AUTOBIOGRAFIA DEL
GOBIERNO DE ALLENDE
EL
presidente Salvador Allende
lee su primer mensaje ante el Congreso pleno el 21 de mayo de
1971.
En estos días en que se han cumplido 30 años del
derrocamiento del gobierno de Salvador Allende, es conveniente
destacar esa experiencia histórica. Para conocer el proyecto
del gobierno popular, nada mejor que la exposición del
propio presidente de la República a través de sus
mensajes al Congreso pleno. Todas las realizaciones de su programa
las impulsó como líder del movimiento popular, sin
ser sobrepasado por nadie. Lo que sí es necesario señalar
es que Allende no fue la simple expresión individual, surgida
espontáneamente, sino la encarnación de una conciencia
colectiva, forjada al unísono en los partidos de Izquierda,
sindicatos, organizaciones universitarias, centros científicos
y otros elementos de progreso de la sociedad. En suma, de hombres
y mujeres de ese tiempo de cambio, de transformación social.
Esta conciencia colectiva fue condicionada, naturalmente, por
el desarrollo de un proceso revolucionario que recorrió
el mundo durante la mayor parte del siglo XX. La crítica
al gobierno de Allende debe hacerse, por lo tanto, en este marco
histórico, determinando qué materias deben recuperarse
a la luz del retroceso social y político existente hoy
en Chile, para formular un nuevo programa del movimiento popular.
LOS GRANDES OBJETIVOS REVOLUCIONARIOS
En vísperas del golpe militar, el gobierno popular recibió
el apoyo de un 44% de la ciudadanía, es decir, 7% más
que en la elección presidencial de septiembre de 1970.
Durante la dictadura militar (1973-1988) se realizó sistemáticamente
una campaña de desinformación y mentiras sobre los
hechos ocurridos en los mil días de predominio popular,
seguida durante los quince años de transición a
la democracia (1988-2003) por otra campaña de adulteración
que presenta a Salvador Allende como un “buen samaritano”
de la democracia burguesa, rodeado de un movimiento social totalitario.
En el primer mensaje al Congreso, el 21 de mayo de 1971, Allende
explicó la vía chilena hacia el socialismo, a partir
de la realidad existente: “una sociedad agobiada por el
atraso y la pobreza, propios de la dependencia y del subdesarrollo”.
La tarea inmediata era, por eso, romper con los factores causantes
del retardo y, al mismo tiempo, edificar una nueva estructura
socio-económica capaz de proveer la prosperidad colectiva.
Su pensamiento es claro y positivo. “Las causas del atraso
estuvieron -y están todavía- en el maridaje de las
clases dominantes tradicionales, con la subordinación externa
y con la explotación clasista interna. Ellas lucraban con
la asociación a intereses extranjeros y con la apropiación
de los excedentes producidos por los trabajadores, no dejando
a éstos sino un mínimo indispensable para reponer
su capacidad laboral”.
Ante esta brutal realidad, ¿qué corresponde hacer?
Allende lo señala de manera enfática. “Nuestra
primera tarea es deshacer esta estructura constrictiva que solamente
genera un crecimiento deformado. Pero, al mismo tiempo, es preciso
edificar la nueva economía, de modo que suceda a la otra
sin solución de continuidad, edificarla conservando al
máximo la capacidad productiva y técnica que conseguimos
pese a las vicisitudes del subdesarrollo, sin crisis artificialmente
elaboradas por los que verán proscritos sus arcaicos privilegios”.
En esta perspectiva general de mejoramiento de las condiciones
de vida de los chilenos, el presidente Allende caracterizó
desde el comienzo la forma y los pasos de lo que denominara “el
camino hacia el socialismo”. “La tarea es de complejidad
extraordinaria, dijo, porque no hay precedentes en que podamos
inspirarnos. Pisamos un camino nuevo; marchamos sin guía
por un terreno desconocido; apenas teniendo como brújula
nuestra fidelidad al humanismo de todas las épocas, particularmente
al humanismo marxista, y teniendo como norte el proyecto de sociedad
que deseamos, inspirada en los anhelos más hondamente enraizados
en el pueblo chileno”.
