Guillermo Muñoz Vera
El pintor del
Metro Moneda
La
estación La Moneda del Metro va a ser pintada por Guillermo
Muñoz Vera con el tema “Chile”, que a primer
oído suena sencillo. “Representaré el paisaje
de Chile. Aunque los seres humanos estén ausentes, será
constante su presencia por la acción que han ejercido sobre
ese paisaje: así sea la población callampa o el
observatorio astronómico; la deforestación y la
contaminación o el avance tecnológico. Serán
dieciséis cuadros. Realizaré óleos sobre
lienzo adheridos a soportes rígidos de seis por tres metros”.
Es grandioso el proyecto de este artista no valorado como se merece
en nuestro país. Sus obras figuran, junto a las de Matta,
en las más grandes galerías internacionales. Más
allá de nuestras estrechas fronteras, Guillermo Muñoz
Vera es cada vez más reconocido y respetado. Fue una exposición
suya en la galería Isabel Aninat la que permitió
a los chilenos apreciar sus óleos sobre tela, pasteles
y dibujos. Sus retratos, naturalezas muertas y paisajes impresionan
por lo que se ha dado en llamar “objetividad visual”.
No sin fundamento reconoce como sus maestros a Velásquez,
Vermeer y Rembrandt.
El realismo es un movimiento que va avanzando a paso seguro en
una vasta geografía de la creación artística.
Dentro de este retorno al realismo, Muñoz Vera tiene una
larga trayectoria y es respetado como uno de los más importantes
representantes de la tendencia conocida como hiperrealismo.
Hombre de sonrisa abierta, Muñoz Vera conquista con su
modestia y sencillez. Llegó a Chile con una misión
que se ha impuesto a sí mismo. El 11 de septiembre último
regaló a La Moneda dos cuadros: un retrato del presidente
Allende que alza un pañuelo saludando desde el balcón
de La Moneda, cuando recibió la banda presidencial en 1970.
El otro, permite ver ese balcón tal cual quedó después
del bombardeo de los Hawker Hunter el 11 de septiembre de 1973.
Estos cuadros, de grandes dimensiones, son ahora parte del patrimonio
artístico de La Moneda y se enfrentan en el salón
“Salvador Allende” del palacio presidencial. El artista
ha puesto una condición: los cuadros deben estar a la vista
de cualquier ciudadano.
DE CONCEPCION A ESPAÑA
Lo entrevistamos en el Hotel Carrera. Siente que se vaya a cambiar
el destino de este edificio, que forma parte de nuestra historia
y se alza en lo que fue el solar de los Carrera.
“Yo tenía diecisiete años cuando entré
a Bellas Artes. El golpe me pilló en el centro. Estaba
en primer año. El 12 de septiembre, fui a la plaza a pintar
cómo quedó La Moneda después del bombardeo.
Supe que para mí se cerraba una etapa. Seguí estudiando
muy a contrapelo, porque mi realismo se oponía a la moda
y a las sectas imperantes”.
Hijo de un médico, nació y creció en Concepción,
y es el menor de cuatro hermanos. A los catorce años instaló
con su hermano Roberto un taller en el salón de la casa,
donde provistos de tintas y rotuladores se dedicaban a la confección
de carteles, comics e ilustraciones.
“El viaje con mi curso a Santiago, para asistir a la exposición
De Cézanne a Miró, influyó en mi decisión
de dedicarme a pintar al óleo y estudiar en la Escuela
de Bellas Artes de la Universidad de Chile”.
Su intención era dominar adecuadamente la técnica,
pero advirtió pronto que eso no estaba entre las prioridades
de académicos ni alumnos.
