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Edición 544
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Editorial
LA FRESCURA DE LONGUEIRA
Habla la Coordinadora Arauco-Malleco
Raúl de la Puente, presidente de la Anef:
“Enfrentamos una
dictadura partidaria”

17 mil hectáreas recuperadas por la Coordinadora Arauco-Malleco

Esta tierra es nuestra
Enap, hueso duro de roer
Argentina en tiempo de tango
Adiós muchachos,
compañeros de mi vida
Agustín Edwards
EL INTOCABLE
Los jóvenes toman la palabra
“Siempre hay
otro camino”

Julio Lira, presidente de la Fech:
Es hora de sumar

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Argentina en tiempo de tango

Adiós muchachos,
compañeros de mi vida

Ganó, y después perdió. Menem, el de las apuestas fuertes e inescrupulosas, salió primero en las elecciones del 27 de abril; y antes de concretarse la segunda vuelta prefirió renunciar, a perder por jaque mate.

El triunfo en la primera vuelta causó espanto nacional e internacional. Corrieron las interpretaciones, las interpelaciones, las desesperaciones. Pasado el susto... ¿qué significó ese 25%, y qué alcances tiene hacia el futuro? En el voto a favor de Menem se conjugaron varios factores. Algunos de gran peso, como el síndrome de la inestabilidad económica, que afecta a los argentinos periódicamente, sobre todo después de la acelerada huida de algún gobierno radical.

Es sintomático que ningún presidente radical haya podido concluir su mandato, y que todos terminaron en un descontrol absoluto de la economía. Así sucedió con la hiperinflación de Alfonsín, o con el “corralito” de De La Rúa. Una parte de la gente buscó (ante la falta de alternativas) “malo conocido”, que le asegurara una mínima estabilidad. En esta dirección el recuerdo del 1 a 1 en la paridad dólar-peso fue un estímulo importante. Otro factor a considerar es la afirmación, durante la década menemista, de una cultura basada en el individualismo, el consumismo, el pragmatismo del “vale todo”, el dogma neoliberal, las relaciones carnales con los Estados Unidos, la ausencia de ética, la violencia, la corrupción, la represión, el clientelismo. La imagen de un Menem “jugador” y “ganador” generaba cierta fascinación en una franja de la población que intentó “ganar” con Menem. (Ya que escribimos para una publicación chilena, subrayaremos el aporte a la imagen del caudillo riojano dado por el “factor Bolocco”, primero, y el tierno anuncio de su próxima maternidad, que confirmaría la magia menemista).
Quedará por analizar qué huellas ha dejado la cultura menemista en la conciencia social de los argentinos y argentinas.
Pero en estos años, se ha forjado también, como parte de la cultura de resistencia, el rechazo fuerte a esos valores e ideas, y al hombre que las encarna por definición. El antimenemismo tiene una fuerza considerable. Se expresó mayoritariamente en el voto a la Alianza en las elecciones anteriores y volvió a surgir ante el espanto que provocó la reaparición de Menem en el escenario político. El voto a Kirchner, que se comenzó a agrupar sobre todo después del 27 de abril, era el voto del espanto más que el del amor.
A medida que se acercaba la fecha del balotaje, varios de los hasta entonces leales alfiles menemistas abandonaron la partida. Algunos pasaron al campo contrario. La incertidumbre, y las desconfianzas que alteraron el bunker del riojano, llegaron a poner en duda hasta la veracidad de su paternidad anunciada en la euforia de la primera vuelta.
Menem renunció. Del tango a la cueca, un alicaído Menem informó desde La Rioja que partía para Chile, a reunirse con la reina, ya que “dos puntas tiene el camino”... y el rey sólo atinó a asegurarse que al partir, la cancha quedara embarrada. La renuncia de Menem fue realizada después de confirmar, a través de encuestas encargadas especialmente, que no sólo no lograba superar el techo electoral alcanzado en la primera vuelta, sino que este techo comenzaba a estar cada vez más bajo. Pero también constataba que lo que lo volteaba con fuerza creciente, no era el perfil ni la confianza, mucho menos el entusiasmo despertado en la ciudadanía por el candidato justicialista, Néstor Kirchner. El artífice del triunfo abrumador de su contendiente era precisamente él mismo, Carlos Menem, convertido en una suerte de espantapájaros electoral. El “no a Menem” tenía mucha más fuerza que el “sí a Kirchner”.
El ex presidente, que como los zorros viejos ha perdido el pelo pero no las mañas, decidió no hacerle ese regalo al adversario. Con su renuncia, él eligió que Kirchner se quedara con el 20% de votos que obtuvo en la primera vuelta, ni uno más. El entorno que rodeó a Carlos Menem en la última etapa aconsejó la retirada, para preservarse como factor de poder, y no naufragar en la tormenta del balotaje. Siendo algunos de ellos gobernadores provinciales, otros diputados y senadores, y teniendo el menemismo una presencia importante en el sindicalismo y en el aparato partidario, era mejor esperar que el presidente Kirchner, en búsqueda de alianzas que ampliaran su capacidad de gobernabilidad, tuviera que negociar con quienes, a pesar de todo, fueron el 27 de abril la primera minoría.