“El nuevo orden institucional responderá al postulado
que legitima y orienta nuestra acción: transferir a los
trabajadores y al pueblo en su conjunto, el poder político
y el poder económico. Para hacerlo posible es prioritaria
la propiedad social de los medios de producción fundamentales”.
Conforme a esta necesidad de adecuar las instituciones políticas
a la nueva realidad, anunció que presentaría un
proyecto para sustituir la Constitución, de fundamento
liberal, por una de orientación socialista. El presidente
de la República tenía conciencia de las dificultades,
pero estimando que sería posible, actuó en consecuencia.
En esa oportunidad, destacó también su respeto por
las libertades políticas, porque son conquistas fundamentales
del pueblo en el camino de su emancipación. Pero el gobierno
de la Unidad Popular no se limitó a mantenerlas y proclamarlas
verbalmente, sino que afirmó que las haría reales,
tangibles y concretas, posibles de ejercer, en la medida que se
conquistara la libertad económica. “En consecuencia,
el gobierno popular inspira su política en una premisa
artificialmente negada por algunos: la existencia de clases y
sectores sociales con intereses antagónicos y excluyentes,
y la existencia de un nivel político desigual en el seno
de una misma clase o sector”.
El presidente Allende recordó que su gobierno tenía
su origen en la voluntad popular libremente manifestada en las
urnas, sin empleo de las armas, y que el pueblo aspiraba legítimamente
a recorrer la etapa de transición al socialismo sin recurrir
a la violencia. Pero advirtió que esta responsabilidad
no reside sólo en el gobierno y el movimiento popular,
sino también en la clase poseedora, que siempre controló
el poder. “Si la violencia, interna y externa, la violencia
en cualquiera de sus formas, física, económica,
social o política, llegara a amenazar nuestro normal desarrollo
y las conquistas de los trabajadores, correrían el más
serio peligro la continuidad institucional, el Estado de derecho,
las libertades políticas y el pluralismo”. En ese
caso, el gobierno y el movimiento popular que le daba sustento
tendrían que adoptar medios concordantes con los que se
utilizaren en su contra.
En palabras de Allende, el camino al socialismo “es instaurar
las libertades sociales mediante el ejercicio de las libertades
políticas, lo que requiere como base establecer la igualdad
económica. Este es el camino que el pueblo se ha trazado,
porque reconoce que la transformación revolucionaria de
un sistema social exige secuencias intermedias”.
En su primer mensaje el presidente Allende expuso la obra realizada
en seis meses de gobierno. Chile inició en ese breve período
la recuperación definitiva del cobre, la principal riqueza
del país. Igual acción se realizó con el
hierro, proyectándose de inmediato la constitución
del complejo nacional del acero, en torno a la Compañía
de Acero del Pacífico (CAP). El Estado recuperó
el carbón , en franca decadencia en manos de empresas privadas,
asegurándole trabajo a los mineros, así como el
salitre, otrora fuente de riquezas incalculables y en ese momento
también en crisis productiva y comercial. Numerosas empresas
industriales pasaron a integrar el área de propiedad social,
con apoyo decidido de los trabajadores, el aumento de la productividad
y la participación activa de ellos en la administración.
En los primeros seis meses se promovió la aceleración
de la reforma agraria, con la expropiación de parte importante
de los mil latifundios proyectados en el programa gubernativo.
Esta decisiva reforma del régimen de tenencia de la tierra
perseguía impulsar una agricultura más vigorosa
y productiva, capaz de satisfacer las necesidades de la población
y, al mismo tiempo, asegurar a los campesinos el beneficio equitativo
de los frutos de su trabajo. Parecidos avances se lograron en
la nacionalización del sistema financiero, mediante la
estatización bancaria, con respeto de los derechos de los
pequeños accionistas. En esta forma se aseguraba el manejo
más justo y racional del crédito, particularmente
al servicio del área socializada y de los pequeños
y medianos industriales, comerciantes y agricultores, hasta entonces
discriminados.
