Comedia procesal para mapuche
La justicia es ciega y también racista
En
sucesivas huelgas de hambre, principalmente en la cárcel
de Angol, presos políticos mapuche presionan con insistencia
para que se ponga fin a las arbitrariedades de que son objeto.
Sin embargo, sus voces se acallan y siguen adelante juicios que
poco y nada tienen de justicia. En la actualidad, hay 24 mapuches
de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM) encarcelados en presidios
de Concepción, Temuco, Angol y otras ciudades del sur a
los cuales se les imputa el delito, entre otros, de asociación
ilícita terrorista. El Estado, en democracia, está
aplicando la misma ley antiterrorista que sirvió para amparar
los peores crímenes durante la dictadura. En este caso,
se ampara la represión y el uso de la fuerza con las que
se busca aplastar a quienes luchan por recobrar las tierras y
la dignidad del pueblo mapuche.
Para conocer de primera mano la visión de quienes se encuentran
encarcelados, PF envió un cuestionario que los presos políticos
mapuche respondieron por escrito, agradeciendo “la oportunidad
que nos ofrece este medio periodístico alternativo, creemos
que actitudes como ésta, de generar tribuna para que expresen
sus opiniones los excluidos y oprimidos, engrandecen y dignifican
los esfuerzos que se hacen al trabajar por la justicia”.
Estas son sus voces.
¿Cuál es la situación en que se encuentran
y el trato que reciben en la cárcel?
“Las cárceles están hechas para inflingir
castigo, implican la negación de todos los derechos. En
general, las cárceles chilenas son malas. Informes de derechos
humanos han denunciado las precarias condiciones que existen en
los presidios, básicamente respecto de su régimen
interno y condiciones de infraestructura, sobre todo en relación
con los altos niveles de hacinamiento. En particular, para nosotros
los mapuche, la situación no es distinta, estamos siendo
sometidos a las mismas condiciones y reglas del sistema penitenciario.
Estamos mezclados con la población común y sin las
garantías necesarias que nos cabe como presos políticos.
De partida, el régimen carcelario ejercido por Gendarmería
sigue la línea de la represión oficial que ejercen
el Estado y sus instituciones en contra de nuestro pueblo. No
existe en la práctica reconocimiento oficial de nuestra
calidad de prisioneros por motivos políticos, salvo las
mínimas expresiones que hemos podido conquistar, presionando
y movilizándonos. Sólo para graficar: pasamos 22
horas y media encerrados en dormitorios-celdas, en serias condiciones
de hacinamiento, sin posibilidad de ejercer algún tipo
de actividad recreativa o deportiva, lo que a nuestro juicio es
necesario para poder afrontar el encierro. El trato que recibimos
sigue la normativa impuesta por la institucionalidad carcelaria.
Sin embargo, debemos reconocer que existe cierta conciencia de
parte de algunos funcionarios que reconocen nuestra condición
y ejercen un trato más acorde. Eso se debe, también,
al hecho que hacemos respetar nuestros derechos como mapuche.
Pero más allá de eso, aún no hemos obtenido
un tratamiento ‘especial’ como presos políticos.
Estamos estudiando las herramientas necesarias para lograr ese
reconocimiento y ciertas garantías mínimas que hagan
más digna la prisión política”.
¿Consideran discriminatorio el sistema judicial al cual
están sometidos?
“Por supuesto, absolutamente discriminatorio, visto desde
nuestra perspectiva como mapuche y también desde una perspectiva
más general. Las distintas formas de opresión contra
nuestro pueblo son discriminatorias desde el momento de la invasión
a nuestro territorio y desde las otrora políticas de exterminio
hacia el pueblo-nación mapuche. La historia nos señala
que la naturaleza y las estructuras del Estado-nación en
Chile se fundan en políticas de invasión y opresión
hacia los mapuche. Ha sido una constante histórica que
la oligarquía criolla base su poder en las estructuras
del Estado y se exprese a través de todas sus instituciones.
Por eso, la línea política estatal hacia los mapuche
es de dominación y opresión, esencialmente discriminatoria.
Niega la existencia de la nación mapuche, y sólo
la reconoce en el marco de una línea de integración
forzada, que no es otra cosa que una política de exterminio
solapado. Es decir, busca la desaparición paulatina de
nuestra concepción ideológica y de nuestra existencia
territorial.
El poder judicial y, en general, la justicia en Chile han sido
consecuentes con estas políticas de Estado. No existe una
legislación político-jurídica que garantice
nuestros derechos esenciales como nación originaria y los
demás derechos político territoriales. Estos derechos
se destruyen, como ya mencionamos, con la invasión de nuestros
territorios, y con la imposición de políticas de
segregación y negación que son corolario del último
milenio de nuestra historia. De hecho, la actual ‘política
indígena’ se funda en las políticas de genocidio
diseñadas en aquella época, como también
en leyes de radicación, segregación, persecución
y represión, dictadas y/o aplicadas, incluso, en el actual
escenario sociopolítico.
