|
|
Enap, hueso duro de roer
 |
Inmediata reacción
de los trabajadores provocó la propuesta del presidente
de la Comisión de Hacienda del Senado, Alejandro
Foxley, democratacristiano, de privatizar la Empresa Nacional
del Petróleo (Enap) para financiar el Plan Auge y
otras medidas. En el mismo sentido, el senador vitalicio
Eduardo Frei Ruiz-Tagle declaró que entre nuevos
impuestos y privatizaciones, prefería estas últimas.
Los trabajadores de Enap se pusieron en alerta y comenzaron
a preparar movilizaciones. |
La situación se agravó cuando se conoció
la tramitación de un decreto que eliminaba la representación
de los trabajadores en el directorio de la empresa petrolera.
Este decreto se vio como una represalia por las declaraciones
del presidente de los trabajadores de Enap, Jorge Matute, que
denunciaba los intentos de privatización.
Se produjo una áspera protesta de los dirigentes sindicales.
Esto obligó al ex ministro Carlos Mladinic, encargado del
Sistema Administrador de Empresas Filiales Corfo, a dar explicaciones.
Informó a Matute que no era intención del gobierno
eliminar la representación de los trabajadores y que se
trataba de un malentendido. En el mismo sentido se pronunció
el ministro de Minería. Finalmente, el presidente Lagos
ordenó retirar de la Contraloría el cuestionado
decreto. El ministro de Minería, Alfonso Dulanto, puso
término al diferendo aclarando que no está en los
planes del gobierno la privatización de Enap. Por el contrario,
dijo, al gobierno le interesa impulsar la alianza estratégica
entre trabajadores y administración para aumentar el valor
de Enap, impulsando nuevos proyectos, mejorando la eficiencia
y aportar así más recursos al Fisco.
Punto Final entrevistó a Jorge Matute, presidente de la
Federación Nacional de Trabajadores del Petróleo
y Afines.
Nuevamente se habla de la privatización de Enap. El gobierno
lo desmiente, pero personalidades de la Concertación proponen
vender la empresa para destinar el producto a planes sociales,
en especial al financiamiento del Plan Auge.
“El peligro existe y depende de nosotros, los trabajadores
y del conjunto de los ciudadanos, hacerlo desaparecer. Prácticamente
desde sus orígenes la Empresa Nacional del Petróleo
ha despertado el apetito privado y en especial, de las transnacionales.
Esto reaparece en un contexto político-social diferente
y de reordinamiento de las grandes empresas petroleras que operan
en América Latina”.
¿A qué atribuye el hecho de que ahora reaparezca
el tema de la privatización? Surgió en el gobierno
del presidente Frei Ruiz-Tagle, debieron archivarlo y ahora resurge.
¿A qué se debe?
“Me parece que juegan diversos factores. Uno es la escasez
de recursos fiscales para financiar planes sociales. Esto deriva
principalmente de que el gobierno no busca recursos donde efectivamente
están: en las ganancias de las grandes empresas, en la
tributación que deberían pagar las transnacionales,
en los sectores de extrema riqueza. Tampoco hace ahorros en áreas
como Defensa. Falta dinero y se dice: ‘Enap vale plata,
es eficiente, produce grandes utilidades, vendámosla’.
Existen otros elementos: atribuyo importancia a lo que se puede
llamar ‘fundamentalismo del mercado’. No es patrimonio
sólo de la derecha económica y de los empresarios,
existe también en la Concertación. Es una suerte
de pensamiento transversal que no desea que el Estado tenga empresas.
Hay un daño a la memoria histórica, se quiere borrar
que el Estado siempre tuvo fuerte presencia productiva y de servicios.
Con ese criterio, la dictadura desmanteló al Estado y los
gobiernos democráticos han seguido la misma ruta. Recordemos
la privatización de las sanitarias, del transporte de carga
por ferrocarril, de los puertos, las concesiones, en fin. Ese
‘fundamentalismo de mercado’ también juega
un papel político; acerca posiciones entre los que lo practican,
sin importar que estén en RN, la UDI o algún partido
de la Concertación. A ese factor ideológico hay
que agregar otro importante: Enap es hoy una empresa exitosa en
términos de rentabilidad. Entrega al Fisco sobre 100 millones
de dólares anuales. Fueron 150 millones el último
año y 120 millones el anterior. El valor-libro está
entre 700 y 800 millones de dólares, de manera que los
excedentes son muy altos. Si se considera un valor de mercado,
unas tres veces el valor-libro, siempre el porcentaje es muy alto.
Enap figura entre las empresas chilenas más rentables.
Las AFP tienen una rentabilidad del orden del 1% y a veces arrojan
pérdidas. Si se privatizara Enap se obtendrían cientos
de millones de dólares, más de 1 mil 500 millones,
que se gastarían en cuatro, cinco o diez años. Si
no se privatiza, en diez años Enap habrá aportado
al Fisco entre 1 mil doscientos y 2 mil millones de dólares.
Es clara la idea de que privatizar Enap es ‘pan para hoy
y hambre para mañana’. No sólo eso: Enap da
trabajo y dinamiza a la zona de Magallanes, actúa de hecho
como regulador del sector y participa en un sector energético
clave para el país”.
Usted ha hablado de que la privatización favorecería
a las transnacionales. ¿Cuáles estarían interesadas?
