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Edición 544
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Editorial
LA FRESCURA DE LONGUEIRA
Habla la Coordinadora Arauco-Malleco
Raúl de la Puente, presidente de la Anef:
“Enfrentamos una
dictadura partidaria”

17 mil hectáreas recuperadas por la Coordinadora Arauco-Malleco

Esta tierra es nuestra
Enap, hueso duro de roer
Argentina en tiempo de tango
Adiós muchachos,
compañeros de mi vida
Agustín Edwards
EL INTOCABLE
Los jóvenes toman la palabra
“Siempre hay
otro camino”

Julio Lira, presidente de la Fech:
Es hora de sumar

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA FRESCURA DE LONGUEIRA

El presidente de la UDI, Pablo Longueira, ha hecho trascender una propuesta para asegurar la impunidad de los violadores de los derechos humanos durante la dictadura. Pretende oficializarla entregando el proyecto al presidente de la República, dentro de pocos días. Entretanto, sondea el ambiente. Militares, carabineros y otros agentes del Estado, así como algunos civiles que participaron en la represión y ahora militan en la UDI, serían los beneficiados.

No es simple frescura o amoralidad lo que mueve al dirigente de la UDI. Razona dentro de un estricto y gélido cálculo político. Sabe que el gobierno desea una salida legal para los escándalos de corrupción e irregularidades que pueden terminar en descalabros judiciales. La UDI podría ser determinante en una solución, a cambio, claro, de un apoyo para la impunidad de asesinos y torturadores.

Longueira sabe también que las Fuerzas Armadas anhelan que termine su situación bochornosa, que les recuerda a cada instante que fueron uniformados los que cometieron los crímenes más atroces de la historia de Chile.
El jefe de la UDI sabe, además, que en medios oficiales se busca sigilosamente alguna forma de “reconciliación”, al cumplirse treinta años del golpe.
La fórmula de la UDI apelaría a la voluntad de los familiares de detenidos desaparecidos, que tendrían que aceptar la muerte de sus parientes sin investigación ni entrega o ubicación de los cuerpos. De este modo, desaparecería la figura delictiva del “secuestro permanente” y los responsables podrían ser sobreseídos definitivamente. En compensación, los familiares serían indemnizados. En otras palabras, un chantaje que aprovecharía la debilidad, desesperación o inadvertencia de algunos familiares de detenidos desaparecidos.
Resulta grotesco creer que los efebos de la CNI, ayer matones y delatores en liceos, universidades y poblaciones, hoy convertidos en dirigentes y parlamentarios de la UDI, vayan a “resolver” el drama de los familiares de los detenidos desaparecidos.
Sin embargo, Longueira explora el terreno. Busca posibles aliados. Le interesa preparar el aterrizaje para un eventual gobierno de Joaquín Lavín, despejado de las rémoras del pasado que para la derecha son siniestras.
Eticamente es imposible la impunidad, políticamente no parece viable. La única vía posible es la judicial. Los crímenes deben ser investigados, esclarecidos y aplicar condenas.
La propuesta de Longueira no tiene destino y quedará como expresión de la amoralidad de la UDI, que no da señales de arrepentimiento por su colaboración con la dictadura. Borrando su pasado fascistoide, la UDI se erige en defensora de la democracia, la libertad y la justicia. Longueira sufrirá esta vez una derrota, pero su propuesta quedará flotando a la espera de un tiempo favorable. Habrá que mantenerse alertas porque en las sombras siguen actuando los “poderes fácticos” que necesitan la impunidad.


PF


Dilemas del PS

Gonzalo Martner, que será el nuevo presidente del Partido Socialista, se ha planteado una misión imposible. Su lista de candidatos al comité central obtuvo alrededor del 60% de los votos y se propone apoyar disciplinadamente al presidente Lagos y derrotar a la derecha en las próximas elecciones presidenciales. Sin embargo, lo uno no guarda coherencia con lo otro. Si el PS sigue siendo una caja de resonancia de La Moneda y una máquina aplaudidora del mandatario y sus medidas, el triunfo derechista en el 2005 es cosa segura. El presidente Lagos -por conveniencia o convicciones o por ambas cosas- ha elegido el camino de cogobernar con la derecha económica y política. Esto debilita cada vez más a la Concertación, aunque ha proporcionado oxígeno legislativo al gobierno. Así, las puertas de La Moneda ya están entreabiertas para la derecha. La troika Lagos-Eyzaguirre-Longueira se ha convertido en eje de una gobernabilidad que afronta duros aprietos, por las denuncias de corrupción que apuntan a los más altos niveles de la administración. Si el PS sigue llevándole el amén a Lagos, lo que hará es acentuar el proceso de transferencia del poder a la derecha, facilitando una alternancia que ha sido pactada a espaldas de las bases de la Concertación.
En el PS, sin embargo, hay un importante contingente popular que está siendo castigado por las políticas que implementan el gobierno y su aliado, la UDI. Lo mismo ocurre en las bases de los demás partidos de la Concertación. Sería falso creer que la cómoda mayoría que alcanzó la lista de Martner en el PS significa un visto bueno a una política que ha significado fortalecer al neoliberalismo en lo económico y a la derecha en lo político. Los mecanismos internos de los partidos, donde juegan influencias, presiones y caudillismos, así como la dudosa autenticidad de los padrones electorales, merecen muchos reparos. Esto no pone en tela de juicio la victoria de la lista de Martner, apoyada por los principales grupos de poder interno en el PS. Pero relativiza el poder real del que dispondrá la nueva directiva socialista.
Si el PS encabezado por Martner quiere de verdad impedir el triunfo de la derecha el 2005, tendrá que jugarse para que el gobierno cambie su actual derrotero. Eso es prácticamente imposible. Pero sería el único modo de restaurar la imagen de partido de la Izquierda democrática que el PS ha perdido a manos de la corriente liberal.
Los trabajadores, pobladores y estudiantes que militan o simpatizan con el Partido Socialista, sin duda, anhelan una alternativa democrática y antineoliberal. Lo demuestra el activo rol que los dirigentes sociales de ese partido vienen jugando en las movilizaciones y protestas que enfrentan al modelo institucional y económico.
El PS está frente al dilema de volver al cauce histórico de sus luchas junto al pueblo, para lo cual necesita separar aguas de las políticas oficiales, o convertirse en un doliente más del funeral político de la Concertación.


PF


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