AVANCES DEL MOVIMIENTO POPULAR
Un año después, el 21 de mayo de 1972, el presidente
Allende expuso su segundo mensaje al Congreso, en que analizó
el proceso de cambio revolucionario que vivía Chile.
En primer lugar, afirmó con orgullo que Chile había
crecido en el primer año de su gobierno: “¿Sería
demasiado sostener que nosotros los chilenos tenemos en las manos
antiguos y nobles anhelos de la humanidad, para encontrar soluciones
nunca antes contempladas? Creo que no. Es lo menos que se puede
admitir al evaluar nuestro intento, en germen todavía,
pero más promisorio que cualquier otro, de crear una sociedad
socialista en democracia, pluralismo y libertad”.
“La gran cuestión que tiene planteada el proceso
revolucionario, y que decidirá la suerte de Chile, expresó,
es si la institucionalidad actual puede abrir paso a la transición
al socialismo. La respuesta depende del grado en que aquélla
se mantenga abierta al cambio, y de las fuerzas sociales que le
den su contenido. Sólo si el aparato del Estado es franqueable
por las fuerzas sociales populares, la institucionalidad tendrá
suficiente flexibilidad para tolerar e impulsar las transformaciones
estructurales sin desintegrarse”.
Esta no era una posición estática, de confianza
ingenua en el funcionamiento legítimo de las instituciones
estatales. Expuso Allende: “No se puede descartar que la
escalada contra el régimen institucional llegue a provocar
las condiciones de la ruptura violenta. El gobierno y los trabajadores
organizados están conscientes de ello, dispuestos a asumir
el papel que les corresponde… En todas partes están
atentos a si seremos capaces de avanzar en la transformación
revolucionaria del sistema capitalista con un régimen de
pluralismo, de multipartidismo, sin paréntesis del principio
de legalidad, sin que el ejercicio de las libertades públicas
ponga en peligro la emancipación social de los trabajadores”.
También señaló como otra dimensión
del proyecto de gobierno, la creación de las bases económicas
de una sociedad más justa, más igualitaria y más
capaz de progreso para todos los chilenos: “Una estructura
económica caracterizada por la propiedad privada de los
medios de producción fundamentales, concentrados en un
grupo reducido de empresas en manos extranjeras, y de un número
ínfimo de capitalistas nacionales, es la negación
misma de la democracia. Un régimen social es auténticamente
democrático en la medida que proporciona a todos los ciudadanos
posibilidades equivalentes, lo que es incompatible con la apropiación
por una pequeña minoría de los recursos económicos
esenciales del país. Avanzar por el camino de la democracia
exige superar el sistema capitalista, consubstancial a la desigualdad
económica”.
El combate por la democracia económica, al término
del primer año de gobierno, comprendía la abolición
del latifundio, mediante la reforma agraria. Esta es una gesta
que representaba entonces el fin de un ciclo histórico
y el inicio de uno nuevo, el ocaso de la “aristocracia”
agraria y la emergencia del campesinado libre y dueño de
la tierra que produce. Los bancos comerciales, que estaban en
manos de un pequeño grupo de “clanes” familiares,
fueron nacionalizados. Allende dio cuenta en este mensaje que
de los 26 bancos privados existentes al asumir el gobierno, 18
se encontraban bajo control de la nación; en otros dos
el Estado poseía el número suficiente de acciones
para dirigir sus directorios, en tanto que los seis restantes
eran pequeñas instituciones regionales sin influencia.
Respecto a los bancos extranjeros, el Estado los había
adquirido en virtud de acuerdos directos.
