Habla la Coordinadora Arauco-Malleco
“LA BANDERA CHILENA
NO NOS REPRESENTA”
 |
La Coordinadora de Comunidades
Mapuche en Conflicto Arauco-Malleco optó por no tener
más voceros públicos, desde que el año
pasado detuvieron a quienes desempeñaban ese rol,
José Huenchunao y Angélica Ñancupil.
Por eso, quien accede a esta entrevista se identifica solamente
con un seudónimo, “José Llanquilef”.
Le interesa mostrar lo que realmente son, más allá
de la deformación y descalificaciones del discurso
oficial. Insiste en la seriedad de su lucha, que definen
de liberación nacional. Se proponen reconstruir la
autonomía del pueblo-nación mapuche, lo que
no necesariamente coincide con las fronteras del país
Chile, nacido como tal mucho después que este pueblo
originario. Se definen tajantemente como anticapitalistas
y antimperialistas. |
Están por cambios de fondo. Hay algo de altivez en la
forma en que se refieren a otras organizaciones y movimientos
que luchan por un mundo diferente, desde dentro y fuera de su
pueblo. Es que ellos confían, por sobre todo, en sus propias
fuerzas y recelan de todo lo que huela a sistémico. “Lo
que hacemos tiene que ver con el destino de la nación mapuche
y también con el freno a esa tremenda maquinaria que viene
del imperialismo yanqui y de la que se cuelgan las oligarquías
criollas, dispuestas a cambiar sangre por petróleo, a dominar
y controlar. La oligarquía chilena está comprometida
con ese proyecto de dominación. Ellos son los que nos van
a hacer la guerra y los que definieron la beligerancia con el
pueblo mapuche. Por eso, no queremos hacer una apuesta que termine
en reformismo, en una mentira, o en más sangre y muertos.
Porque eso es sufrir, y estamos contra el sufrimiento. Queremos
una vida mejor y para eso hay que hacer bien las cosas”,
afirma José.
Ustedes hablan de la “judicialización” del
conflicto mapuche. ¿Qué significa eso?
“Es la postura que ha asumido el Estado, con un gobierno
administrado por la Concertación, como estrategia para
contener la lucha del movimiento mapuche. Y esto va acompañado
de represión. No es un contexto favorable para expresar
públicamente nuestros planteamientos políticos,
porque en distintos procesos judiciales han sido utilizados en
contra de nuestra gente. En muchos casos, recurrieron a sus dichos
en medios de comunicación para justificar la persecución
política y el encarcelamiento”.
¿Eso significa que la Coordinadora está dando un
paso hacia la clandestinidad?
“No es algo que hayamos definido por propia voluntad, pero
estamos en un proceso de asumir métodos clandestinos para
salvaguardar la integridad de nuestra gente y de nuestra lucha”.
¿En la práctica, la Coordinadora Arauco-Malleco
ha sido declarada fuera de la ley?
“Exactamente, aunque no ha habido una definición
directa de parte del gobierno para declarar que nuestra organización
está proscrita. Pero a fines del año pasado se inició
un juicio contra gente nuestra por asociación ilícita
terrorista, que están llevando adelante los fiscales de
Temuco con criterios políticos, como política de
Estado. Hace dos o tres años se estaban haciendo investigaciones
por asociación ilícita en tribunales de Concepción,
Cañete y Collipulli, pero se manejaban en un marco diferente.
Ahora, el tribunal de Temuco recogió antecedentes de esos
tribunales”.
¿Se aplica la Ley Antiterrorista sólo por pertenecer
a la CAM o por la supuesta participación en actos asociados
a violencia, como enfrentarse a Carabineros o quemar maquinaria
de las forestales?
“Creo que hay variables que toman en cuenta nuestros ‘acusadores’.
Una, en el marco de la criminalización específica
de un hecho. Y otra, en un marco político, protegiendo
los intereses del sistema capitalista. Esto se relaciona con el
avance que ha habido en el proceso de reconstrucción del
pueblo-nación mapuche, donde nosotros hemos hecho experiencias
de resistencia y de control de predios que antes eran de las forestales.
Eso provoca un cambio de estructura que no responde a la lógica
del Estado ni de la transnacionalización. Los predios pasan
a ser usufructuados por nosotros. Ese cambio genera una determinada
postura de la política represiva. En una actitud ‘preventiva’,
se reprime cualquier acto de resistencia o de confrontación,
que es inmediatamente criminalizado y judicializado. Y se aplica
la Ley Antiterrorista por parte del Estado”.
ALIANZAS Y SIMPATIAS
En la prensa se los muestra como el grupo más radical e
intransigente dentro del movimiento mapuche, con sesgos militaristas.
