Edición 541
Portada
Inicio
Tradución
Favoritos
Recomendar Página
Cartas al Director
 
Libro de Visitas
  Firma el libro de visitas Firmar el Libro
Este es el punto donde dejan su firma quienes visitan este sitio.
.
Ediciones Anteriores
.
En esta Edición
Editorial
Una alternativa
¿para qué?
Pronóstico de Olga Ulianova
"El que sigue es Irán"
Argentina
Elecciones en el país del Nomeacuerdo

Los Ieólogos de la Guerra

George W. Bush se rodeó de una pandilla de ideólogos guerreristas
Resistencia heroica del pueblo iraquí
Suceda lo que suceda en Iraq, la resistencia heroica
Demanda de
las mujeres
Anita Pérez tenía 25 años cuando llegó al Hospital San José.
Pesca artesanal en las redes del poder
"La Confederación Nacional de Pescadores Artesanales no quiere -y no puede- quedar ajena a lo que ocurre en este momento en Iraq.
Fuerza Social
Fuerza Social convoca a su Asamblea Nacional
Aurelio Alonso, intelectual cubano
Hay que reinventar el
socialismo del siglo XXI
La sombra de Inés Moreno
El sábado 29 de marzo falleció Inés Moreno.
Aniversario del golpe del 11 de abril
Este año que vivimos
en Venezuela

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aniversario del golpe del 11 de abril


Este año que vivimos en Venezuela


En el último año que nos tocó vivir en Venezuela, ocurrió de todo: manifestaciones, participación, asesinatos, un efímero monarca, cuatro canales de televisión en cadena, día y noche durante meses, contra un gobierno que carece de política comunicacional.
Pero también se dio la maduración de una clase popular que comprendió, a los golpes, que sus únicas esperanzas de salir de la exclusión están en este gobierno de la “revolución bolivariana” de Hugo Chávez, y que hoy, le exige medidas certeras, además del combate a la corrupción y a la burocracia.
El enfrentamiento en dos bandos dejó, al final del último año, un caos y un costo que requerirá años para recuperarse: a causa del golpe de estado de abril de 2002, del paro empresarial y petrolero y, sobre todo, del sabotaje a la principal industria del país que costó nada menos que 7.300 millones de dólares (7,3% del PIB).
Por un lado, hay que contabilizar una dirigencia de oposición arrogante, incompetente, terrorista, corrupta, que guiaba a una masa hipnotizada por los medios de comunicación. Ellos vieron que las reformas estructurales prometidas en la Constitución de 1999 no eran letra muerta y amenazaban con plasmarse en realidad: Ley de Tierras, Ley de Hidrocarburos, Ley de Pesca, política de autoabastecimiento alimentario, en un país enorme que importa hasta la lechuga y el tomate.
Quizá no sea ético generalizar: no toda la oposición es así. Pero el problema es que sólo por excepción no es así, apunta el escritor Roberto Hernández Montoya, uno de los intelectuales más lúcidos del país. “Ahí está la derrota de la oposición, inocultable, porque no sólo no lograron derrocar a Hugo Chávez, sino que arruinaron su base social”.
Por el otro lado, sobrevive un gobierno incoherente, cuyos actores no obedecen disciplina alguna, donde la corrupción amenaza con minar las estructuras, en un país donde ésta es un problema cultural. Chávez sigue siendo un presidente entusiasta a quien pocos obedecen o, mejor dicho, a quien muchos obedecen a medias, porque pocos siguen las políticas o los señalamientos del mandatario.
Hay algo que a veces es difícil asumir y es que, tras cuarenta años de democracia formal y clientelista, el país quedó sin cuadros políticos, gerenciales ni técnicos. Todo está por construirse. En un país petrolero donde el 80% de la población vive en la pobreza, un influyente sector empresarial y de clase media sigue molesto, porque esa masa de excluidos fue puesta en la agenda política como sujeto y no como mero objeto.
“Este es un gobierno patológicamente incapaz de comprender que si hubiera tenido una política de comunicaciones siquiera deficiente, las cosas no hubieran llegado donde llegaron. Lo ha salvado el pueblo, pues no tenía plan de contingencia para el golpe de abril ni para el sabotaje petrolero de diciembre. El presidente fue preso en abril de 2002, improvisando su resistencia con brillantez, pero en la impotencia del prisionero”.

