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Senador Lavandero denuncia a transnacionales del cobre

LA GRAN FUGA
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Senador Lavandero denuncia a transnacionales del cobre


LA GRAN FUGA DE IMPUESTOS

En medio del ajetreo que significa el estudio sobre la tributación que pagan (o no pagan) las transnacionales que operan en el cobre y la posibilidad de un royalty a su producción, el senador Jorge Lavandero Illanes se da tiempo para explicar su posición. Culmina casi un decenio de denuncias sobre la situación real de la minería del cobre, que ahora es analizada por la comisión de Minería, del Senado. Apoyado por un equipo de especialistas, Jorge Lavandero es una figura relevante del movimiento de defensa del cobre.

Durante la dictadura se opuso a la ley minera y recorrió diversas ciudades junto a Radomiro Tomic. En democracia hizo del cobre su preocupación principal como senador por la IX Región. Sus denuncias molestan en especial a ejecutivos y allegados a las transnacionales, que tratan de descalificarlas. Sus críticos no lo inquietan porque sabe que tiene razón en lo fundamental. Es un hecho que la mayoría de las transnacionales mineras no pagan impuestos. También no hay dudas de que la sobreproducción de las transnacionales es la causa principal de la caída del precio del cobre. Las opiniones de Lavandero inquietan al gobierno, porque critican el modelo económico y ponen nerviosas a las grandes corporaciones mineras. Unico senador que se opuso al tratado minero con Argentina por poner en peligro la soberanía del país, no piensa abandonar la lucha. Menos ahora, cuando al fin comienza a ser escuchado.
¿Cómo se explica la realidad de la minería del cobre, donde se ha constituido un sector mayoritario -controlado por transnacionales- en detrimento de Codelco y del Estado chileno?
“A las transnacionales no les agradó que en 1971 el gobierno de Salvador Allende nacionalizara el cobre y el Estado tomara el control de la principal reserva de cobre del mundo. Antes tampoco les agradó la chilenización impulsada por el presidente Frei Montalva. Pienso que las compañías norteamericanas nacionalizadas ayudaron a financiar el golpe militar. Después, Pinochet les pagó con creces indemnizaciones a las que no tenían derecho. Y para captar capitales dictó el DL 600, sobre inversión extranjera, que da grandes privilegios a los inversionistas foráneos, es decir, a las multinacionales. Con todo, en los primeros años llegó escasa inversión extranjera, entre otras cosas porque la opinión pública internacional consideraba a Pinochet un dictador sanguinario.
Se pensó entonces en establecer condiciones aún más favorables a la inversión minera; en eso jugaron un papel relevante José Piñera y Hernán Büchi. En los años 80, ya en vigencia la Constitución de Pinochet, se dictó la llamada “ley minera” que estableció la figura de la concesión plena, que invalida en los hechos la norma constitucional que establece para el Estado el dominio absoluto, inalienable e imprescriptible de todas las minas, disposición que simplemente repitió lo que ya decía la Constitución democrática vigente hasta el 11 de septiembre del 73. La ley minera provocó gran oposición, liderada por Radomiro Tomic. También generó malestar en sectores de las FF.AA., pero en definitiva fue impuesta por la dictadura, como también el Código de Minería. De ahí en adelante comenzaron a llegar inversiones, proceso que se aceleró con el retorno a la democracia.
La dictadura comenzó el proceso de destrucción del sueño de los chilenos de controlar el cobre, como riqueza principal del país. Ese anhelo generalizado se expresó en la aprobación unánime del Congreso a la nacionalización, en 1971”.