¿Han recibido críticas similares de parte de sus
pares?
“Si fuéramos militaristas o autoritarios, no creceríamos
ni tendríamos lo que hemos logrado”.
¿Se relacionan con otros grupos u organizaciones mapuche?
“Nosotros fuimos los que más hicimos esfuerzos de
acercamiento a otros sectores. Conversamos con todo el movimiento
mapuche, desde los Trauquil, Consejo de Todas las Tierras, Xeng-Xeng,
Auquinco... todos. Les ofrecimos condiciones, comida y espacio
para conversar todas las veces que quisieran. Y cuando hubo que
movilizarse, nos acompañaron los que estuvieron. Pero ellos
tenían otra práctica política. No creían
posible generar un escenario nuevo de lucha”.
¿Y en el plano de las alianzas políticas?
“Alguna gente ha dicho que somos sectarios, pero no es así.
Nosotros les decimos a todos que en el terreno de lucha nos vamos
a encontrar. En los primeros años, agotamos todas las posibilidades
de conversar con grupos y personas en Chile. Conversamos con el
EGP, Frente Patriótico Manuel Rodríguez, con los
comunistas, con la SurDA, con el abanico del mirismo, pero no
buscando alianzas sino intercambio de visiones. El PC y el EGP
han dicho que tienen gente en la Coordinadora, pero no es verdad.
Nunca hemos recibido ningún aporte externo, ni en ideas,
ni en cuestiones materiales o en plata. Todo lo que hemos hecho
ha sido solos y con la idea de construir algo serio y sólido.
Pero tampoco somos una isla y, por supuesto que valoramos otras
cosas”.
Entonces, ¿no hay conexión con la Izquierda?
“No vemos mucha afinidad con las instancias de Izquierda,
que son las que más cercanía podrían tener
con nosotros por cuestiones ideológico-políticas.
No tienen mucho trabajo, expresión ni luchas concretas
en las poblaciones o sectores sociales. Nos gustaría verlo,
eso sí. A veces nos encontramos con muchachos que se nos
meten en las marchas y que tienen una actitud de ir a la violencia
por la violencia, a la bronca por la bronca. Eso nada tiene que
ver con nosotros. O gente que se quedó pegada en el pasado
y se remite a la experiencia de antes.
Apostamos a tener relaciones con gente que realmente nos aporte,
porque queremos avanzar y triunfar, como también deseamos
que triunfen otros sectores oprimidos”.
¿Tienen relaciones con movimientos o sectores fuera de
Chile?
“Sí, con organizaciones que consideramos tienen trabajo
definido antisistémico, con proyecciones que nos parecen
confiables y, sobre todo, dignas. Nos relacionamos con piqueteros
de Argentina, por ejemplo, con palestinos y vascos”.
¿Y con movimientos indígenas que han alcanzado altos
niveles de participación política en sus países
a partir de sus reivindicaciones propias, como en Ecuador y Bolivia?
¿Qué piensan de esas experiencias?
“Esas dos experiencias tienen muchos puntos en común,
pero no nos sentimos cerca. Cada proceso es muy particular. Respetamos
mucho los procesos de Ecuador y Bolivia, que corresponden a su
historia de 500 años o más. A diferencia nuestra,
ellos tienen una convivencia y multiplicidad de alianzas entre
pueblos y nacionalidades originarias. A lo menos, se juntan 15
ó 20 nacionalidades. Nuestra nación mapuche, en
cambio, hizo sola su lucha de resistencia, la más larga
que conoce la historia de la humanidad. Ni siquiera tuvimos aliados
aymara, porque hubo aymaras que apoyaron a los colonizadores.
No lo digo en términos peyorativos, pero quienes traicionaron
y delataron a Lautaro fueron indígenas del norte. Nunca
hubo buena convivencia.
Pero además de esos antecedentes históricos, hay
otros elementos puntuales que nos llama la atención en
los procesos de nuestros hermanos ecuatorianos y bolivianos. Por
un lado, está el cuestionamiento de las estructuras de
dominación capitalista. Pensamos que la importantísima
fuerza social y política indígena en Ecuador, que
contribuyó a ganar la presidencia de la República,
deberá demostrar en los próximos dos años
si con eso contribuyó a mantener el sistema capitalista,
que es enemigo de los pueblos indígenas, o si generó
un gobierno que da posibilidades de liberación a esos pueblos
para zafarse del yugo capitalista y, en particular, del imperio.