Más aún, la existencia de fuertes procesos de inversión
capitalista en nuestro territorio ancestral, trae consigo procesos
refundacionales de la naturaleza y estructuras de un Estado que
se define bajo un modelo determinado de economía y que
sustenta un sistema monopólico-financiero. A éste,
por definición, le resulta anacrónica la existencia
y proyección de nuestro pueblo. La actuación de
un poder del Estado, como el poder judicial, se enmarca en estas
definiciones y es, por ende, esencialmente discriminatorio y,
aún más, responde a la imposición de un sistema
económico y político que no contempla la realidad
y existencia de la nación mapuche y sus comunidades. El
resultado de eso son los procesos llevados a cabo contra comunidades
y comuneros mapuche, quienes han sido fuertemente sancionados
en el marco de sus luchas y reclamos de carácter social
y político. Las permanentes detenciones de mapuche y los
prolongados encarcelamientos sin establecer sentencias ya son
atentatorios, y constituyen, en sí mismos, ‘juicios
políticos’.
Además, no sólo se utiliza el Código Penal
establecido para criminalizar luchas sociales, sino también
el inmoral recurso de leyes dictatoriales que son cuestionadas
por su naturaleza aberrante, pero que sin embargo son ampliamente
empleadas en contra de los mapuche, como la ley de seguridad interior
del Estado, la ley antiterrorista, la de asociación ilícita
terrorista, etc., dictadas por la junta militar para perseguir
y reprimir a opositores, con severas secuelas en materia de derechos
humanos. Ahí vemos un doble discurso del gobierno: plantea
la defensa de los derechos humanos y que ‘nunca más’
se violarán, mientras se violan sistemáticamente
los derechos humanos de nuestro pueblo”.
MAQUINACIONES POLITICAS
¿Qué críticas les merece la actuación
de los fiscales?
“Para nosotros, los fiscales son un síntoma y no
la enfermedad. Ellos pasarán a la historia como ‘verdugos’
-entre otros- de las demandas mapuche en nuestra histórica
lucha por seguir siendo pueblo. Son un reflejo de la responsabilidad
histórica que le cabe al Estado y a sus administraciones
en distintos períodos, como también reflejan la
consolidación de la oligarquía chilena que nace
y se funda a costa del sacrificio de los oprimidos en general,
y de los mapuche en particular.
La aparición de los fiscales viene aparejada al estreno
de la reforma judicial, que para los mapuche ha sido nefasta.
En este contexto, observamos que su actuación se ha dado
sobre la base de los intereses que se confrontan con los mapuche.
Los fiscales mantienen una fuerte relación con los poderes
locales, sobre todo a nivel de los grandes consorcios madereros
que operan en nuestro territorio. Hemos obtenido información
de que operan con muchos recursos provenientes de esas instancias.
Por eso han demostrado una actitud muy hostil, de tipo racista,
y que raya en prácticas fascistas, en los distintos procesos
que llevan a cabo. Sabemos, incluso, que operan con grupos y asociaciones
paramilitares de derecha y que no escatiman recursos con tal de
incriminar y perseguir mapuche, utilizando muchas veces prácticas
orientadas y dirigidas por esas instancias paramilitares. Por
ejemplo, utilizan ‘agentes’, delatores que encubren
como ‘testigos protegidos’, pero que realmente son
delincuentes. Algunos son contratados como sicarios por las empresas
forestales. A esto sumamos la acción coordinada con ciertos
funcionarios de Carabineros que trabajan con un doble estándar,
ofreciendo sus servicios antimapuche a las empresas y sus operadores.
Ultimamente, los fiscales han sido parte de verdaderas maquinaciones
políticas contra hermanos mapuche, en las que están
comprometidos directamente los poderes fácticos locales.
Como es obvio, esto se acompaña con una fuerte campaña
propagandística de derecha llevada a cabo por la prensa
local y nacional que se alínea con el periodismo fascista
y reaccionario de El Mercurio y Copesa (La Tercera, Qué
Pasa). En este contexto, los fiscales se muestran ávidos
de éxito al perseguir y castigar a mapuche. Tienen posturas
antimapuche racistas, pero por sobre todo muestran ignorancia
de nuestra problemática, y, por lo tanto, carecen de independencia.
Hacemos una diferencia con el actuar de los jueces que, a pesar
de alinearse con las mismas políticas, parecen tener una
visión un poco más amplia y tolerante.
Resulta increíble la acción fascista de algunos
fiscales, llena de odio y poco raciocinio. Denunciamos las prácticas
aberrantes de los fiscales Raúl Bustos, de Traiguén;
Luis Chamorro, de Collipulli, y Claudia Iturra y Francisco Rojas,
de Temuco. Más increíble aún es que estos
fiscales cuentan con el aval de instancias del gobierno que pregona
respeto por los derechos humanos en Chile”.
En las condiciones en que se encuentran, ¿pueden ejercer
su derecho a una legítima defensa?
