Argentina en tiempo de tango
Adiós muchachos,
compañeros de mi vida
 |
Ganó, y después
perdió. Menem, el de las apuestas fuertes e inescrupulosas,
salió primero en las elecciones del 27 de abril;
y antes de concretarse la segunda vuelta prefirió
renunciar, a perder por jaque mate.
El triunfo en la primera vuelta causó
espanto nacional e internacional. Corrieron las interpretaciones,
las interpelaciones, las desesperaciones. Pasado el susto...
¿qué significó ese 25%, y qué
alcances tiene hacia el futuro? En el voto a favor de Menem
se conjugaron varios factores. Algunos de gran peso, como
el síndrome de la inestabilidad económica,
que afecta a los argentinos periódicamente, sobre
todo después de la acelerada huida de algún
gobierno radical. |
Es sintomático que ningún presidente radical haya
podido concluir su mandato, y que todos terminaron en un descontrol
absoluto de la economía. Así sucedió con
la hiperinflación de Alfonsín, o con el “corralito”
de De La Rúa. Una parte de la gente buscó (ante
la falta de alternativas) “malo conocido”, que le
asegurara una mínima estabilidad. En esta dirección
el recuerdo del 1 a 1 en la paridad dólar-peso fue un estímulo
importante. Otro factor a considerar es la afirmación,
durante la década menemista, de una cultura basada en el
individualismo, el consumismo, el pragmatismo del “vale
todo”, el dogma neoliberal, las relaciones carnales con
los Estados Unidos, la ausencia de ética, la violencia,
la corrupción, la represión, el clientelismo. La
imagen de un Menem “jugador” y “ganador”
generaba cierta fascinación en una franja de la población
que intentó “ganar” con Menem. (Ya que escribimos
para una publicación chilena, subrayaremos el aporte a
la imagen del caudillo riojano dado por el “factor Bolocco”,
primero, y el tierno anuncio de su próxima maternidad,
que confirmaría la magia menemista).
Quedará por analizar qué huellas ha dejado la cultura
menemista en la conciencia social de los argentinos y argentinas.
Pero en estos años, se ha forjado también, como
parte de la cultura de resistencia, el rechazo fuerte a esos valores
e ideas, y al hombre que las encarna por definición. El
antimenemismo tiene una fuerza considerable. Se expresó
mayoritariamente en el voto a la Alianza en las elecciones anteriores
y volvió a surgir ante el espanto que provocó la
reaparición de Menem en el escenario político. El
voto a Kirchner, que se comenzó a agrupar sobre todo después
del 27 de abril, era el voto del espanto más que el del
amor.
A medida que se acercaba la fecha del balotaje, varios de los
hasta entonces leales alfiles menemistas abandonaron la partida.
Algunos pasaron al campo contrario. La incertidumbre, y las desconfianzas
que alteraron el bunker del riojano, llegaron a poner en duda
hasta la veracidad de su paternidad anunciada en la euforia de
la primera vuelta.
Menem renunció. Del tango a la cueca, un alicaído
Menem informó desde La Rioja que partía para Chile,
a reunirse con la reina, ya que “dos puntas tiene el camino”...
y el rey sólo atinó a asegurarse que al partir,
la cancha quedara embarrada. La renuncia de Menem fue realizada
después de confirmar, a través de encuestas encargadas
especialmente, que no sólo no lograba superar el techo
electoral alcanzado en la primera vuelta, sino que este techo
comenzaba a estar cada vez más bajo. Pero también
constataba que lo que lo volteaba con fuerza creciente, no era
el perfil ni la confianza, mucho menos el entusiasmo despertado
en la ciudadanía por el candidato justicialista, Néstor
Kirchner. El artífice del triunfo abrumador de su contendiente
era precisamente él mismo, Carlos Menem, convertido en
una suerte de espantapájaros electoral. El “no a
Menem” tenía mucha más fuerza que el “sí
a Kirchner”.
El ex presidente, que como los zorros viejos ha perdido el pelo
pero no las mañas, decidió no hacerle ese regalo
al adversario. Con su renuncia, él eligió que Kirchner
se quedara con el 20% de votos que obtuvo en la primera vuelta,
ni uno más. El entorno que rodeó a Carlos Menem
en la última etapa aconsejó la retirada, para preservarse
como factor de poder, y no naufragar en la tormenta del balotaje.
Siendo algunos de ellos gobernadores provinciales, otros diputados
y senadores, y teniendo el menemismo una presencia importante
en el sindicalismo y en el aparato partidario, era mejor esperar
que el presidente Kirchner, en búsqueda de alianzas que
ampliaran su capacidad de gobernabilidad, tuviera que negociar
con quienes, a pesar de todo, fueron el 27 de abril la primera
minoría.