Es una enorme disyuntiva que ellos tienen que resolver. Nuestra
impresión, de acuerdo con los antecedentes que tenemos,
es que Ecuador va a suscribir los planteamientos del imperio en
el Plan Colombia y es probable que le dé garantías
para establecer bases militares en su territorio. Las recomendaciones
del FMI han sido aprobadas, en desmedro de los hermanos indígenas
y del pueblo ecuatoriano. Por lo tanto, los resultados pueden
ser altamente cuestionables”.
¿Y respecto de Bolivia?
“La situación en Bolivia es distinta, a pesar que
hay un proceso similar de varias nacionalidades que se unen y
conforman una fuerza política con posibilidades de llegar
al gobierno. Lo único que nosotros podemos advertir a esos
hermanos es que en Chile el pueblo mapuche también formó
parte de una alianza social, cultural y política que alcanzó
el gobierno en el período de la Unidad Popular. Sabemos
que llegar al gobierno no significa alcanzar el poder, ni mucho
menos cambiar el capitalismo. En Chile hubo una contrarrevolución
y la UP, un proyecto histórico de varias décadas,
fue derrotada. Hoy tenemos detenidos desaparecidos mapuche. Y
hemos aprendido algunas lecciones. Al mirar nuestra historia,
nos damos cuenta que si no se construye una fuerza social, política
y material para respaldar y defender las conquistas que se alcanzan,
se termina derrotado y cediendo al capitalismo. Por eso, respetamos
las experiencias de esos países -y es posible que podamos
aprender de ellas-, pero no es el modelo que queremos desarrollar.
Los municipios autónomos no son una etapa por la que nos
interese transitar en Chile”.
¿Se sienten más cercanos de la experiencia zapatista?
“Los hermanos zapatistas sí ejercen un control territorial.
Por cierto, muy distinto al que ejercemos acá. Pero también
son múltiples nacionalidades que levantan la bandera de
México como elemento de unidad de todos los mexicanos e
indígenas. Y nosotros rechazamos la bandera chilena, no
es un emblema que nos represente”.
En el fondo, ustedes están dando una pelea solos. ¿Creen
que podrán ganarla?
“Con los sectores políticos no tenemos ninguna alianza,
ni estamos haciendo esfuerzos en ese sentido. Es distinto con
los sectores sociales. Podemos llegar a importantes relaciones
con trabajadores en lucha, con expresiones sindicales y estudiantiles,
con sectores de artistas chilenos que han demostrado gran simpatía
por nuestra lucha. Con ellos hemos conversado y vamos a seguir
conversando. Tenemos muchas relaciones en esos ámbitos.
Una cosa son las expresiones sociales y otra, las representaciones
políticas, que por lo demás también están
en crisis”.
CHILE, PAIS ATRASADO
¿A qué atribuyen la simpatía con la causa
mapuche, a nivel de la población?
“Esa simpatía y los resultados de encuestas donde
el 80% de los chilenos aparece apoyando la causa del pueblo mapuche
se generaron con posterioridad al proceso iniciado por la Coordinadora.
Nosotros conocemos muy bien la historia del movimiento mapuche
de los últimos años. Como decíamos, al comienzo
conversamos con múltiples expresiones mapuche que, simplemente,
no quisieron embarcarse en las movilizaciones. Por lo tanto, la
simpatía es hacia lo que se ha construido desde las comunidades
en conflicto, que representan la dignidad de todo nuestro pueblo.
En definitiva, estábamos cien veces más solos cinco
años atrás, cuando no existía el ‘problema
mapuche’ en el país. Hoy, los grandes empresarios
de este país y de América dicen que éste
es el principal problema en Chile. Además, hay que entender
que para los partidos políticos los que no están
en sus referencias políticas no existen, o se encuentran
absolutamente solos. Pero no es así. A ellos les decimos
que se preocupen de levantar sus propios procesos y de construir
en el movimiento popular. En el contexto latinoamericano, Chile
es considerado el país más conservador y con el
movimiento popular más pobre, atrasado y consumista de
toda América”.
Parece que les molestan las críticas...
“Las tomamos en cuenta, por cierto. Tal vez no se conozca,
pero ocurre que nosotros comenzamos este proceso con muy pocas
personas y ahora somos muchos. Otro elemento importante es que
el 60% a 70% de las personas que están en la Coordinadora
no tienen más de 23 años. Ellos van a dirigir el
proceso de reconstrucción de nuestro pueblo con otros contenidos
y valores. En consecuencia, podríamos aparecer con un grado
de aislamiento o soledad en este momento, pero nosotros sabemos
lo que estamos formando para el futuro. De aquí van a salir
los líderes que podrán cambiar realmente la historia
de nuestro país, y de nuestro pueblo en particular. Estamos
embarcados en procesos lentos y largos”.
Se dice que muchos jóvenes urbanos simpatizan con ustedes.