Este proceso de liberación nacional no limitó su
perspectiva a los escollos internos, sino que la proyectó
al imperio de las grandes empresas extranjeras. Entre las primeras
iniciativas del gobierno, se nacionalizaron el cobre, el hierro,
el salitre y el yodo, así como los bancos extranjeros,
algunas empresas industriales, las empresas distribuidoras y,
en ese tiempo, se abordaba la nacionalización de la Compañía
de Teléfonos, filial de la ITT. No obstante estos avances,
la economía nacional debía afrontar entonces dificultades
muy graves, como la deuda externa heredada.
Las nacionalizaciones contribuyeron a configurar un área
social, concebida en su estructura y orientación como el
embrión de la futura economía socialista. El excedente
generado se empezó a destinar a comprar más equipos
y a ampliar la propia producción de la empresa o de otras
empresas, así como también el crédito se
dedicaba a favorecer el proceso productivo. El área social
de la economía reunía entonces 43 empresas que ya
eran de propiedad estatal antes de asumir Allende el mando, más
55 que se habían incorporado. A estas 93 se sumaban 83
bajo control público transitorio por infracciones que determinaron
su intervención o requisición, con lo cual esta
área de la economía tenía una significativa
importancia, dentro de una coexistencia con el área privada
y mixta. De acuerdo con informes de Cepal, Chile ocupó
el segundo lugar en el crecimiento económico entre los
23 países de América Latina. Estos resultados que
mostraban la expansión de la economía nacional en
1971, continuaban en los primeros meses de 1972, a pesar de las
dificultades generadas tanto por el bloqueo “invisible”
del imperialismo nortamericano, como por la resistencia interna
del capitalismo.
Este proceso de democratización había traído
consigo la conquista de más libertades sociales, que por
fin aseguraban una progresiva satisfacción de derechos
consagrados en todos los países avanzados del mundo. En
un año se habían creado más de 200 mil empleos,
y en diciembre de 1971, los desocupados se redujeron a 3.5%, al
mismo tiempo que habían disminuido las huelgas a un mínimo.
El derecho a la salud mejoraba en forma notoria a partir del programa
de alimentación suplementaria para la población
infantil y materna. El acceso a la cultura tuvo un incremento
en todos sus niveles, con gratuidad en la enseñanza básica,
congelamiento del valor de la matrícula en la enseñanza
media y universitaria, con un extraordinario crecimiento de los
ingresos. Fue ostensible también el mejoramiento y extensión
de la previsión social y la nivelación hacia arriba
de las asignaciones familiares, que en algunos sectores superó
el 100%, y la elevación del monto de las pensiones mínimas
de invalidez y vejez. En materia de vivienda, se hizo un esfuerzo
muy grande, en sus distintos aspectos, como urbanización
en campamentos, construcción de viviendas urbanas y campesinas,
derogación de la reajustabilidad de los dividendos, etc.
El gobierno impulsó el desarrollo de la organización
popular, así como la participación y el poder de
los trabajadores. En su segundo mensaje, el presidente Allende
fue claro en su concepción de la democracia, que hoy es
necesario recordar. “Durante decenios hemos luchado contra
una práctica y un entendimiento de la democracia puramente
formales, en que el sufragio, símbolo externo de la manifestación
del poder, ocultaba una realidad enajenante de la voluntad popular.
La auténtica democracia exige la permanente presencia y
participación del ciudadano en los asuntos comunes, la
vivencia directa e inmediata de la problemática social
de la que es sujeto, que no puede limitarse a la periódica
entrega de un mandato representativo. La democracia se vive, no
se delega. Hacer vivir la democracia significa imponer las libertades
sociales”.
El gobierno promovió la creación de organizaciones
comunitarias. En el campo se había organizado el Consejo
Campesino Nacional, así como veinte consejos provinciales
y numerosos consejos comunales. En esta organización, se
comprendía a todos los asalariados, arrendatarios, medieros,
pequeños propietarios, asentados, afuerinos, cesantes,
cooperados, miembros de los centros de reforma agraria (Cera).
La participación popular alcanzaba un nivel nunca antes
conocido ya que su competencia abarcaba la planificación,
ejecución y control de las medidas agrarias e incluso aquellas
materias políticas que de alguna manera los comprometía.