TODO ES IGUAL,
NADA ES MEJOR

Después de muchos malabarismos, Duhalde deja la presidencia a su sucesor, Néstor Kirchner, y se prepara para volver en el 2007. Es Duhalde, precisamente, el principal “ganador” de la movida electoral, aunque no haya logrado “completar” la jugada prevista debido a que el menemismo volteó a su rey. Pero mirando más atrás, es necesario recordar las condiciones en que fueron convocadas estas elecciones, y sus alcances.
Después de la renuncia de Fernando De La Rúa, durante las jornadas de rebelión popular del 19 y 20 de diciembre, asumió como presidente Adolfo Rodríguez Saa. Su gobierno duró una semana. Fue volteado nuevamente, más que por la movilización popular -que aún continuaba pero ya en declinación-, por el vacío que le hicieron los caudillos provinciales peronistas, cuando declaró el default suspendiendo el pago de la deuda externa y anunciando medidas de corte populista, que no se condecían con las expectativas del establishment y de sus agentes en el Partido Justicialista. En esas condiciones asumió Eduardo Duhalde como presidente. Vale recordar que Duhalde se había convertido para entonces en el jefe del peronismo de la provincia de Buenos Aires, y había acompañado como vicepresidente a Menem en su primer mandato.
Eduardo Duhalde fue presidente por mandato de los diputados y senadores, y no por elecciones nacionales, lo que condicionó bastante su legitimidad. Aplicó con mano dura las políticas fondomonetaristas, y cuando la lucha social comenzó a tomar fuerza nuevamente y a levantar presión, urdió una maniobra represiva con el concurso absoluto de los medios de comunicación, de la que resultó la masacre del Puente Pueyrredón, el 26 de junio del 2002, que dejó cientos de heridos y dos jóvenes piqueteros asesinados: Darío Santillán y Maximiliano Kosteki.
En los días siguientes a este asesinato, se intentó mostrar frente a la opinión pública que había sido realizado por otros piqueteros. Pero este argumento cayó a pedazos cuando salieron a luz las fotografías que mostraban el momento en que los jóvenes eran asesinados por fuerzas de la policía bonaerense, entre las que se encontraba el comisario Franchiotti que estaba a cargo del operativo. Sacadas las máscaras, y en el marco de una movilización que continuaba y que demandaba “que se vayan todos”, Duhalde adelantó la convocatoria a elecciones nacionales, y al mismo tiempo organizó la trampa. Las elecciones serían sólo de presidente y vicepresidente, manteniéndose los mandatos de los legisladores, gobernadores, y todos los otros cargos, hasta su finalización.
Las elecciones de abril fueron convocadas para descomprimir la tensión provocada por el crecimiento de la lucha social, y por la indignación frente a los nuevos crímenes del gobierno. Al mismo tiempo, permitirían que los partidos políticos “entraran” en un juego que seguramente los llevaría a diluir el campo de la oposición, que se había reunido en las jornadas del 19 y 20 de diciembre tras el mandato del “que se vayan todos”.

