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LA FRESCURA DE LONGUEIRA
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El presidente de la UDI,
Pablo Longueira, ha hecho trascender una propuesta para
asegurar la impunidad de los violadores de los derechos
humanos durante la dictadura. Pretende oficializarla entregando
el proyecto al presidente de la República, dentro
de pocos días. Entretanto, sondea el ambiente. Militares,
carabineros y otros agentes del Estado, así como
algunos civiles que participaron en la represión
y ahora militan en la UDI, serían los beneficiados.
No es simple frescura o amoralidad lo que
mueve al dirigente de la UDI. Razona dentro de un estricto
y gélido cálculo político. Sabe que
el gobierno desea una salida legal para los escándalos
de corrupción e irregularidades que pueden terminar
en descalabros judiciales. La UDI podría ser determinante
en una solución, a cambio, claro, de un apoyo para
la impunidad de asesinos y torturadores. |
Longueira sabe también que las Fuerzas Armadas anhelan
que termine su situación bochornosa, que les recuerda a
cada instante que fueron uniformados los que cometieron los crímenes
más atroces de la historia de Chile.
El jefe de la UDI sabe, además, que en medios oficiales
se busca sigilosamente alguna forma de “reconciliación”,
al cumplirse treinta años del golpe.
La fórmula de la UDI apelaría a la voluntad de los
familiares de detenidos desaparecidos, que tendrían que
aceptar la muerte de sus parientes sin investigación ni
entrega o ubicación de los cuerpos. De este modo, desaparecería
la figura delictiva del “secuestro permanente” y los
responsables podrían ser sobreseídos definitivamente.
En compensación, los familiares serían indemnizados.
En otras palabras, un chantaje que aprovecharía la debilidad,
desesperación o inadvertencia de algunos familiares de
detenidos desaparecidos.
Resulta grotesco creer que los efebos de la CNI, ayer matones
y delatores en liceos, universidades y poblaciones, hoy convertidos
en dirigentes y parlamentarios de la UDI, vayan a “resolver”
el drama de los familiares de los detenidos desaparecidos.
Sin embargo, Longueira explora el terreno. Busca posibles aliados.
Le interesa preparar el aterrizaje para un eventual gobierno de
Joaquín Lavín, despejado de las rémoras del
pasado que para la derecha son siniestras.
Eticamente es imposible la impunidad, políticamente no
parece viable. La única vía posible es la judicial.
Los crímenes deben ser investigados, esclarecidos y aplicar
condenas.
La propuesta de Longueira no tiene destino y quedará como
expresión de la amoralidad de la UDI, que no da señales
de arrepentimiento por su colaboración con la dictadura.
Borrando su pasado fascistoide, la UDI se erige en defensora de
la democracia, la libertad y la justicia. Longueira sufrirá
esta vez una derrota, pero su propuesta quedará flotando
a la espera de un tiempo favorable. Habrá que mantenerse
alertas porque en las sombras siguen actuando los “poderes
fácticos” que necesitan la impunidad.
PF
Dilemas del PS
Gonzalo Martner, que será el nuevo presidente del Partido
Socialista, se ha planteado una misión imposible. Su lista
de candidatos al comité central obtuvo alrededor del 60%
de los votos y se propone apoyar disciplinadamente al presidente
Lagos y derrotar a la derecha en las próximas elecciones
presidenciales. Sin embargo, lo uno no guarda coherencia con lo
otro. Si el PS sigue siendo una caja de resonancia de La Moneda
y una máquina aplaudidora del mandatario y sus medidas,
el triunfo derechista en el 2005 es cosa segura. El presidente
Lagos -por conveniencia o convicciones o por ambas cosas- ha elegido
el camino de cogobernar con la derecha económica y política.
Esto debilita cada vez más a la Concertación, aunque
ha proporcionado oxígeno legislativo al gobierno. Así,
las puertas de La Moneda ya están entreabiertas para la
derecha. La troika Lagos-Eyzaguirre-Longueira se ha convertido
en eje de una gobernabilidad que afronta duros aprietos, por las
denuncias de corrupción que apuntan a los más altos
niveles de la administración. Si el PS sigue llevándole
el amén a Lagos, lo que hará es acentuar el proceso
de transferencia del poder a la derecha, facilitando una alternancia
que ha sido pactada a espaldas de las bases de la Concertación.
En el PS, sin embargo, hay un importante contingente popular que
está siendo castigado por las políticas que implementan
el gobierno y su aliado, la UDI. Lo mismo ocurre en las bases
de los demás partidos de la Concertación. Sería
falso creer que la cómoda mayoría que alcanzó
la lista de Martner en el PS significa un visto bueno a una política
que ha significado fortalecer al neoliberalismo en lo económico
y a la derecha en lo político. Los mecanismos internos
de los partidos, donde juegan influencias, presiones y caudillismos,
así como la dudosa autenticidad de los padrones electorales,
merecen muchos reparos. Esto no pone en tela de juicio la victoria
de la lista de Martner, apoyada por los principales grupos de
poder interno en el PS. Pero relativiza el poder real del que
dispondrá la nueva directiva socialista.
Si el PS encabezado por Martner quiere de verdad impedir el triunfo
de la derecha el 2005, tendrá que jugarse para que el gobierno
cambie su actual derrotero. Eso es prácticamente imposible.
Pero sería el único modo de restaurar la imagen
de partido de la Izquierda democrática que el PS ha perdido
a manos de la corriente liberal.
Los trabajadores, pobladores y estudiantes que militan o simpatizan
con el Partido Socialista, sin duda, anhelan una alternativa democrática
y antineoliberal. Lo demuestra el activo rol que los dirigentes
sociales de ese partido vienen jugando en las movilizaciones y
protestas que enfrentan al modelo institucional y económico.
El PS está frente al dilema de volver al cauce histórico
de sus luchas junto al pueblo, para lo cual necesita separar aguas
de las políticas oficiales, o convertirse en un doliente
más del funeral político de la Concertación.
PF
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