En las empresas del área social y mixta, empezaban a funcionar
los mecanismos de participación, convenidos por el gobierno
y la CUT, con representación igualitaria, con el pluralismo
emanado de la elección libre, secreta, uninominal y proporcional
de sus miembros representantes de la Asamblea General de Trabajadores,
así como con la amplitud que supone la incorporación
conjunta de obreros, empleados, técnicos y profesionales.
El contenido de clase de esta participación estaba dado
por el compromiso con la revolución socialista.
El movimiento sindical había experimentado también
un extraordinario crecimiento, llegando a agrupar un millón
de afiliados. Asímismo, adquirieron reconocimiento legal
la Agrupación Nacional de Trabajadores Semifiscales, la
Agrupación Nacional de Empleados Fiscales, la Confederación
de Empleados de la Industria y el Comercio y la Confederación
de Empleados Particulares. En 1971 adquirieron personalidad jurídica
599 sindicatos industriales, que agrupaban a 35.000 asociados,
así como 122 sindicatos agrícolas, con 127.000 afiliados.
Para enfrentar los nuevos problemas se empezó a promover
las Juntas de Abastecimientos y Precios (JAP), que organizaron
la defensa contra el mercado negro, la mala distribución
y el acaparamiento.
Las dificultades se acrecentaban por las acciones de bloqueo que
afrontaba el gobierno popular. La disminución de divisas
impedía el servicio de la deuda externa acumulada y la
importación de bienes, cada vez más caros por la
política monetaria internacional. Los organismos financieros
internacionales, cediendo a las intensas presiones norteamericanas,
negaban créditos solicitados regularmente. Las compañías
norteamericanas Anaconda y Braden Copper Company obtuvieron en
Nueva York órdenes de embargo sobre bienes chilenos en
esa ciudad, entorpeciendo el comercio con Estados Unidos.
En el primer año del gobierno popular, la abierta y tenaz
conspiración había forzado sucesivos enfrentamientos
entre los distintos poderes del Estado, al atentar contra la independencia
política de los ministros, las facultades de colegislador
del Ejecutivo y la capacidad económica del gobierno, llegándose
al extremo de pretender invalidar la competencia e independencia
del tribunal constitucional. Eran los pasos sucesivos hacia el
golpe de Estado.
LA LUCHA CONTRA LA CONSPIRACION
En su tercer mensaje al Congreso pleno el 21 de mayo de 1973,
el presidente de la República presentó un balance
de la situación nacional, en un momento en que, como muy
pocas veces en Chile, “hay esperanzas y temores compartidos
por la razón y las pasiones de nuestros ciudadanos”.
El peso de la deuda externa heredada era un problema agobiante.
A pesar que durante 1972 Chile obtuvo la ampliación del
plazo para el pago de sus deudas, de uno a ocho años, y
de que se habían cumplido estrictamente las obligaciones
de consumo corriente, señalaba el presidente: “El
total de vencimientos para 1973 asciende a 496 millones de dólares.
Es decir, este año, casi la mitad del ingreso total de
divisas corresponde destinarlo a servir la deuda externa”.
En este tercer mensaje, se reafirmó la continuidad del
régimen democrático, a pesar de la conspiración
sediciosa que impulsaba la derecha, en connivencia con el imperialismo.
“Régimen democrático y paz civil se implican
de manera recíproca y lo que atenta contra uno, atenta
directamente contra el otro”, afirmó el presidente.
Expresó Allende: “El gobierno ha cumplido y cumplirá
su deber de preservar el orden público, al mismo tiempo
que impulsa la transformación de la sociedad. Contrariamente
a lo que ocurría en el pasado, el orden público
ha dejado de estar al servicio del sistema capitalista y es hoy
un factor coadyuvante del avance del proceso revolucionario”.
