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Edición 548
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En esta Edición
A 32 años de la nacionalización del cobre
El legado de Allende
ECUADOR
CRONICA NACIONAL
Los asesinos ya tienen nombres

13 de agosto

La caldera de la
protesta social
Valparaíso
Luis Corvalán
“Las FF.AA. y los
comunistas deben conocerse”
Chile de Mario Toral
Los “otros” héroes
de la historia nacional
El gran circo chileno
¿Puede un país convertirse en espectáculo circense?

En marcha la campaña solidaria

PF se llena de colores

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Luis Corvalán:

“Las FF.AA. y los comunistas deben conocerse”

Luis Corvalán es uno de los personajes relevantes de la historia reciente de nuestro país. Por estos días no está con ganas de hablar de política contingente. Toda su concentración está puesta en revivir el pasado, los días de la Unidad Popular, lo que ese gobierno hizo en tres años y lo que no pudo hacer. Es el tema de un libro que está terminando. Aún no tiene título, sólo uno tentativo: El gobierno de Allende, tal como fue.

¿Cuál es la tesis central de su libro, don Lucho?
“En el libro se demuestra, en primer lugar, que el acceso de la Izquierda chilena al gobierno fue con una relevante participación de comunistas y socialistas, a diferencia de lo que ocurrió durante la época del Frente Popular en la cual el radicalismo era la fuerza política más poderosa e influyente.

 

Hubo un largo proceso histórico de formación y desarrollo de una conciencia nacional a favor de cambios de fondo, principalmente en la estructura económica nacional. Se destacan también las condiciones internacionales de esos años, durante los cuales los bonos del socialismo estaban muy altos, la lucha del pueblo vietnamita contra el invasor yanqui despertaba la admiración y solidaridad de todo el mundo y la revolución cubana demostraba la posibilidad de que cualquier país del continente, aunque esté a escasas millas de los Estados Unidos, puede liberarse de la dominación imperialista y crear una sociedad en la cual los frutos del trabajo de todos se reparten equitativamente y el pueblo tiene acceso a la salud, la educación y la cultura”.
¿Quiénes son, a su juicio, los tres personajes más importantes del período de la Unidad Popular?
“Como personaje, como individualidad, el más importante fue, claramente, Salvador Allende, quien estaba absolutamente convencido de la necesidad de emprender en Chile una revolución para hacer posible que las principales riquezas mineras, el cobre en primer lugar, estuvieran en manos de los chilenos para beneficio de todos ellos; que igual cosa sucediera con las grandes empresas monopólicas de la electricidad, la radiotelefonía, la metalurgia, la industria textil y otras, con los bancos, el comercio de importación y exportación, y que se llevara adelante la reforma agraria, hasta terminar con el latifundio improductivo y retrógrado. Todo lo que se hizo en este terreno fue producto de la unidad y lucha del pueblo, fue gracias a su largo batallar, pero también gracias al papel jugado personalmente por Allende, que recorrió tantas veces el país haciendo conciencia acerca de la necesidad de los cambios de fondo y que, desde el puesto de presidente de la República, se jugó entero en tal sentido. Demostró una consecuencia política inconmensurable”.
¿Qué otros se destacan, en su visión?
“Además de Allende, todos los dirigentes de los partidos de la Unidad Popular; cual más, cual menos, dieron un valioso aporte a la victoria y a las tareas de gobierno durante el primer tiempo, aproximadamente hasta fines de 1971. Después, algunos asumieron posiciones crecientemente críticas, que debilitaron y no favorecieron el cumplimiento de esas tareas. Por ello, no me hallo en condiciones de opinar qué o cuáles ‘personajes’ de esos partidos, además de Allende, puedo mencionar como ‘los más importantes en el período de la Unidad Popular’. Tampoco puedo mencionar alguien del Partido Comunista, pues este consideró, desde el comienzo hasta el fin, que lo más revolucionario y patriótico era trabajar por el éxito del gobierno del presidente Allende, por ponerle un dique a la sedición, y todos sus dirigentes y militantes se emplearon a fondo en dicha dirección”.
¿Qué sueños que aún tengan vigencia se lograron construir durante la Unidad Popular?
“Entre otros, la posibilidad de que miles y miles de hijos de obreros y muchos obreros con enseñanza media completa, pudieran seguir carreras universitarias, y la valoración que tuvo el papel de los trabajadores en la sociedad, reconocido entonces mediante las responsabilidades de gobierno, en la administración pública y en las empresas estatizadas, que asumieron numerosos de sus dirigentes”.
¿Cuáles fueron los principales logros de ese período que hayan perdurado en el tiempo?
“Como logros concretos de ese período que hayan perdurado, aunque no enteramente, puedo mencionar la nacionalización del cobre y la reforma agraria. No obstante que la mayor parte del cobre ha vuelto a manos privadas extranjeras, Codelco se mantiene, y aunque ya no están en poder de los campesinos la mayor parte de los 5 millones 223 mil hectáreas expropiadas por el gobierno de Allende y los tres millones y medio de hectáreas expropiadas por el gobierno de Frei, no hay duda que la reforma agraria puso fin al latifundio y dio paso a una agricultura más moderna y productiva. Se mantiene, también, el medio litro de leche para todos los niños de Chile, aunque como todos saben ha habido fallas en la distribución y también escasez. Acerca del por qué de esta última el ministro de Salud, Pedro García, le ha dicho a los periodistas que deben preguntárselo a las vacas. Extraña respuesta, por decir lo menos.
Lo más importante es que todos los logros se mantienen en la memoria de los que vivieron y recuerdan aquel tiempo y de quienes los han conocido con posterioridad”.