CAMBALACHE

En la primera vuelta compitieron para la presidencia tres fórmulas de origen peronista (encabezadas por Néstor Kirchner, Adolfo Rodríguez Saa y Carlos Menem) y tres de origen radical (Leopoldo Moreau, Lilita Carrió y Ricardo López Murphy). La existencia de tres fórmulas peronistas fue la consecuencia de la anulación de la convocatoria a elecciones internas del Partido Justicialista, maniobra realizada por Duhalde para evitar el triunfo de Menem en esa primera instancia. En el caso del radicalismo, Leopoldo Moreau fue electo en internas que quedaron cuestionadas por denuncias de fraude realizadas por otros sectores del mismo radicalismo.
Este dato muestra la crisis del proyecto bipartidista sobre el cual se construyó la gobernabilidad a la salida de la dictadura, y fundamentalmente desde la firma del Pacto de Olivos realizado entre Menem y Alfonsín, que permitió la reforma constitucional que hizo posible la reelección de Menem.
El presidente electo recibió el 20% de los votos, que provienen principalmente del duhaldismo. Su candidatura no expresa un liderazgo natural, sino que llegó a concretarse como tal después de la declinación de otros candidatos (como Reutemann y De la Sota), que fueron invitados por Duhalde a liderar la fórmula en primera instancia. El camino por el que llega Kirchner a la presidencia tiene que ver más con la sumatoria de lo que no se quiere, que con un proyecto político consensuado, y esto anticipa una gran debilidad en su gestión futura, y un fuerte condicionamiento tanto del aparato duhaldista como de las alianzas que deberá concretar para asegurar un mínimo de gobernabilidad.
El radicalismo continúa su declinación. Leopoldo Moreau obtuvo apenas el 2% de los votos. Este partido histórico de Argentina, no pudo levantar la condena social producto del desgobierno de Fernando De la Rúa y antes, de Alfonsín. Frente a esta memoria, una parte del electorado intentó decidir su voto entre quienes asumieron el desafío de la “gobernabilidad”: paradójicamente, los “muchachos peronistas”. Una sociedad que hace un año y medio estalló de hartazgo al no hallar alternativas valederas, volvió a darles el voto. No hubo festejos al cierre de los comicios. Tampoco cuando se conoció la renuncia de Menem y la consagración de Kirchner, salvo en su provincia, Santa Cruz, la más austral del país y la más despoblada. Es un triunfo sin esperanzas. La crisis de representación política, en Argentina, no se ha cerrado.

CAMINITO QUE EL TIEMPO
HA BORRADO...

El nuevo presidente (asumirá el 25 de mayo), ha intentado hacer guiños a la memoria en sus últimas declaraciones, recordando a los compañeros desaparecidos y alertando a las corporaciones que no se dejará subordinar por ellas. Sin embargo, más allá de los embates verbales, el camino asumido por Néstor Kirchner está bien lejos de aquél que se intentó recorrer treinta años atrás, cuando precisamente otro 25 de mayo asumía la presidencia Héctor J. Cámpora, flanqueado por el presidente chileno Salvador Allende y el presidente cubano Osvaldo Dorticós.
Más allá del escenario, que traerá saudades diversas para los nostálgicos y esperanzas para quienes se entusiasman con el aval dado a Kirchner por Lula o Lagos, el día después se inicia un tiempo duro para los argentinos y argentinas. No se trata de aguar fiestas, sino de ver algunos datos concretos como son la profundidad de la crisis económica, la no resuelta crisis social, la débil representación política. A esto se agrega el hecho de que el Parlamento que seguirá en funciones hasta fin de año es el mismo que ha venido legislando desde el período de De La Rúa, convalidando las transferencias de ingresos de los sectores populares, impidiendo el juicio político a la Corte Suprema, otorgando poderes extraordinarios a Cavallo, asegurando por todas las vías la impunidad. Es el Parlamento que convalidó todas las represiones a los luchadores populares realizadas en los últimos años. Es el Parlamento que está discutiendo autorizar las maniobras de los marines norteamericanos en nuestro territorio nacional.
Otro tema complejo son los compromisos asumidos por el actual y futuro ministro de Economía, Roberto Lavagna, con el Fondo Monetario Internacional. Estos acuerdos definen una agenda de discusión que incluye el “aumento de tarifas, la compensación a las empresas privatizadas por los efectos negativos de la devaluación sobre sus deudas en divisas, el mayor ajuste fiscal para incrementar el superávit primario, que debería oscilar entre el 3,5 y el 5%; el reordenamiento del sistema financiero, con achicamiento e incorporación de capital privado en la banca pública”.
Las políticas económicas anunciadas sólo auguran una mayor transferencia de renta a los exportadores, la continuación de la fuga de capitales al exterior, una sostenida restricción del consumo popular, con el objetivo de recomponer la capacidad argentina para pagar la deuda externa que se incrementó en 9.389 millones de dólares en el 2002, pasando de 144.453 a 153.842 millones de dólares. De manera que lo que está por delante es un nuevo despojo para los sectores más agredidos por las políticas neoliberales.
En el plano internacional, Kirchner ha anticipado una posición de mayor independencia frente a Estados Unidos. La búsqueda de privilegiar los acuerdos del Mercosur abre la posibilidad de aportar a una nueva relación de fuerzas en el continente. Pero éstos deberán estar acompañados de una política interna que apunte a reconstruir una base social y política que asegure la posibilidad de autonomía frente a un imperialismo que cada vez ejerce su dominación con menores escrúpulos. Es esto precisamente lo que no aparece en el proyecto de Kirchner, y de su ministro de Economía.

EL DIA QUE ME QUIERAS...

