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Edición 543
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En esta Edición
Editorial
“el hombre es un lobo para el hombre”
Los Intelectuales
y la Dominacion
Desde hace días leo sin cesar documentos escritos para el público por intelectuales que hacen críticas al gobierno cubano
Este mundo
ancho y ajeno
Nunca la humanidad tuvo tantos medios para transformar el mundo

El mundo en poder de Estados Unidos

Cuba está en grave peligro, advierte ex embajador de Chile en Washington
TLC
El machismo en el TLC
Zapatistas
Zapatistas revelan
su historia
EVO MORALES
LA HOJA DE COCA, UNA BANDERA DE LUCHA
Escuela Karelmapu
La cara oculta de
la prueba Simce
Fuerza Social
Congreso de la
Alternativa Social

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Este mundo
ancho y ajeno

Nunca la humanidad tuvo tantos medios para transformar el mundo y nunca el mundo pareció escapar tanto a su control. El mundo fue hecho por los hombres, no conforme a su voluntad sino a partir de las condiciones que encuentra, es cierto, pero al final de cuentas fueron las relaciones humanas las que produjeron el mundo tal cual es. Y sin embargo se mata, se invade, se destruye en nombre de la humanidad, de la soberanía, de la libertad, de la democracia, de la civilización -en última instancia-, en nuestro nombre.

 

No importa que la opinión pública mundial esté manifiestamente en contra. Tropas imperiales invaden un país para -como decía Kissinger de Chile- salvar a los iraquíes de sus propias locuras, y es claro que no son recibidos como libertadores, porque libertad y democracia no se entregan ni se exportan. Democratizarse, liberarse, o son conjugados en la primera persona del singular y del plural, o son su opuesto. El mundo parece, más que nunca, ancho y ajeno -en palabras del escritor peruano Ciro Alegría-.
Pero si el mundo fue hecho por el hombre, ¿cómo descifrarlo? El gran desafío del pensamiento humano es descifrar esa contradicción, para que el pensamiento y la práctica humanas orienten esa reconciliación del hombre con su mundo, con el mundo que creó y en el cual no se reconoce.
Por eso los conceptos de explotación, de dominación y de alienación siguen siendo centrales para comprender nuestro mundo. “Ellos hacen, pero no saben” -escribía Marx en el prefacio de El Capital- para referirse a ese gigantesco proceso, reiterado cotidianamente, de los hombres produciendo los bienes sin conciencia de hacerlo, sin definir cómo, ni cuánto, ni para quién lo hacen y siendo expropiados del valor que producen a favor del capital. Ese mismo proceso, de otra forma, se reproduce cotidianamente, cuando tejemos las relaciones de un mundo que se nos escapa, que parece tener vida propia, vivir por sí mismo en la TV, en los noticieros, en las declaraciones de los que gobiernan en nuestro nombre.
La dominación -que tantas veces asume la forma directa de la discriminación- en sistemas políticos que incitan a la pasividad, que nos despojan más de nuestra voluntad de lo que nos representan y la fortalecen, es otro de los ejes fundamentales para comprender este mundo en que vivimos y que nos aflige tanto. Minorías que gobiernan en nombre de la mayoría, blancos que gobiernan en países de mayoría indígena, son verdaderos dominadores legitimados por los medios de comunicación, y por mecanismos vacíos de perpetuación política de las élites.
Alienar es entregar al otro lo que es nuestro, en términos jurídicos, y tiene que ver directamente con la forma como ese conjunto de procesos se refleja en nuestra situación, en un mundo que miramos como si lo viésemos por la ventana, cuando en la realidad es nuestro espejo, por más deformada que sea su imagen. Nuestra alineación en el mundo de hoy está, ante todo, en nuestra incapacidad de comprender el mundo en que habitamos. Redescubrir los orígenes de esa alineación es conseguir comprender las raíces de nuestra impotencia ante la guerra, de nuestra perplejidad ante la violencia cotidiana que se extiende de forma aparentemente irreversible, de la desesperación de tanta gente que busca resolver su situación de forma desesperada, por la violencia individual, en fin, del mundo vasto y ajeno tal cual lo vivimos hoy.
Apropiarnos de nuestro destino es el humanismo de hoy. El saber producido en nuestras escuelas, en nuestras universidades, de nada vale si no ayuda al pueblo a tomar conciencia de sí mismo, a saber quién es, o qué hace, por qué lo hace, para ayudarle a tomar conciencia de sí mismo y construirse como sujeto de su vida. Los medios de comunicación tienen sentido si ayudan a las grandes mayorías desvalidas a entenderse como seres humanos, a fortalecer su voluntad de hacer de sus vidas movimientos transparentes de sentido, de solidaridad, que vuelvan a las personas más humanas.
Aprender de la guerra, de la victoria de la truculencia, de la mentira, de la intolerancia, para aumentar nuestra capacidad de indignarnos con todo eso, con todo el que nos acostumbra al absurdo de un mundo que se basa en la violencia, en la rapiña, en la expropiación -material y espiritual- de gran parte de la humanidad. Que el mundo ancho y ajeno se vuelva transparente, lleno de significados, asumidos concientemente. Que el mundo sea remodelado por los hombres, consciente y democráticamente, para que nunca más vivamos en un mundo ajeno a los valores humanistas como éste en que vivimos. Un mundo sin explotación, sin dominación y sin alienación