LA MISMA POLITICA
QUE EN LA DICTADURA
Sin embargo, con la democracia se mantuvo la política minera de la dictadura, lo que indica una voluntad de no inquietar a las transnacionales...
“No creo que haya habido un acuerdo en ese sentido. Pero se produjeron situaciones extrañas. Entre ellas una, que significó un aporte colosal a las multinacionales del cobre al mes siguiente de iniciarse el primer gobierno de la Concertación. Las empresas tributaban sobre la base de renta presunta, con una tributación que llegaba hasta 20% en el caso de las grandes y que era como un PPM contra las utilidades reales de la empresa. Se planteó entonces que no era posible que declararan a partir de la renta presunta debiendo hacerlo sobre la base del balance contable. Inadvertidamente aprobamos esa norma, que pienso que no se ideó en Chile, y que, en definitiva, ha sido determinante para que las empresas no paguen impuestos ya que no arrojan utilidades en los balances. Así como esa ley, cada cierto tiempo han aparecido disposiciones en leyes misceláneas que muestran una voluntad encubierta de favorecerlas en detrimento de los intereses del país.
En el hecho, la gran mayoría de las empresas (44 ó 45 de 47) no paga impuestos o paga menos de lo que debiera. Sostienen que no pagan porque los postergan. Mientras, ocupan el mecanismo de depreciación acelerada o pagan los créditos, lo que las hace aparecer sin utilidades. Eso es falso en la teoría y en la práctica. Vimos el caso de Disputada, que sostuvo que estaba postergando los impuestos y acumuló pérdidas durante años por un monto de 575 millones de dólares, que traspasó a Anglo American como créditos contra el Fisco. Las multinacionales aparecen con pérdidas en Chile y ganancias en el extranjero, de acuerdo a sus balances que son públicos. Básicamente porque traen capitales como créditos, desde paraísos tributarios. Traen muy poco capital fresco, el 80 ó 90 por ciento es crédito. Es como si trajeran un vaso vacío y nosotros, con las ventas de cobre, les llenamos el vaso y, además, les pagamos los intereses por esos créditos que pertenecen a las mismas casas matrices. Estamos capitalizando a esas casas matrices. Y pagan 4% sobre los intereses que remesan, que después descuentan de los gastos. Y se produce, de este modo, el hecho aberrante de que Codelco -produciendo solamente un tercio del cobre de la gran minería- paga más impuestos que todo el sector privado, incluidas las multinacionales que producen dos tercios del total.
En síntesis, hay tres grandes elementos que se conjugan. Primero, que las rentabilidades de las multinacionales del cobre en Chile van desde el 40% al 50% anual, de acuerdo a estudios de empresas independientes. Recuperan de este modo el capital en 4 ó 5 años. Por eso el caso de Disputada es tan grave: no pagó un peso de impuestos a pesar de una rentabilidad más que suficiente.
En segundo lugar, la carga tributaria sobre esta rentabilidad es la mitad de la carga más baja del mundo. Tercero, teniendo estas rentabilidades y esta baja carga tributaria, no la sirven”.

MAS PLATA QUE
EN EL NARCOTRAFICO
En tiempos del ministro de Minería Juan Hamilton, a comienzos de la transición, se aprobó una ley que permitía la venta de pertenencias de Codelco a las transnacionales, lo que constituyó, según se denunció, un nuevo golpe al cobre chileno.
“Creo que es injusto lo que se dice de Hamilton, porque él lo veía con un criterio de asociación, pensando en posibilidades de mayor elaboración. Un ejemplo lo demuestra. Cuando se presentó el proyecto de La Escondida -y creo que también el de Pelambres- sostuvo que la inversión que se haría debía consultar refinación y no podía limitarse a concentrados. Jorge Bande y otros que tenían ‘doble sombrero’ lucharon a favor de las empresas, logrando que se aceptara el concentrado y no se estableciera la obligación de producir cobre refinado. Hay algo increíble: el informe de Hamilton al Comité de Inversiones Extranjeras tuvo carácter ‘reservado’ y después desapareció. Ahora sólo existen los comentarios que se refieren al tema, que prueban que el informe existió. Pero el informe mismo no está... Así son las cosas que ocurren en este país, cuando están en juego grandes intereses. Aquí corre más plata que en el narcotráfico”.
Siendo las cosas así, la conclusión de la comisión del Senado debería ser irrefutable y de gran significado histórico: las empresas no pagan lo que debieran pagar y por lo tanto, debería remediarse la situación ya sea por vía administrativa o legal, si fuera necesario. ¿No es así?
“Lo primero es aclarar las cosas. La opinión pública debe ser bien informada, porque es raro que las empresas digan que pagan y yo diga que no pagan. La comisión del Senado debe determinar, ante todo, si las empresas pagan o no, cuáles pagan y cuáles no. Si pagan, cuánto pagan y si no pagan impuestos, por qué no lo hacen. Si el ministro Alfonso Dulanto dice que van a pagar, me parece asombroso que no diga cuándo y cuánto, porque la misma monserga la vengo oyendo desde el año 90. Si no se dice cuándo y cuánto se trata solamente de música para calmar los espíritus.
La comisión está trabajando seriamente. Recibirá la opinión de todos los involucrados y de los expertos más calificados, no sólo chilenos. Lo importante no es lo que dice Impuestos Internos sino lo que diga Tesorería: cuánto recauda. Impuestos Internos ha dicho que pagan primera categoría, que pagan IVA, etc. Claro, pero todo eso lo descuentan. Lo que interesa es saber cuánto recauda el Fisco. Si se demuestra que no pagan, tendremos que ver las medidas a tomar, incluyendo posibles modificaciones legales. Eso no es fácil, las multinacionales cuentan con especialistas muy bien pagados que les permiten burlar los sistemas tributarios. Sudáfrica se aburrió de este juego e impuso a las empresas un royalty de 8%. En todos los países mineros la carga tributaria es el doble que en Chile. En todos -salvo en dos, que son México y Perú-, hay royalty”.