TODO ES IGUAL,
NADA ES MEJOR
Después de muchos malabarismos, Duhalde deja la presidencia
a su sucesor, Néstor Kirchner, y se prepara para volver
en el 2007. Es Duhalde, precisamente, el principal “ganador”
de la movida electoral, aunque no haya logrado “completar”
la jugada prevista debido a que el menemismo volteó a su
rey. Pero mirando más atrás, es necesario recordar
las condiciones en que fueron convocadas estas elecciones, y sus
alcances.
Después de la renuncia de Fernando De La Rúa, durante
las jornadas de rebelión popular del 19 y 20 de diciembre,
asumió como presidente Adolfo Rodríguez Saa. Su
gobierno duró una semana. Fue volteado nuevamente, más
que por la movilización popular -que aún continuaba
pero ya en declinación-, por el vacío que le hicieron
los caudillos provinciales peronistas, cuando declaró el
default suspendiendo el pago de la deuda externa y anunciando
medidas de corte populista, que no se condecían con las
expectativas del establishment y de sus agentes en el Partido
Justicialista. En esas condiciones asumió Eduardo Duhalde
como presidente. Vale recordar que Duhalde se había convertido
para entonces en el jefe del peronismo de la provincia de Buenos
Aires, y había acompañado como vicepresidente a
Menem en su primer mandato.
Eduardo Duhalde fue presidente por mandato de los diputados y
senadores, y no por elecciones nacionales, lo que condicionó
bastante su legitimidad. Aplicó con mano dura las políticas
fondomonetaristas, y cuando la lucha social comenzó a tomar
fuerza nuevamente y a levantar presión, urdió una
maniobra represiva con el concurso absoluto de los medios de comunicación,
de la que resultó la masacre del Puente Pueyrredón,
el 26 de junio del 2002, que dejó cientos de heridos y
dos jóvenes piqueteros asesinados: Darío Santillán
y Maximiliano Kosteki.
En los días siguientes a este asesinato, se intentó
mostrar frente a la opinión pública que había
sido realizado por otros piqueteros. Pero este argumento cayó
a pedazos cuando salieron a luz las fotografías que mostraban
el momento en que los jóvenes eran asesinados por fuerzas
de la policía bonaerense, entre las que se encontraba el
comisario Franchiotti que estaba a cargo del operativo. Sacadas
las máscaras, y en el marco de una movilización
que continuaba y que demandaba “que se vayan todos”,
Duhalde adelantó la convocatoria a elecciones nacionales,
y al mismo tiempo organizó la trampa. Las elecciones serían
sólo de presidente y vicepresidente, manteniéndose
los mandatos de los legisladores, gobernadores, y todos los otros
cargos, hasta su finalización.
Las elecciones de abril fueron convocadas para descomprimir la
tensión provocada por el crecimiento de la lucha social,
y por la indignación frente a los nuevos crímenes
del gobierno. Al mismo tiempo, permitirían que los partidos
políticos “entraran” en un juego que seguramente
los llevaría a diluir el campo de la oposición,
que se había reunido en las jornadas del 19 y 20 de diciembre
tras el mandato del “que se vayan todos”.
CAMBALACHE
En la primera vuelta compitieron para la presidencia tres fórmulas
de origen peronista (encabezadas por Néstor Kirchner, Adolfo
Rodríguez Saa y Carlos Menem) y tres de origen radical
(Leopoldo Moreau, Lilita Carrió y Ricardo López
Murphy). La existencia de tres fórmulas peronistas fue
la consecuencia de la anulación de la convocatoria a elecciones
internas del Partido Justicialista, maniobra realizada por Duhalde
para evitar el triunfo de Menem en esa primera instancia. En el
caso del radicalismo, Leopoldo Moreau fue electo en internas que
quedaron cuestionadas por denuncias de fraude realizadas por otros
sectores del mismo radicalismo.
Este dato muestra la crisis del proyecto bipartidista sobre el
cual se construyó la gobernabilidad a la salida de la dictadura,
y fundamentalmente desde la firma del Pacto de Olivos realizado
entre Menem y Alfonsín, que permitió la reforma
constitucional que hizo posible la reelección de Menem.
El presidente electo recibió el 20% de los votos, que provienen
principalmente del duhaldismo. Su candidatura no expresa un liderazgo
natural, sino que llegó a concretarse como tal después
de la declinación de otros candidatos (como Reutemann y
De la Sota), que fueron invitados por Duhalde a liderar la fórmula
en primera instancia. El camino por el que llega Kirchner a la
presidencia tiene que ver más con la sumatoria de lo que
no se quiere, que con un proyecto político consensuado,
y esto anticipa una gran debilidad en su gestión futura,
y un fuerte condicionamiento tanto del aparato duhaldista como
de las alianzas que deberá concretar para asegurar un mínimo
de gobernabilidad.