EL ARTE DE LA IMPROVISACION

Para Hernández Montoya nunca, como en 2002, Venezuela hizo de la improvisación una de las bellas artes. Fue el pueblo chavista el que, con sabiduría histórica, rodeó cuarteles, el palacio presidencial y la televisora del Estado, pacíficamente, pero dispuesto a morir.
Ese 12 de abril, rodeado de almirantes y generales, se autoproclamó un dictadorzuelo de guiñol, Pedro Carmona, que controlaba todos los poderes, legislaba con facultades supraconstitucionales, pero que, según las crónicas de esas horas, obedecía más que mandaba, pues aceptaba todo lo que le ordenaban sus promotores, el verdadero poder: los grandes consorcios de explotación petrolera y comunicacional o las embajadas imperiales y subimperiales, que soñaban con apropiarse de la industria petrolera venezolana para entregarla a sus empresas trasnacionales.
Pero si el gobierno chavista es incoherente, no menos lo fue la dictadura de abril. Lo comentó el economista Francisco Faraco: la oposición se propuso una operación de acoso y derrocamiento de un gobierno y cuando lo logró, en abril, no supo qué hacer. Todo terminó en la más cómica estampida, cuando el palacio de Miraflores fue sitiado por el pueblo chavista, mientras la nación antichavista contemplaba aterrada y paralizada el derrumbe de su sueño.
Hubo vergüenza y hubo gloria. Pero la gloria estuvo más en el soberano, sea chavista o antichavista, que en las dirigencias respectivas. El pueblo antichavista se unió al chavista en la participación (algo impensable hace apenas cuatro años en un país totalmente apático), en el himno nacional, la bandera, la Constitución, que compartían oficialistas y opositores. “Si algo debemos aprender de este annus terribilis es que sólo el respeto a los medios democráticos es la luz al final del túnel”, concluye Hernández Montoya.
Recién a fines de febrero pasado la oposición logró asumir que fue derrotada. En un año, dejó en manos del gobierno de Chávez la depuración de las Fuerzas Armadas (después del golpe de abril de 2002) y la de la estatal Petróleos de Venezuela S.A., tras el paro y sabotaje alentado por la llamada “alta gerencia” de la empresa nacional.
Hoy, los militares aparecen sólidamente detrás -y en apoyo- de las instituciones y de los planes socioeconómicos impulsados por el gobierno y, pese a todo, la industria petrolera está a punto de normalizarse en menos tiempo de lo previsto originalmente.
La Coordinadora Democrática, un gran rompecabezas de golpistas y opositores de toda clase, está sumida en el caos. Dividida por problemas de estrategia y de táctica, por apetencias personales (hay más caciques que indios) y dudas sobre las posibilidades electorales. Un año después y tras una serie de derrotas, todavía hay quienes esperan que un golpe derribe a este gobierno y vuelva el calendario atrás, como si nada hubiera sucedido en los últimos cuatro años.
La prisión del presidente de la central empresarial, Carlos Fernández, y la huida (precipitado asilo concedido por Costa Rica) del secretario general de la cúpula sindical, Carlos Ortega, acusados de diversos delitos por la justicia ordinaria, no lograron movilizar a una oposición que, hoy, hasta teme enfrentarse con Chávez en un referendum revocatorio de su mandato (previsto en la Constitución al cumplirse la mitad del período).
Mientras la oposición trata de rearmarse, Chávez se ha lanzado a hacer “campaña”, repartiendo títulos de propiedad de tierra urbana y rural (piensa conceder títulos de más un millón de hectáreas a cooperativas de agricultores y campesinos en lo que resta del año), impulsando formas alternativas de producción y distribución de alimentos, ocupándose de que siga disminuyendo la deserción escolar y aumentado la atención sanitaria de la población.
Con control de cambios después del paro-sabotaje, la prioridad es producir en el país lo que antes se importaba, tremendo desafío que enfrenta, además, al empresariado importador, traficante de divisas.
Mientras algunos empresarios y banqueros sueñan con un golpe que los restituya en el poder real (al igual que lo soñaran durante más de cuarenta años los anticastristas en sus tertulias de la Little Havana), otros dirigentes piensan en el auto-exilio en San José de Costa Rica, adonde se han trasladado con sus capitales. Si Cuba tiene su Little Havana en Miami, los venezolanos están formando su Escualilandia, en San José.