EL “ROYALTY”
Hablemos del royalty, que al menos ante la opinión pública aparece como una idea nueva que antes de la nacionalización no se aplicaba...
“...Pero había royalty de 3% sobre el concentrado, que se derogó el año 76. El royalty es una institución muy antigua. El rey de España era dueño de la tierra y de las minas; hacía valer su derecho cobrando un quinto de la producción, el ‘quinto real’. La palabra royalty viene precisamente de ‘real’ o ‘del rey’, lo mismo que ‘regalía’. Se pagaba y se paga hoy, por ejemplo, en el 10% que entrega Codelco a las FF.AA. Es la regalía que cobra el dueño de la mina al arrendatario o al pirquinero. Hasta Escondida funcionaba con dos sociedades: una de personas, que era dueña de la concesión y una contractual minera, que explotaba la concesión pagando a la sociedad de personas (la dueña) el derecho que ésta le cobraba. De tal manera que el royalty no es cosa nueva y además, no es un impuesto: constituye un derecho y por lo tanto, no afecta a los contratos involucrados en el DL 600 que garantiza a las mineras invariabilidad tributaria”.
Las empresas advierten que si se produce lo que llaman un cambio en las reglas de juego, revisarán su política de inversiones y considerarán otras alternativas. Agregan que se deteriorará la imagen de Chile.
“Eso es una baladronada. Chile es soberano para establecer las normas que mejor se ajusten a sus intereses. Y se trata, por lo demás, que las empresas cumplan la ley de acuerdo a su sentido natural, que no es otro que los impuestos se pagan y no se eluden. Hay además otro aspecto que las empresas deben considerar: si piensan llevar sus inversiones a otro país, en cualquiera tendrían que pagar el doble de impuestos y, además, un royalty. Las minas de cobre chilenas son las mejores por sus características minerológicas y también porque están cerca del mar. Sus trabajadores y profesionales tienen alta calificación. Hay buena infraestructura y energía. Al ejecutivo minero que propusiera que su empresa se fuera de Chile, sus jefes y los accionistas lo echarían a patadas”.

DANZA DE MILLONES
¿Cómo se controlan las exportaciones de concentrados y los contenidos de ellos, que incluyen metales raros y preciosos?
“Chile produce anualmente más de 6 millones de toneladas de concentrados. Según el Servicio de Aduanas hasta hace unos años, se alcanzaba a revisar solamente el 5%, lo que es importante porque tiene que ver con la humedad, los contenidos de cobre y también con los metales que van asociados al cobre como oro, plata y molibdeno, y otros como platino, titanio, renio, germanio, vanadio... Quiero señalar que en el estado mexicano de Sonora, fronterizo con Estados Unidos, hay una fundición en que se procesa concentrado de cobre proveniente de Chile y también una refinería, ambas de propiedad de una multinacional. Al lado, hay una fundidora de oro, que produce lingotes que obtiene de los concentrados chilenos. El molibdeno contenido en los 198 millones de toneladas de cobre fino que tiene Codelco en sus yacimientos, significa -valorizando- la suma de 25 mil millones de dólares. Nada más que el molibdeno. Y tenga en cuenta que después de la nacionalización hemos entregado al sector privado 135 millones de toneladas de cobre fino recibiendo por molibdeno cero pesos. A partir de allí puede estimarse grosso modo lo que vale el molibdeno que sale en los concentrado producidos por las compañías multinacionales”.
¿Cuál es el monto de los recursos no pagados al Fisco por las multinacionales?
“Hay diversas estimaciones. Una tiene que ver con las gigantescas pérdidas que ha significado para Chile la sobreoferta de cobre proveniente de las transnacionales que operan en el país: se han derrumbado los precios y ha significado la acumulación de los mayores stocks de que haya memoria. Hay otra cosa que se conoce poco y que ha estudiado el ministro Alfonso Dulanto. Sustuvo en un artículo -que nunca ha sido desmentido- que por no fundir y refinar el cobre en Chile, se tiene que pagar anualmente mil 500 millones de dólares, ya que la producción de las transnacionales es básicamente de concentrados.
Pero, para fijar la atención en los impuestos, digo lo siguiente: se venden 7 mil 500 millones de dólares al año en cobre; el año 2008 se venderán 10 mil millones de dólares al año. Si aplicáramos una tasa de ‘paraíso tributario’ de 14,8% a las ventas, el Estado -sólo por eso nada más- debería recibir mil 100 millones de dólares extras. Si a estos mil 100 millones sumamos los mil 500 millones que estimó el ingeniero Dulanto se podrían ahorrar por fundición y refinación, hablaríamos de 2 mil 600 millones de dólares al año. Con eso podríamos dar un salto gigantesco hacia el progreso.
Dicen que tenemos bajo nivel educacional, porque no hay recursos; los hijos inteligentes y estudiantes de las familias pobres no pueden llegar a la universidad, porque no tenemos recursos; la atención de salud es deficiente, porque no tenemos recursos; los jubilados reciben pensiones miserables; las casas que se construyen para los pobladores son de pésima calidad, porque no tenemos recursos. Y nos vamos acostumbrando a la pobreza y a la mediocridad, a decir que todo lo más necesario para el pueblo no se puede hacer porque no hay recursos. Eso es falso. Lo que no hay es voluntad política para obtener recursos”.