El radicalismo continúa su declinación. Leopoldo
Moreau obtuvo apenas el 2% de los votos. Este partido histórico
de Argentina, no pudo levantar la condena social producto del
desgobierno de Fernando De la Rúa y antes, de Alfonsín.
Frente a esta memoria, una parte del electorado intentó
decidir su voto entre quienes asumieron el desafío de la
“gobernabilidad”: paradójicamente, los “muchachos
peronistas”. Una sociedad que hace un año y medio
estalló de hartazgo al no hallar alternativas valederas,
volvió a darles el voto. No hubo festejos al cierre de
los comicios. Tampoco cuando se conoció la renuncia de
Menem y la consagración de Kirchner, salvo en su provincia,
Santa Cruz, la más austral del país y la más
despoblada. Es un triunfo sin esperanzas. La crisis de representación
política, en Argentina, no se ha cerrado.
CAMINITO QUE EL TIEMPO
HA BORRADO...
El nuevo presidente (asumirá el 25 de mayo), ha intentado
hacer guiños a la memoria en sus últimas declaraciones,
recordando a los compañeros desaparecidos y alertando a
las corporaciones que no se dejará subordinar por ellas.
Sin embargo, más allá de los embates verbales, el
camino asumido por Néstor Kirchner está bien lejos
de aquél que se intentó recorrer treinta años
atrás, cuando precisamente otro 25 de mayo asumía
la presidencia Héctor J. Cámpora, flanqueado por
el presidente chileno Salvador Allende y el presidente cubano
Osvaldo Dorticós.
Más allá del escenario, que traerá saudades
diversas para los nostálgicos y esperanzas para quienes
se entusiasman con el aval dado a Kirchner por Lula o Lagos, el
día después se inicia un tiempo duro para los argentinos
y argentinas. No se trata de aguar fiestas, sino de ver algunos
datos concretos como son la profundidad de la crisis económica,
la no resuelta crisis social, la débil representación
política. A esto se agrega el hecho de que el Parlamento
que seguirá en funciones hasta fin de año es el
mismo que ha venido legislando desde el período de De La
Rúa, convalidando las transferencias de ingresos de los
sectores populares, impidiendo el juicio político a la
Corte Suprema, otorgando poderes extraordinarios a Cavallo, asegurando
por todas las vías la impunidad. Es el Parlamento que convalidó
todas las represiones a los luchadores populares realizadas en
los últimos años. Es el Parlamento que está
discutiendo autorizar las maniobras de los marines norteamericanos
en nuestro territorio nacional.
Otro tema complejo son los compromisos asumidos por el actual
y futuro ministro de Economía, Roberto Lavagna, con el
Fondo Monetario Internacional. Estos acuerdos definen una agenda
de discusión que incluye el “aumento de tarifas,
la compensación a las empresas privatizadas por los efectos
negativos de la devaluación sobre sus deudas en divisas,
el mayor ajuste fiscal para incrementar el superávit primario,
que debería oscilar entre el 3,5 y el 5%; el reordenamiento
del sistema financiero, con achicamiento e incorporación
de capital privado en la banca pública”.
Las políticas económicas anunciadas sólo
auguran una mayor transferencia de renta a los exportadores, la
continuación de la fuga de capitales al exterior, una sostenida
restricción del consumo popular, con el objetivo de recomponer
la capacidad argentina para pagar la deuda externa que se incrementó
en 9.389 millones de dólares en el 2002, pasando de 144.453
a 153.842 millones de dólares. De manera que lo que está
por delante es un nuevo despojo para los sectores más agredidos
por las políticas neoliberales.
En el plano internacional, Kirchner ha anticipado una posición
de mayor independencia frente a Estados Unidos. La búsqueda
de privilegiar los acuerdos del Mercosur abre la posibilidad de
aportar a una nueva relación de fuerzas en el continente.
Pero éstos deberán estar acompañados de una
política interna que apunte a reconstruir una base social
y política que asegure la posibilidad de autonomía
frente a un imperialismo que cada vez ejerce su dominación
con menores escrúpulos. Es esto precisamente lo que no
aparece en el proyecto de Kirchner, y de su ministro de Economía.
EL DIA QUE ME QUIERAS...