“A veces se nos acerca gente del movimiento juvenil en Santiago,
pero en vez de ayudar nos perjudican. Son grupos de raperos, punk,
trashers, hip hop o anarcos que tienden a vernos como una organización
de choque. Un ejemplo: si impulsamos una marcha lo hacemos con
la idea de avanzar, de que la gente salga con sus niños,
se defina y asuma como mapuche. Pero si se meten punks y le tiran
un botellazo a un paco, nos reprimen con niños y todo.
Eso no nos sirve. Es distinto el caso de grupos de jóvenes
y trabajadores que entienden nuestra lucha, comparten el rechazo
al capitalismo y están por crear una sociedad más
justa, más humana”.
“NUESTRA GENTE
SE PROTEGE ENTRE SI”
¿Qué piensan de otras organizaciones o movimientos
mapuche, como los que dirigen los hermanos Raimán o el
alcalde mapuche de Tirúa, Adolfo Millabur?
“Ahora se están moviendo por los derechos humanos,
pero no han apoyado ningún proceso y se cuelgan de eso”.
Pero ayuda que se muevan por los presos políticos mapuche,
¿o no?
“Sí. El problema es que sacan provecho, lo capitalizan
en otro sentido. Millabur terminó siendo funcionario del
sistema. Es negativo que se haga una práctica política
que valórica e ideológicamente contrarresta la nuestra.
Sabemos que Adolfo Millabur sale del país y aparece representando
a los mapuche en lucha y diciendo poco menos que si los mapuche
tienen que tomar las armas, las van a tomar... O sea, canta la
canción que quieren escuchar los grupos de ex exiliados
y de quienes apoyan a los zapatistas. Pero aquí no se mueve
del municipio, administra las políticas del Estado y trabaja
en el Programa Orígenes. Los presos son de la Coordinadora,
pero él capitaliza el discurso de los presos y aparece
donde hay tribuna. Donde está calientito y seguro”.
Pero no todos los presos son de la Coordinadora…
“No todos, pero sí la mayoría. Y la represión
se da dentro del proceso de lucha de la Coordinadora. Tenemos
alrededor de cuarenta presos”.
¿Hay mucho trabajo de inteligencia en torno a ustedes?
“Seguro. Oficial, no oficial y paramilitar”.
¿Y cómo se protegen?
“Como en todas las luchas de los pueblos, con muchos ojos,
muchos oídos y muchas ganas de defender lo que se construye.
Nuestra gente se protege entre sí”.
Y tampoco elude las confrontaciones directas.
“La Coordinadora es responsable de un accionar confrontacional
con las empresas y el sistema que nos oprime. No se nos antoja
actuar así, pero está en el sustrato de las comunidades
y corresponde a una estrategia de reconstrucción de nuestro
pueblo. Si vemos que la empresa forestal o el usurpador desarrolla
beligerancia en contra nuestra, el recurso de la autodefensa es
legítimo. No actuamos fuera del radio de acción
de nuestras luchas”.
¿Cuándo recurren a la autodefensa, concretamente?
“Si queremos controlar un predio, luchamos por él.
Y si nos reprimen, en vez de golpear a los represores golpeamos
a la empresa, que es la que sostiene la represión. Desde
nuestra perspectiva son actos de justicia, pero no tenemos tribuna
para validarlos, porque los medios de comunicación se manejan
en contra nuestra. Sin embargo, nuestra gente sabe que está
bien, en términos emocionales y políticos, y apoya
de muchas maneras. Ven, además, que no se trata de hacer
daño por el daño, o la acción por la acción,
sino que queda un predio a disposición. Un predio que no
se va a seguir desertificando, que se va a recomponer. Y al recomponerse
esa tierra, se recompone nuestra vida y una filosofía,
una cosmovisión, un mundo de justicia. Si nosotros no luchamos
con fuerza, no lo vamos a lograr”.
Se amenazó con declarar estado de emergencia en algunas
zonas mapuche. ¿Cómo piensan enfrentar una eventual
mayor represión?
“Nuestras zonas ya están militarizadas. Lo decía
un hermano de Ercilla: hay muchos pacos y personal de Investigaciones,
muchos guardias y paramilitares de derecha, y mucha inteligencia
en el interior de los predios, de los campos, con la mira puesta
en las comunidades. A la gente le cuesta moverse de un lado a
otro. Si se produce una confrontación, movilizan centenares
de efectivos y recursos. Frente a la militarización, somos
responsables y consecuentes. No estamos por hacer la guerra. Vamos
a priorizar la defensa de la territorialidad y de nuestro objetivo
estratégico. Nuestra gente irá dando las definiciones
en cada momento”
PATRICIA BRAVO
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