La Izquierda argentina espera que un día el pueblo la quiera, pero poco hace para ganarse su amor. Cada vez más los amantes exigen ser escuchados, comprendidos, seducidos. Para casarse por compromiso, se elige a los que pagan. La Izquierda argentina -sus partidos, sus diversas corrientes- ha venido aportando un gran esfuerzo a las resistencias. Pero también aporta sectarismo, hegemonismos, falsas disputas por la vanguardia de un sujeto no constituido como tal. Cuando se conoció la convocatoria anticipada a elecciones, todos los sectores de Izquierda y centroizquierda coincidieron en denunciar la maniobra, y se convocó a dos movilizaciones que llevaban como lema “que se vayan todos”, la consigna nacida en las batallas del 19 y 20 de diciembre. Posteriormente, este espacio se fracturó entre los sectores que se presentaron a elecciones y quienes decidieron la abstención, el voto en blanco o la anulación del voto.
La política de resistencia no logró articular una respuesta común a la trampa propuesta por Duhalde, y más allá de coincidir en la denuncia, quedó presa de la misma. No se pudieron sostener posiciones verdaderamente alternativas, con capacidad de proyectar en el momento electoral al movimiento popular que emergió en las jornadas del 19 y 20 de diciembre del 2001. Las propuestas se fragmentaron entre quienes presentaron fórmulas presidenciales -como Izquierda Unida (Partido Comunista y Movimiento Socialista de los Trabajadores), el Partido Obrero, algunas corrientes socialistas- y quienes decidieron rechazar este tipo de convocatoria. Entre estos últimos se encuentra la corriente liderada por el diputado socialista Luis Zamora (quien aclaró que sí se presentará a las elecciones de la Capital Federal el 8 de junio), y otros partidos de Izquierda (PCR, PTS, Patria Libre, entre otros), movimientos piqueteros, asambleas populares, que convocaron a no votar o anular el voto. Esta fragmentación, debilitó también la lucha social y la necesaria confluencia en diferentes acciones combativas. El poder aprovechó esta debilidad para golpear a diferentes espacios populares contrahegemónicos. En Semana Santa, 300 efectivos policiales desalojaron la fábrica Brukman, que desde el 18 de diciembre del 2001 fue ocupada por sus trabajadores y echada a andar. La resistencia fue grande, pero hasta el día de hoy las trabajadoras y los trabajadores de Brukman están acampando a la intemperie, en la esquina de la fábrica.
Por esos días se pretendió también desalojar la empresa de cerámicas Zanon. En este caso la resistencia logró quebrar la maniobra del poder, y los obreros de Zanon continúan produciendo y han logrado reintegrar a trabajadores que habían sido despedidos, y contratar a nuevos trabajadores provenientes de los Movimientos de Trabajadores Desocupados. En este plan de “mano dura” fueron detenidos, en Salta, cuatro piqueteros dirigentes de la Unión de Trabajadores Desocupados (incluido su líder principal, Pepino Fernández) y de la Corriente Clasista y Combativa. Ya se cumple un mes de su prisión, y las masivas marchas en todo el país por su libertad aún no los arrancan de las cárceles. En la cárcel de Devoto, Enrique Gorriarán, líder del Movimiento Todos por la Patria, lleva más de diez días de huelga de hambre en reclamo de libertad, sin obtener ninguna respuesta.
Varios centros ocupados por las asambleas populares nacidas del 19 y 20 de diciembre, fueron desalojados por la fuerza policial. Pero, como quedó escrito en una de las paredes de donde fueron arrancados los luchadores populares, “los sueños no se desalojan”.
No es posible pretender interpretar toda la realidad del movimiento popular sólo a partir del parámetro electoral. Pero si hubiera algún mensaje a discernir en el escaso caudal de votos para la Izquierda y a las variantes que impugnaron el proceso electoral, éste es el de la necesaria “unidad” construida desde las batallas comunes compartidas, desde la resistencia popular, desde los piquetes y cortes de ruta, desde las empresas recuperadas por los trabajadores, desde los compañeros caídos, en un proyecto que permita contener a toda la diversidad de miradas de los que hoy resisten.
El tiempo de la rebelión que no naufragó bajo las aguas de la batalla institucional, requiere del encuentro de las ideologías revolucionarias con los sujetos capaces de despojar a las mismas de los vestidos dogmáticos, para convertir la teoría y la práctica en la manera de andar de los movimientos populares. Frente a las horas duras que se vienen, el pueblo argentino requiere de las organizaciones políticas de Izquierda y de los movimientos populares más unidad, más organización, y más rebeldía

CLAUDIA KOROL
En Buenos Aires

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