MODELO ECONOMICO “AD HOC”
PARA EMPRESARIOS
Todo esto se relaciona con el modelo económico...
“Claro, porque éste polariza la riqueza en un pequeño grupo y reparte la pobreza a sectores cada vez más amplios. Hay un creciente descontento frente a las políticas neoliberales.
Algunos defensores del modelo sostenían que se produciría tarde o temprano un ‘chorreo’ desde los ricos hacia los pobres. Pero ni siquiera eso sucede. Por eso creo que el modelo debe ser cambiado por otro más humano y solidario. Sin embargo, en el caso del cobre ni siquiera es necesario entrar a discutir el modelo. Esta pelea se reduce a algo más sencillo: que las multinacionales paguen impuestos como todos los chilenos.
Las empresas cupríferas ni siquiera pagan IVA. Lo que pagan se les devuelve y eso es escandaloso. Les devuelven los impuestos de primera categoría, las patentes; y los aranceles por importaciones a veces llegan a precios increíbles y provienen de sus propias casas matrices o de otras filiales, etc. Ahora mismo, lo que ocurre con el IVA. Se sube para financiar el gasto social: el peso recae en los pobres. El decil más rico del país se lleva el 42,9% del producto y paga por IVA el 6% de sus ingresos, mientras que el decil más pobre recibe el 1,4% del producto y paga por IVA el 11% de sus ingresos.
El Estado ocupa sólo el 20% del producto para resolver los agobiantes problemas que sufre la mayoría de los 15 millones de habitantes. El resto -el 80% del producto- va al sector privado. En cambio, en el mundo entre el 30 y 55% del producto es utilizado por el Estado. Como conclusión, aquí faltan recursos para la salud, educación, vivienda, para los jubilados y para inversión pública con un Estado que se hace cada vez más ineficiente y contribuye a hacer al país menos competitivo, por una de las cargas tributarias más bajas del mundo y una de las peores distribuciones del ingreso a escala mundial”.
¿Cree usted que el actual debate comienza a perfilar una nueva actitud hacia el cobre como riqueza fundamental del país, visualizando una futura nacionalización?
“Desde el punto de vista doctrinario me gustaría que el cobre volviera a manos del Estado porque es la principal riqueza de Chile y, además, nunca hay que olvidarlo, es un recurso no renovable. Eso ocurre también con otros minerales como el litio, cuya situación es inconcebible dado que siempre debe ser explotado por el Estado o para el Estado. Pero, obviamente, un criterio nacionalizador en el cobre, en estos momentos, sería muy complicado por falta de base política. Sería, por así decirlo, la ‘guerra mundial’. Pero no hay que perder de vista la nacionalización.
Si hay un régimen tributario más o menos justo y si el presidente de la República ejerciera la facultad que tiene para establecer el estanco que evita la sobreoferta desde Chile, si se exportara sólo cobre refinado y por excepción, con fuertes gravámenes, concentrados, sería un avance fantástico”.
¿Por qué la derecha estuvo de acuerdo con que la comisión de Minería del Senado estudiara el tema de la tributación de la gran minería transnacional?
“Creo que la derecha tiene una mirada de mayor alcance que la Concertación. Todos saben que en Chile hay una pésima distribución de ingresos y, al mismo tiempo, una carga tributaria que está entre las más bajas del mundo. Con esa baja carga tributaria, ¿cómo se pueden satisfacer las necesidades de la población, lo que es indispensable para que el modelo funcione? Como la derecha piensa que Joaquín Lavín va a ser presidente de la República y se ha comprometido a no subir los impuestos, decidió esta vez creerle a Lavandero y ver si por el lado de las multinacionales salen los recursos, por el simple mecanismo de que las empresas paguen impuestos que ahora no pagan. Sería algo increíble que, finalmente, sea la derecha la que haga algo que en tantos años la Concertación no ha sido capaz de hacer”

HERNAN SOTO


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