El presidente hizo referencia a los logros en reforma agraria:
“En el curso del último año ha sido expropiada
prácticamente la casi totalidad de los fundos de más
de 80 hectáreas de riego básico, los que han pasado
a manos de los campesinos. La ancestral oligarquía terrateniente
ha perdido la base económica de su poder. En ese período,
1.192 predios expropiados se sumaron a los del año anterior,
completándose un total de 3.570. Los campesinos han conquistado,
de este modo, cinco millones de hectáreas, con lo que,
considerando lo hecho antes de mi gobierno, el 35% de la superficie
agrícola total del país está hoy en el sector
reformado”.
Tanto la gran minería como la mediana, en sus principales
yacimientos, se habían incorporado al área social,
asumiendo el conjunto del país, a través del Estado,
la responsabilidad de la explotación, procesamiento y comercio
de sus recursos mineros. En cuanto a las empresas industriales
estratégicas, la resistencia de los propietarios privados
era cada vez más ostensible. No obstante, de apenas el
3% de la producción que controlaba en 1970 el Estado, se
había pasado a más del 30% en 1973, perteneciendo
al área social más de 200 empresas, incluidas las
que eran de propiedad pública antes de su gobierno.
Estas sólidas expresiones de poder popular, de liberación
de los trabajadores, fueron capaces de enfrentar los ataques de
los sectores sediciosos, encabezados por las organizaciones empresariales
y los partidos de centroderecha. “El paro de octubre pasado
ha sido el intento de mayor envergadura de impedir la consolidación
y el avance de los trabajadores en la dirección del país.
Sus efectos inmediatos produjeron una pérdida superior
a los doscientos millones de dólares. Pero, para el sector
más obcecado que lo encabezaba, tuvo un objetivo concreto:
derrocar al gobierno. Intento de quebrantamiento del régimen
institucional que puso en peligro la paz interna, lo que fue evitado
gracias a la voluntad revolucionaria de los trabajadores, a la
conciencia patriótica de millones de ciudadanos de diversas
ideologías y al sentido democrático de las Fuerzas
Armadas y de Orden”.
El presidente agregó que se refería a los acontecimientos
de octubre como ejemplo de la “dinámica insurreccional”
en que se encontraban empeñados los elementos más
afectados por el desarrollo revolucionario, sin mencionar otras
tantas manifestaciones de igual naturaleza que habían convulsionado
al país.
Además del trabajo opositor conspirativo, abusando de sus
facultades de fiscalización la mayoría de centroderecha
de la Cámara de Diputados designó ocho comisiones
investigadoras sucesivas, sobre actuaciones de la administración
pública en 1972. Dos intendentes fueron acusados y destituidos
por el Senado, siete ministros fueron igualmente acusados y dos
de ellos, destituidos. En todas estas oportunidades, el gobierno
sostuvo criterios jurídico-constitucionales discrepantes
de esa mayoría. El presidente advirtió entonces
que cuando, en el uso de sus facultades, el Poder Ejecutivo y
el Legislativo diferían en torno del ámbito de sus
atribuciones exclusivas, la Constitución contemplaba dos
instituciones destinadas a resolver los conflictos: el tribunal
constitucional y la consulta plebiscitaria. En el primer caso,
la oposición había tratado de inhabilitarlo, debido
a su independencia y autonomía, y en el segundo caso, tampoco
lo deseaba, no así el gobierno, que más tarde quiso
recurrir a este medio, lo que fue impedido por el golpe militar.
El presidente Allende destacó los problemas económicos
en el proceso de transformación social a través
de este tercer mensaje, aunque un proceso revolucionario no puede
juzgarse por su resultado económico inmediato, porque la
situación existente en ese momento estaba relacionada con
la estructura económica y productiva heredada. “Quiero
ser enfático en señalar, dijo, que uno de los procedimientos
principales de la reacción interna y la externa para impedir
nuestro camino hacia el socialismo, es la búsqueda deliberada
de una crisis económica”.
