me sorprendió
mucho. Como cuando comencé a cantar Gurisito, que no es
una de las canciones más conocidas. En cambio, sí
es muy conocida A desalambrar, porque la grabó Víctor
Jara, igual que Cruz de luz, dedicada a Camilo Torres, que también
grabó Víctor con el nombre del sacerdote y revolucionario
colombiano".
Es evidente que hay una muy buena relación entre usted,
sus canciones y la juventud. ¿A qué lo atribuye?
"Hay una conexión con la poesía y con ciertas
canciones mías. Yo las llamo 'canciones humanas' parafraseando
un poquito a Vallejo, cuando escribió sus poemas humanos,
sin pretender entrar en una comparación con el gran poeta
peruano. Las llamo así porque revalorizan sentimientos,
como el compañerismo, la ternura compartida, la necesidad
de justicia, la urgencia de actuar frente al exterminio planetario.
Estos son referentes. Estoy seguro que los jóvenes tienen
sus propios y actuales referentes. Un jovencito no puede tener
de ídolo permanente a Violeta Parra, a Atahualpa Yupanqui
o a alguno de nosotros. Pero somos como un referente que les completa
la visión del mundo, sobre todo en el aspecto de revelar
la visión de otra generación, de lo que ha sido
una historia que no empezó ayer ni anteayer y de la cual
hay que sacar experiencias para seguir avanzando".
VIVENCIAS EN CHILE
Usted habla con mucho afecto de Violeta Parra.
"Para mí es una especie de hermana mayor. A principios
de los 60 escuché algunos de sus discos, que llegaban muy
aisladamente a Uruguay. Y cuando fui a Chile para participar en
un festival en Viña del Mar, lo primero que hice al llegar
a Santiago fue dirigirme a Carmen 340, donde funcionaba la peña
de los hijos de Violeta. Ahí la encontré, ella no
tenía aún la carpa de La Reina. Recuerdo que una
de las principales cosas que me dijo a modo de consejo -yo era
bastante joven en esa época- era el cuidado que había
que tener respecto del manejo de la canción que podían
hacer los partidos políticos. Ella no se dejaba manipular
y, por cierto, tenía razón. Yo también he
sido muy des-confiado en ese aspecto -así, con guión
intercalado, porque confío muchísimo en numerosas
cosas de la vida-. Pero he aprendido mucho. ¡Y cómo
no hacerlo si cuando estuve en Chile durante la Unidad Popular
fue cuando menos canté!".
¿Por qué?
"Por fenómenos de sectarismo... Y lo digo con todo
el cariño que siento por Chile y el pueblo chileno. Cuando
quise editar un disco en 1973 en Dicap (Discoteca del Cantar Popular,
sello estatal) no pude hacerlo, ni ahí ni en ninguna otra
parte. Supongo que como no tenía un carnet partidario,
no encajaba en el esquema. Eso no empaña el recuerdo luminoso
que tengo del Chile de entonces, pero me enseñó
que las cosas en la vida no son sencillas y que uno de los grandes
peligros es el sectarismo. También hemos aprendido de lo
sucedido con el llamado 'socialismo real', donde se siguieron
caminos que no debían ser y que estuvieron cargados de
mentiras, traiciones y desviaciones. En una oportunidad, cuando
fui a la ex República Democrática Alemana a un festival
de la canción política -algo que me parece errado,
porque todas las canciones lo son-, fui considerado 'difícil'
por tener 'una tendencia de tipo guevarista'. Parece mentira,
¿no? Desgraciadamente, es la pura verdad. Testigo de esto
es Isabel Parra, quien tuvo una actitud muy digna conmigo".
¿Nunca militó en un partido político?
"Creo que uno en lo que canta muestra lo que piensa sobre
la vida de la gente. Yo me expreso a través de las canciones
y me parece que quien las escucha va desentrañando los
pasos que uno da".
¿Se siente parte del movimiento que se está gestando
por "otro mundo posible" en el Foro Social Mundial?
"Hechos como este foro me parecen muy positivos, sobre todo
para las nuevas generaciones, porque sirven para hacer circular
cierto tipo de ideas entre los más jóvenes, y eso
contribuye a que se produzca un relevo que es imprescindible.
Aquí se manifiesta la alegría de la gente, la ilusión.
Pero esto no me hace perder de vista las acechanzas y dificultades.
Tenemos que estar muy vigilantes sobre lo que puede venir, particularmente
en Brasil o en un eventual gobierno progresista en Uruguay, que
es una hipótesis posible como resultado de la próxima
elección presidencial. Para enfrentar estas situaciones
hay que aprender del pasado. Sin pretender comparar, uno recuerda
lo que ocurrió en Chile, aunque también es cierto
que son situaciones nuevas. Todo esto es muy complejo. Es necesario
hacer una composición nueva de una cantidad de elementos
en un mundo en el que ya no existe el 'socialismo real' que, si
bien es cierto tenía muchos errores, de alguna manera jugaba
un rol en el equilibrio de fuerzas a nivel mundial. Hoy, China,
que eventualmente podría jugar ese rol, no parece ir en
esa dirección. Al contrario, está afirmando un desarrollo
de tipo capitalista. Los símbolos de un socialismo que
sobrevive son Cuba y Vietnam, países que enfrentan muchas
dificultades y sin posibilidad de contrapeso. A pesar de eso -siempre
me acuerdo de una canción de Pablo Milanés que dice
'no vivimos en una sociedad perfecta'-, con aciertos y desaciertos,
la Revolución Cubana es un hecho de una importancia histórica
tremenda y la seguiremos apoyando en su lucha por salir adelante
de esta coyuntura tan difícil".