REFORMA DE LA TIERRA

Venezuela se ha embarcado en un ambicioso experimento, relacionado con la reforma en la tenencia de la tierra urbana y rural como medio para reducir la pobreza que, en este país petrolero, alcanza al 80 por ciento de la población.
La reforma en la tenencia de la tierra urbana constituye una razón importante por la cual los pobres de Venezuela han puesto las esperanzas en Chávez; su gobierno ha prometido que el trabajo de los pobres será reconocido y recompensado mediante un gran plan para otorgarles los títulos de propiedad de la tierra que han trabajado y transformado.
En este aspecto, tiene trascendencia el programa de reforma en la tenencia de la tierra urbana. El 93% de los venezolanos habita en zonas urbanas y un 60% de ellos, habita en los llamados “barrios” populares.
La exigencia de otorgar títulos legales de propiedad a los habitantes de los barrios -movilizados a través de organizaciones populares como la Asamblea de Barrios- se hizo viable al estimarse que un tercio de estos terrenos pertenece al Estado, otro tercio no tiene propiedad bien determinada y sólo el resto es propiedad privada.
Asimismo, en las últimas semanas, el gobierno puso en marcha en la capital el proyecto “Vuelta al campo” con la entrega de títulos de propiedad de tierras urbanas y de créditos para mejora de viviendas, en las parroquias (comunas) caraqueñas de La Pastora, Altagracia, 23 de Enero y San Pedro.
El proyecto busca disminuir los desequilibrios territoriales existentes en Venezuela, al modificar el patrón de poblamiento y articular un modelo de desarrollo sustentable que permita a una parte de las poblaciones de los grandes centros urbanos alcanzar un adecuado nivel de vida, al dedicarse a la producción en las tierras que ocuparán en el sector rural. En el acto de entrega de los títulos, el presidente Hugo Chávez insistió, nuevamente, en su teoría de dar poder a los pobres como vía para solucionar la crisis nacional, y bajo esta premisa prometió que para el año 2021 “no debe haber pobreza en Venezuela”.
Para cumplirlo, anunció que dará continuidad al proyecto de repartición de tierras en todo el país, porque “el gobierno no tiene un plan para quitar propiedades sino que, por el contrario, la revolución está haciendo propietarios. Esa es la única manera de acabar con la pobreza, dándole poder a los pobres para que se conviertan en maquinarias para derrotar la miseria, en instrumentos de batalla”, dijo.

PLAN ALIMENTARIO

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) defendió, enfáticamente, el plan de cultivos organopónicos e hidropónicos implementado por el gobierno venezolano y señaló que las críticas que ha generado en el país se deben al desconocimiento de los beneficios de estas técnicas.
Elisa Panades, representante de la FAO en Venezuela, explicó que se debe trabajar en la cultura de los huertos en la ciudad, que forma parte del primer programa para la seguridad alimentaria que implementa la organización junto al gobierno venezolano. Amplios sectores baldíos de Caracas, algunos de ellos céntricos, están siendo utilizados para estos cultivos, lo que ha despertado críticas.
“El método hidropónico sirve para el autoabastecimiento familiar y para la mejora de la calidad alimentaria. En muchos países es normal que en las casas cultiven frutas y hortalizas, incluso lo prefieren así, porque es mucho más sano. Por otro lado, la organopónica crea empleos y abarata los costos”, insistió la funcionaria.
La representante de la FAO aseguró que con el programa se puede garantizar la alimentación de muchas familias, porque Venezuela está pasando por una fuerte crisis económica que afecta directamente la calidad de vida de las personas. “Si se crea la cultura de estas siembras, podemos resolver parcialmente la situación y asegurar parte de los productos alimenticios”.
Pese a la campaña en contra de los cultivos organopónicos e hidropónicos realizada por los medios comerciales de comunicación, Panades asegura que 87% de la población venezolana vive en zonas urbanas y que esto justifica los cultivos en la ciudad. “Hay muchas personas que viven en las zonas populares de Caracas que vivían en el campo; por lo tanto, la técnica hidropónica se les hace mucho más fácil y es aceptada con facilidad”.
Actualmente se instruye a las comunidades capitalinas de Petare, Catia, Caricuao, 23 de Enero y El Valle, pues el proyecto se ejecutará en Caracas y el año próximo en otras ciudades. “Los dos centros piloto para los cultivos organopónicos son Fuerte Tiuna y el Parque Vargas; allí también se sembrarán frutas, plantas medicinales y ornamentales”, dijo la representante de la FAO.
En las comunidades rurales se aplicará otro programa, y la meta para este año es atender a veinte agrupaciones campesinas y diez indígenas, a diferencia del plan de siembras urbanas que, en menos de un mes de convenio amplió la meta de 300 hectáreas a 1.000, y de 25.000 sembrados con la técnica hidropónica a cien mil, concluyó la experta internacional