ALLENDE POETA

¿Qué puede usted contar de Salvador Allende, que no se haya dicho o que no se sepa hasta hoy?
“En mi libro hay un capítulo que se llama ‘El aporte de Salvador Allende’. El presidente Allende es una personalidad tan conocida y tanto se ha escrito y dicho de él, que en verdad no hay nada nuevo que contar. Pero en la valoración de su aporte a la lucha del pueblo cada persona que lo conoció puede, naturalmente, destacar una u otra faceta y hablar de uno u otro de sus rasgos con mayor o menor aprecio por él y por el papel que jugó en la política chilena. Y en mi libro yo lo hago, o trato de hacerlo en la mejor forma. Como novedad le puedo añadir que en el capítulo mencionado se inserta un poema de su autoría. Fue publicado en 1929 por una revista muy modesta de Viña del Mar. Yo lo conservé hasta hoy y me parece de mucho interés”.
¿Cómo, exactamente, conoció usted al general Pinochet?
“Que yo recuerde lo vi y me vio, lo saludé y me saludó, sólo el 9 de septiembre de 1973, cuando nos topamos luego de salir de una entrevista que tuvimos con el presidente Allende en su casa de Tomás Moro, y en la cual participaron el subsecretario general del Partido Comunista, Víctor Díaz, Orlando Millas y yo. Después de esa entrevista, Pinochet, acompañado del general Urbina, fue recibido por el presidente, ocasión en que se impuso de la idea que tenía Allende de llamar a plebiscito, decisión que anunciaría en un discurso el día 11 de septiembre, a raíz de lo cual se adelantó el golpe que estaba fijado para el día 14”.
Los partidos de gobierno -entre ellos el que usted comandaba- ¿no fueron capaces de hacer un perfil de los miembros del alto mando del Ejército?
“No teníamos aparato de inteligencia y no hicimos ningún perfil”.
¿Quiere decir que usted no manejaba información sobre Pinochet, en ese período?
“Ninguna”.
¿Qué recuerdo tiene del general Prats?
“Muy buen recuerdo. Era un hombre muy inteligente y correcto. Estaba ciento por ciento convencido de la necesidad y el deber de las Fuerzas Armadas de respetar la Constitución y de subordinarse al poder democráticamente constituido. Era un demócrata que tenía un gran cariño por su institución, al extremo de renunciar a la comandancia en jefe del ejército para no arriesgar su unidad. A la vez, era una persona que tenía una gran estimación por el pueblo y un criterio muy amplio para apreciar los fenómenos sociales de su tiempo. Estas cualidades lo llevaron a tener una gran simpatía por las transformaciones que se llevaban a cabo y un gran aprecio por el presidente Allende, con el cual colaboró lealmente”.