“No tengo una información precisa. Lo que ocurre
en el continente es, sin embargo, indicativo. Está Repsol,
transnacional española que es una de las ocho o diez petroleras
más importantes del mundo. También está Elf,
de Francia, y Petrobras, consorcio brasileño mixto (estatal
-privado) de gran dinamismo. Fundamentalmente pienso en Repsol,
que ya ha hecho algunos acercamientos a Enap. Tiene una orientación
estratégica de controlar los recursos petroleros y de gas
del continente. Incluso como socio, Repsol es muy peligroso. Termina
devorando a la otra parte. Las sociedades son más que legítimas.
Enap mantiene diversas sociedades en la petroquímica, en
la búsqueda de petróleo en el exterior, en determinadas
plantas, etc. Pero sobre todo nos guía el interés
de Enap, que es el interés del Estado. Somos una empresa
más chica que grande, en el contexto latinoamericano. Pero
despertamos el interés de los grandes. Repsol ya está
en Argentina, en Brasil, en Perú y en Chile de alguna manera,
a través de YPF, lo que corresponde a una estrategia comercial
que pretende copar parte importante del mercado, aprovechando
los excedentes de refinación que tiene en Argentina debido
a la baja en la actividad económica de ese país.
Para ellos, Chile es muy buen negocio, porque el precio nuestro
se fija como si se hicieran todas las importaciones desde el Golfo.
Existe un supuesto; como si Chile no tuviera refinación
ni posibilidad de obtener petróleo de la calidad que necesitamos
para nuestras refinerías. Por eso, al fijar el Golfo como
referencia, nuestros precios son relativamente altos.
Y, claro, no está solamente el interés de las transnacionales.
Cuando el senador Alejandro Foxley habló de ‘privatización’,
casi de inmediato el grupo Copec declaró que ellos debían
estar presentes. Que pensaban ir en el negocio, posiblemente en
sociedad con otros. Copec es distribuidor y si entrara a la refinación
y a las importaciones constituiría una cadena muy poderosa
(ver PF 543).
El mayor interés por Enap está en sus refinerías.
Y también en su know-how”.
Otro peligro en caso de privatización es la manera en que
podría funcionar el mercado, afectando a los consumidores
vía precios y calidad de productos.
“El mercado está desregulado. Cualquier persona o
empresa puede producir, importar, refinar y vender combustibles
al por mayor o directamente a público. Es un mercado absolutamente
abierto. Por eso mismo Enap, por el hecho de existir y funcionar,
por tamaño, calidad y por ser una empresa pública,
cumple entre comillas un papel regulador. Si los precios son altos
hoy, hay que imaginar cómo serían si no existieran
Enap y un marco regulatorio. Es lo que ha pasado con la electricidad,
los teléfonos y con las sanitarias, que ahora anuncian
que no aceptarán convenios de pago. Al final, paga la cuenta
el consumidor”.
Un argumento que se da en favor de la privatización de
Enap es que la empresa ya no produce petróleo en Chile.
“Enap actualmente produce entre un 6 y un 7% del consumo
nacional de petróleo. Pero Magallanes tiene una producción
significativa de gas, que le permite contratos a veinte años
plazo para el suministro de gas a la cuenca austral (chilena y
argentina, que opera como un solo pozo) y que abastece, en Punta
Arenas, la planta de metanol más grande del mundo.
Pero el trabajo de Enap va más allá de la producción
de petróleo. Mantenemos refinerías que están
logrando productos como gasolina sin plomo y combustibles sin
azufre, cuyos estándares técnicos están a
la altura de los países nórdicos, más rigurosos
que otros países europeos. Enap tiene concesiones para
explorar en países como Egipto, Irán y Yemen. Tambien
produce petróleo en Argentina, Colombia y en Ecuador. Son
producciones a unos 15 dólares el barril, que se vende
después a 30 dólares. Hay una industria petroquímica
y una producción de gas licuado muy importante que se exporta
a Ecuador. Se trata de una Enap variada, tecnificada y eficiente.
Los trabajadores hemos hecho una alianza estratégica para
desarrollar nuevos proyectos, aumentar el valor de la empresa
y también lo que se aporta al Fisco. La Enap no es una
empresa cualquiera, como lo ha subrayado su gerente general. Tiene
alta complejidad y es clave en el panorama energético del
país”.
El gobierno ha reiterado que no está en su agenda la privatización
de la Enap. Su interés, ha dicho, está en el funcionamiento
de la alianza estratégica. Pero la amenaza de la privatización
sigue presente. En cierto modo también ha sido responsabilidad
de la Concertación decir que todas las empresas públicas
serían eventualmente privatizables, salvo Codelco. ¿Cuál
es su opinión?
“Como dije, la amenaza ha existido desde que existe Enap.
Debemos acostumbrarnos a vivir con ella, siempre alertas. La derecha
no oculta su interés en privatizar. Lo alarmante es que
la idea se abra paso en sectores de la Concertación, que
no entienden cuál es la responsabilidad del Estado y tampoco
que los mismos equilibrios macroeconómicos conseguidos
con tantos sacrificios de los trabajadores, permitirían
que el gobierno accediera a créditos ventajosos para financiar
proyectos y no se pensara en vender los muebles de la casa, y
hasta la casa misma, para conseguir plata. Hay gente de la Concertación
que es tan privatizadora como la derecha. No sé si el señor
Foxley se está preparando para ser ministro de Hacienda
del señor Lavín, que seguramente no lo nombraría
si ganara -cosa que tampoco ocurrirá- pero al menos trata
de hacer méritos”
HERNAN SOTO
Si te gustó esta página... Recomiéndala
|
|