ARAM AHARONIAN
En Caracas

Si te gustó esta página... Recomiéndala

Tramoya golpista en Bolivia

David Greenlee, embajador de Estados Unidos en La Paz entró de lleno en la guerra sucia. Con una nota sin firma ni sello, entregada al vicepresidente de Bolivia Carlos Mesa, promovió un escándalo de aprestos golpistas y asesinato, que los medios saborearon con deleite y el gobierno se apresuró a recoger, necesitado de credibilidad después de los graves sucesos del 12 y 13 de febrero pasados.
La nota, nada diplomática, acusa a Evo Morales y Antonio Peredo, diputados del Movimiento al Socialismo (MAS) -principal fuerza de oposición-, de estar conspirando con militares para un golpe cuya fecha estaría en discusión. Pero, además, sostiene que hay un grupo dentro de ese partido, que prepara la eliminación de Evo Morales y de Filemón Escobar -este último senador de ese partido, viejo dirigente minero que, hace más de una década, trabaja junto a Morales en la organización de los cultivadores de coca en la zona de Chapare-, para sacar al MAS de la influencia de los cocaleros. El revuelo de la noticia ha permitido, entre otras cosas, desviar la atención pública del tratamiento del presupuesto nacional que, en febrero, fue el detonante de los sucesos que provocaron 33 muertos y más de 200 heridos. Evo Morales, jefe del MAS, reconocido líder de los cocaleros y figura principal de la oposición, denunció el hecho públicamente y acusó a la embajada de Estados Unidos de montar una tramoya para ocultar el verdadero carácter de un golpe de Estado, si éste se produjera. Además, el anuncio de un atentado criminal, sólo podía verse como evidencia de que grupos derechistas propiciados o al menos aceptados por aquella embajada, preparaban su eliminación y la de otros dirigentes de su partido.
El presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, cuyo gobierno quedó debilitado después de las jornadas trágicas de febrero, aprovechó el regalo que le hizo el embajador Greenlee para retomar su acusación de que, en aquellas fechas, se había intentado un golpe de Estado. De su cosecha, incluyó a Manfred Reyes Villa (jefe de la NFR, también de oposición) en los supuestos aprestos golpistas, como ya lo había hecho semanas atrás. Greenlee, que es el nuevo embajador norteamericano, continuó así una línea de intromisión en la política boliviana, que los últimos gobiernos han aceptado sumisamente. Su antecesor, Manuel Rocha, intervino repetidamente propiciando la expulsión del Parlamento de Evo Morales (enero de 2002), que los diputados cumplieron dócilmente y, luego, amenazando con la supresión de la ayuda de su país si Morales ganaba las elecciones (junio de 2002), lo que provocó una reacción contraria en el electorado. Sánchez de Lozada, que en siete meses ha perdido toda credibilidad política y enfrenta serios problemas en su coalición de gobierno, recurre a cualquier treta para afirmarse y no ha tenido reparos en ampliar la tramoya montada por la embajada de Estados Unidos.
Han bastado dos días, sin embargo, para que se frustre este propósito. Los medios, que el primer día especularon sobre el tema, han comenzado a publicar análisis y comentarios que le quitan sustento a la suposición de que el MAS estuviese implicado en intentos de golpe. Los dirigentes de este partido han rechazado cualquier vinculación con aprestos de ese tipo. Pero, además, han mostrado su decisión de lograr un pacto social, para defender la democracia. Una semana antes de que se conociese el documento informal de la embajada, el Estado Mayor del Pueblo (que reúne a varias organizaciones sindicales alrededor de Evo Morales), propuso ese pacto social. La sugestión ha sido asumida por la Iglesia Católica, la Asamblea de Derechos Humanos y otras instituciones, altamente preocupadas por la volatilidad de la situación en el país.Cada una de estas instancias aparece como propiciadora de un acuerdo nacional, con sus propios objetivos y aún sin coincidir con el Estado Mayor del Pueblo. Proponen diversos mecanismos de encuentro de la sociedad civil, pero están contestes en que deben lograrse compromisos para que las conclusiones de ese encuentro tengan carácter obligatorio para el gobierno. Pero, a mediano plazo, la tramoya puede ser útil. La debilidad del gobierno puede tornarse en inestabilidad, si no logra superar la crisis económica que vive el país. Entonces, podrían darse las condiciones para un golpe de estado que Washington podría propiciar.
El MAS, reconociendo esta situación, considera que un golpe sería un serio revés al surgimiento del movimiento popular que se inició el año 2000. Apuesta a un proceso de fortalecimiento en los próximos años, para acabar con el modelo neoliberal y convocar a una Asamblea Popular Constituyente que reforme la institucionalidad y promueva la construcción de un país productivo

PEDRO FERNANDEZ
En La Paz