EL PC NO TENIA
POLITICA MILITAR

¿Cuál era la política militar del Partido Comunista, antes del golpe?
“Desafortunadamente, sólo tuvimos esbozos, principios de política militar, pero no una política militar propiamente tal”.
¿No le parece gravísimo no haber tenido política militar, ni información de inteligencia, ni aparatos armados en esa confrontación?
“En el período de Allende y para defender su gobierno, no era posible formar una organización paramilitar como el Frente Patriótico Manuel Rodríguez. En la Unidad Popular no habría habido acuerdo para formarlo. Y no cabía actuar en este terreno al margen de la Unidad Popular y sin la venia del presidente, que tampoco habría estado de acuerdo.
Creo que la principal falencia en este terreno fue una despreocupación y un desinterés por las FF.AA. de parte de toda la Izquierda y en especial, de los comunistas. Los partidos de derecha siempre se preocuparon de las instituciones militares y las influenciaron en un sentido reaccionario. La Izquierda no hizo lo suyo, salvo en algún modo el Partido Socialista en tiempos de Raúl Ampuero. Estoy convencido que habría sido y es necesario, democrático y patriótico que las FF.AA. puedan conocer el pensamiento y los propósitos de todas las colectividades políticas, comprendidos los comunistas. Y que de su parte todas las colectividades hagan lo que puedan por hacerse conocer en el mundo militar”.
¿Cómo recuerda la nacionalización del cobre y la repartición del medio litro de leche, que hoy se echan de menos?
“Fueron dos medidas valiosas, importantísimas y emblemáticas, como se dice hoy. La primera demostró el patriotismo, la valentía y la consecuencia de Salvador Allende y de la Unidad Popular y ha significado para el país un ingreso de miles y miles de millones dólares, más de los que habrían entrado de haber seguido el cobre en manos de las compañías norteamericanas. La segunda dio cuenta de la sensibilidad social, del humanismo y del aprecio por los niños de parte del presidente Allende, su gobierno y las fuerzas de Izquierda y, de paso, demostró la infamia de aquellos reaccionarios largo tiempo empeñados en hacer creer a los ingenuos que de triunfar Allende se mandarían los niños a Rusia”.
Me gustaría que me hablara del edecán Araya, al que la Armada no le ha hecho ningún reconocimiento hasta hoy.
“El edecán naval Arturo Araya fue un eficiente y leal colaborador del presidente Allende. Fue uno de los oficiales de la Armada que se identificó con los patrióticos propósitos del gobierno de la Unidad Popular. Era además un hombre culto, cordial, de buen humor, comunicativo y de agradable trato. Cayó en la noche del 26 de julio de 1973 asesinado por un comando de la derecha, ya entonces lanzada por el camino de la sedición”.
¿Cómo recuerda las acusaciones constitucionales a los ministros de la Unidad Popular?
“Nunca ningún otro gobierno fue blanco de tantas acusaciones contra sus ministros de Estado. Todas ellas respondieron a un plan reaccionario dirigido a descalificar al gobierno, acusándolo reiteradamente de actuar al margen de la Constitución y de la ley”.