EMIR SADER


Con Saramago hasta aquí y con Cuba hasta siempre

Uno siente que la humanidad está en grave peligro. Cuando hay una terrible carnicería en Iraq con bombas y superbombas que relampaguean a todas horas, en todo el mundo se enjuicia y condena a Cuba por violación a los derechos humanos. Cuando Estados Unidos hace una guerra de conquista para apoderarse del país que poseía la primera reserva de petróleo mundial no privatizada, se condena a Cuba por violación a los derechos humanos. Cuando la mayor parte de las naciones del mundo padecen crecientes problemas de desempleo, insalubridad, hambre y educación y en Cuba toda la población tiene empleo, servicios de salud, alimentación y escuelas, se condena a Cuba por violación a los derechos humanos. Cuando a la anunciada invasión a Iraq se añaden nuevas amenazas de intervención contra “el eje del mal” en el que Estados Unidos incluye a Cuba, al tiempo que acentúa el bloqueo cincuentenario contra la isla, se acusa de violación de derechos humanos a Cuba.
A tan burdos sofismas se añaden otros, en que olvidando las llamadas “operaciones encubiertas”, con “siembra de pruebas” que “confirman” los cargos, se ve como natural el que en vísperas del “juicio”, los “cubanos desesperados” se roben un día tras otro aviones y barcos, clamando asilo y apoyo de Estados Unidos, ya no sólo para que la inefable “Comisión de Derechos Humanos” emita un “veredicto” adverso a Cuba, sino para que los pueblos del mundo, empezando por el de la vieja España, apoyen una nueva acción contra Cuba parecida o semejante a la que el gobierno español realizó contra Iraq al lado de Inglaterra y Estados Unidos. Piden que España olvide a España y el mundo su pasado de mentiras coloniales.
Todo olvido útil se respeta. Es más, hay olvidos que se consideran naturales, prudentes y hasta “necesarios” para defender “los derechos humanos”. La fuerza del olvido es de por sí grande; pero se complementa con insólitas formas de razonar, como la de Saramago que se pone por un lado a sí mismo y por otro pone a Cuba y entre los dos, pinta una raya. A esa original razón de la sinrazón, Saramago añade una no menos singular: muchos estamos contra la pena de muerte en general, y por lo tanto estamos, en éste y cualquier caso, contra la pena de muerte; pero es raro que como “personas entendidas”, por un acto con el que no estamos de acuerdo hagamos un desplante y deslinde en el teatro del mundo cuando apenas empieza el nuevo drama mundial, y nos sumemos entre ambigüedades a uno de los juicios más hipócritas, que pretende justificar una intervención mayor de Estados Unidos contra Cuba, intervención de tal modo amenazadora e intimidante que los cubanos se ven obligados a recordar que están dispuestos a morir antes que perder su libertad. Es lamentable que en tan dramáticas condiciones hombres como Saramago presten su fama, ganada en desiguales batallas, para defender al gigante intervencionista. Creo que el magnífico escritor es un “comunista ontológico”, como él mismo se definió, y que por eso hoy ha hecho tanto daño a la lucha por la democracia, la liberación y el socialismo que encabeza -entre contradicciones- el pueblo y el gobierno de Cuba.
Cada quien escoge sus contradicciones. El hombre sin contradicciones es una entelequia. “Los muchos” escogemos nuestras contradicciones con Cuba, su pueblo y su gobierno y esperamos ser miles de millones quienes luchemos, con firmeza, por la defensa de esa pequeña isla que ha llevado mucho más lejos que cualquier otro país del mundo la práctica de la liberación, la democracia y el socialismo. Cuba merece nuestro apoyo contra cualquier argumento falaz que se sume a las justificaciones del bloqueo y de la intervención anunciada. Venceremos.
México a 25 y Madrid a 26 de abril del 2003.

Postdata. Estuve el 18 de marzo en la manifestación de Madrid, entre un millón de gentes que se pronunciaron contra la guerra. Me detuve en la Plaza del Sol a unos pasos de la plataforma donde José Saramago leyó un bello discurso en que anunció que “los pueblos lucharán todos los días y en todas las instancias para que la paz sea una realidad y deje de ser manipulada como un elemento de chantaje emocional y sentimental con el que se pretende justificar las guerras”. Espero que hoy, ni Madrid, ni España, ni Saramago apoyen la campaña contra Cuba, que es una justificación más de la “guerra en serie” contra la humanidad
PABLO GONZALEZ CASANOVA (*)

(*) Ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México.

 

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