“Como ya dijimos, en el contexto del conflicto mapuche se
niega toda posibilidad de hacer valer nuestros derechos políticos
territoriales y, por lo tanto, todos los derechos que son parte
de nuestra condición de mapuche, en el plano ideológico-cultural
con bases históricas y políticas. Frente a la persecución
política de que somos objeto, es obvio que no tenemos garantizado
el derecho a una legítima defensa. Como se ha observado,
somos perseguidos y sancionados comunicacionalmente antes de pisar
cualquier tribunal. Somos etiquetados con adjetivos descalificadores
y estigmatizadores como ‘criminales’, ‘delincuentes’
y ‘terroristas’, más otros calificativos fruto
del sensacionalismo periodístico. La tónica ha sido
incriminar abiertamente y sin consideraciones de ningún
tipo, es decir, se responde a una política ya definida
de encausar a quienes hemos sido la expresión más
viva y comprometida de la lucha de nuestro pueblo, ya sea por
ser lonko, werken o weupife. En fin, se persigue a cualquiera
indiscriminadamente.
Esta situación se hace más compleja por el hecho
de que en muchos casos estamos sometidos a ‘dobles procesamientos’.
Es decir, por un mismo hecho se abren dos causas judiciales, como
ocurre con procesos que lleva la justicia civil en forma paralela
a procesos que lleva la justicia militar; o bien, procesos regidos
por el Código Penal paralelos a procesos iniciados por
leyes especiales (ley de seguridad interior del Estado o antiterrorista)
de los tiempos de la dictadura”
PATRICIA BRAVO
Recuperación de tierras
¿Se continúan realizando ocupaciones de tierras
y experiencias de control territorial?
“A pesar de estar encarcelados, sabemos que en nuestras
comunidades siguen en marcha los procesos de recuperación
de nuestros derechos políticos y territoriales. Eso nos
tiene muy orgullosos y nos permite asumir con dignidad la cárcel
política. En todo caso, esto es materia de las comunidades
en conflicto y, en particular, de la Coordinadora Arauco Malleco,
que es la organización que lleva adelante estas experiencias.
No obstante, valoramos enormemente los esfuerzos de nuestros hermanos
por mantener activa la resistencia mapuche”.
Como presos políticos, ¿han recibido apoyo de sectores
ciudadanos, de organizaciones sociales o políticas?
“En realidad, el apoyo concreto no ha sido mucho. Creemos
que esto se debe a la fuerte ofensiva de contrainformación.
No hay que olvidar que se nos ha vinculado a una serie de montajes
y se nos desprestigia con el objetivo de desperfilarnos y restar
base de apoyo a nuestra causa. Sin embargo, aún hay sectores
conscientes y consecuentes dentro del movimiento mapuche y de
los chilenos organizados, quienes nos han expresado su apoyo y
solidaridad, no solamente a nosotros como presos políticos
mapuche, sino también a nuestras comunidades en lucha.
Debemos señalar, eso sí, que en algunas organizaciones
políticas persisten prácticas que se contradicen
con nuestras definiciones en esta lucha, y que tratan de sacar
provecho político del movimiento mapuche. Debido a eso
hemos sido críticos, y tal vez soberbios en nuestra postura,
para hacer respetar nuestra condición y nuestra experiencia.
Aun como presos políticos mapuche mantenemos nuestra lealtad
a los principios y a la dignidad expresada por nuestras comunidades
en lucha.
Hemos recibido la solidaridad de otros pueblos en lucha, y también
de personalidades y líderes de opinión en el extranjero.
Así, hemos sabido del fuerte apoyo con que cuenta nuestra
causa en el exterior, lo que se expresa de distintas formas.
Básicamente, contamos con el apoyo y solidaridad de nuestro
pueblo, de algunas organizaciones mapuche, principalmente de aquellas
expresiones autonomistas que no van al son de la línea
estatal y/o que dependen de sus recursos para funcionar. Destacamos
el rol que cumplen nuestras comunidades, así como valoramos
el respaldo a hogares estudiantiles mapuche y de organizaciones
de apoyo a los presos políticos mapuche”.
¿Tuvieron algún encuentro con Rodolfo Stavenhagen,
el relator especial de los pueblos indígenas ante Naciones
Unidas, que visitó el país para elaborar un informe
sobre lo que está ocurriendo?
“Como presos políticos mapuche, nos reunimos con
el relator. Esto fue producto de la presión de nuestra
gente, de familiares y agrupaciones de apoyo. Analizamos la conveniencia
de tener tal encuentro, y concluimos que se trataba de una persona
muy preparada, con vasta formación y trabajo en materia
indígena y derechos humanos. Ahora bien, estamos conscientes
de que Naciones Unidas es una instancia de representación
que se dan los estados, muchos de ellos responsables de la opresión
de vastos sectores excluidos y pueblos originarios, y que su función
tiene serias limitaciones en lo que respecta a sanciones. Pero
optamos por expresarnos, dando a conocer nuestra realidad y la
de nuestras comunidades. Utilizaremos todas las posibilidades
a nuestro alcance para denunciar las prácticas de exterminio,
con su correlato de persecución y represión, y ésta
parece ser una tribuna más en materia del respeto a los
derechos humanos básicos. Fue una iniciativa entre muchas
otras que desarrollaremos para denunciar las injusticias que se
cometen contra nuestro pueblo”