En medio de las dificultades, el presidente planteó nuevas
tareas, de acuerdo al programa de gobierno, como el término
rápido del proceso de constitución del área
de propiedad social. Este objetivo comprendía una nueva
ley de reforma agraria que permitiera la expropiación de
predios superiores a 40 hectáreas de riego básico,
y asegurara condiciones para la reorganización del sector,
la incorporación de las empresas incluidas en el proyecto
enviado al Congreso, así como las del sector financiero,
de los seguros, la distribución mayorista y el comercio
exterior. El paso a la propiedad social de las unidades productivas
era una condición necesaria pero no suficiente. La meta
definitiva era la socialización efectiva de los medios
de producción fundamentales y su uso de acuerdo con los
intereses de los trabajadores y la inmensa mayoría del
pueblo. Para organizar una nueva economía, era indispensable
alcanzar tres grandes objetivos. Uno, establecer la dirección
esencialmente democrática, orientada a asegurar la confluencia
armónica de todos los aportes sociales, comenzando por
la formación del comité económico de ministros
y de los organismos intermedios de dirección. Dos, asegurar
el funcionamiento planificado de la economía, lo que ya
se había iniciado con la elaboración del plan de
la economía nacional para 1974. Tres, aplicar la más
amplia y democrática participación de los trabajadores.
El presidente asumía con realismo la situación crítica
por la que pasaba la economía, sosteniendo en este tercer
mensaje que era indispensable el aumento sostenido y creciente
de la producción y la productividad, con disminución
de los gastos materiales y financieros. Esta orientación
tenía validez principalmente para los sectores prioritarios
de la economía, como agricultura y minería, no sólo
en la perspectiva de largo plazo, sino también en la coyuntura
de ese momento, porque ellos determinaban el abastecimiento de
artículos de consumo esencial, de insumos y equipos de
capital.
En un orden más general, en el mensaje se hizo referencia
a los problemas que de manera más inmediata afectaban al
pueblo, como inflación, bajo nivel de abastecimiento y
la movilización colectiva, que el gobierno estaba abordando.
En el marco de su estrategia conspirativa, la oposición
trataba de agravar la situación. “El Congreso ha
despachado, decía Allende, las principales leyes económicas
sin el debido financiamiento”, situación que había
llegado a adquirir extraordinaria gravedad.
En el ámbito político, Allende destacó el
significado de las elecciones parlamentarias del 4 de marzo de
1973. Desde la victoria electoral de 1970 aumentó ampliamente
la participación popular en las actividades políticas,
toda vez que los ciudadanos fueron convocados a ejercer el sufragio
universal en siete oportunidades, entre las cuales destacaron
las elecciones municipales en 1971, en las que la Unidad Popular
obtuvo la mayoría absoluta, y las parlamentarias de 1973,
en las que registró el 44%, a pesar de la abierta conspiración
de las fuerzas reaccionarias de la centroderecha.
La oportunidad era propicia para plantear, una vez más,
la necesidad de adaptar el régimen institucional a la nueva
realidad. El gobierno popular había elaborado un anteproyecto
de nueva Constitución, que el presidente anunció
sería sometido a una amplia discusión para recoger
las críticas y sugerencias antes de su presentación
al Congreso Nacional. Este nuevo texto de Carta Fundamental comprendía
la democratización del aparato judicial y previsiones contra
el burocratismo, ampliación de los derechos y deberes ciudadanos,
estableciendo otros que reconocieran a todos libertad, propiedad
personal y condiciones favorables al desarrollo integral de su
personalidad y dignidad. La democratización de la administración
territorial y la reconsideración profunda del régimen
comunal, la democratización de la seguridad social, el
desarrollo cultural y tecnológico. El presidente Allende
se refirió también al papel de las Fuerzas Armadas
y de Orden, destacando que sus mandos integraron, junto a los
representantes de los partidos populares y la CUT, el gabinete
designado para poner término al paro subversivo de octubre,
destacando el papel democrático del general Carlos Prats.
Tal fue la visión y experiencia del propio Allende de su
gobierno. En otra oportunidad habría que ver la posición
y comportamiento de la centroderecha opositora, que lo derrocó
mediante un golpe de Estado
BELARMINO ELGUETA B.