La Izquierda argentina espera que un día el pueblo la
quiera, pero poco hace para ganarse su amor. Cada vez más
los amantes exigen ser escuchados, comprendidos, seducidos. Para
casarse por compromiso, se elige a los que pagan. La Izquierda
argentina -sus partidos, sus diversas corrientes- ha venido aportando
un gran esfuerzo a las resistencias. Pero también aporta
sectarismo, hegemonismos, falsas disputas por la vanguardia de
un sujeto no constituido como tal. Cuando se conoció la
convocatoria anticipada a elecciones, todos los sectores de Izquierda
y centroizquierda coincidieron en denunciar la maniobra, y se
convocó a dos movilizaciones que llevaban como lema “que
se vayan todos”, la consigna nacida en las batallas del
19 y 20 de diciembre. Posteriormente, este espacio se fracturó
entre los sectores que se presentaron a elecciones y quienes decidieron
la abstención, el voto en blanco o la anulación
del voto.
La política de resistencia no logró articular una
respuesta común a la trampa propuesta por Duhalde, y más
allá de coincidir en la denuncia, quedó presa de
la misma. No se pudieron sostener posiciones verdaderamente alternativas,
con capacidad de proyectar en el momento electoral al movimiento
popular que emergió en las jornadas del 19 y 20 de diciembre
del 2001. Las propuestas se fragmentaron entre quienes presentaron
fórmulas presidenciales -como Izquierda Unida (Partido
Comunista y Movimiento Socialista de los Trabajadores), el Partido
Obrero, algunas corrientes socialistas- y quienes decidieron rechazar
este tipo de convocatoria. Entre estos últimos se encuentra
la corriente liderada por el diputado socialista Luis Zamora (quien
aclaró que sí se presentará a las elecciones
de la Capital Federal el 8 de junio), y otros partidos de Izquierda
(PCR, PTS, Patria Libre, entre otros), movimientos piqueteros,
asambleas populares, que convocaron a no votar o anular el voto.
Esta fragmentación, debilitó también la lucha
social y la necesaria confluencia en diferentes acciones combativas.
El poder aprovechó esta debilidad para golpear a diferentes
espacios populares contrahegemónicos. En Semana Santa,
300 efectivos policiales desalojaron la fábrica Brukman,
que desde el 18 de diciembre del 2001 fue ocupada por sus trabajadores
y echada a andar. La resistencia fue grande, pero hasta el día
de hoy las trabajadoras y los trabajadores de Brukman están
acampando a la intemperie, en la esquina de la fábrica.
Por esos días se pretendió también desalojar
la empresa de cerámicas Zanon. En este caso la resistencia
logró quebrar la maniobra del poder, y los obreros de Zanon
continúan produciendo y han logrado reintegrar a trabajadores
que habían sido despedidos, y contratar a nuevos trabajadores
provenientes de los Movimientos de Trabajadores Desocupados. En
este plan de “mano dura” fueron detenidos, en Salta,
cuatro piqueteros dirigentes de la Unión de Trabajadores
Desocupados (incluido su líder principal, Pepino Fernández)
y de la Corriente Clasista y Combativa. Ya se cumple un mes de
su prisión, y las masivas marchas en todo el país
por su libertad aún no los arrancan de las cárceles.
En la cárcel de Devoto, Enrique Gorriarán, líder
del Movimiento Todos por la Patria, lleva más de diez días
de huelga de hambre en reclamo de libertad, sin obtener ninguna
respuesta.
Varios centros ocupados por las asambleas populares nacidas del
19 y 20 de diciembre, fueron desalojados por la fuerza policial.
Pero, como quedó escrito en una de las paredes de donde
fueron arrancados los luchadores populares, “los sueños
no se desalojan”.
No es posible pretender interpretar toda la realidad del movimiento
popular sólo a partir del parámetro electoral. Pero
si hubiera algún mensaje a discernir en el escaso caudal
de votos para la Izquierda y a las variantes que impugnaron el
proceso electoral, éste es el de la necesaria “unidad”
construida desde las batallas comunes compartidas, desde la resistencia
popular, desde los piquetes y cortes de ruta, desde las empresas
recuperadas por los trabajadores, desde los compañeros
caídos, en un proyecto que permita contener a toda la diversidad
de miradas de los que hoy resisten.
El tiempo de la rebelión que no naufragó bajo las
aguas de la batalla institucional, requiere del encuentro de las
ideologías revolucionarias con los sujetos capaces de despojar
a las mismas de los vestidos dogmáticos, para convertir
la teoría y la práctica en la manera de andar de
los movimientos populares. Frente a las horas duras que se vienen,
el pueblo argentino requiere de las organizaciones políticas
de Izquierda y de los movimientos populares más unidad,
más organización, y más rebeldía
CLAUDIA KOROL
En Buenos Aires
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