CAMINO DE ESPERANZA
¿Hay esperanza? ¿En qué cifra usted esa
esperanza?
"Una de las cosas que hemos aprendido es que una sociedad
que cambia debe mantener su sentido crítico y se tiene
que salvar de la burocratización, de los pequeños
poderes de la silla. El escritorio y la silla son una tentación
terrible, y pueden llevar a cosas impensadas. Hay que pensar en
la crisis que ha atravesado el sandinismo, que fue un movimiento
tan transparente. En ese sentido, el aporte del zapatismo -un
nuevo flujo dentro de los reflujos- es esperanzador. A mí
me parece valioso el trabajo 'coral' del zapatismo, porque si
bien cuenta con un muy importante solista de la palabra -el subcomandante
Marcos- también tiene un importante trabajo coral que viene
de voces muy lejanas y propias de su historia. Considero que los
silencios también expresan, y la experiencia que viví
en México cuando participé en el Encuentro Intergaláctico
fue muy fuerte. Dentro de lo fugaz de esa experiencia, respiré
tolerancia, apertura a las diferencias de opinión y al
modo de concebir la vida dentro de esta visión de cambio
y de enfrentamiento al neoliberalismo, capitalismo, globalización
o al nombre que se le ponga a esta dominación del dinero
y la guerra sobre lo humano. Sentí que había más
amplitud para considerar las diferencias, partiendo por las propias
diferencias étnicas. Los indígenas de Chiapas han
sido postergados y humillados, y las izquierdas latinoamericanas,
imperceptiblemente o no, a veces han caído en el racismo,
olvidando lo ocurrido con grandes sectores de la población
de nuestros países. Incluso cuando se piensa en un tema
tan dramático como es el de los desaparecidos, en ocasiones
he sentido como si en ciertos círculos los desaparecidos
de Guatemala estuvieran menos presentes que los desaparecidos
de nuestro Cono Sur. Simplemente, porque en su mayoría
son indígenas. Estoy consciente de que estas comparaciones
son terribles, pero hay que tener mucho cuidado con eso".
¿Siempre le preocupó el tema indígena?
"Desde mis comienzos hubo tendencia a acercarme a los indígenas.
En 1961 escribí Canción para mi América,
el primer tema que llegó a Chile a través de Isabel
y Angel Parra, quienes fueron censurados en la televisión.
Ellos se negaron a actuar si no los dejaban cantar este tema que
dice 'dale tu mano al indio'. Quienes estábamos en esa
posición de darle la mano al indio, hemos seguido de cerca
los grandes movimientos de lucha por los derechos indígenas,
que han cobrado renovado impulso en nuestros países por
supuesto incluyendo a Chile y los mapuche".
Durante su actuación, usted recordó que en América
Latina sigue habiendo presos políticos. Recientemente,
en Chile se aplicó la ley antiterrorista a detenidos mapuche.
"En Chile, Argentina y otros países latinoamericanos
aún quedan presos políticos del período anterior.
Y hay otros presos de circunstancia que también son políticos,
como los piqueteros en Argentina y los mapuche en Chile. Es terrible
que eso siga ocurriendo".
En sus presentaciones en Porto Alegre usted destacó la
canción "A desalambrar". ¿Por qué?
"La gente del Movimiento Sin Tierra me la pidió, porque
para ellos es un símbolo. Esa canción está
muy presente hoy. Pero mis composiciones no son funcionales y
el día en que la tierra se reparta, igual me dará
gusto cantarla. La canción, si está hecha con amor,
profundidad y dedicación -como yo trato de hacerla- sobrevive
ciertas circunstancias. Para mí, la canción es exigencia
y trabajo".
¿Cuál fue la relación que usted tuvo con
la canción chilena?
"Pasó inicialmente por Violeta y sus hijos. Por un
personaje fascinante como el 'tío Roberto' y sus cuecas
choras. Por Margot Loyola, quien me parece muy importante en la
historia de la música chilena. Vi nacer grupos, como Quilapayún
e Inti Illimani. Entre otras figuras con las que compartí
y que tal vez ahora son menos conocidas, está Payo Grondona,
quien tuvo la inteligencia de manejar una visión desde
el humor con composiciones muy valiosas, además de ser
un buen analista de la canción. También el 'Gitano'
Rodríguez, quien hizo un libro sobre 'los cantores que
reflexionan'. Desde luego, ahora hay muchas voces nuevas. En mis
visitas a Chile siempre he aprovechado para llevarme discos de
grupos y solistas. Y espero volver a hacerlo cuando regrese por
esos lados"
PATRICIA BRAVO
En Porto Alegre
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