“En ese tiempo pude apreciar en el Museo de Bellas Artes
a los antiguos maestros chilenos del siglo XIX y a los grandes,
que son un tesoro ahora escondido en las bodegas, como Joaquín
Sorolla y otros maestros cuyas obras fueron donadas a Chile con
motivo del centenario de la Independencia. Creo que el Museo de
Bellas Artes tiene un rico fondo como para convertirse en un museo
verdaderamente nacional. De paso, diré que el Museo de
la Solidaridad Salvador Allende, con su rico fondo de arte contemporáneo,
su muy importante conjunto de pintura española y de otros
países, es un enorme patrimonio nacional”.
Cuando le preguntamos por el arte conceptual demanda:
“¿Quién me podría responder qué
es el ‘arte conceptual’? Las exposiciones institucionales
son una burbuja de fantasía. En este sentido, Chile es
muy moderno. Se va a demorar un poco en recuperar la cabeza y
entender que ciertas expresiones de arte son sólo ‘ocurrencias’.
Y las ocurrencias son como los chistes que se pueden contar una
sola vez para que surtan efecto. La obra de arte permanece, pero
los chistosos y los cómicos no varían el repertorio,
y terminan por provocar aburrimiento”.
Egresado en 1976, y tras ser premiado en un par de certámenes
universitarios, inicia un recorrido personal buscando el dominio
de las complejidades en la reproducción de la realidad.
Llega a España en 1979, toma cursos de dibujo y anatomía,
se dedica al retrato. Su gran escuela está en el maestro
del realismo español contemporáneo, Antonio López
García.
Un trabajo tenaz en la búsqueda de perfección le
permite instalarse en Chinchón, pueblo de noble tradición
vecino a Madrid. Allí establece la sede de la fundación
Arte y Autores Contemporáneos (Arauco), que otorga becas
de postgrado a pintores dispuestos a realizar una práctica.
En Chinchón hace diez años que Muñoz Vera
imparte clases gratuitas. Aparte, los becarios dan clases pagadas,
como forma de insertarse en la trama social española y
aportar financiamiento a la fundación, donde él
ejerce la vicepresidencia.
Cuando vimos la exposición de la Escuela de Chinchón,
es decir, de los discípulos de Muñoz Vera, pudimos
apreciar oficio y rigor más una sensación de paz
y luminosidad interior que trasciende la pintura misma.
La fundación Arauco cuenta con más de cien alumnos
regulares, ¿cómo se financia?
“Todos mis ingresos (sin considerar comisiones del ochenta
por ciento en la venta de los cuadros, seguros, pagos a quince
o veinte personas) se destinan a la fundación”.
RIGOR DE ARTISTA
La tendencia humana es a establecer asociaciones fáciles
y comparaciones a partir de lo aparente, tratando de ponerle marbete
a todo artista y compararlo con algún coterráneo
o contemporáneo. Pero cuando se aprecian en Guillermo Muñoz
Vera su dominio de la técnica y el rigor de su trabajo,
se advierte su singularidad. Disciplina, rigor e individualidad
le permiten ejecutar depurados cuadros de una atmósfera
límpida, donde luz y aire se enseñorean y donde
la perfección del detalle jamás se impone a la armonía
del conjunto. La riqueza de su oficio se advierte en retratos,
naturalezas muertas, interiores y paisajes. Sus obras pueden partir
del boceto al natural como de complejas producciones fotográficas.
Bajo la apariencia de respeto absoluto a los cánones clásicos,
Muñoz Vera ha subvertido las reglas y emplea grandes formatos
y exquisita minuciosidad en el detalle, no sólo para motivos
históricos, como es el caso del presidente Allende desde
un balcón de La Moneda, sino para escenas de la vida cotidiana.
Son impresionantes las marcas de su memoria: el mismo balcón,
de hierros retorcidos, muros y palos quemados, con las huellas
de los impactos de los proyectiles y los efectos del bombardeo,
resulta sobrecogedor. Con su arte demuestra que el espíritu
del hombre no es moderno ni antiguo, siendo constante la percepción
para interpretar el mundo en cambio permanente
VIRGINIA VIDAL