MOMENTOS DIFICILES

¿Y el paro de octubre?
“El llamado paro de octubre fue, en verdad, el paro del transporte, un paro patronal. Lo apoyaron la Confederación de la Producción y el Comercio, la Sociedad de Fomento Fabril y la Confederación del Comercio Detallista. El comando de la sedición que trató de paralizar el país.
Pero los trabajadores siguieron laborando en las industrias, en los hospitales, en los puertos, en los ferrocarriles, en las plantas eléctricas y otros servicios. Los molineros trabajaron extraordinariamente sábados y domingos, y los funcionarios de la Corfo organizaron decenas de convoyes para el traslado de las mercaderías, utilizando camiones del área social fuera de las horas de servicio. El Sindicato de Dueños de Camiones de Barrancas y varios centenares de transportistas de todo el país rechazaron el paro y colaboraron con el gobierno. Los ferroviarios, por su parte, trabajaron horas extraordinarias para asegurar el abastecimiento de la población. Miles de jóvenes, principalmente estudiantes, cumplieron agotadoras jornadas de carga y descarga en las estaciones ferroviarias y en los terminales de los camiones manejados por los miembros del Mopare. Ello atenuó las consecuencias del desabastecimiento, aunque éste no dejó de afectar al pueblo, a la gente más necesitada, pues los ricos, apenas comenzó el paro del transporte, llenaron sus frizers y despensas con las mercancías de consumo diario, y en alguna medida lo hacían también los sectores populares de mayores ingresos”.
En ese período ingresaron las Fuerzas Armadas al gobierno de la UP. ¿No es así?
“En vista de la obcecación de los confabulados, el 1º de noviembre de 1972 el presidente Allende formó un nuevo gabinete con participación de militares. El nuevo ministro del Interior, general Carlos Prats, se dirigió al país el día 3 de noviembre de 1972 y tres días después el paro terminó. Fue el primer intento serio, dirigido a echar abajo el gobierno popular”.
¿Cuál fue para usted el momento más complicado y por qué?
“El momento más complicado se presentó en vísperas del golpe militar, cuando la única posibilidad -sólo posibilidad- de remontar el peligro de golpe estaba en respaldar al presidente que quería convocar a un plebiscito. Y en la Unidad Popular no hubo acuerdo de apoyar esta iniciativa”.
¿Cuál es su juicio histórico respecto del papel de Patricio Aylwin y Eduardo Frei en ese período. ¿Le parece que fueron auténticos demócratas o resueltos golpistas?
“Ni una ni otra cosa. No se jugaron a favor del golpe ni en defensa del gobierno constitucional. Pienso que ambos esperaban que tras la caída de Allende se convocaría pronto a elecciones presidenciales y que la DC retomaría el mando del país. No fue así y, después de algún tiempo, los dos desempeñaron un papel positivo en la lucha contra la dictadura”.
Más allá de la anécdota: ¿por qué cree que en cada capital del mundo, en oriente y occidente, hay una calle o una plaza que se llama Salvador Allende? ¿Por qué, después de treinta años, todos los pueblos lo reconocen y admiran?
“Como usted dice, en oriente y occidente hay muchas ciudades que llevan en sus calles y plazas el nombre de Salvador Allende. También lo tienen hospitales, escuelas, barcos, centros culturales, auditóriums de universidades, consultorios médicos, institutos. Todo ello es testimonio del aprecio internacional que hay por el presidente Allende y por la original y audaz empresa revolucionaria que él encabezara. Por lo visto, en muchos países se preparan diversos actos recordatorios del presidente que prefirió permanecer en su puesto en el palacio de gobierno y morir allí, antes que entregarse y ceder el mando del país a quienes -estaba seguro y los hechos comprobaron que tenía razón- desencadenarían el terror y la persecución contra el pueblo”.
Se ha dicho de usted que en el momento de su detención estaba debajo de una cama, ¿es efectivo? ¿Cómo fue ese momento?
“Ese infundio es de Pinochet y ya no merece respuesta”.

LECCIONES DE LA UP

¿Cuál es su conclusión luego de revisar el gobierno de la Unidad Popular?
“En primer lugar, creo que fue una gran tentativa revolucionaria por hacer de Chile un país verdaderamente independiente y soberano, por crear una sociedad más justa y construir una democracia que fuera, como la definía Abraham Lincoln ‘un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo’.
En segundo lugar, pienso que si en definitiva no prosperó y fue derrocado, ello se debió, fundamentalmente, a la confabulación de la reacción chilena con el imperialismo norteamericano, esto es, al hecho de que los oligarcas y los magnates de la burguesía, en defensa de sus privilegios, se conciertan hasta con los enemigos de la independencia y soberanía de la patria.
Y en tercer lugar, tengo la convicción que como Unidad Popular pecamos de sectarismo y así se favoreció nuestra derrota. Los partidos de la UP, cual más cual menos, acentuaron su izquierdismo. En su congreso nacional realizado en agosto de 1971, el Partido Radical se declaró marxista y anunció que su objetivo era la liquidación de la propiedad privada en todas sus formas, empujando fuera de sus filas a Luis Bossay, Alberto Baltra, Manuel Sanhueza y otros de sus dirigentes, quienes formaron el PIR, estuvieron cierto tiempo con el gobierno y después se pasaron a la oposición. Con ello, el gobierno salió perdiendo. El Mapu también se dividió y el sector encabezado por Oscar Guillermo Garretón asumió posiciones ultra izquierdistas. La Izquierda Cristiana pasó, igualmente, a posiciones extremas, en tanto el Partido Socialista proclamaba la necesidad de disolver el Congreso y formar un Parlamento Unicameral, como si tal cosa fuera posible alcanzar así no más. Y el Partido Comunista, aunque tuvo una línea más amplia, no fue suficientemente explícito y tenaz en la lucha por una política todavía más abierta por parte de la Unidad Popular.
Para vencer todas las dificultades y derrotar la sedición desde el comienzo, había que tener una firme mayoría nacional. En otras palabras, el éxito dependía esencialmente de una correlación favorable de fuerzas sociales y políticas que abarcara, por lo menos, el 60% de la población. Tuvimos este respaldo inmediatamente después de la elección. Pero no se concretó en un acuerdo político que fuera más allá del Estatuto de Garantías que se convino con la DC sólo para el efecto de refrendar la elección de Allende en el Congreso Pleno y luego, para nacionalizar el cobre. En los primeros meses que siguieron a la victoria, en la democracia cristiana había ambiente para un entendimiento mayor. En tal sentido abogó varias veces Radomiro Tomic. Pero en la Unidad Popular este asunto no se planteó ni se consideró. En el Partido Socialista y algunos otros partidos de la UP predominaron entonces las posiciones contrarias a entendernos con la DC. El presidente Allende, el Partido Comunista, el Mapu Obrero Campesino, el Partido Radical y la Acción Popular Independiente, API, se distinguieron por tener una posición más amplia en materia de unidad. Pero no se jugaron suficientemente en tal dirección”.
¿A cuál de todos los cientos de muertos por la dictadura ha extrañado más en todos estos años y por qué?
“Naturalmente, se echa de menos, en primer lugar a Salvador Allende por ser el líder principal de la Izquierda y se siente también la falta de los compañeros más conocidos y cercanos, empezando por Víctor Díaz, Mario Zamorano, Uldarico Donaire y demás miembros del comité central del PC. Pero sentimos la pérdida de todos los caídos”.
Usted perdió a su único hijo varón después del golpe. ¿Podría contar sobre él?
“Luis Alberto fue nuestro único hijo varón y primogénito. Trabajó en la empresa avícola que formó la Corfo durante el gobierno de Allende, con el entusiasmo y la entrega propios de la juventud, de sus convicciones políticas y de su capacidad profesional. Era ingeniero agrónomo. Estudió y se tituló en la Universidad de Chile cuando los hijos de obreros y jóvenes de familias modestas podían ingresar a la universidad. Fue detenido el 14 de septiembre, tres días después del golpe, junto a su esposa Ruth Vuskovic. Estuvo preso en el Estadio Nacional y en Chacabuco. Luego de salir en libertad, con su esposa y Diego, su hijo de dos años, se fueron a Bulgaria donde falleció -dice el Informe Rettig- ‘como consecuencia de las torturas recibidas en el Estadio’”

PAMELA JILES

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